Madrid Otaku regresa este fin de semana a Madrid con varios artistas japoneses entre sus invitados

La cuarta edición de Madrid Otaku, el evento de manga, anime, videojuegos y cultura japonesa, se celebrará los días 15 y 16 de junio en el Pabellón de Cristal del Recinto Ferial de la Casa de Campo en Madrid.

El cartel está diseñado, como ya es tradición, por el japonés Makoushi, que también estará presente en esta cuarta edición.

Según han asegurado desde la organización, la Asociación Cultural Nippon, uno de los platos fuertes de la cuarta edición son los invitados, entre quienes se encuentra el productor y DJ japonés Tomotaka Misawa, quien ha realizado trabajos de anime, películas, series y anuncios para televisión, además de ser uno de los DJ de «anisong» más relevantes del momento en Japón. Misawa también es responsable de la producción y planificación de la serie anime Urawa no Usagi-chan, cuyo objetivo es promover Urawa en la prefectura de Saitama, Japón. La serie se estrenó en el país nipón el 9 de abril de 2015 y debido a su éxito contribuyó significativamente en el desarrollo regional.

El cosplayer Knitemaya es el segundo invitado. De origen griego y residente en Australia, cuenta con una prolífica carrera profesional como modelo además de «ser un importante referente internacional en el mundo del cosplay», han asegurado.

El compositor y novelista japonés Sunamori Taketeru es el cuarto invitado. En el año 2013 publicó su primer disco en la discográfica Flying Dog. También ha escrito las novelas ligeras y el guion del manga basado en su obra sonora, Kakusei Love Survivor, publicado por Kadokawa Dengeki. Recientemente ha compuesto bandas sonoras para videojuegos, incluyendo el éxito de Square Enix Grimmsnotes.

La banda de metal japonés IRON ATTACK!, que ya estuvieron presentes en la edición anterior, son los quintos invitados, trayendo con ellos sus nuevos disco. Grupo otaku especializado en arreglos de piezas musicales que aparecen en la franquicia Touhou Project y activos desde 2007, ha sido grupo invitado al Japan Expo de París y realizado un exitoso tour mundial en países como Japón, Alemania, Suiza, Francia, China, Taiwan, etc. Las ventas de discos en Japón ascienden a más de 4000 copias por título.

La cosplayer Yumi Akai es la sexta invitada, habiendo recibido varios premios nacionales por sus actuaciones y trajes. También ha sido invitada en eventos celebrados fuera de España.

El profesor, escritor y humanista Carlos Gracia es el séptimo invitado, además de ser autor de las novelas El factor Raudive, Río de enero y de la antología El horror que vino de Japón, entre otras.

It’s FandubTime es el octavo invitado. Fran Cruz es un actor de doblaje profesional y cantante amateur nacido en Sant Joan d’Alacant. Su canal de YouTube comenzó en 2012, donde se dedica a hacer doblajes caseros y a versionar canciones de anime al español. Fue a partir de su participación en canales como iTownGameplay y su participación como «Fred» en la webserie de Edd00chan & MrDsaster INC que fue creciendo hasta contar con cerca de 200 mil suscriptores. En 2017 comenzó su trayectoria profesional como actor de voz. Desde entonces, ha tenido la oportunidad de interpretar a personajes como «Free de la Hoya» en la serie de Beyblade Burst Evolution retrasmitida en Boing, «Nibi» en la serie anime de Netflix Kujira no Kora wa Sajou ni Utau (Hijos de las ballenas) y el papel de «Baki Hanma», protagonista en la serie Baki, de la misma plataforma.

Hellyon White es una ilustradora y artista conceptual que trabaja asimismo como ilustradora de portadas para Games Tribune. Está creando su propio manga Waltz of Veri y un libro ESP food Gijinka con diseños de personajes basados en la cocina española.

Jill Styler comenzó en el mundo del cosplay en el año 2009 y es cosplayer profesional desde el año 2016. La mayoría de sus fans son españoles y de América latina. Ha sido modelo y cosplayer para Capcom, Blizzard, Meridiem Games, Namco Bandai y Mercury Steam entre otros para promocionar diversos lanzamientos de videjuegos. También ha sido invitada en diversos eventos de toda la geografía nacional además de eventos de América Latina en países como Argentina. Jill Styler formará parte del jurado de los concurso de Cosplay del Madrid Otaku 2019, dará una charla y tendrá un stand de venta de «prints».

Las siguientes invitadas son Heroic Knight, conformado por Hinamiya y Kakai, dos cosplayers procedentes de la prefectura de Shizuoka, Japón. Tuvieron su primer contacto con “Odottemia Dance” (Dance Cover) mediante youtube y NicoNico Douga. Aunque no tenían experiencia anterior con el baile presentaron su primer actuación desde en el escenario de “Mt. Fuji Cosplay World Conference” en 2015. Además crearon Heroic√Knight’ en 2016. Su equipo de cosplay es activo en Shizuoka y Kanto. Hicieron uso de su experiencia en el evento de cosplay y organizaron el evento ‘Fuji Perform’, que se centró principalmente en el rendimiento de cosplay, primero en septiembre de 2016 en la prefectura de Shizuoka. Como equipo acaban de ganar el concurso preliminar de World Cosplay Summit 2019 en Marzo de este año y participarán como participantes de Japón el 19 de Mayo de 2019.

En la línea de cosplay vendrán también Mikado Izumi y Yuuhiouji, que conforman WizUs. Desde 2014, incluyen nuevos métodos como el baile moderno, Tate (lucha de espadas japonés), bailes con espadas y baile tradicional japonés en sus actuaciones con cosplay. Recientemente han realizado una actuación propia de “Tauken Ranbu” y “Fate/Grand Order” en el escenario de distintos eventos de cosplay en la región de Kanto, Japón. También han ganado el 3 lugar en el Japan Representative Contest in World Cosplay Summit en 2018.

La cantante de j-pop y «anisong» Nana Okabe es la siguiente invitada, que trabaja con la discográfica japonesa Haf Records bajo varios registros, desde las «power ballads» hasta el rock o la electrónica. Nana Okabe dará un concierto en Madrid Otaku 2019.

