Estereotipos de Shinichirô Watanabe en sus anime

Shinichirô Watanabe es un nombre conocido para aquellos que llevamos años siguiendo el mundo del anime, ya que es el nombre detrás de títulos como Cowboy Bebop y Samurai Champloo, hasta la fecha sus obras más aclamadas y emblemáticas. Sin embargo, ya sea a través de otras series o cortometrajes, Watanabe no ha dejado de trabajar, siendo su último título el anime en emisión (a partir del 30 de agosto en Netflix) Carole & Tuesday.

Watanabe tiene un estilo bastante peculiar con características que va compartiendo en su trabajo y la mayor parte de su currículum son obras originales (salvo casos como Sakamichi No Apollon, que adapta el manga de Yuki Kodama; o cortometrajes dentro de los universos de Matrix o Blade Runner). Vamos a indagar en algunos de estos rasgos.

La música sobre la imagen

El director japonés le otorga una enorme importancia a la música como lenguaje, ya sea de forma directa (Sakamichi No Apollon, Carole & Tuesday, donde la música cobra un papel protagonista en la trama) o más indirecta (Cowboy Bebop, Samurai Champloo, Zankyou No Terror, Space Dandy, donde acompaña a las imágenes y genera una atmósfera).

Se da también el caso de que Watanabe es seguidor especialmente de la música occidental, por lo que incluso en sus obras más «japonesas» (Samurai Champloo o Zankyou No Terror, ambientadas en el país nipón) las partituras que suenan de fondo están inspiradas en sonidos o estilos provenientes de Occidente. Eso sí, le gusta probar de todo, desde el jazz (el género que más suele tocar hasta la fecha) hasta el rock indie, pasando por el hip hop o el pop.

Una cosa está clara: las obras de Watanabe no serían lo mismo sin música. Títulos de conocidos temas (de nuevo, en Occidente) sirven de referencia a los títulos en algunas de sus series (Cowboy Bebop, Carole & Tuesday); pero es que el importante sentimiento melancólico que suele generar se apoya en sus bandas sonoras en un 90%. Lo que nos lleva al siguiente punto.

La melancolía y el romance sutil

Las obras de Watanabe desprenden un profundo (en algunos casos más que en otros) sentir melancólico, incluso en las que son adaptaciones como Sakamichi No Apollon. En resumidas cuentas, no importa la temática, si es ciencia ficción mezclada con western y noir o comedia autoparódica a lo Space Dandy o thriller situado en el Tokio actual, el sentir melancólico está presente en todas las obras de Watanabe hasta la fecha, incluyendo su cortometraje Baby Blue.

Quizás sea el uso de la música, como hemos indicado, o la intromisión en la psique de unos personajes en medio de un vasto mundo (universo si hablamos de Cowboy Bebop o Space Dandy), o una combinación de todo ello.

Algo que se acopla muy bien al estado melancólico de las obras de Watanabe es la exposición (muy sutil) que hace del romance en la historia. Sus romances son tenues, se van desarrollando «como de fondo» y suelen terminar en tragedia. De hecho (y aquí incluimos SPOILERS), salvo Sakamichi No Apollon, ninguna de las parejas oficiales de Watanabe ha acabado junta, incluyendo aquí a su cortometraje Baby Blue y a falta de ver cómo termina Carole & Tuesday.

Ésta sirve de buen ejemplo de este apartado, ya que llevando 12 episodios emitidos por ahora romance como tal no ha habido, aunque sí algunas señales que PUEDEN indicar hacia dicha dirección respecto a las propias Carole y Tuesday o con Tao y Angela. En Cowboy Bebop el romance como tal de Spike y Julia (más situado en el pasado que otra cosa) no es resuelto hasta los dos últimos episodios; mientras que en Samurai Champloo solo nos deja los indicios de lo que podría haber sido entre Mugen y Fuu. Zankyou No Terror corta de raíz todo lo que podría haber sucedido a su vez entre Twelve y Lisa.

Sin embargo, estos romances tristes y sutiles de Watanabe nos han dejado escenas bellísimas (y, cómo no, melancólicas), como lo son la huida en moto de Twelve y Lisa, la muerte de Julia, el capítulo de Jet y su ex (llamada «también» Alisa) o Mugen acudiendo a por Fuu mientras Jin decide «sacrificarse» (FIN de SPOILERS).

Japón llamando a Occidente

A pesar de que los anime de Watanabe evidentemente están hechos (mayoritariamente) por japoneses para un público (generalmente) nipón, su influencia de Occidente es notoria. En Cowboy Bebop y Carole & Tuesday son constantes las referencias a la cultura pop occidental, como películas de Hollywood o canciones de la segunda mitad del siglo XX.

De forma similar, la narrativa y los personajes también están bastante occidentalizados, aunque su base creativa japonesa sigue ahí. Spike, por ejemplo, si bien está diseñado con Yusaku Matsuda y Lupin III en mente, nos recuerda a su vez a un joven Clint Eastwood o a unos cuántos protagonistas de las cintas de Quentin Tarantino. Lo mismo ocurre con el resto de la plantilla de Cowboy Bebop y en Carole & Tuesday.

En sus títulos más «asiáticos» o mejor dicho ambientados en Japón, como Samurai Champloo o Zankyou No Terror, también abundan las referencias a Occidente y de hecho en ésta última los nombres de los personajes principales son lo menos nipones posible: Nine, Twelve, Five o Lisa (sí, con los números pronunciados en inglés también en el doblaje japonés y Lisa escrito con L y no con R).

Esta occidentalización en las obras de Watanabe ahonda en la sensación de la universalidad de los temas que trata, ya que sus personajes y ambientaciones rompen fronteras; lo que a su vez genera ciertos anacronismos.

Patrones que se van repitiendo en los personajes

Las obras de Watanabe han dejado constancia de la importancia de los personajes por encima de la historia, lo que nos ha traído varias creaciones bastante complejas e intrigantes, como Spike Spiegel. Son los personajes de Watanabe los que van creando su microcosmos y no al revés. El hecho de que todos ellos tengan un pasado (característico del autor) y de que use mucho más el método de mostrar, pero no decir van conformando unas psiques creadas dignas de analizar (por qué Faye actúa así, por qué Mugen dice tal cosa).

Los personajes de Watanabe son asimismo muy imperfectos y suelen actuar tarde, lo que desencadena en ocasiones trágicas y fatales consecuencias (casi ninguna de las parejas «oficiales» acaba junta nunca). Inspira una especie de sentimiento de frustración en el espectador, pero también de empatía. Como rezaba aquel capítulo de Cowboy Bebop: «Cargarás con ese peso».

A pesar de sus complejidades, Watanabe suele repetir algunos estereotipos en sus personajes de distintas obras, a saber:

Empecemos por lo obvio, Spike y Mugen (protagonistas de Cowboy Bebop y Samurai Champloo, respectivamente) se parecen en sus diseños, pero también en que, en palabras del propio Watanabe, no dicen lo que verdaderamente sienten (especialmente con las mujeres). De hecho, si alguien les gusta intentarán que se note lo más mínimo, lo que el autor japonés ha expuesto en la relación entre Spike y Faye. Ambos desprenden asimismo un aire de pereza y «dejarse estar», como si les importase poco y nada lo que les rodea (cuando en realidad no suele ser así).

De todos modos, el «pelo Spike», que también porta Mugen, es una constante en varios personajes de Watanabe, como Edo o VT en Cowboy Bebop, Five en Zankyou No Terror o Angela, Catherine e incluso (en menor medida) Roddy en Carole & Tuesday.

El prototipo de Jin (Samurai Champloo), Nine (Zankyou No Terror), Kaoru (Sakamichi No Apollon), Tao (Carole & Tuesday): todos ellos tienen un diseño muy similar, con pelo negro y lacio, rasgos asiáticos, piel pálida, aspecto algo andrógino y gafas. Personajes serenos y fríos, Jin y Kaoru son los más humanos de todos ellos (por ahora). La mente del grupo. Tampoco dicen lo que piensan y en el caso de Nine y Tao hay componentes nihilistas (como en Spike y de forma mucho más cruda en Vicious, Cowboy Bebop). Problemas para socializar con los demás, se mantienen aparte por lo general. Suelen ser también prodigios (a falta de confirmar Tao, que tiene toda la pinta).

El caso de Tao y Kaoru es especialmente llamativo, sobre todo cuando éste último crece: a una apariencia muy similar se suma que ambos son neurólogos (neurocientífico en el caso de Tao, que parece no ejercer) dedicados a la música.

