Fruits Basket Another supera en algunas cuestiones a su predecesora

Fruits Basket es una de las series shôjo (dirigido mayoritariamente a un público femenino adolescente) más populares, algo que se ha visto recientemente resaltado con la salida de la nueva adaptación de anime (que, esta vez sí, abarca toda la historia). Años después de la finalización del manga, la autora Natsuki Takaya decidió darle continuidad con una secuela protagonizada por los descendientes de Tohru, Kyô, Yuki y demás Sohma.

Fruits Basket Another surgió así sin grandes pretensiones, lo cual es especialmente notorio por su no disimulado referente nostálgico (la mayor parte de los descendientes son básicamente copias de los progenitores); pero terminó concluyendo en tres tomos (más un episodio especial, al menos hasta la fecha) que solucionan aspectos importantes que arrastraba su popular predecesora. Avisamos de que habrá SPOILERS de Fruits Basket y de Another.

En esta ocasión la protagonista es una estudiante llamada Sawa Mitoma, quien se cruza casualmente con dos compañeros de la misma familia Sohma, Mutsuki y Hajime. Poco a poco, Sawa logrará ir superando algunos de sus traumas y miedos a medida que va conociendo más sobre el misterioso clan.

Como se puede apreciar, esta vez el abuso se concentra no tanto en la familia Sohma, sino en la protagonista, lo que nos permite adentrarnos más, como lectores, en su mundo e introspección. Este es ya uno de los puntos sobre los que Fruits Basket quedaba algo coja, ya que si bien podíamos percibir que ALGO le ocurría a Tohru, la protagonista era taaaan buena, gentil y optimista que era imposible tomarse en serio su problemática (y de hecho, la parte de la pérdida de los padres queda algo pasada por alto…).

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

El personaje de Fruits Basket sobre el que Takaya (y la posterior adaptación anime) sí se detiene más en su mundo interior es Yuki; pero esto tarda en llegar en una serie que ocupa 23 volúmenes y que, evidentemente, parte de la perspectiva de la protagonista (Tohru), por muy importantes que lleguen a ser también Yuki y Kyo como personajes.

Al tratarse en esta ocasión del abuso (familiar) que sufre la protagonista, Fruits Basket Another se convierte en un compendio más satisfactorio y no tan melodramático (no había personaje en Fruits Basket que no tuviese algún trauma, y eran un montón) sobre el daño psicológico. Y que éste no se supera un bonito día porque sí, porque nos hemos enamorado de alguien.

Ese era el otro gran error de Fruits Basket. El amor (normalmente romántico, aunque no siempre) te saca de la depresión, del maltrato, del dolor físico o mental, de la bipolaridad y hasta de la psicosis si hace falta. Este es un mensaje que no ha inventado Takaya, pero que no por ello deja de resultar falaz e incluso dañino (no, en la vida real lamentablemente las cosas no son tan sencillas).

La autora, que al menos parece consciente de los problemas que arrastraba su obra (la cual, por otro lado, trata temáticas que el shôjo no suele, especialmente en la época, lo cual es en sí de agradecer), da la sensación de que quiere intentar solucionarlos en su secuela.

De este modo, Sawa no empieza a ser consciente verdaderamente de su situación hasta que no conoce a los Sohma, cierto; pero no porque se enamore de uno de ellos (eso viene ya más tarde); y al ser la protagonista entendemos mejor qué supone para la víctima todo este abuso, especialmente por parte de una madre. Y sobre todo, que al empezar a ser consciente de ello, de que existe, no significa que se solucione. Lamentablemente, si bien hay una evidente mirada optimista, el maltrato y el daño psicológico no se esfuman por arte de magia.

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

Akito después de Fruits Basket

El otro gran aspecto controvertido y criticado de Fruits Basket es la resolución de la que fuera su principal antagonista durante casi toda la serie, la cabeza de familia Akito Sohma.

Mostrada durante buena parte del argumento como un ser despreciable que parece disfrutar haciendo daño a los miembros del zodiaco (inferiores a su posición y, en la mayor parte de los casos, menores de edad), Akito resulta ser al final una pobre muchacha solitaria y traumatizada por un ser que es aún peor, su propia madre Ren.

Para más inri, acaba aceptando el amor (romántico, claro) de Shigure y, por lo tanto, haciendo las paces con su feminidad (o dejando atrás su misoginia, o eso es lo que deberíamos creer…). Esto en poco más de dos capítulos (de un total de 23 volúmenes). Y ya está, con una breve conversación y un «nunca te podré perdonar» (de lo más lógico) de Rin se acaba el arco argumental de Akito.

No es ya que ni los servicios sociales ni la policía intervengan nunca en la serie (otra cosa que soluciona Another, los Sohma sí reciben a veces denuncias, aunque sean con intención de extorsión), donde se suceden episodios como el dejar a niñas en el hospital tras haber recibido palizas; es que lo de Akito se siente totalmente insatisfactorio, incluso una tomadura de pelo.

Sin embargo, Another ahonda en este aspecto a través del hijo de Akito y Shigure (Takaya se asegura de que los personajes principales nunca aparezcan directamente en la secuela, en la que se entiende deben brillar los descendientes), Shiki, quien recibe comentarios sobre la miseria humana que era su madre o cómo ambos se alejan del resto del clan por las secuelas que permanecen.

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

Esto nos muestra que, realmente, aún con más de diez años transcurridos tras los eventos acaecidos en Fruits Basket, Akito no lo está teniendo tan fácil. Si bien, eso sí, ha formado su propia familia con Shigure, tiene una buena relación con su hijo y sigue siendo amiga de Tohru.

Un aspecto satisfactorio es que, a pesar de dichas secuelas y de que Rin no haya podido perdonar a la cabeza del clan, los hijos de las susodichas no permanecen con sus filias y fobias, por lo que no hay más melodrama que el necesario en la narrativa.

Parejas polémicas no hacen acto de presencia en Fruits Basket Another

Salvo Shigure y Akito, que como se ha dicho aparecen indirectamente a través de su hijo Shiki, el resto de parejas polémicas (sobre todo por la diferencia de edad) que se formaron en Fruits Basket no hacen acto de presencia en Another. Lo cual se agradece, más que nada para evitar la sensación incómoda en el lector.

Nos referimos especialmente a Kureno y Arisa, quienes más que la diferencia de edad (11 años), el problema es que se conocen (¡y se enamoran!) cuando ella es todavía menor de edad y va al instituto. Además, no sabe nada realmente de él (menos mal que únicamente a Hanajima se le ocurre preguntar si tiene esposa e hijos…). Y a ninguno de los personajes parece importarle este «detalle», es más, rezan para que Kureno y Arisa puedan volver a encontrarse…

Sí, al final ambos terminan juntos, pero curiosamente no aparecen en Another. Bajo la excusa (comprensible) de que Kureno quiere mantenerse alejado de la familia Sohma, los dos se van de la ciudad.

Otra pareja que se menciona varias veces (la mayoría en forma de chiste) en Fruits Basket es la de Hanajima y la del maestro de Kyô, Kazuma. De nuevo, otro caso de un evidente adulto y una estudiante de instituto. Por suerte, esta sí que no se forma y en Another Takaya se encarga de aclarar que el marido de Saki es extranjero.

Es curioso, eso sí, cómo la diferencia de edad (esta vez al menos todos son menores) en Another sí es remarcada por los propios personajes, con Sawa entrando en pánico cuando los demás la confunden como la novia de Shiki, quien es unos poco años menor.

En definitiva, Fruits Basket Another es un claro ejemplo de regreso de una serie por nostalgia, pero en el que la autora se preocupa de que la narrativa no gire en torno a los anteriores personajes, sino a los nuevos. Es más, pareciera una oportunidad, no desperdiciada, para intentar mejorar los errores dejados por Fruits Basket. Independientemente de su éxito, lo cierto es que Another deja al menos una sensación muy dulce, sin caer en el melodrama y muerte por diabetes que era ocasionalmente su predecesora. Y el dibujo, especialmente en las expresiones, ha mejorado notablemente.

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

Por qué las ships de Rebuild of Evangelion tienen sentido desde una perspectiva de psicoanálisis

La franquicia de Neon Genesis Evangelion ha llegado a su final con la última película que conforma la tetralogía bautizada como Rebuild of Evangelion: Evangelion 3.0+1.0 Thrice Upon a Time. Evidentemente, un anime considerado de culto y con tanta popularidad como el de Hideaki Anno iba a levantar pasiones y ampollas con su conclusión… sobre todo en lo respectivo a las ships o parejas.

En realidad, Evangelion (como se lo conoce abreviadamente y como lo nombraremos a partir de ahora) no es una historia romántica, si bien hay cierto concepto de harem en torno al protagonista, Shinji Ikari. Más bien, al tratarse de una historia sobre el crecimiento y la madurez (la mayoría de los personajes tienen 14 años), lógicamente hay ciertas escenas de contenido ligeramente erótico (el despertar sexual y esas cosas). Pero poco más… lo que no ha impedido que multitud de seguidores se hayan declarado acérrimos defensores de una u otra pareja.