Madrid Otaku contará asimismo con charlas adaptadas con intérprete LSE (Lengua de Signos) para que sean accesibles a las personas sordas durante las distintas conferencias y eventos, entre los que se encontrarán el típico karaoke, charlas sobre Ghibli o viajar a Japón de parte de instituto Kojachi, o sorteos sobre conocimientos de anime, entre otros.

Las entradas al Madrid Otaku 2019, de 8 euros un día y 14 euros los dos, ya se encuentran a la venta a través de su página web.

La princesa Mononoke, la obra más madura de Miyazaki

Hayao Miyazaki y Studio Ghibli son nombre sobradamente conocidos en el «fandom» por la calidad artística de sus obras, su llegada a todo tipo de públicos y sobre todo a partir de que uno de sus trabajos, El viaje de Chihiro, resultase primera (y hasta la fecha última) película de anime en hacerse ganadora de un Oscar en mejor cinta de animación.

Sin embargo, para nosotros la obra culmen de Miyazaki vino justo antes de Chihiro, y esta es La princesa Mononoke (traducción algo libre de Mononoke Hime, que vendría a ser más bien La princesa del espíritu vengativo, 1997). En ella confluyen varios de los temas que obsesionan al artista, tales como el ecologismo, el feminismo y el pacifismo, y lo hacen de forma magistral.

La naturaleza contra el progreso

Miyazaki declaró en una entrevista donde hablaban de Mononoke que para él la humanidad debía aprender a convivir con la naturaleza y que cuando perdía dicha perspectiva y se llenaba de arrogancia era cuando no sabían qué hacer con ella, iniciando la destrucción. El ser humano debería, en sus palabras, convivir con el resto del mundo natural ocupando una esquina.

La visión del director es la que expone durante toda la cinta el joven Ashitaka (voz de Yôji Matsuda), príncipe desterrado de los emishi por haber contraído una maldición a causa de haber matado a un dios jabalí. Este pueblo, que de por sí vivía en el exilio por haber entrado en conflicto con el emperador de Yamato (nos encontramos en pleno período Muromachi), se encuentra en un plano de convivencia con la naturaleza mucho más cercano que lo que se nos presentará en la parte occidental, lo que queda patente en la relación de iguales entre Ashitaka y su alce rojo Yakul.

Ashitaka y Yakul en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli,

En su exilio, Ashitaka se dirige hacia el oeste de Japón, donde se tomará con la ciudad de hierro, Tatara, y su carismática líder Lady Eboshi (Yuko Tanaka), así como con la espíritu del clan de los lobos, Moro (Akihiro Miwa) y su hija adoptiva, la enigmática San (Yuriko Ishida).

El conflicto entre la industria del hierro, la creación de armas (especialmente las de fuego) y el progreso que representa Eboshi entra en frontal conflicto con la supervivencia, en el que habitan y al cual defienden Moro, San y los suyos.

La obra de Miyazaki no presenta a buenos ni malos, huye del maniqueísmo. Por lo tanto, Eboshi puede parecernos maligna por destruir el bosque, pero a su vez es una líder humanitaria que rescata a prostitutas y leprosos y les enseña un oficio, haciéndolos útiles y valiosos en una sociedad que los desprecia. Eboshi claramente es filántropa, cree asimismo que la humanidad tiene derecho a la existencia por encima de las demás cosas.

San, en cambio, representa a una naturaleza que se defiende y que detesta a los humanos. A través de Ashitaka ve que no todos son iguales, pero su implicación en ese mundo es tal que ya no hay vuelta atrás. Miyazaki planteó inicialmente a La princesa Mononoke como la historia de una chica y una bestia, al final decidió hacer bestia a la chica, pero no en el sentido en el que solemos representarla desde Occidente, sino de alguien que ha convivido con ellas hasta tal punto que se vuelve una. Estar rodeado de algo te vuelve ese algo. Somos humanos porque convivimos entre humanos.

San y Moro en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Eboshi y San son las mayores representantes de estos dos polos opuestos, progreso y naturaleza, que evidentemente confrontan pero que están destinadas a entenderse si quieren sobrevivir.

Hay asimismo mucho simbolismo en Mononoke respecto a los fenómenos meteorológicos que abundan en Japón, tales como tsunamis o tifones (la primera es una palabra de origen nipón y la segunda del chino derivada al japonés) y del concepto de karma: si das algo la naturaleza te lo devolverá, y viceversa.

Héroe masculino rodeado de personajes femeninos

Ashitaka es el héroe de La princesa Mononoke, uno al que Miyazaki quiso hacer atípico (tanto dentro como fuera de su filmografía). Tal como lo cuenta, se trata de un niño que se ve maldito de una forma bastante absurda (como en la vida misma) y que posee un carácter melancólico.

Sin embargo, no es Ashitaka (salvo momentos puntuales) el motor de la narrativa, ya que ésta se mueve principalmente hacia donde se dirigen San (la «princesa Mononoke» del título) o Eboshi. Él hace más de espectador o mediador.

San y Eboshi en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

«Ellas necesitarán un amigo, o a alguien que las apoye, pero nunca un salvador. Una mujer es tan capaz como cualquier hombre de ser un héroe» es una cita del propio Miyazaki que queda nuevamente demostrado en este título. Existe un paulatino romance entre Ashitaka y San, pero ésta última no aspira a casarse con el príncipe y guarda con recelo (sin llegar a pecar de hostil) su independencia. De hecho, la resolución a este romance, dadas las circunstancias, es el mejor, más sano y satisfactorio que podría habernos dado Miyazaki. San y Ashitaka seguirán viéndose y amándose, pero ninguno va a renunciar a sus mundos y a su independencia por el otro.