Faye (Cowboy Bebop), Five (Zankyou No Terror) y Angela (Carole & Tuesday): En nombre Faye y Five. En diseño Five y Angela. Ejemplos de «femme fatale» con pasados tortuosos. Niñas «malcriadas», fingen que no les importa nada (de forma mucho más ruidosa que en los casos de Spike o Mugen), pero no es cierto. Sienten atracción por el nihilista que aparentemente no las hacen caso y hasta las confrontan, lo que daña a sus egos algo inflados (Faye-Spike, Five-Nine, ¿Angela-Tao?).

Jet (Cowboy Bebop), Gus (Carole & Tuesday) y Shibazaki Kenjirou (Zankyou No Terror) cumplen el rol de mentor del grupo, son más mayores que el resto y hacen de pegamento con más o menos eficacia (Jet mucho más maduro que Gus, que en los últimos episodios también hace de padre de las chicas). Jet tiene además un pasado como policía, misma profesión que tiene Shibazaki.

Fuu (Samurai Champloo) aunaría rasgos de Carole y Tuesday, son los personajes más jóvenes de Watanabe (aparte de Lisa en Zankyou No Terror, que tiene en común con Tuesday que huyen de casa y son inseguras y tímidas) y sin contar a los niños (Ed en Cowboy Bebop, que comparte ligeros rasgos de diseño, personalidad e incluso pasados con Carole). Fuu es decidida e independiente como Carole, pero expone una feminidad más del estilo de Tuesday.

Se dan asimismo similitudes entre personajes más secundarios, como Andy (Cowboy Bebop) y Ertegun (Carole & Tuesday) e incluso ambos con Dandy (Space Dandy), cuyos ego y fama suelen ser utilizados como recurso humorístico; o las «mamá» de Cowboy Bebop y Carole & Tuesday, las dos con un diseño andrógino y dominantes sobre sus vástagos.

Watanabe hace acopio además de cierta exposición LGBTI con personajes como Gren y algunos secundarios (la pareja gay que Faye interrumpe en la cama en el episodio «El vals de Venus») en Cowboy Bebop, la ex de Gus, Pyotr, Ertegun, Cybelle y Dahlia en Carole & Tuesday. Se muestra también una sexualidad abierta, más del estilo occidental (Spike y Julia, Julia y Vicious, Mugen y los burdeles). Los romances, como hemos dicho, no acaban bien y si tienen posibilidad de hacerlo (Mugen y Fuu) terminan separados, salvo excepciones en obras que no son originales del autor.

Vicious y Julia en «Cowboy Bebop»

Guiños a un universo compartido

Son frecuentes los guiños que Watanabe se hace a sí mismo en sus títulos, siendo los casos más redundantes los de Cowboy Bebop, Space Dandy y Carole & Tuesday, que parecen compartir el mismo universo (especialmente el primero y el último, ya que el segundo tiene lugar en un futuro bastante más lejano).

Ejemplos de esto se dan en el uso de «woolongs» como moneda en Cowboy Bebop, Space Dandy y Carole & Tuesday. En ésta última además la ciudad de Marte Alba City tiene especial importancia (donde se desarrolla la trama de la película de Cowboy Bebop) y Watanabe se ha mantenido hasta ahora ambiguo con las fechas en su último título, usando un calendario marciano que en Cowboy Bebop no (¿quizás quiera dar «la sorpresa» con algún cameo o conexión especial? Por ejemplo, y esto está MUY en el «headcanon», Spike tiene pelo muy similar al de Angela, aunque ya hemos referido que esta es una característica de diseño en varios personajes, y estilo de vestimenta y postura/cuerpo con Tao). Sea como sea, comparten universo.

Spike en Alba City («Cowboy Bebop: Knockin´On Heaven´s Door»)

Carole & Tuesday (primera parte), las emociones que transmite la música

Admito nada más empezar que siento una especial debilidad por Shinichirô Watanabe desde que descubrí Cowboy Bebop hace años y se convirtió en uno de mis títulos de referencia sobre todas las cosas (literatura, cine, series, anime). Luego vino Samurai Champloo, otra obra de alta calidad. Sus trabajos posteriores quizás no han logrado el nivel de las dos primeras (y qué nivel), pero siempre han distado de ser mediocres, inclusive sus cortometrajes, como Baby Blue. Siempre han resultado, cuanto menos, buenas.

Una de las constantes de Watanabe es la música, elemento importante, de forma indirecta o directa, en todo su currículum. En Cowboy Bebop y Samurai Champloo (ambas con excelente banda sonora de Yoko Kanno) lo eran el soul, jazz, blues y rap; mientras que en otras como Sakamichi No Apollon ocupaba un lugar protagonista. Carole & Tuesday se parece a ésta última en este aspecto, y es que se trata sobre todo de un enorme homenaje a la música, especialmente a la proveniente de Estados Unidos en las décadas de 1970 y 1980 (todos los episodios son títulos de temas conocidos, como «True Colors», «Fire and Rain» o «With or Without You»), pero también a la música como forma de expresión y medio para emocionar.

Otra de las características de las obras de Watanabe es su reparto de personajes, ya que suele dedicar siempre varios episodios a ver simplemente cómo se relacionan y desarrollan los miembros del elenco en diversas situaciones. Esto causa a su vez un inconveniente, se hacen lentas o «vacuas» si se ven a ritmo semanal (como se emiten los anime en Japón, un capítulo por semana); Cowboy Bebop y Samurai Champloo también sufren de este «inconveniente». Por ello, la experiencia mejora sustancialmente si se ven «de una sentada», aunque sea de tres episodios por vez.

A Carole & Tuesday, en donde comparte la dirección con Motonobu Hori, le sucede lo mismo: al ver un solo capítulo da la sensación de que se ha sido demasiado corto y de que tampoco ha pasado mucho (salvo momentos puntuales). Seguramente la sensación mejorará en cuanto Netflix lance toda la serie una vez se haya emitido completamente en Japón. Lo que sí podemos asegurar es que, nuevamente, Watanabe nos ha regalado unos personajes, cuanto menos, interesantes y carismáticos, a cada cual más distinto.

Carole & Tuesday. Bones.

La historia, ambientada en el mismo universo que Cowboy Bebop o Space Dandy, en esta ocasión nos sitúa en Marte en un futuro no muy lejano, tras haber colonizado la humanidad dicho planeta. En Marte sobresale Alba City, algo así como una Nueva York futurista donde predomina la inteligencia artificial sobre la espontaneidad de las emociones. Allí llega Tuesday (Kana Ichinose) junto a su guitarra, una joven de familia adinerada que busca hacerse un lugar en el mundo de la música. Por casualidad se encuentra con otra chica, Carole (Miyuri Shimabukuro), mientras tocaba su teclado en la calle. Ambas sienten una conexión instantánea y deciden formar un dúo musical. A su vez, una modelo llamada Angela (Sumire Uesaka) es convencida por su «madre» para que se haga cantante con la ayuda de un aclamado productor (que hasta la fecha presume de haber trabajado únicamente con inteligencia artificial) conocido como Tao (Hiroshi Kamiya).

Desde los primeros episodios se va estableciendo de forma clara que el camino de Carole y Tuesday, que representan a la música más natural y emocional; y el de Angela y Tao, con las creaciones más tecnológicamente avanzadas y «perfectas», se terminarán cruzando en más de una ocasión. A ellos les acompañarán Gus (Akio Ootsuka), Roddy (Miyu Irino) o Ertegun (Mamoru Miyano, este último gran reclamo humorístico de la serie), entre otros.

La primera parte de Carole & Tuesday, que estará compuesta por un total de 24 episodios, ha surgido así como uno de los animes de mayor calidad de la temporada de primavera, a pesar de que, como decíamos, adolece de parecer durante la mitad de sus capítulos de vacua o lenta y hay incluso un par de ocasiones donde las situaciones dramáticas surgen de forma un poco forzada. Sin embargo, la química que se va estableciendo entre Carole y Tuesday, Gus y Roddy y, sobre todo, Tao y Angela (ésta última la que más por sorpresa nos ha pillado y quizás por eso mismo la que más intrigados nos tiene hasta la fecha) lo compensan sobradamente. Como adelantábamos, Watanabe siempre sabe hacer brillar a sus personajes.

Carole & Tuesday. Bones

Del apartado técnico no podemos tener objeciones. El estudio Bones por lo general siempre ofrece calidad en sus títulos y esta no es la excepción; además este buen nivel se mantiene en casi todos los capítulos (a pesar de algunos planos repetidos). Los diseños de los personajes, a cargo de Eisaku Kobonouchi, y sobre todo la ciudad de Alba City, resultan dinámicos y llenos de vida.