Lo que sí tiene Evangelion, y mucho, es simbolismo religioso (curiosamente, en Japón solo cerca del 2% de la población es declarada cristiana y Anno es agnóstico) y psicoanálisis. Es en esta última donde vamos a detenernos. Avisamos de que habrá SPOILERS de Rebuild of Evangelion.

La madre y el padre, Lilith y Adán

Evangelion fue planteada por su propia creador como una serie que exploraba los problemas que él mismo había tenido con su padre mientras crecía y convivía con él. Tal como se recogió en una entrevista a Anno, éste cuenta que su padre perdió una pierna cuando tenía 16 años, lo que le dejó con un dolor crónico debido a una mala operación, que le había dejado una parte del hueso expuesta (por lo que tenía problemas de contacto con la prótesis). El progenitor de Anno golpeaba y gritaba a su hijo cuando se enfadaba o frustraba, llegándole a hacer saber que hubiese estado mejor sin él. El artista apenas veía (al menos en el momento en el que se publicó la entrevista) a su familia.

Shinji y Gendô en uno de sus mejores días. Rebuild of Evangelion, Hideaki Anno

En Evangelion, uno de los focos narrativos se encuentra en el vínculo de Shinji, que se percibe como reflejo de la psique de Anno, con su padre Gendô, quien lo abandonó cuando era pequeño y ahora lo utiliza sin disimulo para pilotar el Eva 01.

Shinji tiene evidentemente una relación distante e incómoda con su progenitor, ¿pero qué pasa con la madre? Yui Ikari murió cuando el protagonista era pequeño y apenas la recuerda. Traumatizado por la pérdida (otra de las claves del psicoanálisis es la separación), Gendô se obsesiona con recuperar a su mujer, ignorando así la existencia de su retoño.

En el proceso para traerla de vuelta, se crean clones de Yui con forma de adolescente a los que se bautizan como Rei Ayanami (apellido de soltera de la susodicha). Shinji, quien al igual que el espectador desconoce inicialmente este dato, se hace compañero y luego amigo de Rei, quien inevitablemente sentirá atracción y apego por el protagonista.

Tal como se comenta en más de una ocasión en la serie (la última la dice Asuka en Thrice Upon a Time), Rei está programada para querer a Shinji. Lógico si es en base su madre. El protagonista, también inevitablemente, querrá a Rei. Toda la segunda película (y gran parte del anime) se centra en estrechar el vínculo entre los dos. Shinji incluso manda todo al carajo con tal de evitar que Rei muera… al igual que ocurrió con Yui.

Hay otro personaje con el que Shinji se vuelca emocionalmente, hasta el punto de tomar medidas drásticas y por el que le cuesta superar la pérdida (más que con cualquiera del resto del elenco, salvo la mencionada Rei), y ese es Kaworu Nagisa.

Shinji no puede dejar ir a Rei. Rebuild of Evangelion, Hideaki Anno

Kaworu aparece misteriosamente «de la nada» en los momentos en los que Shinji se encuentra más hundido en la depresión. Centra toda su atención en el protagonista, su objetivo es hacerlo feliz y nació para conocerle. De hecho, Kaworu apenas interactúa con el resto de personajes (curiosamente, una de las otras pocas es Rei, pero solo a nivel simbólico, salvo una escena).

Antes de seguir, aclararemos que entendemos perfectamente el auge del Kawoshin (KaworuxShinji) y la frustración eterna de una parte del fandom debido a que parece que con esta pareja se hace queerbaiting sin ir a más. Si nos centramos en la perspectiva psicoanalítica (la cual, por cierto, siempre va a abordar algo de incesto), la conclusión de este vínculo tiene bastante lógica (si bien, de nuevo, comprendemos la frustración).

Una de las principales interpretaciones es que Kaworu es Shinji idealizado (¡todo lo hace bien!). En realidad, Kaworu es el padre idealizado de (y por) Shinji. Aparece cuando más lo necesita, se centra SOLO en él, lo acompaña en sus actividades favoritas, le expresa constantemente lo mucho que lo aprecia, etc. En Thrice Upon a Time se llega a mencionar que Kaworu es un clon de Gendô (teoría que llevaba años rulando por la red), quien por cierto sigue desaparecido durante las crisis de su hijo.

En The End of Evangelion ya se remarcaba que Rei era Lilith y Kaworu Adán, los primeros seres humanos según la religión hebrea (dentro del universo de Anno, de Adán/Kaworu descienden los ángeles, mientras que de Lilith/Rei lo hacen los humanos). Desde la perspectiva de un Shinji que no ha madurado, Rei y Kaworu son los seres cuya pérdida no ha superado. En el psicoanálisis, para un niño o una mente inmadura los padres lo son prácticamente todo, tus creadores. 

Otra novedad que nos trae Rebuild of Evangelion es más sobre las perspectivas de Rei y Kaworu. Ella como persona que intenta independizarse de su condicionalismo existencial (sin olvidar, eso sí, su vocación materna) y él de la de buscar la felicidad de Shinji para ser su propio ser. Ambas las abordaremos más en el siguiente apartado.

Rei y Kaworu como Lilith y Adán en The End of Evangelion, Hideaki Anno

La madurez de Shinji Ikari

Rebuild of Evangelion remarca en su conclusión (y en esto es cuando más se desvía de The End of Evangelion) que Shinji ha madurado. ¿Pero qué significa esto realmente?

El Shinji infantil que no ha superado la pérdida/separación de sus padres (y, por ende, tampoco las de Rei y Kaworu) no quiere avanzar, se encierra en sí mismo y huye del dolor (para evitar seguir sufriendo, prefiere la muerte). Desde una perspectiva psicoanalítica, madurar supone separarse del padre y de la madre.

Mientras Shinji sigue siendo niño, busca otros sustitutos de padre (Kaji) y madre (Misato), sin éxito. Cuando Shinji madura, enfrentándose directamente al padre real (Gendô), es él quien aparece ante los demás para ayudarlos (incluyendo, claro está, a Kaworu, Rei y al propio Gendô). Tanto Gendô como Kaworu ven a Shinji en parte en su versión infantil/niño.

Es aquí cuando se nos muestra más de la perspectiva de Kaworu, quien, una vez «liberado» de su deber paternal, puede buscar desarrollarse como persona. El padre que no solo es padre. Rei es algo ligeramente distinto, pues aunque también busca (y obtiene) otras aficiones más allá de la maternidad, nunca llega a dejar ésta totalmente de lado.

Shinji niño consolando a Kaworu en Rebuild of Evangelion (Hideaki Anno)

Shinji madura asimismo en otros aspectos, como es el afectivo/sexual, una vez aceptada la separación paternal. Aquí entraría la otra gran polémica (de las ships, claro), que es la de Asuka y Mari. La pelirroja y el protagonista tienen tensión sexual no resuelta desde la serie original, que, esta vez sí, es definida con palabras. Como Asuka ya ha crecido antes que Shinji, es el reflejo de ese despertar sexual durante la adolescencia. Normalmente, éste no permanece cuando crecemos, teniendo otros enlaces afectivos, y aquí entraría Mari en escena.

Es verdad que la relación entre Shinji y Mari apenas tiene desarrollo en las películas, pero Evangelion, como decíamos inicialmente, no es un anime romántico. No se centra en los vínculos de ESE tipo de amor, si bien es consciente de que existen (pero, en este caso, muy de fondo a los de padres/hijos; o más bien, no puedes empezar a relacionarte adecuadamente románticamente hasta que no has madurado/has aceptado la separación paternal).

Mari era aparentemente una amiga de la madre de Shinji, lo que seguiría dentro de los estándares del psicoanálisis, pero sin caer en el incesto. Es asimismo la representación de la novedad, que no juzga a Shinji (ni, por lo tanto, a Anno ni a su obra) por su pasado. Es una nueva página en blanco en su vida, que es básicamente el mensaje final de Rebuild of Evangelion: vivir (con lo bueno y malo), superando el peso del dolor y de la pérdida (así como la presión). Y eso sería madurar.

Shinji y Asuka en el final de Rebuild of Evangelion (Hideaki Anno)

Aparte de Mari y Shinji, en la escena final vemos a Kaworu y a Rei hablando desde la perspectiva del protagonista. Ellos no lo ven a él, pero él sí a ellos, mostrando que ha superado así el Edipo (no se interpone más en la relación entre sus padres). Al parecer, en un libreto oficial de 36 páginas que se entregó con algunas entradas, titulado EVA EXTRA-EX, entre un manga protagonizado por Asuka antes de Thrice Upon a Time y otras ilustraciones realizadas por trabajadores de Rebuild of Evangelion, aparecen estos Rei y Kaworu (mismas ropas, pero Rei con el pelo más largo) con un niño pequeño que es básicamente Shinji.

