Parásitos, la lucha de clases del siglo XXI

Parásitos (기생충), de Bong Joon-ho, fue la gran triunfadora del festival de Cannes y de los premios Oscar de 2019 y, como tal, ríos de tinta han corrido sobre ella. No es para menos, pues se trata ciertamente de una película que aborda temas universales, adaptados a un rabioso siglo XXI, con un montaje, fotografía y actuaciones que son, como mínimo, notables.

El cine surcoreano lleva ya unas décadas atrayendo la atención de los aficionados al séptimo arte. Como Kim Ki-duk y su Hierro 3, Park Chan-wook nos sorprendía a todos con relatos poéticos sobre la violencia como Oldboy o Symplathy for Lady/Mr. Vengeance y el propio Bong Joon-ho llegó a las carteleras españolas con Memories of Murder. Aunque todos estos títulos son muy distintos, todos ellos contienen cierto mensaje de denuncia social, mostrando las diferencias socioeconómicas de unos personajes que suelen ser llevados al límite.

Posteriormente, llegó Lee Chang-don (nos estamos refiriendo, claro, a las carteleras españolas, que todos ellos ya llevaban tiempo siendo conocidos por Corea) con la adaptación (bastante libre) de un libro escrito por Haruki Murakami, Burning; Yeon Sang-ho sorprendía con la brillante locura que es Tren a Busan; y, de nuevo, Bong dando la sonora campanada con la que sigue siendo su última obra hasta la fecha, Parásitos.

La familia Kim, compuesta por un matrimonio de mediana edad (interpretados por Song Kang-ho y Jang Hye-jin) y sus dos hijos que rondan la veintena (Choi Woo-shik y Park So-dam), viven en un semisótano en Seúl, todos ellos desempleados. Por avatares del destino, el amigo del hijo Ki-woo, Min, se va al extranjero y decide recomendarlo a la adinerada familia para la que trabaja como profesor de inglés, los Park (Lee Sun-kyun y Cho Yeo-jeong). Poco a poco, los Kim irán introduciéndose cada vez más en la vida y hogar de los Park.

Parásitos. Bong Joon-ho y CJ Entertainment

Tragicomedia de enredos (sociales)

Una de las enormes virtudes de Parásitos, que suele ser común en toda la obra de Bong, es su natural intercambio entre el drama y la comedia. Las situaciones que nos narra pueden llegar a ser de lo más duras; pero pronto algún elemento causará, sin que nos demos cuenta, dibujarnos la sonrisa en el rostro (cuando no expulsar una sonora carcajada). Incluso los últimos minutos de la película que nos ocupa dejan esto patente.

No obstante, no por ello se menosprecia la temática. El director (también guionista) es muy consciente de que nos está narrando una tragicomedia y la parte trágica no son temas baladí: la precariedad, pobreza, falta de oportunidades, desigualdades y desesperación que todo ello genera, de forma que hasta se torna intergeneracional.

Bong mismo ha comentado que era consciente de que la única forma que fuese realista en la que cruzarían sus caminos unos individuos como los Park con los Kim sería mediante un trabajo como profesor de inglés, y para eso tienen que acudir a las artimañas.

No obstante, aquí no hay buenos y malos y el título es un magnífico ejemplo de cómo se puede aplicar el término «parásitos» a cualquiera (sí, cualquiera) de los personajes que pululan por la cinta. Los Kim son unos caraduras, empezando por el hijo que le pisa el supuesto interés amoroso (menor de edad, por cierto, algo que no parece sorprenderle a absolutamente nadie en toda la película) al amigo; y luego por su hermana, que le falsifica de forma fidedigna los sellos y firmas de falsos títulos. Sin embargo, somos conscientes de que ambos son víctimas de haber nacido y crecido en un ambiente del que no pueden salir, no importa la labia o talento que posean.  Y este es solo un ejemplo.

Parásitos. Bong Joon-ho y CJ Entertainment

Esta inamovilidad social, no importa el empeño que se ponga, queda expuesto por todo el producto, desde su fotografía (cuestas y escaleras; los ricos, siempre arriba; los pobres, abajo), cámara (a ras del suelo frente a ese sótano…), hasta en la forma de hablar (especialmente en el original en coreano) de los personajes, con una «línea» que, tal como dice en cierto momento el señor Park, siempre está a punto de atravesar el otro padre de familia, Ki-taek. Otros personajes, como los hijos, hace tiempo que la atravesaron (fíjense en el montaje de escenas como en la que Ki-wook contempla melancólico por la ventana a los ricos disfrutando de una fiesta, mientras Da-hye intenta, sin conseguirlo totalmente, atravesar la línea divisoria entre ellos).