Mención especial debemos dedicar en una serie como esta a la música, donde se nota que se lo han trabajado un montón, contando para ello con distintos artistas del mundo de la música que representan a varios estilos, desde el pop-country de Carole y Tuesday hasta el pop comercial de Angela, pasando por el estilo más indie (muy a lo Steve Conte, quien ya ha trabajado con Watanabe) de Skip o el funk pop de Pyotr. Encontramos aquí uno de los aspectos más chocantes de este anime, y es que las voces cantantes de los personajes no suelen casar mucho con las de sus «seiyuus», algo que se percibe especialmente en los casos masculinos. Por otro lado, conviene estar atentos a las letras de los temas, ya que todos ellos abordan sentimientos o características de quienes los cantan.

En definitiva, a pesar de sus fallos de ritmo en esta primera parte y de situaciones algo forzadas, Watanabe vuelve a marcarse otro buen resultado y nos regala otro producto original que homenajea a la música y cuyos personajes son cuanto menos interesantes (está claro que el prototipo de Faye/Angela se le da bien). El final de temporada ha sido además apoteósico. No podemos esperar a ver qué nos depara la segunda y última mitad.

Hablemos del final de Dororo (2019)

Dororo ha terminado su última adaptación a anime, a cargo de estudios MAPPA, tras 24 episodios de emisión. Aunque su final dista de ser perfecto (la obra original prácticamente carecía de él), la verdad que nos ha dejado bastante satisfechos y, al contrario de lo que pueda parecer inicialmente, ha cerrado todos los frentes. Evidentemente, habrá SPOILERS de la serie.

La familia de Hyakkimaru

Empecemos por la familia (biológica y adoptiva) de Hyakkimaru, ya que el destino que le ha deparado a su hermano menor Tahomaru es probablemente de lo más comentado.

Lo que hay que entender primero es que todos ellos han tenido un arco claro a lo largo de la serie, que en los casos de Jukai y Nui («las madres» de Hyakkimaru) han estado marcados por el sentimiento de culpa (Jukai por su anterior trabajo como verdugo, Nui por haber permitido que los demonios engulleran a su primogénito y luego se lo llevaran) y por la búsqueda de redención. Si bien Jukai cree haber encontrado su propósito al criar a Hyakkimaru y al haberlo salvado de una muerte segura, no lo tenía tan claro al comprobar que éste estaba perdiendo su humanidad y que era incluso capaz de matar a otras personas (lo que él más detestaba). Es solo al final, cuando Hyakkimaru entiende lo vacuo de la venganza y su entrada en razón que Jukai lo tiene claro: le entrega su estatua de Buda y le pide como último favor que sea un buen tipo, algo que respalda silenciosamente Nui.

Es al comprobar ambos que al fin Hyakkimaru ha nacido que ellos pueden morir en paz. Es el ciclo de principio y fin y de vida y muerte. También hay que entender que en Japón (y especialmente) antaño) la muerte no era entendida como lo hacemos en Occidente con su rupturismo y sentido de gran tragedia griega. Muchas veces piensan que es mejor morir que vivir con deshonra, o que su ciclo vital simplemente ha finalizado (por no hablar de las creencias en la reencarnación o en otras vidas).

Dororo (2019). Tezuka Productions y estudios MAPPA.

Esto nos lleva a Tahomaru, quien se ha dado cuenta, al igual que Hyakkimaru, que la venganza y constante batalla, las muertes de Hyogo y Mutsu, carecen de sentido. Todo es nimio en este mundo (Hyakkimaru vislumbra a Tahomaru con un hueco vacío a la altura del corazón) y Hyakkimaru no es el culpable de un castigo que no ha pedido y nunca mereció. Movido al final también por la culpa, Tahomaru rompe su pacto con los demonios (nunca hagas uno con ellos…) y solo le queda morir, ya que todas las tierras de Daigo han sido creadas sobre una injusticia y una gran mentira. En el momento en que Hyakkimaru gana un propósito, Tahomaru lo pierde. Nui, que siempre ha renegado de su hijo menor por la culpabilidad de haber perdido al primero, lo acepta esta vez y  lo acompaña al final.

Si bien no se ven las muertes de estos personajes de forma clara, dan a entender que fallecen y pensamos que al fin y al cabo, llegado el final del camino, era lo mejor para ellos (y sí, tanto Jukai como Nui querían morir, el primero no lo llevaba en secreto y la segunda ya se había intentado suicidar a mitad del anime).

En cuanto a Daigo, su escena final con Hyakkimaru ha sido para nosotros de las más satisfactorias. El personaje que más merecía morir no lo hace, vivirá sus días solo, abandonado, sin tierras y lleno de remordimientos. ¿Qué mejor para alguien como él? Su hijo además le da una lección: al contrario que él, que intentó matarlo haciendo un pacto con los demonios, será humano dejándolo vivir y consiguiendo las cosas con sus propias manos (lección del episodio 23 y que el propio Daigo parecía haber empezado a comprender entonces).

Dororo (2019). Tezuka Productions y estudios MAPPA.

Al final del viaje… un arrozal

La segunda mitad del último capítulo nos lleva a los supervivientes del incendio en el castillo, esto es, el monje Biwamaru, Dororo y Hyakkimaru. 

El bonzo, que hace las veces de narrador al estilo Biwa Hôshi (琵琶法師), sirve asimismo de ventana del espectador. Sabe que Hyakkimaru buscará su camino y que Dororo ya ha hallado el suyo, por lo que no queda más que dejarlos y proseguir su recorrido. El entrañable personaje hace antes de irse una última revelación: él también era un samurái, aportando un poco de luz a este grupo social y especialmente desde la perspectiva de Dororo, quien no los tenía precisamente en alta estima. La escala de grises de la que hace gala toda la serie se extiende hasta aquí.

En cuanto a Dororo, ya ha averiguado qué quiere hacer con el tesoro de sus padres: ayudará a los campesinos y a recuperar las maltrechas tierras de Daigo, ya libres del yugo de un señor feudal, dando así inicio a una etapa de libertad y más autogestión para el campesinado, un grupo socioeconómico terriblemente dañado y al que vemos más perjudicado a lo largo de toda la serie.

Este objetivo de Dororo no casa con el que asimismo ha hallado Hyakkimaru, que es recorrer mundo (al fin ha recuperado todos sus sentidos, ¡qué menos!) y conocerse a sí mismo. Al contrario de las quejas, a nosotros nos ha parecido acertadísima la decisión de separar a Hyakkimaru y Dororo. No solo porque es casi el final en prácticamente todas sus adaptaciones (y en el original), sino porque Hyakkimaru, que ha vivido siempre en una burbuja y que había empezado a relacionarse y ver el mundo como lo haría un niño (no estamos hablando de sus capacidades cognitivas, que son muy diríamos superiores a la media), estaba desarrollando un vínculo de excesiva dependencia con Dororo. Al tomar ambos caminos separados, con la intención de lograr sendos objetivos, queda pautado que es posible que vivan el uno sin el otro (aunque al final vuelvan a encontrarse, cosa que saben) y que además se respetan y se ven como iguales. Y que ambos necesitan crecer.

El sueño de Mio en su arrozal será retomado al final. Dororo (2019), Tezuka Productions y estudios MAPPA.

Antes de irse, Hyakkimaru se acuerda de las semillas de arroz que pertenecían a Mio, personaje que dejó una profunda huella en su camino. Tal como quería la muchacha, Hyakkimaru las planta con el objetivo de crear allí un arrozal. Esto confirma que la intención del protagonista, a pesar de su partida, es la de regresar, pues evidentemente no va a estar cuidando de un arrozal mientras lleva una vida nómada.

Por eso, y a pesar de que pueda prestarse a confusión, es Hyakkimaru el que planta las semillas, pero Dororo (previsiblemente) quien las cuida. Este arroz, planta y base alimenticia característica por excelencia de Japón (y a cuyo alrededor giran teorías sobre el nacimiento del pensamiento colectivo y bases de la japonesidad), simboliza asimismo la madurez de Hyakkimaru y Dororo. Semillas plantadas, se reencuentran cuando ya han crecido en una última escena de lo más emotiva.

Esta última escena no nos habla solo del reencuentro entre Hyakkimaru y Dororo, ya crecidos como el arrozal que se vislumbra de fondo, sino que además sucede en un puente (final del camino, unión entre dos mundos) y es Dororo quien corre hacia Hyakkimaru, quien la espera sonriente. Quizás una de las mayores pegas de este final, aparte de que sucede todo demasiado rápido y a trompicones (hay mensajes que aborda la serie que quedan un poco en el aire, como el que Hyakkimaru quisiese al final más su cuerpo para ayudar a otros que para sí mismo), es que vemos MUY poco de este reencuentro, lo que nos hace imaginar cómo será la vida y relación de Dororo y Hyakkimaru a partir de ahora. Todo nos hace pensar que por supuesto llevarán una existencia pacífica y tranquila (dentro de las posibilidades del Japón feudal), primero porque se lo han ganado y segundo por las señales que envían el arrozal abundante (el sueño de Mio) y la liberación del campesinado gracias al dinero de Dororo (quien además es rica). Lo demás, queda a la imaginación del espectador.