Si bien no le daría mayor importancia a estas ilustraciones, dentro de esta perspectiva y conclusión psicoanalíticas, que Rei y Kaworu hayan sido padres de una especie de Shinji 2.0 en esta nueva realidad sin EVAs (la nuestra) tendría todo el sentido del mundo. Seguramente, este Shinji crecerá sin los problemas del original (ya madurito y a su bola con Mari), en un presente sin Evangelion.

                         Y así, amiguis, es como lográis que arda Tumblr. Evangelion Extra-Ex

Cinco aspectos geniales (y no tan geniales) de Attack on Titan

El manga de Attack on Titan (Shingeki no Kyojin 進撃の巨人, traducido como Ataque a los titanes) ha finalizado con el lanzamiento del último tomo a inicios de este mes en Japón, poniendo así punto y final a una de las historias shônen más populares de estos años. No obstante, allí donde hay luces, hay sombras, por lo que la obra de Hajime Isayama no está exenta de fallos (algunos más sangrantes que otros).

De hecho, casi todos los aspectos geniales podrían incluirse a su vez en los desastrosos, lo que en sí tiene algo de mérito. Advertimos de que habrá SPOILERS de Attack on Titan (tanto del manga como del anime).

Genial: Los giros argumentales

Attack on Titan comienza (y avanza más allá de su mitad) como un manga y anime más bien genérico sobre unos chicos cuya aldea se ve repentinamente destruida por la aparición de unos monstruosos y misteriosos titanes, a partir de lo cual uno de ellos jura venganza y por ello se unen al cuerpo de exploración.

En un Japoneando Anime que le dedicamos a esta serie hace años, de hecho, hablábamos de los estereotipos y cómo todos ellos estaban encarnados en los personajes. La situaciones, más allá de su epicidad, no dejan de ser las típicas de cualquier shônen (muy bien llevadas y animadas en la adaptación a anime, eso sí). Y llega EL giro.

Attack on Titan. Hajime Isayama y Wit Studio.

A partir de éste, Attack on Titan deja de ser una serie de acción con ciertas dosis de terror para convertirse en un drama bélico y político. Es verdad que hacia el final estas aspiraciones empiezan a cojear y algunas quedan en tierra de nadie; pero no se puede quitar que el momento del sótano y el flashback de Grisha junto al descubrimiento de Marley y su civilización ofrecen una visión innovadora (para lo que suelen ser los estándares) y, además, sale bien.

Desastroso: Algunas veces los giros están (demasiado) forzados

Pero no todo iba a ser el sótano de Grisha. Isayama tiene tendencia a los giros argumentales, por lo que tanto antes como después del susodicho ocurren otros tantos… que no siempre quedan bien. Ahí tenemos, por ejemplo, la huida de Ymir junto a Reiner y Bertholdt, el embarazo de Historia (que queda en nada), la ascendencia aristócrata de Mikasa (que no está ni mucho menos tan bien ejecutada como la de Christa/Historia, por mencionar otro buen giro), etc.

Isayama va acumulando giros, algunos no llegan a ningún lado o, simplemente, quedan en una especie de macguffin, lo que es fácil que irrite al lector. El personaje de Reiner en sí podría ser un perfecto ejemplo de giros bien y mal planteados (incluyendo su terrible conclusión).

Attack on Titan. Hajime Isayama y Mappa.

Genial: Shônen… para adultos

El giro y el cambio de registro que trae consigo Attack on Titan conlleva una serie de dobles lecturas que se asientan mucho mejor en el mundo del seinen (manga para adultos) que en el del shônen (para adolescentes… tengamos asimismo en cuenta que este tipo de etiquetas empiezan a percibirse como algo caducas para una parte importante de los lectores de manga).

Varias de estas lecturas son: la construcción y subjetividad de la historia, el papel de vencedores y vencidos, la eterna revancha (lo que lleva a un conflicto cíclico), el individualismo versus colectivismo (esta sí, esencia de cualquier shônen o, más bien, de producto salido de Japón), el sentido de pertenencia o de patria, la construcción de identidad nacional, el amor (ya sea romántico, familiar o amistoso) como motor espiritual y finalmente universal, etc.

Todos ellos fácilmente identificables con situaciones reales, como la equivalencia bastante clara entre marleyanos y nazis, eldianos y judíos, la renuncia a la guerra por parte del rey Fritz y el Artículo 9 de la Constitución japonesa, el retumbar y las armas nucleares, entre otros.

Attack on Titan. Hajime Isayama y Mappa.

Desastroso: Eren…

Vale, esta es especialmente polémica. Eren Jaeger levanta odios y pasiones desde el inicio de la serie, pero estas filias y fobias se intensifican especialmente a partir del citado gran giro de los acontecimientos, cuando este personaje parece dar un salto radical (remarcamos el «parece»). El final de la obra no hace más que confirmar esta bipolaridad.

Admito que nunca simpaticé especialmente con Eren, pero no es de lo que vengo a hablar. Su personaje es llevado de un lado a otro y al final queda en un nicho de inconsistencias bastante considerable. Cuando parece que va a despegar hacia una dirección, resulta que da una marcha atrás tremenda. Y así, hasta llegar nuevamente a su ¿conclusión?.

No es un rasgo exclusivo de Eren, pues en realidad son varios los personajes de Attack on Titan que adolecen de esta especie de «falta de identidad» (para ir acorde con la temática argumental, será). Mikasa, Historia, Ymir o Reiner pasan por esto. Al final, y me da tirria decirlo (pues le tengo aún mayor manía que a Eren), el personaje mejor desarrollado a lo largo de la historia es Gabi…

Attack on Titan. Hajime Isayama y Mappa.

Eso sí, no podemos dejar de mencionar que la serie tiene toda una plantilla de personajes increíble, y hasta el que parece muy secundario tiene algún momento para brillar. Nos resulta difícil olvidar a Erwin, Levi, Hanji, Sasha… Y eso por mencionar solo a algunos.

Genial: La adaptación a anime

Seamos sinceros, el anime fue lo que catapultó a Attack on Titan a la enorme popularidad de la que sigue gozando hoy en día. De hecho, el dibujo de Isayama no puede decirse que entre precisamente por los ojos (mejora mucho con el tiempo, eso sí; y tiene un estilo bastante único dentro del manga). El estudio Wit se marcó un increíble trabajo, no solo trasladando los dibujos, sino con la animación y, muy especialmente, las escenas de acción. La banda sonora tampoco la descuidaron en absoluto.

Esta consistente buena labor se mantuvo durante las tres primeras temporadas (luego llegó Mappa, que tampoco lo hace nada mal), lo que causó que su fama solo pudiese ascender. Actualmente, la tercera temporada está considerada una de las mejores de todos los tiempos.

Desastroso: La fundadora Ymir

El final ha levantado muchas ampollas entre los fanáticos de Attack on Titan por varias cuestiones más o menos defendibles. Pero lo que es indefendible es lo de Ymir (la fundadora, no la de las pecas). Entendemos que Isayama quisiera marcarse un Síndrome de Estocolmo, pero, más allá de lo polémico que tiene en sí el término, no debe asociarse nunca con amor o con un romance al uso. El problema no iría más allá de una frase suelta en el manga (que puede interpretarse como el pensamiento de Eren), pero es que en la guía oficial posterior vuelven a remarcar el amor de Ymir por Fritz…

Si al menos no hubiesen mostrado al monarca en todo momento anterior como un ser absolutamente repugnante todavía podría tener un (mínimo y diminuto) pase, pero ni por esas… El hecho de que se entienda que hay una especie de identificación por parte de la afectada con Mikasa no hace más que empeorar las cosas (no, por mucho que te disguste la relación entre Eren y Mikasa ni por asomo es comparable a la de Ymir con Karl Fritz, y no debe frivolizarse con esto).

Attack on Titan. Hajime Isayama y Kodansha.

Genial: Un final «realista» melancólico

De todos modos, dejando atrás los aspectos mencionados sobre Ymir y el vaivén de ciertos personajes, lo cierto es que el sentimiento que deja el manga al concluirse es el de melancolía. Como si se hubiese perdido algo que nunca termina de irse.

Esto tiene especial mérito porque es uno de los aspectos dentro de la propia narrativa: los personajes que mueren nunca se van del todo y permanecen viviendo a través de los seres amados (y no únicamente como titanes al ser devorados…). Son los casos de Ymir con Historia; de Erwin y Hanji con Levi; de Sasha con Connie, Jean o Niccolo (que Isayama hasta se acuerda de mostrarlo todavía junto a la familia de la susodicha); y por supuesto de Eren con Armin y Mikasa.

Es por eso que el final de Attack on Titan es deprimente, pero «realista» dentro de sus términos. El propio Isayama ha declarado que la conclusión no podía ser enteramente feliz, con parejas casándose y cosas del estilo, porque no va con lo que es la serie. Y sí, somos de los pocos (¿?) que apoyamos el sentido cíclico de la guerra sobre Paradis y en el mundo: la paz eterna nunca es real.

Attack on Titan. Hajime Isayama y Kodansha.