Las casas, personajes

La vistosa casa en la que residen los Park, de diseño, fue realizada exclusivamente para la película teniendo en consideración estas divisiones; al igual que el piso subterráneo de los Kim, expuestos a penurias diarias como plagas de bichos u orines de borrachos.

Los parásitos son seres que habitan los cuerpos de otros, beneficiándose de ellos sin aportar nada a cambio. Las casas son aquí cuerpos, especialmente la de los Park. Sus habitantes (todos), los parásitos.

Parásitos. Bong Joon-ho y CJ Entertainment

No son el único objeto inanimado cargado de simbología en la película. Algunos coreanos, al igual que en China y Japón, tienen la costumbre artística de coleccionar rocas con formas singulares, que no son manipuladas por el hombre y que son así halladas en la naturaleza, lo que en este caso recibe el nombre de suseok (수석). Una de estas piedras es entregada por el mucho más acomodado Min a la familia Kim antes de irse, pasando posteriormente por distintos trances hasta llegar a una brutal conclusión.

El interior del hogar de los Park tampoco está dispuesto de forma aleatoria: todo está pensado y tiene un propósito o significado, ya sea ese cubo de la basura extremadamente caro o la estantería ahí colocada.

En definitiva, Parásitos no es perfecta (pero porque nada lo es), pues tiene algún giro de guion que puede llegara resultar forzado y que es crítico para que la trama avance. Sus últimos minutos parecen asimismo acelerados y hasta oníricos (otro lugar común de varias películas surcoreanas); pero el resto de esta obra lo supera. Interpretaciones frescas (a ser posible, mucho mejor en versión original), montajes donde todo está pensado, fotografía llena de simbolismos y una trama con muchos vértices y aristas que, como sociedad del siglo XXI, es sumamente difícil que nos deje indiferentes.

Los cuentos de la luna pálida (Ugetsu Monogatari), obra maestra que mezcla cine histórico y fantasmagórico

Kenji Mizoguchi es uno de los grandes nombres en el mundo cinematográfico, no solo dentro de Japón. Ganador de varios premios nacionales e internacionales y realizador incansable de películas (se sabe que ha rodado más de 70 películas y lamentablemente falleció con 58 años), fue con Vida de Oharu, mujer galante (Saikaku Ichidai Onna, 西鶴一代女, 1952) y con Los cuentos de la luna pálida (Ugetsu Monogatari, 雨月物語, 1953) cuando se dio a conocer en todo el mundo. Y de qué manera.

Los cuentos de la luna pálida es una obra maestra, simple y llanamente. No solo desde el punto de vista técnico (del cual hablaremos más extensamente), sino también narrativo, mezclando con enormes sutileza y sensibilidad el cine histórico o jidaigeki (時代劇) con el fantástico, lo cual sería posteriormente repetido en numerosísimos títulos de anime, poniendo como ejemplos los conocidos La Princesa Mononoke, Dororo o InuYasha.

En el Japón del período Sengoku (siglo XVI), en medio de numerosas guerras civiles entre los señores feudales o daimyô, viven los hermanos Genjurô (interpretado por Masayuki Mori) y Tôbei (Eitaro Ozawa) con sus respectivas esposas, Miyagi (la musa de Mizoguchi, Kinuyo Tanaka) y Ohama (Mitsuko Mito), en una modesta aldea. Genjurô ansía hacerse rico durante la guerra a base de vender sus obras de cerámica, mientras que Tôbei sueña con convertirse en samurái. Con dichas ideas en mente, todos ellos huyen, tras ser asaltados sus hogares por las tropas de uno de los daimyô, y terminan separándose. Entonces Genjurô se topa con una misteriosa aristócrata conocida como Wakasa-sama (Machiko Kyô).

Los cuentos de la luna pálida (Ugetsu Monogatari). Kenji Mizoguchi.