Lady Eboshi por otro lado hace las veces de villana (pero heroína a nivel micro dentro de las murallas de Tatara) y lleva las riendas de Tatara sin que le tiemble el puso. Según Miyazaki, creó a Eboshi con una «shirabyôshi» (白拍子, bailarinas que realizaban danzas tradicionales japonesas ataviadas con ropas masculinas) en mente, algo que se percibe notoriamente en el atuendo, porte y actitud desafiante del personaje. Podríamos decir que posee actitudes que en nuestro imaginario asociaríamos a un hombre (y a uno poderoso, para más señas).

Sin embargo, Lady Eboshi posee características redentoras y humanitarias: protege con todas sus fuerzas la existencia de Tatara y rescata a las prostitutas y enfermos que se encuentra en el camino. Lo que nos lleva a que la ciudad de hierro se maneje de hecho de forma similar a un matriarcado: allí las mujeres viven libres y en paz, los hombres no las molestan a no ser que ellas quieran (dicho por una de las habitantes). Mientras los hombres van a las minas o a la guerra, son ellas las que se quedan al cargo y desarrollan el costoso trabajo físico de elevar la temperatura para fundir el hierro, entre otros.

También en palabras del director, decidió que Eboshi fuera una mujer porque quería invertir los roles de género tradicionales y hacer así la historia más interesante. Sirve asimismo como contrapunto a San, como ya hemos expuesto.

Lady Eboshi en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Hay más personajes femeninos con relevancia en La princesa Mononoke. Tenemos a Moro, protectora del bosque, líder del clan de los lobos y amada madre de San; o a la oráculo de los emishi, a quien el mismísimo príncipe guarda respeto y reverencia.

El hombre hace la guerra contra el hombre

No solo el progreso confronta contra la naturaleza, en La princesa Mononoke también tenemos el reflejo de la guerra, el hombre enfrentado contra el hombre. No solo Lady Eboshi tiene interés en la destrucción del bosque, sino que el emperador al parecer ansía la cabeza de su espíritu, ya que se rumorea que concede la vida eterna. Uno de los señores feudales bajo los dominios del emperador, Lord Asano, se cruza así en el camino de Eboshi.

Ambos parecen colaborar puntualmente gracias al puente que tiende el personaje del monje Jiko (Kaoru Kobayashi), quien en realidad parece jugar a varias bandas para a la postre ir por su propio camino. La guerra se forma y la confrontación da paso a la destrucción, no solo de la naturaleza sino también de la civilización. A la postre, el ser humano se hace y se deshace por sí solo.

Jiko es otro personaje que puede llegar a resultar antagónico, pero que al final no es más que la representación del materialismo y la ambición del ser humano. Como decíamos al principio, la crítica que hace Miyazaki a la arrogancia del hombre.

Jiko y Ashitaka en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

No es desconocido que el director nipón es un confeso pacifista. No fue a recoger el Oscar entregado por El viaje de Chihiro como protesta ante la Guerra de Irak y se ha declarado contrario al rearme del ejército japonés bajo el gobierno de Shinzô Abe.

Una belleza extraordinaria

La princesa Mononoke es probablemente la obra más elaborada de Miyazaki, compuesta por 144.000 centímetros cúbicos y 134 minutos de duración. Teniendo en cuenta que al artista le gusta realizar los dibujos a mano, es notorio el trabajo llevado a cabo en los hermosos escenarios y las diversas localidades, ya sea la aldea de Ashitaka, la ciudad de hierro o las profundidades del bosque.

La cinta no es únicamente un prodigio visual, Joe Hisaishi, habitual colaborador de Miyazaki, compone aquí una de sus mejores bandas sonoras, y eso es decir mucho. Los temas de Ashitaka o sobre todo del Caminante Nocturno son puramente mágicos y transmiten desde esa melancolía que caracteriza al protagonista hasta la tristeza e incluso el temor por la pérdida y las consecuencias venideras.

La princesa Mononoke es en definitiva una obra maestra, una de los mejores (¿puede que incluso la mejor?) de Studio Ghibli y de Hayao Miyazaki. Se puede tomar asimismo como la evolución lógica y madura de sus trabajos más íntimos, como Nausicaä del Valle del Viento, con la que comparte más de una similitud. Es un título dirigido a mentes adultas y que puede ser a su vez disfrutado por adolescentes, repleta de mensajes que, aunque ambientada en el período Muromachi, no dejan de ser aplicables a nuestra actualidad.

Moro y Ashitaka en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Maquia, una historia de amor inmortal, hermoso empaquetado que aborda temas universales

Maquia, una historia de amor inmortal (Sayonara no Asa ni Yakusoku no Hana wo Kazarou) es la primera película de Mari Okada como directora, tras ser mucho más conocida en su faceta de guionista (que aquí también desarrolla), con títulos como Toradora!, Anohana o El himno del corazón. Para ser su primer título de estas características, cumple de forma más que solvente, pero lamentablemente vuelve a fallar (como ocurriera con El himno del corazón) en una segunda mitad que va decayendo con una ejecución abrupta y confusa, para retomar en una última escena apoteósica donde se saca a relucir toda  nuestra sensibilidad.

Maquia, una historia de amor inmortal narra la historia, ambientada en un mundo fantástico con retazos de la Edad Media europea, de los «iorph», una raza humanoide inmortal que vive apartada del resto de los pueblos y que se dedica a tejer las narraciones de los acontecimientos, de forma muy similar a lo que serían los quipus en los incas o a ciertos tapices. Maquia (Manaka Iwami) es una «iorph» huérfana que aprende a vivir con el sentimiento de soledad que le aporta el paso de los años sin envejecimiento, hasta que un día su vida se ve profundamente alterada por la irrupción de una especie de dragón legendario denominado «renato», que se la lleva de forma accidentada fuera de las fronteras de su pueblo natal. Allí se topa accidentalmente con un bebé humano, también recientemente huérfano, al que decide adoptar y bautizar como Ariel (Miyu Irino en su versión adulta).

Esta es la premisa de un título que aborda sustancialmente lo que significa el paso del tiempo, la familia (especialmente el vínculo maternal), la muerte y la soledad. Y lo hace con buen tino.

Maquia, una historia de amor inmortal. Selecta Visión.