Desastroso: Las parejas o ships

Hay que decir que Attack on Titan ha creado en torno a sí un enorme fandom de lo más variopinto, enorme… y rabioso. No solo con el final, pero especialmente con el final. Y gran parte de culpa la tienen las parejas o ships (su término coloquial en inglés).

Si bien no se trata de un manga/anime romántico, las parejas se han ido formando desde sus inicios: el ErenxMikasa (Eremika), ArminxAnnie (Aruani), ErenxHistoria (Erehisu), YmirxHistoria (Yumihisu), LevixErwin (Eruri), SashaxConnie (Springles), SashaxNiccolo (Niccosasha), y así un interminable etcétera. El hecho de que Attack on Titan se haya rodeado de cantidades ingentes de material adicional y media mix (desde manga/anime en instituto hasta películas y videojuegos) no ha hecho más que aumentar este fanatismo.

No obstante, la conclusión del manga se ha visto fuertemente arrastrada por el fervor por las ships. Sorprendentemente (o no), Isayama ha colocado a algunas en el centro de la narrativa al final (pero con escaso desarrollo anterior, algo que no es en absoluto una rara avis en el shônen), por lo que encolerizados seguidores se han visto enfrentados a otros grupos. Lamentablemente, esto ha opacado otros aspectos igualmente o más importantes y ha agriado la experiencia del manga al completo en algunos.

Attack on Titan. Hajime Isayama y Wit Studio.

Genial: Y las parejas o ships…

Y sin embargo, no puede obviarse la importancia que las relaciones, como las de Eren y Armin o Eren y Mikasa, tienen sobre Attack on Titan. Sin ellos, directamente la obra no sería la misma. Y no son los únicos, pues el punto anteriormente mencionado sobre la melancolía y la permanencia de los personajes que se han ido a través de otros carecería de sentido si no hubiesen existido vínculos significativos previos.

Eso es, para nosotros, algo que no todos los manga logran con acierto. Menos aún los shônen, que no suelen manejar bien aspectos como el romance. Tampoco es que Isayama sea un genio en esto, pero es paradójicamente algo que puede llegar a jugara su favor si deja el suficiente margen para la imaginación del lector sin que pueda llegar a resultar una locura (siguiendo en ese sentido los pasos de Akira Toriyama con la muy popular pareja formada por Vegeta y Bulma). Y obviando totalmente lo de Ymir y Fritz, claro.

Attack on Titan. Hajime Isayama y Wit Studio.

Shingeki no Kyojin, NieR y la retórica de la angustia

Shingeki no Kyojin (Attack on Titan o Ataque a los titanes) ha finalizado hace poco su manga y mañana (23 de abril) sale a la venta NieR Replicant ver.1.22474487139 para PlayStation 4, Xbox One y Steam. Por lo demás, ¿qué tienen en común las obras de Hajime Isayama y Yoko Taro?

La angustia y la desesperación han sido temas recurrentes en la ficción y literatura desde tiempos inmemoriales. La percibimos incluso en La Odisea en la lucha de Odiseo/Ulises por volver a su hogar o en La Ilíada con Aquiles tras la muerte de Patroclo. Genji se desespera durante su (según él, injusto) exilio en Suma, mientras que Nietzsche se adentraba en las profundidades del nihilismo. La angustia, bien lo sabemos, es intrínseca al ser humano.

No obstante, se está percibiendo en los últimos años (más bien, en las dos últimas décadas) un cada vez mayor número de obras que hacen de la angustia su columna vertebral. Es la desesperación de los personajes principales y el sentir que lo que va a traernos (si acaso) un breve rayo de esperanza es la ruptura (casi) total con el pasado.

El pasado es una lacra

Nietzsche ya hablaba de un pasado histórico y se remontaba a tiempos de la filosofía de Platón, haciendo un recorrido por la historia de Occidente. Éste queda finalmente caduco y nos encontramos ante un terreno inexplorado y, en principio, sombrío. Ese es el principal miedo a la hora de llevar a cabo una ruptura radical, el qué vendrá después.

Shingeki no Kyojin. Hajime Isayama y WIT/Mappa Studios

No obstante, la ficción está jugueteando cada vez más con esta posibilidad de la revolución y ruptura (que, si es violenta o no, cada vez nos está dando más igual), incluso en grandes superproducciones venidas de la cuna del capitalismo como Joker o la última trilogía de Star Wars (que es en sí misma una ruptura casi total con las dos anteriores, lo que ha enfurecido a no pocos seguidores).

Avisamos que a partir de aquí habrá SPOILERS de Shingeki no Kyojin y NieR.  

Shingeki no Kyojin es el ejemplo perfecto de shônen (con tintes seinen) de enorme popularidad y calado que aborda este nihilismo, angustia, desesperación y ruptura como eje principal. La obra incluso da un giro de 180 grados a su temática y género ya pasado su ecuador y nos presenta no ya un relato de terror con bestias antropomorfas que devoran a las personas, sino una distopía con muchísimas reminiscencias de la Alemania nazi, el Japón imperialista (y el posterior bajo el imparable crecimiento de China) y con las nuevas generaciones sopesando sus opciones.

El final es bastante más light de lo que podría parecer en la obra de Isayama; sin embargo las pérdidas son numerosas y no hay que olvidar que suceden varios genocidios. Hay, efectivamente, una ruptura bastante brusca con el pasado, pero no total, pues ahí siguen permaneciendo Historia (curioso nombre) o Armin como principales portaestandartes de lo que ocurrió y sobre lo que vendrá. Pero no es casualidad que, de entre los personajes con mayor edad, solo sobrevive Levi (y queda para el arrastre).

NieR Replicant y NieR Automata también abordan esta cuestión de ruptura trágica, radical y traumática con el pasado y supone un punto de inflexión entre los personajes principales. El mundo en el universo creado por Yoko Taro no para de ser arrasado: la sociedad anterior a NieR (que casi pareciera la nuestra, ahí con la Torre de Tokio de fondo, y eso sin contar a Drakengard), la del propio NieR Replicant y, ¿finalmente?, la de NieR Automata, una sociedad puramente conformada por androides (símiles humanos, presente asimismo en Replicant) y máquinas. El humano ya ha matado a Dios; la máquina ha asesinado al humano (su dios).

Shingeki no Kyojin. Hajime Isayama y WIT/Mappa Studios

El protagonista millennial

La ficción (y el relato histórico) tienden al mesianismo, algo que se percibe claramente asimismo en Shingeki no Kyojin. Eren (y antes lo intenta Zeke) se yergue como el «gran salvador» de esa humanidad estancada en el fracaso, aunque para ello tenga que cargarse a más de la mitad de la población.

Es curioso cómo es reflejado Eren en la obra de Isayama, pues desde sus primeras páginas es claramente el protagonista; mientras que personajes con objetivos similares en otros títulos, como Kylo Ren en Star Wars o Thanos en Avengers, son retratados como evidentes antagonistas. Las comparaciones con Code Geass y su protagonista, Lelouch, son inevitables (no es la única similitud entre ambos manga/anime); pero Lelouch es un personaje con mucho mayor autocontrol y más manipulador que Eren. Su contraparte, Suzaku, es el héroe claro desde el primer momento (si bien se invierten ocasionalmente los roles).

Eren es, de nuevo como Kylo Ren o como 9S en NieR Automata, un personaje sobrepasado por sus emociones. Al contrario que los protagonistas de antaño, que llevaban el estoicismo como bandera (incluso un joven e inseguro granjero como Luke Skywalker terminaba siendo un serio y cool guerrero en El retorno del jedi), en estos casos las emociones no solo se muestran, es que hay saturación de ellas. Por eso a veces parecen jugar con los límites de la cordura, ya que sus conductas pueden parecernos erráticas, al menos para lo que estamos acostumbrados y según lo que nos han enseñado que «es lo correcto». Evidentemente, la cuestión sobre guardarse los sentimientos para uno mismo hace tiempo que se relajó y, de hecho, es actualmente visto como algo perjudicial para la salud mental (curiosamente, de nuevo jugando con los límites de la locura, aún si se es estoico).

Aceptamos la humanidad como es. Reímos, lloramos, amamos, odiamos y gritamos (y esto último Eren lo hace mucho). Somos un manojo de contradicciones. Por eso, para los más adultos, este tipo de personajes son vistos como ejemplos de infantilismo perpetuo. Algunos incluso muestran un diseño infantil (9S); pero no significa que realmente lo sean. Etiquetas como qué es ser maduro o no forman parte asimismo de normas de conducta (en la mayor parte de los casos), son transformaciones culturales que parten de alteridades con nuestro yo niño.

Shingeki no Kyojin. Hajime Isayama

Curiosamente, y esto formaría mayor parte de las corrientes del feminismo, los personajes principales femeninos en estas obras sí son el mayor exponente de estoicismo y de lo que era «el héroe de antaño». Piénsese en Mikasa, Rey, Kainé o 2B (a pesar de que tienen momentos evidentes de expresividad emocional y dudas).