P.D.: El manga original no tiene un final más cerrado y avanzado que este, más bien al contrario. En él, Hyakkimaru se separa de Dororo para recuperar el resto de su cuerpo y no se vuelve a saber de él. En este aspecto, debemos agradecerle a MAPPA una conclusión mucho más satisfactoria para una adaptación que por lo general supera a su predecesor.

Dororo (2019), siempre hay luz al final del camino

Dororo es una de las numerosas obras creadas por «el dios del manga» Osamu Tezuka, prolífico autor que sin embargo dejó a este título sin un final propiamente dicho, ya que lo dio por finiquitado de forma bastante abrupta en 1969.

Este es uno de los motivos por el que, a pesar del paso de los años y de las distintas adaptaciones (a saber, el anime que versiona directamente el manga, un videojuego de PlayStation 2 y una película de 2007), Dororo no pierde el interés, simplemente no sabemos cómo va a acabar en ninguno de los casos.

Además de esto, Tezuka toca aquí varios temas universales pero adaptados al microcosmos tan particular (desde la perspectiva de un occidental al menos) de Japón, como lo son la vida y la muerte, la bondad y maldad (especialmente en el ser humano), el (mal)uso de la religión, los intereses colectivos versus individuales, el desarrollo de lazos familiares y el amor entendido como tal, en su máxima expresión.

Para irnos orientando, Dororo trata sobre un muchacho, Hyakkimaru (en esta ocasión con voz de Hiroki Suzuki), cuyo padre, un daimyo (señor feudal) llamado Daigo (Naoya Uchida), lo ofrece a los demonios a cambio de prosperidad en sus tierras. Por ello, Hyakkimaru nace sin extremidades, nariz, ojos, oídos, piel, espina bífida, sentido del tacto y voz. A pesar de todo, sobrevive abandonado por todos y rescatado solo por un médico, Jukai (Akio Ootsuka), quien lo cría como a un hijo. Pasado el tiempo, Hyakkimaru crece y decide viajar matando a los demonios y recuperando así y poco a poco su cuerpo robado. De este modo conoce a un ladronzuelo llamado Dororo (Rio Suzuki), quien decide seguirlo…

En lo primero que se distancia esta nueva adaptación, desarrollada por los estudios MAPPA y dirigida por Kazuhiro Furuhashi (Rurôni Kenshin: Tsuioku-hen), de la obra de Tezuka es en su tono más dramático y realista, empezando por el propio Hyakkimaru, mucho más mundano (salvando las distancias) y serio que su contraparte del manga (quien hasta hacía uso de telepatía). En este sentido, el protagonista masculino es un ser que padece y sufre lo que le ha tocado vivir de forma bastante similar a como lo haría una persona que ha nacido con una discapacidad. Por ello, Hyakkimaru se frustra y lo vemos sufrir, lo que lo lleva ocasionalmente a caer en un abismo del que no sabemos si logrará salir, este último punto en el cual se profundiza más en esta segunda tanda de episodios (del 12 al 24). Qué tipo de personaje llegará a ser el protagonista, quien parece irse volviendo menos humano a medida que va recuperando su cuerpo, es una de las paradojas e incógnitas argumentales más interesantes.

En lo particular he agradecido este cambio respecto al manga, ya que se aprovecha asimismo para imbuir al relato de un estilo mucho más japonés, como ya detallamos, algo que le va como anillo al dedo a esta obra. Esto nos lleva a las escalas de grises que pueblan toda la narrativa, y es que (con la excepción quizás de Daigo y algunos secundarios), aquí no hay verdaderos buenos y malos.

El personaje de Dororo por su parte también pierde parte de su vis cómica y se hace mucho más soportable que en el manga. Lo que unido a lo de Hyakkimaru y en general a la ambientación y el estilo vuelven a la obra más evidentemente madura. Lo que por ejemplo ya habíamos vislumbrado con Mio y los niños en la primera parte se profundiza aquí con la masacre de la aldea, Itachi o Saburota.

Dororo (2019). Osamu Tezuka y estudios MAPPA.

Lamentablemente, esta nueva adaptación de Dororo, si bien llega a superar al original, no está carente de fallos, especialmente en una segunda parte donde se vuelven más prominentes las irregularidades y los «experimentos» (famoso es ya el episodio 15 dirigido por el polémico Osamu Kobayashi). Esto se nota particularmente en la animación, la cual puede llegar a pecar de pobre y hasta chapucera (visto cómo anda el panorama de la industria, tampoco nos extraña). En este sentido, Dororo es una serie en la que prevalece claramente el estilo de dibujo, con sus fondos en acuarelas y los colores tenues, sobre las imágenes en movimiento.

A nivel narrativo, podríamos resumir a la obra como una «road movie» (con toques de «buddy movie») con elementos sobrenaturales del folclore japonés y buenas dosis de drama. Esta estructura de «road movie» conlleva que algunos arcos argumentales se sientan más inconexos y forzados que otros, algo que le ocurría ya al manga de Tezuka.

A pesar de todo, una de las constantes de todo el título y su mayor logro es el desarrollo de Hyakkimaru y Dororo como personajes y la evolución de su vínculo, el cual adquiere una fortaleza que poco antes habíamos visto en un anime (o que al menos se nos hiciera tan creíble). Su espinoso recorrido por el difícil Japón feudal los pone en contacto con otros seres que, si bien no llegan a calar tan hondo, nos ofrecen un vistazo a otras realidades, algunas de ellas bastante impactantes.

Dororo es, como ya adelantamos, un relato muy japonés en forma y contenido, lo que cuenta y cómo lo cuenta. Su estilo, como ya hemos dicho, sumado a la efectiva banda sonora compuesta por Yoshihiro Ike (monumentos a esos opening de Ziyoou-vachi y Asian Kung-Fu Generation y especialmente a los ending de amazarashi y Eve, por favor) y a los matices de la historia junto a su emoción contenida la convierten en un producto que puede gustar o no, pero al que sin duda merece la pena darle una oportunidad. A nosotros ya se nos ha hecho un hueco en el kokoro para Hyakkimaru y Dororo.

Dororo (2019). Osamu Tezuka y estudios MAPPA.

 

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Madrid Otaku regresa este fin de semana a Madrid con varios artistas japoneses entre sus invitados

La cuarta edición de Madrid Otaku, el evento de manga, anime, videojuegos y cultura japonesa, se celebrará los días 15 y 16 de junio en el Pabellón de Cristal del Recinto Ferial de la Casa de Campo en Madrid.

El cartel está diseñado, como ya es tradición, por el japonés Makoushi, que también estará presente en esta cuarta edición.

Según han asegurado desde la organización, la Asociación Cultural Nippon, uno de los platos fuertes de la cuarta edición son los invitados, entre quienes se encuentra el productor y DJ japonés Tomotaka Misawa, quien ha realizado trabajos de anime, películas, series y anuncios para televisión, además de ser uno de los DJ de «anisong» más relevantes del momento en Japón. Misawa también es responsable de la producción y planificación de la serie anime Urawa no Usagi-chan, cuyo objetivo es promover Urawa en la prefectura de Saitama, Japón. La serie se estrenó en el país nipón el 9 de abril de 2015 y debido a su éxito contribuyó significativamente en el desarrollo regional.

El cosplayer Knitemaya es el segundo invitado. De origen griego y residente en Australia, cuenta con una prolífica carrera profesional como modelo además de «ser un importante referente internacional en el mundo del cosplay», han asegurado.

El compositor y novelista japonés Sunamori Taketeru es el cuarto invitado. En el año 2013 publicó su primer disco en la discográfica Flying Dog. También ha escrito las novelas ligeras y el guion del manga basado en su obra sonora, Kakusei Love Survivor, publicado por Kadokawa Dengeki. Recientemente ha compuesto bandas sonoras para videojuegos, incluyendo el éxito de Square Enix Grimmsnotes.

La banda de metal japonés IRON ATTACK!, que ya estuvieron presentes en la edición anterior, son los quintos invitados, trayendo con ellos sus nuevos disco. Grupo otaku especializado en arreglos de piezas musicales que aparecen en la franquicia Touhou Project y activos desde 2007, ha sido grupo invitado al Japan Expo de París y realizado un exitoso tour mundial en países como Japón, Alemania, Suiza, Francia, China, Taiwan, etc. Las ventas de discos en Japón ascienden a más de 4000 copias por título.