Sin embargo, a pesar de lo interesante de su premisa, lamentablemente acaba resultando algo confusa por los saltos temporales «a trompicones» que se van dando en la segunda mitad. Sale especialmente dañado por ello el arco narrativo de Leilia (Ai Kayano), que empieza siendo muy prometedor y termina de forma abrupta y forzada. Personajes como Krim (Yûki Kaji) o Lang (Yoshimasa Hosoya) van y vienen sin saber muy bien porqué; y el reencuentro con determinada persona (a la que solo se ve durante dos minutos de metraje previamente) hacia el final ya resulta casi surrealista.

Sin embargo, la cinta ofrece momentos que calan especialmente hondo como un determinado fallecimiento en la primera mitad (que sirve de planteamiento base para el abordaje del paso del tiempo y la muerte) y, sobre todo, el final, que es casi lo mejor del guión y que definitivamente hace que se te salten las lágrimas.

Por ello, Maquia ofrece una visión muy interesante y poderosa (no exenta de polémica en Japón) sobre el significado de la maternidad, si lo que te convierte en madre es parir y el consecuente lazo de sangre o el criar y educar a tu hijo; así como la perspectiva cambiante (o no) de uno y otro a medida que pasa el tiempo.

Maquia, una historia de amor inmortal. Selecta Visión.

El otro apartado donde sobresale Maquia es en el técnico. Visualmente hablando es simplemente preciosa, con personajes diseñados por Akihiko Yoshida (Final Fantasy XII, Final Fantasy Tactics, NieR: Automata) y un mundo mágico medieval con muchísimo encanto y potencial. El vuelo del «renato» o la vida de los «iorph» mientras tejen están retratados con una animación exquisita, a la cual acompaña una banda sonora (compuesta por otro veterano en su campo como es Kenji Kawai) instrumental que rezuma sensibilidad y melancolía.

En definitiva, Maquia, una historia de amor inmortal sería un producto redondo de no ser por su atropellada y confusa segunda mitad, que se nota pega algo de bajón respecto a la primera. Eso sí, un apartado técnico exquisito, el abordaje a temas universales ciertamente complejos y un final que es imposible que no conmueva la llevan a muy buen puerto. Con razón guarda tan buenas puntuaciones en portales como RottenTomatoes y Metacritic, siendo, a pesar de todo, uno de los mejores títulos animados del año pasado.

Algo pasa con los salones de manga y anime en Madrid

Corría el año 2002 y un pequeño evento centrado en el mundo del manga y el anime comenzaba a tomar forma en Madrid, concretamente en el Hotel Puerta de Toledo y bajo en nombre «Expomanga». Entradas desde tres euros, gratuitas para los visitantes que acudieran haciendo cosplay, mangas de regalo y poco espacio para un determinado número de asistentes marcaron estas primeras ediciones de una convención que probablemente aspiraba a seguir los pasos del Salón del Manga de Barcelona, la que sigue siendo principal celebración de estas características a nivel nacional.

Pasaron los años, Expomanga se mudó a los pabellones de la Casa de Campo, pero las entradas, aunque subían, seguían manteniéndose en unos asequibles cinco euros, gratuidad para los cosplayers y un evento que, aunque iba creciendo a ojos vista, seguía manteniendo esa sensación de estar dirigido a ciertos nichos más o menos reducidos del mercado. 

Avanzó el tiempo y dichos grupos fueron aumentando, el pabellón de la Casa de Campo se quedó pequeño, máxime con el aumento de la rigurosidad de las normas tras los desgraciados acontecimientos del Madrid Arena, y Expomanga volvió a mudarse al recinto ferial más grande de la capital, Ifema. Evidentemente, esto conllevaba una subida de tarifas en las entradas a casi quince euros en algunos de los casos. Las entradas gratuitas para cosplayers habían desaparecido ya unos eventos antes por su falta de rentabilidad en una convención que se encontraba masificada.

Una de las últimas celebraciones de Expomanga en la Casa de Campo

Sin embrago, Expomanga no fue la primera en moverse a Ifema, el paso lo había dado antes Japan Weekend, una celebración de la cultura pop japonesa (aunque en ocasiones parezca que cada vez menos), más reciente pero que había crecido a una velocidad más vertiginosa, principalmente por su doble sesión anual en Madrid los meses de febrero y septiembre.

Podríamos decir que, si bien Expomanga es la veterana, Japan Weekend es la que se ha instalado más hondo en este tipo de certámenes capitalinos. Ha sabido aprovechar mejor la marea otaku que se multiplicaba rápidamente en Madrid y, a base de una variante de entradas «anti crisis» (en colaboración con Selecta Visión), a base de traer a curiosos invitados provenientes de Corea y Japón, es seguramente a día de hoy la que mayor número de asistentes atrae.

Expomanga, que estaba organizada principalmente por la Asociación Española de Amigos del Cómic, pasó a manos de Conceptum! Spain, y pasó a denominarse Héroes Manga Madrid. Si bien con este cambio pretendían probablemente crear una asociación con la otra gran convención anual de cómics (no solo japoneses), que también organizaban, Héroes Comic Con (antes Expocómic), lo cierto es que en el imaginario colectivo se sigue escuchando habitualmente flotando la palabra»Expomanga».

Japan Weekend en 2016, celebrándose ya en Ifema

Llegamos a la actualidad, Héroes Manga vuelve a anunciar cambio de organizadores y éstos a su vez que este año no habría cita habitual en abril/mayo (como suele ocurrir desde el inicio de estas celebraciones) para poder mejorar las condiciones de cara al 2020. Y aquí ocurre otra sorpresa en un corto lapso de tiempo. Se anuncia la llegada de la primera edición de Mangadrid.

Mangadrid no guarda relación alguna con la organización detrás de Héroes Manga, pero sí con la de Japan Weekend. Pareciera que han querido aprovechar el vacío (aparentemente temporal) dejado por éstos para intentar ocupar este espacio en abril/mayo.