Eren y Nier (protagonista) son representación asimismo de un dilema que es muy propio de Japón, pero que todos en algún momento hemos vivido: perseguir nuestro propio bien o el de la sociedad/grupo (llámese familia, amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc.). En Japón, como en Asia oriental, es muy habitual el preservar la armonía grupal, incluso si eso es perjudicial para uno mismo. Las influencias occidentales, que se llevan sintiendo desde el siglo XIX, han calado en un mayor espíritu individualista, especialmente entre los más jóvenes. No obstante, a grandes rasgos, el individualismo sigue percibiéndose como algo negativo. Los shônen siguen con el discurso sobre la bondad de los nakama como eje.

Tanto Eren como Nier (protagonista) mandan al carajo todo eso (recordemos el dilema de salvar a Erwin o a Armin), si bien Shingeki no Kyojin termina con una nota que se inclina, nuevamente, hacia el bien común sobre el individual. Vivimos una sociedad, que no funcionaría si todo el mundo fuese a sus propios intereses. Nier, no obstante, sí tiene la fijación casi obsesiva (que se comprende algo mejor en el caso de Gestalt con el padre y su hija, por suponerse el mayor vínculo de todos) de salvar a su hermana por encima de cualquier cosa, incluso por encima de la sociedad y de la humanidad. Aquí se produce una paradoja, pues esta pérdida de humanidad es justamente, en estos casos, algo muy humano (a la postre solo queremos que nuestros seres queridos estén bien).

En definitiva, nos encontramos ante dos (y más obras) que versan sobre la angustia del ser humano, ese nihilismo tan de Nietzsche. Argumentos que giran en torno a la ruptura con el pasado, la incertidumbre por lo que nos traerá el futuro y con personajes saturados por sus emociones abonan el terreno. Al final, eso sí, siempre se deja entrever algo de esperanza (como los finales E de ambos NieR), incluso si lo que nos depara nos resulta un terreno inexplorado.

NieR Replicant. Yoko Taro

Las mujeres en Shingeki no Kyojin (Ataque a los titanes)

Shingeki no Kyojin (進撃の巨人, Ataque a los titanes o Attack on Titan dependiendo de la traducción) está en su última temporada de anime y en la recta final del manga, por lo que está en mente y en boca de muchos y creemos que es buen momento para hablar de algo relacionado con la obra de Hajime Isayama. Siendo el Día Internacional de la Mujer, qué mejor que abordar, aunque sea de forma muy superficial (no pretendemos hacer spoilers) de su rico elenco de personajes femeninos (algunos de ellos realmente populares).

Mikasa Ackerman

La protagonista junto a Eren y Armin, es además uno de los personajes más poderosos y fuertes de la serie, incluso más (al menos en principio) que sus congéneres masculinos. Le rodea asimismo cierto aire de exclusividad (como superviviente étnica asiática, como Ackerman) y de que su personaje está destinado a realizar acciones clave dentro de la narrativa.

Como punto negativo, a Mikasa se le ha criticado desde sus inicios la dependencia emocional que desarrolla hacia Eren, a quien sigue con una fidelidad y fijación que en ocasiones parece más canina que humana. No obstante, psicológicamente esta pseudo-obsesión se ha visto algo justificada con su pasado y, lo más importante, su arco narrativo está en buena parte dirigido a superar a Eren y desarrollarse en su propio personaje.

Mikasa posee finalmente ciertos atributos o tropos considerados tradicionalmente masculinos, como una figura musculosa (ya era hora de que mujeres luchadoras en el anime, manga y videojuegos no fuesen mostradas como palillos con globos), estoicismo en todo momento y la capacidad de tomar decisiones por encima de sus emociones (especialmente más avanzada la trama).

Mikasa en Shingeki no Kyojin. WIT Studio y MAPPA. Hajime Isayama

Annie Leonheart

Annie es otro personaje de Shingeki no Kyojin con varios matices, lo que la hace un ser complejo y tridimensional (lamentablemente, se pasa una parte importante de la historia en hibernación). Empieza siendo una compañera rodeada de misterio y enseguida se convierte (SPOILER) en la primera antagonista seria como Titán Hembra, en uno de los arcos más tensos de Shingeki y que nos abre la puerta (y muros) a todo un mundo de posibilidades (FIN DE SPOILERS).

La actitud tridimensional de Annie la hace parecer asimismo como alguien de conducta extraña para los demás, pero que una vez nos adentramos en su psique, todo cobra especial sentido. Le enseña además algunas técnicas importantes de lucha a Eren y es un vínculo importante para Armin más allá del trío protagonista.

Annie en Shingeki no Kyojin. WIT Studio y MAPPA. Hajime Isayama

Sasha Blouse

Sasha es el encanto personificado sin necesidad de caer en tropos intrínsecamente vinculados a los personajes femeninos. Es junto a Connie el ejemplo de gente «de la calle», sin especiales mesianismos ni pretensiones (salvo algo tan común y mundano como el comer).

Alegre y emocionalmente fuerte (el mundo de Shingeki dista de ser fácil y cómodo), es uno de los personajes más queridos por lo seguidores de la serie y que, sin pretenderlo, llega al corazón de más de uno (que se lo digan a Niccolo).

Sasha en Shingeki no Kyojin. WIT Studio y MAPPA. Hajime Isayama

Historia/Krista

Historia o Krista es el ejemplo perfecto de subversividad de papeles. Inicialmente es fácil pasarla por alto o encasillarla en la chica moe (amable y dulce hasta el hartazgo) tan común de los anime. Pero eso es solo en el principio, pues Historia está llamada a grandes cosas y su rol es extremadamente importante en el mundo de Shingeki. Es la protagonista de una de las principales tramas políticas.

Su relación con Ymir es además una de las más conmovedoras de la serie (que, todo sea dicho, no se prodiga en romances felices).

Historia en Shingeki no Kyojin. WIT Studio y MAPPA. Hajime Isayama

Ymir

Y aquí llegamos a la susodicha. Ymir (que será un nombre recurrente en la serie de otros personajes femeninos clave) es, al igual que Krista, otro personaje al que es fácil pasar por alto inicialmente. En este caso por parecer la representación máxima del personaje femenino tsundere (en contraste con Historia, antipática y borde en apariencia).

Poco a poco, Ymir se va descubriendo como mucho más. Al principio de forma bastante confusa y desconcertante, pero luego todo cobra sentido. Es, por lo tanto, otro de los personajes clave a aspectos que agrandan el mundo y la trama de Shingeki.

Ymir en Shingeki no Kyojin. WIT Studio y MAPPA. Hajime Isayama

Hange Zoë

Primero conviene aclarar que Hange es un personaje marcadamente femenino en la adaptación a anime, ya que en el manga tanto Isayama como Kôdansha han dejado intencionalmente su género ambiguo y a decisión del lector.

No obstante, Hange es un gran personaje, que va de menos (como mero referente cómico a la sombra de Levi) a más (como uno de los soldados más fuertes y figura clave de líder). Es además el tropo del científico «loco» u obsesionado con su trabajo hecho mujer (en el anime) y de forma simpática para el lector y cooperativa para el resto de personajes.

Podríamos hablar de más personajes femeninos importantes e interesantes que se van introduciendo en la trama, pero supondría entrar en terreno peligroso de spoilers. La idea está clara: hay varios motivos por los que se debe ver o leer Shingeki no Kyojin (especialmente superados los clichés iniciales, que de hecho aparecen por algo), siendo su elenco de personajes femeninos (interesantes, complejos, importantes para la trama y no sexualizados) uno de ellos.

Hange en Shingeki no Kyojin. WIT Studio y MAPPA. Hajime Isayama

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Cinco películas (y una sorpresa) de anime para ver en San Valentín

San Valentín es uno de esos festivos anuales que buscan los comercios para levantar el vuelo durante la temporada posterior a la Navidad, cuando los bolsillos están todavía sufrientes. Es asimismo un día de empalague, que sirve para demostrarle a la pareja sentimental (o a la persona que aspiras a que lo sea) lo que uno siente. Desde hace unos años ha habido cierto furor en el cine de animación japonesa por las temáticas amorosas, con el director Makoto Shinkai a la cabeza. Por ello, aprovechando la jornada, recomendamos seis títulos de anime que hablan sobre el amor romántico con bastante soltura y mucha melancolía.

Your Name (Kimi no Na wa, 君の名は)

Ya adelantábamos que el director Makoto Shinkai estaría a la cabeza de este boom por el cine de anime que versa sobre el amor, en este caso sobre el adolescente. Para ello nos presentan a Taki, un estudiante que vive en Tokio, y a Mitsuha, residente de la zona rural de Itomori. Debido a cierto incidente en el que intervendrían los kami (dioses del sintoísmo), ambos intercambian cuerpos y Mitsuha se ve envuelta en la vida de Taki y viceversa. Solo es cuestión de tiempo que surja el amor.