La cosplayer Yumi Akai es la sexta invitada, habiendo recibido varios premios nacionales por sus actuaciones y trajes. También ha sido invitada en eventos celebrados fuera de España.

El profesor, escritor y humanista Carlos Gracia es el séptimo invitado, además de ser autor de las novelas El factor Raudive, Río de enero y de la antología El horror que vino de Japón, entre otras.

It’s FandubTime es el octavo invitado. Fran Cruz es un actor de doblaje profesional y cantante amateur nacido en Sant Joan d’Alacant. Su canal de YouTube comenzó en 2012, donde se dedica a hacer doblajes caseros y a versionar canciones de anime al español. Fue a partir de su participación en canales como iTownGameplay y su participación como «Fred» en la webserie de Edd00chan & MrDsaster INC que fue creciendo hasta contar con cerca de 200 mil suscriptores. En 2017 comenzó su trayectoria profesional como actor de voz. Desde entonces, ha tenido la oportunidad de interpretar a personajes como «Free de la Hoya» en la serie de Beyblade Burst Evolution retrasmitida en Boing, «Nibi» en la serie anime de Netflix Kujira no Kora wa Sajou ni Utau (Hijos de las ballenas) y el papel de «Baki Hanma», protagonista en la serie Baki, de la misma plataforma.

Hellyon White es una ilustradora y artista conceptual que trabaja asimismo como ilustradora de portadas para Games Tribune. Está creando su propio manga Waltz of Veri y un libro ESP food Gijinka con diseños de personajes basados en la cocina española.

Jill Styler comenzó en el mundo del cosplay en el año 2009 y es cosplayer profesional desde el año 2016. La mayoría de sus fans son españoles y de América latina. Ha sido modelo y cosplayer para Capcom, Blizzard, Meridiem Games, Namco Bandai y Mercury Steam entre otros para promocionar diversos lanzamientos de videjuegos. También ha sido invitada en diversos eventos de toda la geografía nacional además de eventos de América Latina en países como Argentina. Jill Styler formará parte del jurado de los concurso de Cosplay del Madrid Otaku 2019, dará una charla y tendrá un stand de venta de «prints».

Las siguientes invitadas son Heroic Knight, conformado por Hinamiya y Kakai, dos cosplayers procedentes de la prefectura de Shizuoka, Japón. Tuvieron su primer contacto con “Odottemia Dance” (Dance Cover) mediante youtube y NicoNico Douga. Aunque no tenían experiencia anterior con el baile presentaron su primer actuación desde en el escenario de “Mt. Fuji Cosplay World Conference” en 2015. Además crearon Heroic√Knight’ en 2016. Su equipo de cosplay es activo en Shizuoka y Kanto. Hicieron uso de su experiencia en el evento de cosplay y organizaron el evento ‘Fuji Perform’, que se centró principalmente en el rendimiento de cosplay, primero en septiembre de 2016 en la prefectura de Shizuoka. Como equipo acaban de ganar el concurso preliminar de World Cosplay Summit 2019 en Marzo de este año y participarán como participantes de Japón el 19 de Mayo de 2019.

En la línea de cosplay vendrán también Mikado Izumi y Yuuhiouji, que conforman WizUs. Desde 2014, incluyen nuevos métodos como el baile moderno, Tate (lucha de espadas japonés), bailes con espadas y baile tradicional japonés en sus actuaciones con cosplay. Recientemente han realizado una actuación propia de “Tauken Ranbu” y “Fate/Grand Order” en el escenario de distintos eventos de cosplay en la región de Kanto, Japón. También han ganado el 3 lugar en el Japan Representative Contest in World Cosplay Summit en 2018.

La cantante de j-pop y «anisong» Nana Okabe es la siguiente invitada, que trabaja con la discográfica japonesa Haf Records bajo varios registros, desde las «power ballads» hasta el rock o la electrónica. Nana Okabe dará un concierto en Madrid Otaku 2019.

Madrid Otaku contará asimismo con charlas adaptadas con intérprete LSE (Lengua de Signos) para que sean accesibles a las personas sordas durante las distintas conferencias y eventos, entre los que se encontrarán el típico karaoke, charlas sobre Ghibli o viajar a Japón de parte de instituto Kojachi, o sorteos sobre conocimientos de anime, entre otros.

Las entradas al Madrid Otaku 2019, de 8 euros un día y 14 euros los dos, ya se encuentran a la venta a través de su página web.

La princesa Mononoke, la obra más madura de Miyazaki

Hayao Miyazaki y Studio Ghibli son nombre sobradamente conocidos en el «fandom» por la calidad artística de sus obras, su llegada a todo tipo de públicos y sobre todo a partir de que uno de sus trabajos, El viaje de Chihiro, resultase primera (y hasta la fecha última) película de anime en hacerse ganadora de un Oscar en mejor cinta de animación.

Sin embargo, para nosotros la obra culmen de Miyazaki vino justo antes de Chihiro, y esta es La princesa Mononoke (traducción algo libre de Mononoke Hime, que vendría a ser más bien La princesa del espíritu vengativo, 1997). En ella confluyen varios de los temas que obsesionan al artista, tales como el ecologismo, el feminismo y el pacifismo, y lo hacen de forma magistral.

La naturaleza contra el progreso

Miyazaki declaró en una entrevista donde hablaban de Mononoke que para él la humanidad debía aprender a convivir con la naturaleza y que cuando perdía dicha perspectiva y se llenaba de arrogancia era cuando no sabían qué hacer con ella, iniciando la destrucción. El ser humano debería, en sus palabras, convivir con el resto del mundo natural ocupando una esquina.

La visión del director es la que expone durante toda la cinta el joven Ashitaka (voz de Yôji Matsuda), príncipe desterrado de los emishi por haber contraído una maldición a causa de haber matado a un dios jabalí. Este pueblo, que de por sí vivía en el exilio por haber entrado en conflicto con el emperador de Yamato (nos encontramos en pleno período Muromachi), se encuentra en un plano de convivencia con la naturaleza mucho más cercano que lo que se nos presentará en la parte occidental, lo que queda patente en la relación de iguales entre Ashitaka y su alce rojo Yakul.

Ashitaka y Yakul en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli,

En su exilio, Ashitaka se dirige hacia el oeste de Japón, donde se tomará con la ciudad de hierro, Tatara, y su carismática líder Lady Eboshi (Yuko Tanaka), así como con la espíritu del clan de los lobos, Moro (Akihiro Miwa) y su hija adoptiva, la enigmática San (Yuriko Ishida).

El conflicto entre la industria del hierro, la creación de armas (especialmente las de fuego) y el progreso que representa Eboshi entra en frontal conflicto con la supervivencia, en el que habitan y al cual defienden Moro, San y los suyos.

La obra de Miyazaki no presenta a buenos ni malos, huye del maniqueísmo. Por lo tanto, Eboshi puede parecernos maligna por destruir el bosque, pero a su vez es una líder humanitaria que rescata a prostitutas y leprosos y les enseña un oficio, haciéndolos útiles y valiosos en una sociedad que los desprecia. Eboshi claramente es filántropa, cree asimismo que la humanidad tiene derecho a la existencia por encima de las demás cosas.

San, en cambio, representa a una naturaleza que se defiende y que detesta a los humanos. A través de Ashitaka ve que no todos son iguales, pero su implicación en ese mundo es tal que ya no hay vuelta atrás. Miyazaki planteó inicialmente a La princesa Mononoke como la historia de una chica y una bestia, al final decidió hacer bestia a la chica, pero no en el sentido en el que solemos representarla desde Occidente, sino de alguien que ha convivido con ellas hasta tal punto que se vuelve una. Estar rodeado de algo te vuelve ese algo. Somos humanos porque convivimos entre humanos.

San y Moro en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Eboshi y San son las mayores representantes de estos dos polos opuestos, progreso y naturaleza, que evidentemente confrontan pero que están destinadas a entenderse si quieren sobrevivir.

Hay asimismo mucho simbolismo en Mononoke respecto a los fenómenos meteorológicos que abundan en Japón, tales como tsunamis o tifones (la primera es una palabra de origen nipón y la segunda del chino derivada al japonés) y del concepto de karma: si das algo la naturaleza te lo devolverá, y viceversa.

Héroe masculino rodeado de personajes femeninos

Ashitaka es el héroe de La princesa Mononoke, uno al que Miyazaki quiso hacer atípico (tanto dentro como fuera de su filmografía). Tal como lo cuenta, se trata de un niño que se ve maldito de una forma bastante absurda (como en la vida misma) y que posee un carácter melancólico.

Sin embargo, no es Ashitaka (salvo momentos puntuales) el motor de la narrativa, ya que ésta se mueve principalmente hacia donde se dirigen San (la «princesa Mononoke» del título) o Eboshi. Él hace más de espectador o mediador.