Ha habido varios problemas con esta jugada. Por un lado, la falta de tiempo (es fácil intuir que organizar este tipo de acontecimientos puede llevar fácilmente varios meses) les ha pasado factura en la ausencia de una carta de invitados abultada, aparte de algunas cantantes y cosplayers, todos ellos nacionales. También, claro está, en la escasez de promoción y de una campaña de marketing amplia y que llegase a un mayor número de gente que la que habitúa este tipo de espacios en redes sociales.

Por otro lado, seamos claro, existe una saturación de este tipo de eventos en Madrid. De una única convención anual con Expomanga se pasaron a tener tres, y posteriormente se les unió Madrid Otaku, que pretende volver a los viejos y añorados tiempos de la Casa de Campo con entradas más asequibles y una interesante carta de invitados. En total ya son cuatro celebraciones del mundo del manga y del anime en la capital.

Madrid Otaku 2018

En frente tenemos a Barcelona, cuna del Salón del Manga, que sigue estando ahí, rígido e imparable, a pesar de que Japan Weekend también ha aterrizado en la ciudad condal. Pero aparte de estos dos eventos, no hay más (nos estamos ciñendo al anime y al manga, recordamos). Madrid los duplica.

¿Y qué podemos hallar de distinto de una convención a otra? Pues, aparte de los invitados y quizás algunas actividades, poco más. En todas ellas encontrarás los mismos stands comerciales (y no todos con material oficial), los mismos concursos (de cosplay, de karaoke, de baile…), sala de proyecciones, etc.

Lo que sigue manteniendo a estos salones es el hecho de que la gente va a pasarlo bien en un espacio donde, por unas pocas horas, puede sentir una sensación parecida a la plena libertad, tras pasarse semanas enteras entre personas que probablemente y salvo excepciones no comparten esta afición. Una especie de refugio repleto de actividades y merchandising que hipnotiza, similar a un sueño. Pero unas entradas cada vez más caras y el mayor número de celebraciones hace que la gente se vuelva selectiva.

Desde aquí deseamos realmente que tanto a Mangadrid (que por cierto ha confirmado volverá a estar presente en mayo de 2020, aparte de las Japan Weekend) como al resto de organizaciones les vaya bien y puedan crecer para ofrecernos cada vez más lujos del mundo otaku; no obstante en ocasiones es necesario pararse a pensar y reflexionar sobre qué es lo realmente necesario para este tipo de consumidores y cómo se puede evolucionar, no solo hacia entradas más abultadas de precio, sino hacia la verdadera innovación.

La política en Code Geass

Son tiempos de elecciones y tanto el manga como el anime se han adentrado en varias ocasiones en el ámbito de la política, de forma más o menos superficial, más o menos acertada. El caso de Code Geass se engloba en este último grupo y vamos a exponer porqué. Avisamos de que habrá SPOILERS de la serie y de la película que continúa oficialmente la historia Fukkatsu No Lelocuh.

Lelouch Lamperouge es un alumno en una escuela de élite en un Japón distópico ocupado por el Santo Imperio de Britannia. Un día Lelouch se topa accidentalmente con una misteriosa mujer que le otorga el poder de obligar a que alguien cumpla sus órdenes con solo establecer contacto visual, a cambio de llevar una vida solitaria. El nombre de la muchacha es C.C. y este evento sirve para descubrir la verdadera identidad de Lelouch, la del hijo del emperador de Britannia, mientras que su objetivo real es la venganza. En el camino, la liberación de Japón.

Lelouch y Suzaku, la nueva generación se abre paso a la vieja

En el periplo de Lelouch nos encontramos con varias figuras clave, y en Code Geass muchos de estos personajes funcionan tanto a nivel individual como por alteridades con otros. En el caso del protagonista, el caso más llamativo lo encuentra en Suzaku Kururugi.

Suzaku y Euphemia frente a C.C. y Lelouch. Ilustración de CLAMP.

Lelouch es un miembro perteneciente a la clase dirigente de Britannia que acaba luchando por la libertad y derechos de los japoneses (denominados despectivamente «onces» por tratarse de ser esa la asignación de la colonia bajo el Santo Imperio de Britannia, arrebatándoles así su identidad como nación). Suzaku pertenece a la familia de un alto cargo en Japón que termina en el bando britanniano (no británico, ojo, pues estas islas curiosamente no pertenecen al imperio y sí a la E.U., en clara alusión a la Unión Europea). Lelouch posee unas enormes ganas de morir, pero recibe la muerte (al menos hasta Fukkatsu No Lelouch); Suzaku ansía morir, se le recompensa con la vida (en clandestinidad). Lelouch comienza siendo un tipo eminentemente práctico, finaliza siendo un idealista; Suzaku es mayormente altruista en sus inicios, pero mientras progresa la historia se vuelve más pragmático, aunque a la postre la figura de Zero (el inicio del mundo de las ideas, que al final se condensa en el imaginario colectivo del mundo de C) los salva a los dos. Uno es físicamente más que apto; el otro es un intelectual. Ambos se aprecian genuinamente y son (finalmente) hermanos de armas, pero no se soportan a la horade confrontar sus métodos.

Ni Suzaku ni Lelouch lo tienen fácil. Ambos acaban cometiendo parricidio, Suzaku cuando era niño buscando una paz que su padre, primer ministro nipón, se negaba a entregar; Lelouch ansiando un mundo en armonía, el cual jamás podría existir mientras Charles siguiera con vida. Son la nueva generación política, con sus ideales, que se impone a la vieja, corrompida, agonizante y moribunda. Hay algo en todo esto de desencanto, revolución, y distintas vías para conseguir un mismo fin.

El continuismo frente al rupturismo se refleja asimismo en Code Geass. Suzaku inicialmente busca que el sistema no desaparezca, sino que continúe hacia una nueva forma más armoniosa y beneficiosa para todas las partes. Como decíamos, empieza siendo un pacifista, acaba desencantado con el mundo y con (casi) todos. Lelouch, en cambio, quiere que todo arda, que el orden establecido sea destruido y se construya uno nuevo. Curiosamente, al final Lelouch, sabiendo que su objetivo va materializándose, se torna más altruista que su compañero. Entre medias del desarrollo de estos personajes, sus caminos evidentemente se encuentran y se alían.