Your Name es una de las películas más taquilleras de la historia de Japón y no es para menos, ya que posee un buen ritmo y logra hablar sobre el amor juvenil sin caer en lo empalagoso ni en demasiados lugares comunes. El hecho de que la química entre Mitsuha y Taki sea palpable aunque apenas compartan escenas ya es de por sí todo un logro. Y por supuesto, la maravillosa animación, que refleja de forma tan realista las calles de Tokio y el campo de Hida, junto a la banda sonora de Radwimps, hacen el resto.

De Makoto Shinkai en realidad se puede recomendar prácticamente toda su filmografía para hablar sobre el amor romántico. En lo personal nos quedamos con El jardín de las palabras y El tiempo contigo, pero ésta última tiene muchos puntos en común con Your Name.

Susurros del corazón (Mimi wo Sumaseba, 耳をすませば)

Estuvimos debatiendo qué título de Ghibli que verse al menos en parte sobre el amor romántico iría bien en la lista y al final terminamos decantándonos por la cinta dirigida por Yoshifumi Kondô (con guión de Hayao Miyazaki). Si bien también irían muy bien aquí El castillo ambulante o Recuerdos del ayer.

Nos encontramos de nuevo con una cinta que versa sobre el amor adolescente (seremos francos, a los japoneses les encanta hablar sobre esta etapa vital). Shizuku es una estudiante apasionada de la lectura que descubre que todos los libros que toma prestados de la biblioteca han estado antes en manos de un tal Seiji Amasawa. Una tarde, siguiendo a un gato con el que suele cruzarse, llega a una bonita tienda de antigüedades, conociendo al anciano propietario. Toda una serie de circunstancias que generarán que acabe conociendo al misterioso Seiji.

Susurros del corazón tiene el no escaso mérito de ser una película modesta, que habla de cosas simples y de la cotidianidad, pero con una sensibilidad y ternura que te transportan a esa etapa del primer amor, de la incertidumbre por el camino (profesional) a tomar en la vida, de elegir entre lo que nos apasiona o lo que nos brinda una oportunidad. Y escenas como el canto improvisado de «Country Road» ya son una delicia.

En este rincón del mundo (Kono Sekai no Katasumi ni, この世界の片隅に)

Hacemos un parón en los romances adolescentes y nos fijamos en esta maravillosa cinta dirigida por Sunao Katabuchi y basada en el manga de Fumiyo Kôno ambientada en la Segunda Guerra Mundial en Japón.

Suzu proviene de Hiroshima, pero cuando la casan con Shûsaku se traslada a la localidad de Kure para vivir con la familia del marido. Lo que empieza como un matrimonio casi por conveniencia, donde los cónyuges apenas se conocen, acaba derivando, a través del día a día, en un bonito vínculo de compañerismo, respeto y apoyo, sin dejar de lado el amor. Todo ello en medio de los avatares de la guerra, con todo lo que conlleva.

En realidad, En este rincón del mundo es, a pesar de su estilo de animación amable y casi infantil, una dura película sobre la pérdida y la resiliencia, en especial por parte de las mujeres de antaño. Romanticismo o no, no podemos dejar de recomendarla.

A Silent Voice (Koe no Katachi, 聲の形)

Estuvimos dudando de si incluirla o no en la lista (en lugar de La chica que saltaba a través del tiempo de Mamoru Hosoda, también muy recomendable), pero al final hemos optado, como puede comprobarse, por hacerlo. El motivo es que, si bien la relación entre los protagonistas puede interpretarse desde una perspectiva romántica (especialmente en el maga de Yoshitoki Ôima), aborda matices más importantes e interesantes en este caso.

Shouya Ishida es un estudiante deprimido y asqueado de la vida. El motivo es que durante su infancia se dedicó a hacer acoso a una nueva compañera de clase que sufría de serios problemas de audición llamada Shouko Nishimiya, hasta que su madre tuvo que cambiarla de colegio. A partir de lo cual los compañeros de Shouya empezaron a hacerle bullying de la misma manera que hacía él.

En este hermoso relato sobre la redención y el perdón encontramos además un reflejo bastante acertado sobre la discapacidad y lo que implica a la hora de intentar la inclusión en un mundo que no está lamentablemente preparado para ello. A pesar de los inicios, el vínculo entre Shouya y Shouko se ve fortalecido y se puede percibir el respeto que finalmente logran el uno en el otro y en sí mismos, tarea que no es fácil de retratar y mucho menos en una película de poco más de dos horas (dirigida por Naoko Yamada). De nuevo, la animación es sublime.

Quiero comerme tu páncreas (Kimi no Suizô wo Tabetai, 君の膵臓をたべたい)

Esta película de título tan sugerente (que nada tiene que ver con el tono y género, aunque sí con la temática) y dirigida por Shinichiro Ushijima fue una grata sorpresa para nosotros. Aparte de por el citado nombre, el equipo de animación no era especialmente conocido, pero nos topamos con una cinta muy emotiva y sensible, sin caer demasiado en ñoñerías, y con dos protagonistas con gran química entre ellos, su principal fortaleza.

El protagonista es un adolescente introvertido y solitario que carece de interés en hacer amigos, hasta que un día recoge un libro del suelo del hospital (a donde había acudido para recoger unas pruebas) bajo el título «Conviviendo con la muerte». Resulta que pertenece a una compañera de clase llamada Sakura y, con él, ha descubierto su secreto: debido a una incurable enfermedad de páncreas le queda poco tiempo de vida. Así, ambos empiezan a pasar tiempo juntos ya  desarrollar un inesperado vínculo que les resultará inolvidable.

Al igual que Susurros del corazón, Quiero comerme tu páncreas es una modesta cinta de animación (con muy buena calidad, eso sí) que narra la belleza de lo simple y lo cotidiano, del lugar que encontramos en el otro, ya sea mediante el romance o la amistad.

Y… Genji Monogatari (源氏物語)

Genji Monogatari es un clásico de la literatura mundial. Escrita a finales del siglo X por Murasaki Shikibu, esta historia recopilada en dos grandes tomos destaca por sus relatos amorosos, protagonizados por varias mujeres (algunas tan recordadas como Murasaki, Fujitsubo o Yugao) y por el retrato de la corte Heian de la época y de sus cortesanos, que se pasaban todo el día componiendo versos, contemplando la naturaleza y tocando música. Pero sobre todo por ser la primera obra en ahondar en la psique de varios de sus personajes (empezando por el protagonista, que a todas luces puede ser visto negativamente desde nuestra perspectiva actual), incluso presentando al probable primer antihéroe literario (Kaoru).

Lo que incluimos en este listado no es en sí la novela de Genji (aunque nunca es tarde si la dicha es buena), sino la curiosa adaptación a anime de dos horas que dirigió Gisaburô Sugii en 1987. Si no sabes nada de la historia es probable que te enteres de poco y lo que narra son solo sus 12 primeros capítulos aproximadamente (de un total de 54); pero la dirección artística, la música, la ambientación Heian y la presentación de los personajes principales merecen todos ellos la pena. Y que el Genji Monogatari es un clásico japonés que explicaría varios tropos que permanecen aún en el anime actual, especialmente en lo concerniente a los románticos.

Jigokuraku, regreso a casa mientras se lucha por la supervivencia

Jigokuraku (地獄楽, también conocida en inglés como Hell´s Paradise) es, para sorpresa de quien esto escribe, uno de los shônen (está siendo publicado en la web oficial de Shûeisha, Manga Plus) de los últimos años que más se está pasando por alto, pese a lo adictivo de una narrativa frenética, a un elenco con el que es extremadamente fácil encariñarse y al excelente dibujo de Yuji Kaku.

Desde hace unos años a esta parte, va siendo bastante frecuente encontrarse con títulos enmarcados dentro del género shônen que se ve salpicado de tintes de seinen, caso de las célebres Shingeki no Kyojin o Beastars. En realidad, la demografía está siendo cada vez más difusa (ocurre lo mismo en el caso del shôjo y títulos como Akatsuki no Yona) y no resulta tan fácil englobar a un título dentro de una única etiqueta, máxime en un mundo cada vez más globalizado.

En el caso de Jigokuraku, si bien las bases shônen, como las batallas, las escalas de poder, los protagonistas jóvenes que se enfrentan a enemigos de apariencia más adulta, se encuentran muy presentes, también lo están la vuelta de tuerca a determinados tropos del género y el abordaje a algunos temas un pelín más maduros.

Gabimaru el Vacío está condenado a muerte por el shogun (la historia está ambientada a finales del período Edo), pero es incapaz de morir debido, en principio, a su extraordinaria resistencia física, ya que desde que tiene uso de razón ha sido duramente entrenado en su aldea para convertirse en el mejor ninja de todos. Aquí entra en juego Sagiri del clan Asaemon, una familia de reconocidos verdugos (considerados por aquél entonces descastados; si es que Jigokuraku da para un rico Japoneando Anime), quien se ve intrigada por la actitud del muchacho. Finalmente llegan a un acuerdo, ambos irán a una misteriosa isla recientemente descubierta por el shogunato para buscar el elixir de la vida. Si lo consiguen, Gabimaru será absuelto de todos sus crímenes y podrá regresar a casa con su amada esposa.