San y Eboshi en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

«Ellas necesitarán un amigo, o a alguien que las apoye, pero nunca un salvador. Una mujer es tan capaz como cualquier hombre de ser un héroe» es una cita del propio Miyazaki que queda nuevamente demostrado en este título. Existe un paulatino romance entre Ashitaka y San, pero ésta última no aspira a casarse con el príncipe y guarda con recelo (sin llegar a pecar de hostil) su independencia. De hecho, la resolución a este romance, dadas las circunstancias, es el mejor, más sano y satisfactorio que podría habernos dado Miyazaki. San y Ashitaka seguirán viéndose y amándose, pero ninguno va a renunciar a sus mundos y a su independencia por el otro.

Lady Eboshi por otro lado hace las veces de villana (pero heroína a nivel micro dentro de las murallas de Tatara) y lleva las riendas de Tatara sin que le tiemble el puso. Según Miyazaki, creó a Eboshi con una «shirabyôshi» (白拍子, bailarinas que realizaban danzas tradicionales japonesas ataviadas con ropas masculinas) en mente, algo que se percibe notoriamente en el atuendo, porte y actitud desafiante del personaje. Podríamos decir que posee actitudes que en nuestro imaginario asociaríamos a un hombre (y a uno poderoso, para más señas).

Sin embargo, Lady Eboshi posee características redentoras y humanitarias: protege con todas sus fuerzas la existencia de Tatara y rescata a las prostitutas y enfermos que se encuentra en el camino. Lo que nos lleva a que la ciudad de hierro se maneje de hecho de forma similar a un matriarcado: allí las mujeres viven libres y en paz, los hombres no las molestan a no ser que ellas quieran (dicho por una de las habitantes). Mientras los hombres van a las minas o a la guerra, son ellas las que se quedan al cargo y desarrollan el costoso trabajo físico de elevar la temperatura para fundir el hierro, entre otros.

También en palabras del director, decidió que Eboshi fuera una mujer porque quería invertir los roles de género tradicionales y hacer así la historia más interesante. Sirve asimismo como contrapunto a San, como ya hemos expuesto.

Lady Eboshi en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Hay más personajes femeninos con relevancia en La princesa Mononoke. Tenemos a Moro, protectora del bosque, líder del clan de los lobos y amada madre de San; o a la oráculo de los emishi, a quien el mismísimo príncipe guarda respeto y reverencia.

El hombre hace la guerra contra el hombre

No solo el progreso confronta contra la naturaleza, en La princesa Mononoke también tenemos el reflejo de la guerra, el hombre enfrentado contra el hombre. No solo Lady Eboshi tiene interés en la destrucción del bosque, sino que el emperador al parecer ansía la cabeza de su espíritu, ya que se rumorea que concede la vida eterna. Uno de los señores feudales bajo los dominios del emperador, Lord Asano, se cruza así en el camino de Eboshi.

Ambos parecen colaborar puntualmente gracias al puente que tiende el personaje del monje Jiko (Kaoru Kobayashi), quien en realidad parece jugar a varias bandas para a la postre ir por su propio camino. La guerra se forma y la confrontación da paso a la destrucción, no solo de la naturaleza sino también de la civilización. A la postre, el ser humano se hace y se deshace por sí solo.

Jiko es otro personaje que puede llegar a resultar antagónico, pero que al final no es más que la representación del materialismo y la ambición del ser humano. Como decíamos al principio, la crítica que hace Miyazaki a la arrogancia del hombre.

Jiko y Ashitaka en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

No es desconocido que el director nipón es un confeso pacifista. No fue a recoger el Oscar entregado por El viaje de Chihiro como protesta ante la Guerra de Irak y se ha declarado contrario al rearme del ejército japonés bajo el gobierno de Shinzô Abe.

Una belleza extraordinaria

La princesa Mononoke es probablemente la obra más elaborada de Miyazaki, compuesta por 144.000 centímetros cúbicos y 134 minutos de duración. Teniendo en cuenta que al artista le gusta realizar los dibujos a mano, es notorio el trabajo llevado a cabo en los hermosos escenarios y las diversas localidades, ya sea la aldea de Ashitaka, la ciudad de hierro o las profundidades del bosque.

La cinta no es únicamente un prodigio visual, Joe Hisaishi, habitual colaborador de Miyazaki, compone aquí una de sus mejores bandas sonoras, y eso es decir mucho. Los temas de Ashitaka o sobre todo del Caminante Nocturno son puramente mágicos y transmiten desde esa melancolía que caracteriza al protagonista hasta la tristeza e incluso el temor por la pérdida y las consecuencias venideras.

La princesa Mononoke es en definitiva una obra maestra, una de los mejores (¿puede que incluso la mejor?) de Studio Ghibli y de Hayao Miyazaki. Se puede tomar asimismo como la evolución lógica y madura de sus trabajos más íntimos, como Nausicaä del Valle del Viento, con la que comparte más de una similitud. Es un título dirigido a mentes adultas y que puede ser a su vez disfrutado por adolescentes, repleta de mensajes que, aunque ambientada en el período Muromachi, no dejan de ser aplicables a nuestra actualidad.

Moro y Ashitaka en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Maquia, una historia de amor inmortal, hermoso empaquetado que aborda temas universales

Maquia, una historia de amor inmortal (Sayonara no Asa ni Yakusoku no Hana wo Kazarou) es la primera película de Mari Okada como directora, tras ser mucho más conocida en su faceta de guionista (que aquí también desarrolla), con títulos como Toradora!, Anohana o El himno del corazón. Para ser su primer título de estas características, cumple de forma más que solvente, pero lamentablemente vuelve a fallar (como ocurriera con El himno del corazón) en una segunda mitad que va decayendo con una ejecución abrupta y confusa, para retomar en una última escena apoteósica donde se saca a relucir toda  nuestra sensibilidad.

Maquia, una historia de amor inmortal narra la historia, ambientada en un mundo fantástico con retazos de la Edad Media europea, de los «iorph», una raza humanoide inmortal que vive apartada del resto de los pueblos y que se dedica a tejer las narraciones de los acontecimientos, de forma muy similar a lo que serían los quipus en los incas o a ciertos tapices. Maquia (Manaka Iwami) es una «iorph» huérfana que aprende a vivir con el sentimiento de soledad que le aporta el paso de los años sin envejecimiento, hasta que un día su vida se ve profundamente alterada por la irrupción de una especie de dragón legendario denominado «renato», que se la lleva de forma accidentada fuera de las fronteras de su pueblo natal. Allí se topa accidentalmente con un bebé humano, también recientemente huérfano, al que decide adoptar y bautizar como Ariel (Miyu Irino en su versión adulta).

Esta es la premisa de un título que aborda sustancialmente lo que significa el paso del tiempo, la familia (especialmente el vínculo maternal), la muerte y la soledad. Y lo hace con buen tino.

Maquia, una historia de amor inmortal. Selecta Visión.

Sin embargo, a pesar de lo interesante de su premisa, lamentablemente acaba resultando algo confusa por los saltos temporales «a trompicones» que se van dando en la segunda mitad. Sale especialmente dañado por ello el arco narrativo de Leilia (Ai Kayano), que empieza siendo muy prometedor y termina de forma abrupta y forzada. Personajes como Krim (Yûki Kaji) o Lang (Yoshimasa Hosoya) van y vienen sin saber muy bien porqué; y el reencuentro con determinada persona (a la que solo se ve durante dos minutos de metraje previamente) hacia el final ya resulta casi surrealista.

Sin embargo, la cinta ofrece momentos que calan especialmente hondo como un determinado fallecimiento en la primera mitad (que sirve de planteamiento base para el abordaje del paso del tiempo y la muerte) y, sobre todo, el final, que es casi lo mejor del guión y que definitivamente hace que se te salten las lágrimas.

Por ello, Maquia ofrece una visión muy interesante y poderosa (no exenta de polémica en Japón) sobre el significado de la maternidad, si lo que te convierte en madre es parir y el consecuente lazo de sangre o el criar y educar a tu hijo; así como la perspectiva cambiante (o no) de uno y otro a medida que pasa el tiempo.

Maquia, una historia de amor inmortal. Selecta Visión.

El otro apartado donde sobresale Maquia es en el técnico. Visualmente hablando es simplemente preciosa, con personajes diseñados por Akihiko Yoshida (Final Fantasy XII, Final Fantasy Tactics, NieR: Automata) y un mundo mágico medieval con muchísimo encanto y potencial. El vuelo del «renato» o la vida de los «iorph» mientras tejen están retratados con una animación exquisita, a la cual acompaña una banda sonora (compuesta por otro veterano en su campo como es Kenji Kawai) instrumental que rezuma sensibilidad y melancolía.