Emakimono, gagaku y noh en Los cuentos de la luna pálida

La historia comienza así como un relato sobre la vida del pueblo en el Japón feudal para, posteriormente (especialmente representativa de dicho cambio es la escena de la barca cruzando el río cubierto de niebla) ir derivando en uno de fantasmas (y sí, es fácil ir percibiendo que hay algo ahí que no está vivo…). Pero este salto no resulta en absoluto abrupto; Mizoguchi sabe ir contando estos cuentos de forma semejante a la lectura de un rollo ilustrado o emakimono (絵巻物), a base de secuencias largas y juegos de encuadres y luces.

Por eso, a nivel técnico Los cuentos de la luna pálida es también un portento. Sus tonos en blanco y negro solo aportan al relato histórico fantasmal y hay planos que son una auténtica maravilla (aparte de la citada escena de la barca, todas las protagonizadas por Wakasa y el final), acompañados asimismo por música estilo gagaku (雅楽), compuesta para esta ocasión por, entre otros, Fumio Hayasaka, que nos introduce aún más en el mundo onírico y folclórico nipón.

Es gracias a estas brillantes cinematografía y música, aparte de la interpretación de Kyô, por las que llegamos a sentir entre intriga y lástima (al igual que Genjurô, además de la lujuria) por un ser como Wakasa; algo no tan sencillo partiendo de que su maquillaje y vestuario, que se asemejan a los propios de la figura del teatro noh (能), resultan inicialmente más inquietantes que otra cosa.

Los cuentos de la luna pálida (Ugetsu Monogatari). Kenji Mizoguchi.

Si hay alguna objeción que ponerle a Los cuentos de la luna pálida es, al menos en opinión de quien esto suscribe, a su moralina, que nos llega especialmente con un tercer acto que decae respecto a todo lo anterior. Los japoneses se mueven muy bien entre relatos que no pretenden adoctrinar y la verdad es que lo preferimos así.

Parece que tanto Mizoguchi como el guionista principal, Yoshikata Yoda (a partir de unos relatos del siglo XVIII escritos por Ueda Akinari) preferían también un final no tan moralizante y sí más cruel (en concordancia con el resto de la historia), pero los productores sugirieron la opción del «happy end» para hacer más taquilla.

No es que la conclusión de Los cuentos de la luna pálida sea mala, ni mucho menos (a nivel técnico nos deja un par de secuencias para el recuerdo); pero chirría el tono moralista del «te lo dije» y el regreso de los personajes arrepentidos que han aprendido la lección. Eso sí, el canto antibelicista y feminista que adopta la narrativa aportan a su belleza.

Aún con todo, Los cuentos de la luna pálida es una obra imperecedera, perfecta para iniciarse en el cine japonés (e incluso en el anime, pues luego le replican varias de sus temáticas) o en el CINE a secas. Perfecta para ver en el mes de Halloween por su relato, personajes y tonos fantasmagóricos; pero que no desprende miedo, sino una sensibilidad, poesía y belleza como solo los nipones en su máxima inspiración saben expresar.

Son: The Guest, un equilibrado relato sobre la soledad disfrazado de thriller sobrenatural

Los surcoreanos son especialmente buenos produciendo series de fácil consumo (unas mejores que otras) y son especialmente buenos con el género del thriller tanto en el cine como en la televisión. Si juntamos ambas, nos sale un producto tan redondo como Son: The Guest (손: The Guest), una serie de 16 episodios estrenada en 2018 en la cadena OCN y que acumuló bastante éxito tanto de crítica como de público.

La historia arranca hace unos años en una localidad costera de Corea del Sur, donde un niño descendiente de una familia de chamanes comienza a tener visiones sobre un ente que proviene del mar y que es capaz de poseer a varias personas, haciendo que éstas cometan actos crueles y asesinatos. Tras un fatídico evento que unirá su destino al de los otros dos protagonistas, el joven crece y en la actualidad trabaja como taxista en Seúl, donde comienzan a ocurrir otra serie de misteriosos crímenes.

No queremos contar nada más de The Guest al tratarse de una serie que no deja de sorprender (aunque algunos casos son más predecibles que otros), hasta concluir en un final sobrecogedor e inevitable que pondrá a prueba el vínculo desarrollado por los tres protagonistas.

Es la relación entre ellos, interpretados bastante bien por Kim Dong Wook (Yoon Hwa Pyoung), Kim Jae Wook (Choi Yoon, el cura) y Jung Eun Chae (Kang Kil Young, la detective) sobre la que gira la trama, por encima de los asesinatos y posesiones.

The Guest. OCN.