Jigokuraku. Yuji Kaku y Shonen Jump+

Narrativa frenética y personajes entrañables

He intentado resumir mucho el argumento, pero me ha sido bastante complicado; y es que la narrativa de Jigokuraku es frenética y atrapante desde el primer momento. Me he dejado en el tintero montones de cosas como las motivaciones de Gabimaru o por qué terminó ahí, las dudas de Sagiri, el resto de reos como Yuzuriha, Nagurui o Chôbê; así como los ejecutores que les acompañan, Shion, Tensa o Senta. Y todo esto solo en los primeros tomos.

Pero la narrativa también da para momentos de pausa y reflexión, sobre todo aquéllos donde se nos muestra más del pasado de Gabimaru (lo poco que aparece y lo muchísimo que ya se hace querer Yui, como si pudiéramos sentir las emociones del protagonista) y sobre el dilema de Sagiri frente al papel que la sociedad le exige, entre otros.

Otro de los aciertos en el guión es que Kaku sabe sorprender sin resultar forzado. Como comentábamos, le da la vuelta a ciertos tropos (empezando por el protagonista, si bien su historia puede asemejarse a simple vista a la de Kenshin Himura) y no duda en cargarse cruelmente a un personaje que ha sido encantadoramente presentado unas páginas antes (y dicho personaje puede reunir en sí mismo el abecé de los protagonistas shônen…).

Quizás uno de los fallos sí pueda recaer aquí en que la narrativa se acelera «demasiado» más adelante sobre algunas cuestiones, especialmente en las relacionadas con los seres que pululan por la isla y todo el misterio que la rodea, muy vinculada por cierto a cuestiones religiosas y mitológicas de Asia Oriental.

Jigokuraku. Yuki Kaku y Shonen Jump+

No obstante, en lo que a mí respecta, prefiero esto a que la serie se alargue demasiado (cosa que le ocurre a numerosos shônen, sobre todo cuando alcanzan cierto éxito), por lo que es algo que puedo pasar por alto. Desde luego, me lo compensa el variopinto elenco que pulula por las viñetas de Jigokuraku y lo fácil que es llegar a apreciarlos y sudar por ellos.

Del dibujo de Kaku poco podemos decir salvo que es maravilloso (aunque a veces se le percibe algún altibajo). Los personajes cobran vida gracias a sus diseños y al nivel de expresividad (¡no tienen todos la misma cara!), así como los perturbadores villanos (que pueden recordar vagamente a algunos titanes de la citada Shingeki no Kyojin) y a los detallistas paisajes de la isla. Las batallas además son dinámicas y fluidas (y violentas), siguiendo el ritmo de la narrativa. Para hacerse una idea, su estilo puede traernos a la mente el de Tite Kubo (Bleach).

En definitiva, desde aquí recomendamos muchísimo Jigokuraku, que actualmente está siendo publicada en España por Norma Editorial. A simple vista puede parecer un shônen más (el argumento de hecho es de primeras el de Battle Royale), pero algunas vueltas de tuerca, los carismáticos personajes, el rico (aunque atropellado) lore de la isla y su precioso dibujo hacen que su lectura se pase en un suspiro. Ansiamos más, ansiamos que tenga una adaptación a anime y ansiamos que Gabimaru pueda volver a casa.

Jigokuraku. Yuji Kaku y Shonen Jump+

Recuerdos del ayer, relato universal y atemporal sobre la vida en el campo y el adiós a la infancia

Isao Takahata es el otro gran nombre dentro de Studio Ghibli aparte del de Hayao Miyazaki (con quien siempre ha tenido una entrañable y sana rivalidad). Antes de su triste fallecimiento en 2018, nos ha dejado títulos que hoy en día son considerados obras maestras como La tumba de las luciérnagas, El cuento de la princesa Kaguya o el que nos ocupa, Recuerdos del ayer (おもひでぽろぽろ, 1991).

Con guión del mismo Takahata basado en el manga homónimo de Hotaru Okamoto y Yuko Tone, el realizador se puso detrás de las cámaras para dirigir este relato atemporal y universal que, no obstante, refleja con bastante fidelidad(la animación es de las más realistas de las que recuerdo, dentro del estilo anime) el Japón de las décadas de 1960 y 1980. Y nos referimos tanto al Japón urbano (concretamente Tokio) como al rural (Takase en la prefectura de Yamagata, para lo cual los animadores se trasladaron para dibujar los escenarios reales).

Taeko Okajima (voz en el original de Youko Honna) es una veinteañera independiente que disfruta yendo durante sus vacaciones a echar una mano voluntariamente con los campos de cártamo de la familia de su cuñado. De camino a la localidad de Takase, en el tren, se le van sobreviniendo una serie de recuerdos de su infancia y de los vínculos que la unían a su familia y a sus compañeros de clase. Una vez en destino, se encuentra con Toshio (voz de Toshirou Yanagiba y quien por cierto fue bautizado así en honor al mítico productor de Ghibli, Toshio Suzuki), un muchacho que desea poder vivir de la agricultura ecológica.

Recuerdos del ayer. Studio Ghibli.

Este es a grandes rasgos el argumento de una cinta que va y viene entre el pasado y el presente, que muestra un relato fiel, empático y universal sobre la infancia (así hayas crecido en España en los 90), los anhelos y temores que nos acompañan al crecer y, finalmente, cuando somos adultos y descubrimos que algunos de ellos todavía no nos han dejado.

Para ello Takahata, quien ha crecido rodeado de hermanas, crea a una protagonista con la que es fácil identificarse tanto de niña como de adulta. Su química con el resto de la familia es notorio, pero hay que hacer mención especial a los vínculos con Toshio y con su hermana Yaeko (Yuki Minowa).

Si bien los saltos temporales pueden resultar algo abruptos en ocasiones (fue uno de los quebraderos de cabeza de Takahata, ya que en el manga original no existe la Taeko adulta), al final acaban encajando bastante bien y desembocan en un sobrecogedor final que, acompañado por la melodía cantada por Miyako Harumi, es un espejo realista, duro, emotivo y nostálgico sobre la despedida de la infancia.

Este realismo que se muestra en la narrativa Takahata también lo quiso dejar para la posteridad en una animación que no parece de finales de los 80. Siguiendo el estilo anime, pero dotándolo de un realismo sorprendente (de ahí las chocantes -en principio- arrugas de las comisuras de los labios cuando sonríen los personajes), el cual se pudo lograr gracias a que el proceso de doblaje se realizó antes que el de dibujo y por ello se pudieron captar movimientos y expresiones de los actores que pusieron sus voces.

Recuerdos del ayer. Studio Ghibli.

No solo en los personajes, los paisajes son de un realismo abrumador y hermoso, especialmente con la llegada de Taeko a Takase y su estadía en los campos (atención a ese primer amanecer). La forma de conducir de Toshio, la recogido de las flores de cártamo, Taeko cocinando… todo está imbuido de ese precioso realismo animado.

En contraste, las escenas de Taeko niña están cubiertas por unos tonos pastel y un trazo más simple y sencillo que nos traen a la mente los anime de nuestra infancia y las ensoñaciones en las que nos veíamos envueltos.

La banda sonora, compuesta por Masaru Hoshi, es maravillosa más allá del tema cantado por Harumi. Solo por el hecho de hacernos descubrir a grupos de música folclóricos húngaros (y lo bien que acompañan al campo) ya deberíamos darle las gracias.

En definitiva, nos encontramos ante un trabajo de Takahata mucho más optimista y tierno que su anterior título (La tumba de las luciérnagas) y, lamentablemente, uno de los más desconocidos de Ghibli en Occidente (en Japón fue todo un éxito de taquilla en 1991); no obstante, una auténtica joya por descubrir y una de las mejores representaciones de la filmografía de este genio. Queda para la posteridad, como su propio relato universal y atemporal.

Recuerdos del ayer. Studio Ghibli.

La espada del inmortal (2019), cuando adaptar una obra maestra en 24 episodios es imposible

La espada del inmortal (無限の住人, Mugen no Juunin: Immortal) es considerada la obra magna de Hiroaki Samura, publicada entre 1993 y 2012 y recopilada en 30 hermosos (en serio, su arte es espectacular) tomos, que actualmente está relanzando Planeta en una bonita edición que los recopila en 15. Debido a que la obra tardó bastante tiempo en finalizar, ya tuvo una primera adaptación a anime por parte del estudio Be Train, donde se mostraban los primeros arcos argumentales. Takashi Miike también lo intentó dirigiendo una película muy gamberra en 2017.

No ha sido hasta el año 2019 que Lidenfilms y Amazon Prime han decidido traer de vuelta este título para adaptarlo íntegramente en 24 episodios que se ha encargado de dirigir Hiroshi Hamasaki (todo un veterano en la industria y que ha estado detrás de trabajos como Paranoia Agent -sí, la de Satoshi Kon-, Steins; Gate o Shigurui). El propio Samura ha estado involucrado en los diseños de los personajes.