En definitiva, Maquia, una historia de amor inmortal sería un producto redondo de no ser por su atropellada y confusa segunda mitad, que se nota pega algo de bajón respecto a la primera. Eso sí, un apartado técnico exquisito, el abordaje a temas universales ciertamente complejos y un final que es imposible que no conmueva la llevan a muy buen puerto. Con razón guarda tan buenas puntuaciones en portales como RottenTomatoes y Metacritic, siendo, a pesar de todo, uno de los mejores títulos animados del año pasado.

Algo pasa con los salones de manga y anime en Madrid

Corría el año 2002 y un pequeño evento centrado en el mundo del manga y el anime comenzaba a tomar forma en Madrid, concretamente en el Hotel Puerta de Toledo y bajo en nombre «Expomanga». Entradas desde tres euros, gratuitas para los visitantes que acudieran haciendo cosplay, mangas de regalo y poco espacio para un determinado número de asistentes marcaron estas primeras ediciones de una convención que probablemente aspiraba a seguir los pasos del Salón del Manga de Barcelona, la que sigue siendo principal celebración de estas características a nivel nacional.

Pasaron los años, Expomanga se mudó a los pabellones de la Casa de Campo, pero las entradas, aunque subían, seguían manteniéndose en unos asequibles cinco euros, gratuidad para los cosplayers y un evento que, aunque iba creciendo a ojos vista, seguía manteniendo esa sensación de estar dirigido a ciertos nichos más o menos reducidos del mercado. 

Avanzó el tiempo y dichos grupos fueron aumentando, el pabellón de la Casa de Campo se quedó pequeño, máxime con el aumento de la rigurosidad de las normas tras los desgraciados acontecimientos del Madrid Arena, y Expomanga volvió a mudarse al recinto ferial más grande de la capital, Ifema. Evidentemente, esto conllevaba una subida de tarifas en las entradas a casi quince euros en algunos de los casos. Las entradas gratuitas para cosplayers habían desaparecido ya unos eventos antes por su falta de rentabilidad en una convención que se encontraba masificada.

Una de las últimas celebraciones de Expomanga en la Casa de Campo

Sin embrago, Expomanga no fue la primera en moverse a Ifema, el paso lo había dado antes Japan Weekend, una celebración de la cultura pop japonesa (aunque en ocasiones parezca que cada vez menos), más reciente pero que había crecido a una velocidad más vertiginosa, principalmente por su doble sesión anual en Madrid los meses de febrero y septiembre.

Podríamos decir que, si bien Expomanga es la veterana, Japan Weekend es la que se ha instalado más hondo en este tipo de certámenes capitalinos. Ha sabido aprovechar mejor la marea otaku que se multiplicaba rápidamente en Madrid y, a base de una variante de entradas «anti crisis» (en colaboración con Selecta Visión), a base de traer a curiosos invitados provenientes de Corea y Japón, es seguramente a día de hoy la que mayor número de asistentes atrae.

Expomanga, que estaba organizada principalmente por la Asociación Española de Amigos del Cómic, pasó a manos de Conceptum! Spain, y pasó a denominarse Héroes Manga Madrid. Si bien con este cambio pretendían probablemente crear una asociación con la otra gran convención anual de cómics (no solo japoneses), que también organizaban, Héroes Comic Con (antes Expocómic), lo cierto es que en el imaginario colectivo se sigue escuchando habitualmente flotando la palabra»Expomanga».

Japan Weekend en 2016, celebrándose ya en Ifema

Llegamos a la actualidad, Héroes Manga vuelve a anunciar cambio de organizadores y éstos a su vez que este año no habría cita habitual en abril/mayo (como suele ocurrir desde el inicio de estas celebraciones) para poder mejorar las condiciones de cara al 2020. Y aquí ocurre otra sorpresa en un corto lapso de tiempo. Se anuncia la llegada de la primera edición de Mangadrid.

Mangadrid no guarda relación alguna con la organización detrás de Héroes Manga, pero sí con la de Japan Weekend. Pareciera que han querido aprovechar el vacío (aparentemente temporal) dejado por éstos para intentar ocupar este espacio en abril/mayo.

Ha habido varios problemas con esta jugada. Por un lado, la falta de tiempo (es fácil intuir que organizar este tipo de acontecimientos puede llevar fácilmente varios meses) les ha pasado factura en la ausencia de una carta de invitados abultada, aparte de algunas cantantes y cosplayers, todos ellos nacionales. También, claro está, en la escasez de promoción y de una campaña de marketing amplia y que llegase a un mayor número de gente que la que habitúa este tipo de espacios en redes sociales.

Por otro lado, seamos claro, existe una saturación de este tipo de eventos en Madrid. De una única convención anual con Expomanga se pasaron a tener tres, y posteriormente se les unió Madrid Otaku, que pretende volver a los viejos y añorados tiempos de la Casa de Campo con entradas más asequibles y una interesante carta de invitados. En total ya son cuatro celebraciones del mundo del manga y del anime en la capital.

Madrid Otaku 2018

En frente tenemos a Barcelona, cuna del Salón del Manga, que sigue estando ahí, rígido e imparable, a pesar de que Japan Weekend también ha aterrizado en la ciudad condal. Pero aparte de estos dos eventos, no hay más (nos estamos ciñendo al anime y al manga, recordamos). Madrid los duplica.

¿Y qué podemos hallar de distinto de una convención a otra? Pues, aparte de los invitados y quizás algunas actividades, poco más. En todas ellas encontrarás los mismos stands comerciales (y no todos con material oficial), los mismos concursos (de cosplay, de karaoke, de baile…), sala de proyecciones, etc.

Lo que sigue manteniendo a estos salones es el hecho de que la gente va a pasarlo bien en un espacio donde, por unas pocas horas, puede sentir una sensación parecida a la plena libertad, tras pasarse semanas enteras entre personas que probablemente y salvo excepciones no comparten esta afición. Una especie de refugio repleto de actividades y merchandising que hipnotiza, similar a un sueño. Pero unas entradas cada vez más caras y el mayor número de celebraciones hace que la gente se vuelva selectiva.

Desde aquí deseamos realmente que tanto a Mangadrid (que por cierto ha confirmado volverá a estar presente en mayo de 2020, aparte de las Japan Weekend) como al resto de organizaciones les vaya bien y puedan crecer para ofrecernos cada vez más lujos del mundo otaku; no obstante en ocasiones es necesario pararse a pensar y reflexionar sobre qué es lo realmente necesario para este tipo de consumidores y cómo se puede evolucionar, no solo hacia entradas más abultadas de precio, sino hacia la verdadera innovación.

La política en Code Geass

Son tiempos de elecciones y tanto el manga como el anime se han adentrado en varias ocasiones en el ámbito de la política, de forma más o menos superficial, más o menos acertada. El caso de Code Geass se engloba en este último grupo y vamos a exponer porqué. Avisamos de que habrá SPOILERS de la serie y de la película que continúa oficialmente la historia Fukkatsu No Lelocuh.

Lelouch Lamperouge es un alumno en una escuela de élite en un Japón distópico ocupado por el Santo Imperio de Britannia. Un día Lelouch se topa accidentalmente con una misteriosa mujer que le otorga el poder de obligar a que alguien cumpla sus órdenes con solo establecer contacto visual, a cambio de llevar una vida solitaria. El nombre de la muchacha es C.C. y este evento sirve para descubrir la verdadera identidad de Lelouch, la del hijo del emperador de Britannia, mientras que su objetivo real es la venganza. En el camino, la liberación de Japón.

Lelouch y Suzaku, la nueva generación se abre paso a la vieja

En el periplo de Lelouch nos encontramos con varias figuras clave, y en Code Geass muchos de estos personajes funcionan tanto a nivel individual como por alteridades con otros. En el caso del protagonista, el caso más llamativo lo encuentra en Suzaku Kururugi.

Suzaku y Euphemia frente a C.C. y Lelouch. Ilustración de CLAMP.

Lelouch es un miembro perteneciente a la clase dirigente de Britannia que acaba luchando por la libertad y derechos de los japoneses (denominados despectivamente «onces» por tratarse de ser esa la asignación de la colonia bajo el Santo Imperio de Britannia, arrebatándoles así su identidad como nación). Suzaku pertenece a la familia de un alto cargo en Japón que termina en el bando britanniano (no británico, ojo, pues estas islas curiosamente no pertenecen al imperio y sí a la E.U., en clara alusión a la Unión Europea). Lelouch posee unas enormes ganas de morir, pero recibe la muerte (al menos hasta Fukkatsu No Lelouch); Suzaku ansía morir, se le recompensa con la vida (en clandestinidad). Lelouch comienza siendo un tipo eminentemente práctico, finaliza siendo un idealista; Suzaku es mayormente altruista en sus inicios, pero mientras progresa la historia se vuelve más pragmático, aunque a la postre la figura de Zero (el inicio del mundo de las ideas, que al final se condensa en el imaginario colectivo del mundo de C) los salva a los dos. Uno es físicamente más que apto; el otro es un intelectual. Ambos se aprecian genuinamente y son (finalmente) hermanos de armas, pero no se soportan a la horade confrontar sus métodos.