Así, para que ésta funcione, aparte de las solventes interpretaciones, se tiene que dar una muy buena química entre todos ellos, cosa que ocurre. Los vínculos van evolucionando de forma creíble y, como ya hemos dicho, desembocan en un clímax estremecedor y emocionante (lo cual no funcionaría si dichas relaciones no se desarrollasen correctamente a lo largo de la serie).

No solo los protagonistas, sino también los personajes secundarios suelen calar hondo, especialmente en el caso del abuelo de Hwa Pyoung (Jun Moo Song) y su tierna relación. A la postre, cada uno de ellos tienen vínculos externos que nos implican más en el argumento, en sus vidas y en sus motivaciones, tornándolos más cercanos y realistas.

Quizás una de las pocas objeciones se puede achacar a alguna interpretación sobreactuada entre los poseídos, lo que sumado a un efecto de voces superpuestas ocasionalmente exagerada y efectista hace que de más vergüenza que miedo; sin llegar a entrar nunca en el terreno de la comedia, pues el drama que rodea a los personajes y el hecho de que empaticemos tanto con ellos lo impide.

Además del desarrollo de los personajes principales y de los secundarios, The Guest acierta asimismo en una banda sonora, compuesta por Kim Tae-seong, que logra que el espectador se encuentre al borde de las lágrimas en más de una ocasión, caso especial del tema recurrente «Somewhere»; así como logra la tensión necesaria para ciertos momentos clave.

The Guest. OCN.

La dirección, principalmente de Kim Hong-seon, resulta asimismo bastante solvente en los momentos tensos y dramáticos (su punto más fuerte), si bien en las escenas de acción o con mucho movimiento (algunas persecuciones a pie y sobre todo en escenarios nocturnos) pueden llegar a parecer algo confusas.

El guión, escrito por Kwon So-ra y Seo Jae-won, consigue, aparte de meternos de lleno en las vidas de Hwa Pyoung, Choi Yoon y Kil Young, sus miedos y aspiraciones, que nos preocupemos por las víctimas de los distintos casos que se van sucediendo; eso sí, alguno bastante irregular en comparación con los demás. No se puede evitar tampoco la presencia de algún elemento muy «de telenovela», como una villana «en la sombra» que es malísima y que no para de demostrarlo con actos y gestos.

En definitiva, The Guest es una serie de 16 episodios que se pasa volando y que hace que nos encariñemos sobremanera con sus tres protagonistas y también con alguno de sus secundarios. Con un ritmo acertado, una conclusión emotiva, una banda sonora que sabe acompañar a las distintas situaciones y un reparto que desprende química, es un k-drama que gustará fácilmente tanto a los seguidores de este tipo de productos llegados de Corea del Sur como a aquél que simplemente quiere disfrutar (y sufrir, en el buen sentido) con un producto de calidad.

Mulan (2020), el remake más alejado del original de Disney resulta en un interesante híbrido

Mulan es probablemente una de las heroínas más «originales» de Disney, teniendo en cuenta las limitaciones propias de la compañía: china, no está emparentada con la realeza (pese a que posteriormente la han metido en el marketing de «princesas») y precursora del feminismo en la factoría, antes de que surgieran Mérida (Indomable) o Elsa (Frozen). Hablamos, claro, de la Mulan de la cinta animada de 1998.

Teniendo en cuenta lo bien que le han estado saliendo en cifras a los de la Factoría del Ratón los remakes en acción real de sus clásicos animados, era cuestión de tiempo que le dieran luz verde a la nueva adaptación de Mulan; pero teniendo en cuenta los tiempos que corren y la llegada de nuevas generaciones, era preciso realizar varios cambios. 

Uno de ellos recaía en profundizar la mirada sobre China, ya que la producción animada no solo se alejaba notoriamente del relato original (que se cree es de entre los siglos V y VI), sino que pecaba de superficial en varias cuestiones propias de la cultura y creencias de allí, como la veneración a los antepasados o la resolución con la figura del emperador.

Por ello, desde etapas iniciales de producción se anunció que se eliminaría la figura de Mushu (que básicamente convertía en todo lo relacionado con los antepasados en un chiste) y los números musicales para otorgarle mayor «realismo». Ésto último no tengo claro que haya quedado bien reflejado en este remake, pero que querían homenajear además al género wuxia (del que forman parte, por ejemplo, cintas como Tigre y Dragón, La casa de las dagas voladoras o La novia del cabello blanco) estaba claro.

Mulan (2020). Disney.