Con estos alicientes, esta vez se veía venir una adaptación en condiciones; pero lo de reunir los 30 tomos en 24 episodios (probablemente por falta de presupuesto) ha resultado fatal.

El argumento nos sitúa en el Japón de finales de la era Edo. Rin Asano (voz en japonés de Ayane Sakura) es una joven que busca vengar el cruel asesinato de sus padres a manos de una escuela conocida como Ittô-ryû dos años atrás. Para ello decide contar con la ayuda de un guardaespaldas y, siguiendo los consejos de una misteriosa anciana, da con el «asesino de 100 hombres», el guerrero inmortal Manji (Kenjirou Tsuda).

La espada del inmortal (2019). LIDENFILMS.

Sensibilidad y melancolía atrapadas por una narrativa confusa

No quiero pecar de catastrofista, pues esta adaptación en anime de La espada del inmortal posee grandes virtudes, pero lamentablemente quedan opacadas por una narrativa errática y confusa, que sitúa a personajes aquí y allá, introduce a nuevos sin saber de dónde salen (o peor, dónde terminan); ni se llegan a comprender las motivaciones de algunos miembros del amplio plantel, algo particularmente doloroso en los casos de los «villanos» Makie (Houko Kawashima) y Anotsu (Nozomu Sasaki).

Y es que la construcción de la psique de los personajes que pululan por La espada del inmortal es uno de los puntos fuertes de la obra original, con finas líneas entre el bien y el mal, el pragmatismo y la espiritualidad, la tradición y la modernidad. Anotsu es claro ejemplo de esto y en este anime se percibe ya en lo poco que (lamentablemente) aparece.

De su historia con Makie poco se puede decir, salvo que queda amputada y herida de muerte; simplemente apenas se entiende. Adiós a la «maldición» de la guerrera más fuerte de toda la obra, de la que al menos ha quedado su melancolía.

Aún así, La espada del inmortal 2019 sí ha sabido reflejar, aún con sus limitaciones, grandes momentos como el rescate de Manji e Isaku por parte de Rin y Doa, el último enfrentamiento contra Shira (el villano más paródico de la serie) o un capítulo final que, si bien cae en la citada narrativa sobrecargada de acontecimientos, logra capturar holgadamente esa sensación de pérdida, de sensibilidad poética hallada en la violencia y del inexorable paso del tiempo.

La espada del inmortal (2019). LIDENFILMS.

También han conseguido con este trabajo aprovechar al máximo ciertas circunstancias de la trama para intentar con estilos más experimentales dentro de la animación, lo que no ha derivado en un mal resultado. La espada del inmortal no es una obra «al uso» (es un seinen bastante gore y con un estilo de dibujo hermoso, pero lejos de los vistos en los manga más comerciales) y creemos que en esta ocasión han sabido reflejar esa «rareza» sin caer en el gore zafio o en las cintas de serie B.

No podemos finalizar esta crítica sin mencionar la mayor virtud de esta última adaptación, que es la banda sonora compuesta por Eiko Ishibashi y Youji Shimizu, la cual se conforma de temas básicamente instrumentales y que bajo el sonido del shamisen nos traslada a ese Japón de antaño, donde guerreros morían por honor (o debido a él). Es gracias a estos temas que algunos de los momentos se confieren de una gran sensibilidad y melancolía.

En definitiva, la de 2019 tampoco ha sido LA adaptación de La espada del inmortal, pero es sin duda la que más se ha acercado al espíritu y esencia de la obra de Samura, aún a pesar de las limitaciones de tiempo, espacio y presupuestarias. Uno no puede evitar sentir cierta añoranza por una época y un lugar que, al contrario que Manji, no hemos vivido.

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Brand New Animal, ritmo trepidante para la última apuesta de Trigger

El estudio de animación Trigger nos ha tenido acostumbrados a títulos de anime de calidad generalmente alta, en algunos casos rozando la maestría, como con Tengen Toppa Gurren-Lagann, y en otros quedándose en un notable y algo significativo entretenimiento. Puede gustar más o menos su estilo atropellado y cargado de adrenalina, con ciertos clichés repetitivos, pero nunca ha ofrecido algo mediocre. Parece que esta tendencia no va a cambiar con su último trabajo: Brand New Animal (más conocido por sus siglas BNA).

El guión lo firma, en parte, Kazuki Nakashima, quien ya escribiera las historias de la citada Tengen Toppa Gurren-Lagann o Promare, lo que se percibe en varios conceptos de base: mundos distópicos donde la humanidad se ve enfrentada a bestias antropomorfas, el deseo del protagonista de ir más allá, el viaje del héroe y un elenco que rezuma energía a través tanto de la confrontación como de la cooperación.

En este caso, el mundo se asemeja mucho al nuestro, con la salvedad de que la humanidad ha convivido desde el principio de los tiempos con hombres-bestia, siempre con una gran desventaja para éstos últimos, quienes debido a la hostilidades se ven finalmente obligados a vivir apartados en una ciudad creada para tal fin: Animacity. Michiru Kagemori (voz en japonés de Sumire Morohoshi) es una joven humana que se ve convertida misteriosamente en una mujer-tanuki. Aterrada y escondiéndose de todos, huye a esta especie de refugio para animales antropomorfos con la esperanza de poder llevar una vida normal. Lamentablemente sus planes se ven rápidamente frustrados, conociendo en el proceso a un hombre-lobo que responde al nombre de Shirou Ogami (Yoshimasa Hosoya).

Brand New Animal (BNA). Trigger.

Entre ambos protagonistas pronto se desarrolla un vínculo que nos traerá a la mente aquéllos de las «buddy movies» (como Zootrópolis, con la que guarda a su vez más de un parecido, o Arma letal), donde policía/detective serio y veterano se ve arrastrado a varios problemas por el miembro más joven e impulsivo, quien a la postre lo sacará del aprieto. Esta química y la que cada uno de ellos (especialmente Michiru) va desenvolviendo con el resto de personajes, incluso los secundarios, es lo que dota a BNA de un enfoque extremadamente interesante y que nos hace empatizar rápidamente con ellos.

Los diseños de los personajes, tanto de los principales como de los secundarios, que corren a cargo de Yusuke Yoshigaki, añaden a ese carisma y a esa compenetración y química entre ellos. Tanto en su forma humana como animal, veremos rasgos comunes y distintivos. Especial mención, claro está, a Michiru y Shirou, si bien la alcaldesa nos tiene asimismo muy intrigados.

La ciudad en la que se desenvuelve la acción, Animacity, tiene a su vez parte de la culpa de que el espectador se vea arrastrado rápidamente al universo del nuevo título de Trigger. La megalópolis tiene sus propias normas, que la acercan más al mundo animal que al civilizado; así como rincones; agrupaciones; deportes; incluso religión. En solo seis capítulos BNA ya ha tocado todos estos palos.

Es posible que todo este enriquecimiento genere a su vez una sensación de sobrecarga en el espectador, como que se están narrando demasiadas cosas en un breve lapso de tiempo. El ritmo, trepidante, quizás lo es demasiado, si bien hay detalles en las interacciones entre los personajes que, de percibirse, nos hablan de su evolución. Lo que sí nos estamos preguntando es cuánto durará este título (ya que hasta la fecha no se ha confirmado, ni tampoco cuándo saldrá la próxima tanda de episodios), pues sentimos que hay muchísimas cosas por contar y que a día de hoy estimamos no serán suficientes doce capítulos (los que suele tener una temporada de anime) para ello. Eso sin tener en cuenta los habituales giros de guión a los que nos suele tener acostumbrados Trigger en los últimos actos.

La dirección de You Yoshinari (Little Witch Academia) tiene mucho que ver en este ritmo desenfrenado y sólido, que logra atrapar al espectador desde el primer episodio. Las escenas de acción son trepidantes y están animadas con una fluidez y dinamismo excelentes (solo con ver la primera confrontación entre Ogami y los bandidos te quedas ojiplático).

La banda sonora, compuesta por mabanua (Megalo Box, Sakamichi no Apollon), se compenetra a la perfección tanto con las dinámicas escenas de acción como con las más pausadas; especial mención a cierto tema que suena de forma recurrente (sobre todo cuando hay flashbacks de Michiru) y que trae consigo cierto sabor melancólico; así como el ending «Night Running» (de Shin Sakiura y AAAMYYY), el cual está integrado en la trama.

En definitiva, los seis primeros episodios de BNA (disponibles, por ahora, en Netflix Japón) nos han demostrado que Trigger ha sabido traernos otro producto fresco, interesante más allá de ciertos clichés, algo gamberro y con una ambientación y unos personajes la mar de interesantes; aderezado todo ello con un apartado audiovisual imponente y de buena calidad. Lo único que nos hace preocuparnos es cuánta será la duración final del producto y si estará a la altura de todas las tramas que ya han sido abiertas.

Brand New Animal (BNA). Trigger.