Ni Suzaku ni Lelouch lo tienen fácil. Ambos acaban cometiendo parricidio, Suzaku cuando era niño buscando una paz que su padre, primer ministro nipón, se negaba a entregar; Lelouch ansiando un mundo en armonía, el cual jamás podría existir mientras Charles siguiera con vida. Son la nueva generación política, con sus ideales, que se impone a la vieja, corrompida, agonizante y moribunda. Hay algo en todo esto de desencanto, revolución, y distintas vías para conseguir un mismo fin.

El continuismo frente al rupturismo se refleja asimismo en Code Geass. Suzaku inicialmente busca que el sistema no desaparezca, sino que continúe hacia una nueva forma más armoniosa y beneficiosa para todas las partes. Como decíamos, empieza siendo un pacifista, acaba desencantado con el mundo y con (casi) todos. Lelouch, en cambio, quiere que todo arda, que el orden establecido sea destruido y se construya uno nuevo. Curiosamente, al final Lelouch, sabiendo que su objetivo va materializándose, se torna más altruista que su compañero. Entre medias del desarrollo de estos personajes, sus caminos evidentemente se encuentran y se alían.

Lelouch y Suzaku. Code Geass.

Kallen y C.C., agente activo y observador participante

Existe otro personaje con el que tanto Lelouch como especialmente Suzaku guarda afinidades y diferencias políticas y esta es Kallen Kôzuki. Todos ellos guardan en común que son figuras activas y no pasivas, buscan un cambio y se mueven para ello. De hecho, uno de los mayores lamentos de Lelouch y por lo que más agradecido le está a C.C. es por haberlo sacado de su letargo, de su aparente conformidad con un mundo que le desagrada.

No obstante, el principal contraste entre Suzaku y Kallen lo encontramos en una diferencia de clases. Ambos pertenecen a familias bien posicionadas en Japón, pero Suzaku ha preferido obviar los desprecios y Kallen, a través de su madre (recordamos que es mestiza), no. Ella no puede ignorar que, como japoneses, no poseen los mismos derechos que los britannianos, son ciudadanos de segunda e incluso unos paria. No cree que pueda haber una fusión armoniosa entre la sociedad puramente de Britannia y la japonesa, ya que el mismo sistema se encarga de mantenerlos fuera y humillados, no pueden ingresar. Suzaku es un ejemplo viviente de que puede haber una excepción, pero no sin sacrificios ni para las masas. La serie parece darle finalmente la razón a la pelirroja.

No nos olvidamos de C.C. (único personaje junto a V.V. y en cierto modo Zero que no posee nombre propio… o sí, pero solo lo conoce Lelouch y jamás el público). Si existe una figura anárquica en Code Geass, esa es ella. No pertenece a nadie ni se adhiere a ningún bando ni lugar. Viajera del tiempo y del espacio (básicamente por su inmortalidad), a estas alturas de la vida ya se encuentra curada de espanto por todo lo vivido. Ha visto construirse y derribarse imperios, guerras y treguas, formación de nuevos Estados que funden a otros. Cuando algo no le gusta, véase el caso de Charles, V.V. y Marianne, simplemente desaparece. Es observadora participante durante casi toda la serie y eso la contrasta con Lelouch, Kallen y Suzaku.

C.C., Kallen y Nunnally. Code Geass.

El protagonista es una de esas figuras que solo se encuentran una vez cada cientos de años y ella empieza a contagiarse de sus ganas de intervención, de cambiar los hechos, de pasar del estatismo a la acción. Es cierto que C.C. se mantiene casi siempre como esa figura de «duendecillo en las sombras», el Ariel de Próspero o el Genio de Aladdín; pero sin su accionar simplemente Code Geass y el resurgir de Lelouch vi Britannia no habrían tenido lugar. El despertar de este personaje es, para mí, uno de los más emotivos y simbólicos de toda la serie. Finalmente, se invierten los papeles y es ella quien literalmente despierta a Lelouch en la última película.

Zero, la suma de los ideales

Lelouch inventa hacia el principio de la serie a la figura de Zero, que le sirve inicialmente de álter ego para llevar a cabo sus planes entre las sombras. Al poco de darse a conocer, esta figura enmascarada que no posee una identidad individual (como su propia denominación indica) va aunando los ideales de todo un grupo social, finalmente de una nación, incluso de la humanidad. Similar a V en V de Vendetta, Zero es más que Lelouch, es el depósito de los sueños y esperanzas de una sociedad que acaba con un viejo sistema para empezar uno nuevo. Mientras tanto, Lelouch cae como Zero y se alza Suzaku, al igual que en la obra de Alan Moore caía V y se erguía Evey, siempre bajo el símbolo de una máscara.

Cuando todavía se mantiene el viejo sistema del Imperio de Britannia, existe otra figura que puede resultar a simple vista similar a Zero, la princesa Euphemia. A diferencia de éste, la identidad de la muchacha es sobradamente conocida, siempre va a ser primero y ante todo un miembro de la realeza a ojos de los demás. Sin embargo, «Euphie» se mueve bajo un altruismo difícil de hallar. Lamentablemente, estos sueños chocan con la cruda realidad en un mundo que todavía no está preparado para semejantes cambios.

Se puede hablar largo y tendido de las facetas políticas que contiene Code Geass, de su fascismo, de las guerrillas y usos terroristas, de la aplicación de armamento nuclear, del poder y la manipulación de los medios, los achaques de la globalización, su mesianismo en varias figuras incluyendo al propio Lelouch, el racismo, profundizar mucho más en la guerra de clases y lo cíclico de la historia, pero lamentablemente nos quedaremos en lo superficial por las características que guarda una entrada de blog. Al parecer Fukkatsu No Lelouch toca asimismo el tema de los refugiados. Es cierto que muchas veces estos mensajes se diluyen en un «fan service» demasiado elevado para nuestro gusto (que es eliminado casi en su totalidad en las películas recopilatorias), pero lo cierto es que sigue siendo, aún a pesar del pasar de los años (se estrenó en 2006) una obra considerada de culto por muchos seguidores de anime.

Mangadrid 2019: Una nueva forma de disfrutar el manga y el anime

Mangadrid llega por primera vez a la capital este fin de semana y contará con la participación de Mina StarliartShiroki, Kokoam y Nebulaluben, cuatro invitadas del panorama cosplay, y Star Berry y Nana Okabe, dos artistas del mundo de la música.

Nebulaluben es una cosplayer madrileña desde 2008, apasionada de los videojuegos y el mundo de la ciencia ficción. Según han indicado en nota de prensa, su objetivo es superarse en el cosplay desde cualquier frente, ya sea costura o impresión 3D.

Con varios premios a sus espaldas, Mina Starliart no ha dejado de destacar en concursos y eventos nacionales como con el grupo Twerking Muses o la Japan Weekend Idol Festival.

Shiroki descubrió su pasión por la costura con el cosplay y centró sus estudios y carrera profesional en ello, gracias a lo cual ha recibido varios premios en territorio nacional.

Kokoam descubrió el mundo de la costura con el cosplay, toda una pasión para ella. Fue elegida para representar a España en Eurocosplay 2017 y será la representante individual de ICL (siglas de International Cosplay League) en la final de este año.

Actuaciones musicales en Mangadrid

Mangadrid dará el pistoletazo de salida la semana que viene en el recinto ferial Ifema y lo hará de la mano de invitados en el terreno musical como Nana Okabe o Star Berry, quien ofrecerá un taller de «wotagei» («arte del otaku») y después actuará el domingo a las 16:30.

La artista Nana Okabe ha publicado varios singles, EP’s y un disco con HAF Records. En Noviembre de 2016 debutó en un recopilatorio junto a otras artistas del panorama «anisong» (temas de anime) y en marzo de 2017 sacó su primer disco en solitario.

Torneos y actividades vinculadas al mundo del manga y del anime

Mangadrid contará asimismo con diversas actividades, habituales en este tipo de eventos, centradas en el mundo del manga y del anime. Tal es el caso de los torneos de videojuegos como Dragon Ball Heroes o Jump Force; o un acercamiento al idioma japonés de la mano de Academia Haru Hana o Instituto Kojachi.

Se dispondrá además de zona de artistas, stands de merchandising y concursos de cosplay o karaoke, entre otros.