El otro cambio venía a caer en el mismo mensaje feminista, que, a pesar de que sigue funcionando bastante bien a nivel general, empezaba a chirriar en algunos aspectos dentro de la nueva ola (como el hecho de que pueda confundirse que Mulan es bien recibida al final en el hogar porque trae con ella a un maromo bien posicionado socialmente o la escena, con fines humorísticos, de los soldados disfrazándose de mujeres para infiltrarse en el palacio).

Sea como sea, se contó con la profesionalidad de Niki Caro (quien ya trató temas relacionados con el feminismo en Whale Rider) y con guión de Rick Jaffa, Amanda Silver, Elizabeth Martin y Lauren Hynek para sacar adelante la nueva adaptación. Entre el reparto, destaca la figura de Liu Yifei para interpretar a Hua Mulan, lo cual termina haciendo con bastante soltura tanto en las escenas donde se hace pasar por soldado como cuando ya se descubre su verdadera identidad.

La leyenda de Hua Mulan cuenta cómo una joven se fuga de casa para alistarse en el ejército imperial y salvar así a su anciano padre (quien no tiene hijos varones). Debido a su valor y grandes logros en la batalla, el emperador de China le ofrece ocupar un alto cargo, pero Mulan pide solo poder volver a casa.

La película narra todo ello de forma bastante fidedigna (en líneas muy generales) e incluso añade algunos guiños a la recopilación de poemas de esta leyenda más famosa (del siglo XI), como cuando Mulan cuenta que ha estado persiguiendo a una pareja de liebres (macho y hembra) y que no era capaz de diferenciarlas (que así es como finaliza el escrito).

Mulan (2020). Disney.

También parece haber querido retratar la forma de vida (hasta cierto punto) de la China de antaño, con esas construcciones en forma de corral que nos traerán a la mente producciones chinas como Big Fish and Begonia; así como los espectaculares paisajes y vestimentas (obra de la diseñadora Bina Daigeler).

Sin embargo, el mensaje feminista es aquí transformado al de la mujer que debe ocultar su talento solo por su sexo, lo que la aleja de la animada y que introduce elementos cuestionables como el «chi», reflejado aquí de forma similar a la Fuerza de Star Wars (que sí, está inspirado en el chi, al igual que multitud de manga shônen… pero es que al parecer eso no es exactamente el chi).

Otros cambios sustanciales han sido la introducción de nuevos personajes, como la «bruja» interpretada por Gong Li y que sirve como contrapunto a Mulan, pero que al final está bastante desaprovechada; o la modificación de otros como la del general Shang por Honghui (un carismático Yoson An), quien de forma similar a Rey en Los últimos jedi ya no procede de ningún linaje y es un completo igual a la protagonista.

El que sí sigue saliendo igual de perjudicado es el villano, en esta ocasión Böri Khan (Jason Scott Lee), un personaje totalmente estereotipado y predecible, que serviría de contrapunto (negativo, claro está) en su vínculo con la «bruja» al que va estableciendo Mulan con sus colegas del ejército.

Mulan (2020). Disney.

Al final, esta mezcla de elementos de China pero en una superproducción de Hollywood ha dado como resultado un híbrido interesante, pero algo extraño (la escena de Mulan desmelenándose cuando los hombres también tenían largas cabelleras, chinos en China hablando en inglés…) y errático (quizás por eso no triunfa entre el público chino), sobre todo en cuanto a ritmo y narrativa, que termina cayendo en un tercer acto en el que se percibe un bajón importante. También en los efectos especiales.

Aún así, el remake en acción real de la Mulan de Disney está lejos de ser una mala película y es probablemente y junto a El libro de la selva la mejor de las nuevas adaptaciones realizadas por la Casa del Ratón (al menos no es una repetición plano por plano). Los escenarios, vestuario, banda sonora (de Harry Gregson-Williams) y las interpretaciones de parte de su reparto (destacamos las escenas de Mulan en el ejército; el tono intimista le sienta mucho mejor que la acción, a la que por cierto le falta epicidad) hacen que al menos vista y oídos se deleiten.

P.D.: Aclaramos que no somos expertos en la historia y cultura china, por lo que es perfectamente posible que la hayan «pifiado» con los vestuarios o la estructura del edificio que hemos mencionado, aunque nos haya parecido todo muy bonito a la vista.