Lelouch y Suzaku. Code Geass.

Kallen y C.C., agente activo y observador participante

Existe otro personaje con el que tanto Lelouch como especialmente Suzaku guarda afinidades y diferencias políticas y esta es Kallen Kôzuki. Todos ellos guardan en común que son figuras activas y no pasivas, buscan un cambio y se mueven para ello. De hecho, uno de los mayores lamentos de Lelouch y por lo que más agradecido le está a C.C. es por haberlo sacado de su letargo, de su aparente conformidad con un mundo que le desagrada.

No obstante, el principal contraste entre Suzaku y Kallen lo encontramos en una diferencia de clases. Ambos pertenecen a familias bien posicionadas en Japón, pero Suzaku ha preferido obviar los desprecios y Kallen, a través de su madre (recordamos que es mestiza), no. Ella no puede ignorar que, como japoneses, no poseen los mismos derechos que los britannianos, son ciudadanos de segunda e incluso unos paria. No cree que pueda haber una fusión armoniosa entre la sociedad puramente de Britannia y la japonesa, ya que el mismo sistema se encarga de mantenerlos fuera y humillados, no pueden ingresar. Suzaku es un ejemplo viviente de que puede haber una excepción, pero no sin sacrificios ni para las masas. La serie parece darle finalmente la razón a la pelirroja.

No nos olvidamos de C.C. (único personaje junto a V.V. y en cierto modo Zero que no posee nombre propio… o sí, pero solo lo conoce Lelouch y jamás el público). Si existe una figura anárquica en Code Geass, esa es ella. No pertenece a nadie ni se adhiere a ningún bando ni lugar. Viajera del tiempo y del espacio (básicamente por su inmortalidad), a estas alturas de la vida ya se encuentra curada de espanto por todo lo vivido. Ha visto construirse y derribarse imperios, guerras y treguas, formación de nuevos Estados que funden a otros. Cuando algo no le gusta, véase el caso de Charles, V.V. y Marianne, simplemente desaparece. Es observadora participante durante casi toda la serie y eso la contrasta con Lelouch, Kallen y Suzaku.

C.C., Kallen y Nunnally. Code Geass.

El protagonista es una de esas figuras que solo se encuentran una vez cada cientos de años y ella empieza a contagiarse de sus ganas de intervención, de cambiar los hechos, de pasar del estatismo a la acción. Es cierto que C.C. se mantiene casi siempre como esa figura de «duendecillo en las sombras», el Ariel de Próspero o el Genio de Aladdín; pero sin su accionar simplemente Code Geass y el resurgir de Lelouch vi Britannia no habrían tenido lugar. El despertar de este personaje es, para mí, uno de los más emotivos y simbólicos de toda la serie. Finalmente, se invierten los papeles y es ella quien literalmente despierta a Lelouch en la última película.

Zero, la suma de los ideales

Lelouch inventa hacia el principio de la serie a la figura de Zero, que le sirve inicialmente de álter ego para llevar a cabo sus planes entre las sombras. Al poco de darse a conocer, esta figura enmascarada que no posee una identidad individual (como su propia denominación indica) va aunando los ideales de todo un grupo social, finalmente de una nación, incluso de la humanidad. Similar a V en V de Vendetta, Zero es más que Lelouch, es el depósito de los sueños y esperanzas de una sociedad que acaba con un viejo sistema para empezar uno nuevo. Mientras tanto, Lelouch cae como Zero y se alza Suzaku, al igual que en la obra de Alan Moore caía V y se erguía Evey, siempre bajo el símbolo de una máscara.

Cuando todavía se mantiene el viejo sistema del Imperio de Britannia, existe otra figura que puede resultar a simple vista similar a Zero, la princesa Euphemia. A diferencia de éste, la identidad de la muchacha es sobradamente conocida, siempre va a ser primero y ante todo un miembro de la realeza a ojos de los demás. Sin embargo, «Euphie» se mueve bajo un altruismo difícil de hallar. Lamentablemente, estos sueños chocan con la cruda realidad en un mundo que todavía no está preparado para semejantes cambios.

Se puede hablar largo y tendido de las facetas políticas que contiene Code Geass, de su fascismo, de las guerrillas y usos terroristas, de la aplicación de armamento nuclear, del poder y la manipulación de los medios, los achaques de la globalización, su mesianismo en varias figuras incluyendo al propio Lelouch, el racismo, profundizar mucho más en la guerra de clases y lo cíclico de la historia, pero lamentablemente nos quedaremos en lo superficial por las características que guarda una entrada de blog. Al parecer Fukkatsu No Lelouch toca asimismo el tema de los refugiados. Es cierto que muchas veces estos mensajes se diluyen en un «fan service» demasiado elevado para nuestro gusto (que es eliminado casi en su totalidad en las películas recopilatorias), pero lo cierto es que sigue siendo, aún a pesar del pasar de los años (se estrenó en 2006) una obra considerada de culto por muchos seguidores de anime.

Mangadrid 2019: Una nueva forma de disfrutar el manga y el anime

Mangadrid llega por primera vez a la capital este fin de semana y contará con la participación de Mina StarliartShiroki, Kokoam y Nebulaluben, cuatro invitadas del panorama cosplay, y Star Berry y Nana Okabe, dos artistas del mundo de la música.

Nebulaluben es una cosplayer madrileña desde 2008, apasionada de los videojuegos y el mundo de la ciencia ficción. Según han indicado en nota de prensa, su objetivo es superarse en el cosplay desde cualquier frente, ya sea costura o impresión 3D.

Con varios premios a sus espaldas, Mina Starliart no ha dejado de destacar en concursos y eventos nacionales como con el grupo Twerking Muses o la Japan Weekend Idol Festival.

Shiroki descubrió su pasión por la costura con el cosplay y centró sus estudios y carrera profesional en ello, gracias a lo cual ha recibido varios premios en territorio nacional.

Kokoam descubrió el mundo de la costura con el cosplay, toda una pasión para ella. Fue elegida para representar a España en Eurocosplay 2017 y será la representante individual de ICL (siglas de International Cosplay League) en la final de este año.

Actuaciones musicales en Mangadrid

Mangadrid dará el pistoletazo de salida la semana que viene en el recinto ferial Ifema y lo hará de la mano de invitados en el terreno musical como Nana Okabe o Star Berry, quien ofrecerá un taller de «wotagei» («arte del otaku») y después actuará el domingo a las 16:30.

La artista Nana Okabe ha publicado varios singles, EP’s y un disco con HAF Records. En Noviembre de 2016 debutó en un recopilatorio junto a otras artistas del panorama «anisong» (temas de anime) y en marzo de 2017 sacó su primer disco en solitario.

Torneos y actividades vinculadas al mundo del manga y del anime

Mangadrid contará asimismo con diversas actividades, habituales en este tipo de eventos, centradas en el mundo del manga y del anime. Tal es el caso de los torneos de videojuegos como Dragon Ball Heroes o Jump Force; o un acercamiento al idioma japonés de la mano de Academia Haru Hana o Instituto Kojachi.

Se dispondrá además de zona de artistas, stands de merchandising y concursos de cosplay o karaoke, entre otros.

Quiero comerme tu páncreas, emotividad con buen gusto y melancolía

Selecta Visión está trayendo cada vez más licencias de películas de anime que se salen de lo que es masivamente conocido. De hecho, durante la última Japan Weekend de Madrid aseguraron que gracias a éxitos como el de Dragon Ball Super: Broly podrían seguir trayendo títulos menos famosos, como es el caso de Quiero comerme tu páncreas (Kimi No Suizô Wo Tabetai, 君の膵臓をたべたい).

Es una suerte poder llegar a disfrutar de una cinta de este calibre en una sala de cine, y no lo decimos únicamente por su destacado apartado técnico. Quiero comerme tu páncreas es melodrama del bueno, del que sabe cuándo contenerse y cuándo dejarse llevar, el que te roba un hueco de tu «kokoro» por la cercanía que logra establecer con el espectador.

Admito que iba con las expectativas bajas a ver esta película, lo cual puede haber influenciado (o no) en su resultado. Tras cierta saturación de melodramas en la animación japonesa, y con cintas de reciente visionado como El himno del corazón o Maquia que no me acababan de cuajar, Quiero comerme tu páncreas se me anticipaba como más de lo mismo.

Quiero comerme tu páncreas. Estudio VOLN

No nos engañemos: es más de lo mismo, pero está muy bien ejecutado (en la mayoría de las situaciones). Para ponernos en antecendentes y que el título no nos engañe (aunque guarda relación con la historia), la cinta cuenta cómo un estudiante de preparatoria asocial y refugiado en los libros se topa accidentalmente con un cuaderno tirado en el hospital. Al recogerlo y echar un vistazo a lo que contiene, se da cuenta de que se trata del diario de una chica moribunda. La susodicha resulta ser Sakura Yamauchi (con voz de una inspirada Lynn en la versión japonesa), una compañera de clase aparentemente opuesta a él en todo y que aparece para solicitarle que se lo devuelva. Al ver la apatía con la que aborda su caso, ella decide seguirlo y pasar una buena parte del tiempo de vida que le queda con él, pues aparte de su familia y médicos es el único que conoce su enfermedad.

Este es el inicio de un guión bastante previsible, salvo quizás algún giro hacia el final que por otro lado no termina de funcionar. Como decíamos, en lo que destaca Quiero comerme tu páncreas es en su ejecución, en cómo aborda los temas que trata y en la química y desarrollo de la relación (que pasa por varias fases y facetas de forma sorprendentemente creíble y tierna) entre los dos protagonistas, verdadero epicentro de la historia.

El hecho de que el director, Shinichirô Ushijima, haya estado al cargo de algunos capítulos de la serie Death Parade es notorio en este abordaje y en el buen gusto con el que suele manejar temas tan melodramáticos y con los que es excesivamente fácil caer en la pornografía emocional. En su caso, los mezcla brillantemente con situaciones absolutamente cotidianas, guiños a la cultura pop (Death Note y Mario Kart entre ellos) incluidos, lo que la vuelve más cercana al espectador y te transfiere una sensación de nostalgia y melancolía propias de los años estudiantiles. Algunos asuntos como la aceptación e inevitabilidad de la muerte o la relación entre ambos protagonistas nos pueden recordar fácilmente a su obra anterior (o en la que participó activamente), alcanzando aquí un resultado más satisfactorio.

Quiero comerme tu páncreas. Estudio VOLN

El tratarse del primer título importante desarrollado por el estudio VOLN lo convierte aún en algo más sobresaliente, pues se trata de un producto casi redondo asimismo en su apartado técnico. El estilo de dibujo y especialmente la paleta de colores nos recordará inevitablemente a las obras de Makoto Shinkai, lo cual no es malo en absoluto. La animación puede pecar de algo simple en determinados momentos, pero la expresividad y los movimientos fluidos de los personajes (especialmente Sakura, lo cual dice mucho del personaje) son excelentes.

La banda sonora, compuesta por Hiroko Sebu, es también destacable por su emotividad a veces contenida, a veces más explosiva, así como acompañamiento en los momentos más pausados.

Curiosamente, esta adaptación de Quiero comerme tu páncreas proviene de una novela publicada en internet por Yoru Sumino y que ha sido galardonada con varios premios. Hay versiones anteriores a esta cinta, como una película en imagen real y un manga publicado en España por ECC Ediciones. No hemos leído ni visto ninguno de ellos, pero lo cierto es que esta adaptación de anime funciona por sí misma a la perfección, aunque tenemos entendido que cierto giro algo brusco del final cobra más sentido en la novela.

En definitiva, Quiero comerme tu páncreas se acerca más a ser una versión anime de la película occidental Yo, él y Raquel (Me, Earl and the Dying Girl) que con la mucho más comparada (y cargante) Shigatsu Wa Kimi No Uso (Your Lie in April), lo cual personalmente agradecemos por la delicadeza con la que aborda ciertos temas difíciles o melodramáticos y la brillante mezcla que hace con la cotidianidad de dos jóvenes en el Japón actual. Esto es gracias en buena parte a la entrañable relación que se va estableciendo entre unos protagonistas no carentes de estereotipos ni de lugares comunes, pero no por ello menos cercanos.