Bina Daigeler: «Mulán es un live action realizado con una visión contemporánea»

El pasado enero fuimos invitados a participar en el visionado de tres escenas del próximo gran estreno de Disney, el remake en acción real de Mulán. Tras la visualización, hubo un coloquio con la directora de la película, Niki Caro;y la diseñadora de vestuario, Bina Daigeler.

Si bien es una película de época, Daigeler ha asegurado durante el coloquio que han optado por mantener las tradicionales vestimentas de la época y además se han introducido ciertos y sutiles toques modernos, para dar con la idea de que una figura femenina  como  la que evoca la protagonista es necesaria en este tiempo actual y cambiante.

Esta es la primera película en imagen real que, si bien es de Disney, no parece de la Casa del Ratón, ya que por lo que hemos visto no tiene intención alguna de matizar el tono del guión o la eventual crudeza de sus escenas bélicas.  Esto es algo que a nivel personal lo disfruto mucho, ya que, como bien hemos mencionado anteriormente, no solo  Mulan muestra una clara evolución en el marco de su personaje  sino también su contexto tiene la seriedad y el enfoque requeridos para darle una vuelta de tuerca a esta adaptación.

Esta versión live action  está inspirada en parte en el clásico animado de 1998 y es otra apuesta segura por parte de la factoría del ratón más famoso del mundo de demostrarnos que las versiones “en carne y hueso” pueden aportar un poco más de historia, detalles y muchas cosas más a lo que uno pudo llegar a percibir en primera instancia con el que es considerado uno de los clásicos de la empresa de animación.

Esta versión, además de agregar detalles a la trama, da una clara referencia de madurez del personaje. Está claro que la versión real de la película ofrece más juego y rodaje y posibilidades de desarrollo de todos los personajes y la realizadora, Nikki Caro, ha sabido tomar buena ventaja de este factor.

El componente de una emotividad evidente de este largometraje  se puede traslucir en la epifanía que transita Mulan cuando se da cuenta que su padre no puede acudir al llamado del emperador para que este integre sus filas.

La diseñadora de vestuario, Bina Daigeler; y la directora, Niki Caro, durante el coloquio sobre Mulán en Madrid. Disney España.

Yi Fei Liu, quien tras pasar por un largo casting consiguió el papel para interpretar a la protagonista debido a su bagaje multifacético, siendo además de actriz, cantante y artista marcial, entre muchas otras cualidades, fue finalmente elegida y por lo que pudimos ver en las escenas proyectadas, el casting de ella y todo el elenco es excelente.

Tomando pautas e influencias  de iconos de la talla de Kurosawa y películas como Salvando al General Yang, entre otras, podemos afirmar que la cinta proyecta una fidelidad visual bélica.

Lo que más me gusta de lo visto de esta nueva versión de Mulán es que, estando en una época de un sinfín de películas de superhéroes de todo tipo y color, Mulán no deja  de ser una mujer normal y corriente que por circunstancias adversas saca a relucir poco a poco su verdadera fortaleza y valentía.

Niki Caro, quien no es ajena a dirigir personajes femeninos con carácter y muchos matices, creemos que  ha sido una correcta elección para sacar adelante un proyecto de tal envergadura. Esta directora ha demostrado sobradas tablas con sus largomertrajes anteriores tales como En Tierra de Hombres (North Country), La Casa de La Esperanza (Zookeeper’s Wife) y Jinete de Ballenas (Whale Rider), donde ha sabido retratar la fuerza y valentía  de las protagonistas femeninas desde distintos ángulos y tonalidades. Creemos por lo que hemos podido ver en la selección de escenas que Mulán no va a ser excepción a la regla.

Por último, pero no por ello menos importante, hacemos mención del factor Mushu. La no inclusión de este simpático personaje tiene para mí dos acepciones. Como fan de Disney, me duele que no esté porque es cierto  que en la versión animada se compenetra muy bien con la protagonista y aporta frescura y humor. Pero en la versión de carne y hueso, desde un punto de vista objetivo, el hecho de que  no esté incluido este personaje tan icónico es síntoma evidente de la seriedad y el compromiso del enfoque que este largometraje quiere demostrar.

Creemos que Mulán va a ser un éxito, no solo por hecho de de ser de Disney, sino también porque ofrece un plano realista en todo sentido a la importancia de las muchas vetas de la valentía femenina. Tan actual como necesaria en el ritmo imperante de nuestra época.

Mulán se estrenará en cines el próximo 27 de marzo.