P.D.: A pesar de los buenos esfuerzos de Selecta Visión y del equipo de doblaje, creemos que esta es una de esas películas que se disfrutan más y se perciben más matices viéndolas en versión original. Lamentablemente, llega a muy pocos cines en este formato.

El himno del corazón, buena premisa y pobre ejecución

El himno del corazón (心が叫びたがってるんだ) se estrenó allá por 2015 bajo la presión y expectativa de tratarse del último trabajo del equipo que había estado detrás de AnoHana y de la guionista Mari Okada (Maquia), quien había sido la escritora asimismo de historias como las de Fate/stay night o True Tears.

De este modo, y con la dirección de Tatsuyuki Nagai (Toradora!), El himno del corazón prometía un relato juvenil repleto de sensibilidad y con emociones a flor de piel, similar a los títulos anteriormente mencionados.

Cuál ha sido nuestra desilusión al ver en realidad una narración más bien torpe y atropellada, con una premisa interesante sobre los traumas infantiles que acaba empañada por clichés románticos de adolescentes.

Jun Naruse (voz de Inori Minase) es una vivaz y parlanchina niña que un día descubre accidentalmente un secreto que, al comunicárselo a su madre, romperá a su familia y la dejará dañada para siempre. Sintiéndose responsable de la situación, Naruse promete junto a un príncipe con forma de huevo que no volverá a hablar nunca más. Pasan los años y la adolescente es seleccionada en su instituto junto a otros tres compañeros (a cada cual más distinto) para organizar el evento comunitario anual, lo que poco a poco hará que vaya logrando mayores dotes comunicativas.

El himno del corazón. A-1 Pictures.

Lo que empieza así como el trauma infantil de una muchacha y cómo va superándolo desencadena en una serie de subtramas, a cada cuál más típica y tópica, sobre los problemas comunicativos de los otros adolescentes, lo que hace que el guión al final no resulte tan efectivo y sí bastante forzado en su afán por intentar sorprender al espectador a base de triángulos amorosos resueltos de manera atropellada y superficial.

No es que el romance esté mal en un relato sobre adolescentes, es que enturbia el objetivo principal de la historia. Por ejemplo, la relación que la película se encarga de desarrollar durante más de la mitad de su duración entre Sakagami (Kouki Uchiyama) y Naruse queda empañada por repentinos sentimientos amorosos de unos y otros. Personajes que apenas tienen desarrollo de pronto parecen tener casi más importancia que Naruse hacia el final. Y así el relato va cayendo de más a menos.

Lo peor de todo, para nosotros, es que la premisa queda tan opacada por estas historietas de amor juvenil que a la postre Naruse no queda más que como instrumento narrativo para que el resto de personajes puedan expresar lo que sienten, en un giro de guión también forzado y hasta un pelín absurdo (SPOILERS, si Sakagami se acerca a Naruse porque se siente identificado con ella al no poder expresar lo que siente y nada más… ¿no es eso lo que nos pasa al 99% de la humanidad (no decir lo que realmente sentimos)? ¿Por qué acercarse entonces a Naruse, a quien no conoce casi de nada, y no al muchacho del segundo pupitre por la izquierda en la tercera fila? FIN DE SPOILERS).

El himno del corazón. A-1 Pictures.

En el apartado técnico es sin duda donde la película alcanza notas sobresalientes, con diseños de personajes muy enternecedores que corren de la mano de Masayoshi Tanaka (Darling in the FranXX) y una animación fluida y dinámica tanto en sus expresiones como en las escenas musicales. No se puede esperar menos en este aspecto de parte del estudio A-1 Pictures.

Hablando de la música, compuesta por Masaru Yokoyama, también es de lo más llamativo. Repleta de referencias a clásicos musicales como El mago de Oz o El fantasma de la ópera, logra transmitir un deje nostálgico y buenrollista que por un momento hace que el espectador se olvide de la forzada trama que hay de fondo. Por supuesto, la música es clave en el desenlace y queda expuesta como referente comunicativo, allí donde no podemos llegar con el mero diálogo (o monólogo, según se vea).

En definitiva, El himno del corazón no es a pesar de todo una mala película. Sin duda la salvan su apartado técnico y musical, y en ese sentido hace pasar un rato al menos agradable. No obstante, si has quedado encantado con AnoHana o Toradora!, o buscas un romance del nivel de Kimi No Na Wa, o simplemente una historia narrada con coherencia de principio a fin, la cinta probablemente te decepcionará.

Yakusoku No Neverland (The Promised Neverland), infancia truncada

La primera temporada de Yakusoku No Neverland (The Promised Neverland) ha llegado a su fin tras 12 episodios (que adaptan más de 30 del manga creado por Kaiu Shirai y Posuka Demizu) que nos han ido dejando sin respiro y que, en realidad, tienen un arranque inmejorable para ir luego de menos a más.

El estudio Cloverworks (Darling in the Franxx) están al cargo de esta adaptación animada, dirigida por Mamoru Kanbe (Baccano!, Elfen Lied) y con guión de Toshiya Oono (Ao no Exorcist: Kyoto Fujouou-hen). Sin duda alguna, podríamos decir que estos dos elementos son clave en The Promised Neverland, ya que el guión te mantiene enganchado y la dirección se encarga de añadirle tensión y suspense. Lamentablemente, y más aún en comparación con el manga, el anime no siempre llega al sobresaliente en estos apartados.

De hecho, el guión es quizás su punto fuerte y a la vez débil. Por un lado, llega a alcanzar un ritmo endiablado que culmina en dos últimos capítulos brillantes; pero por el otro tiene un intermedio al que en ocasiones le cuesta despegar. El hecho de que adapte tantos capítulos del manga en solo 12 episodios de anime hace que además varias cuestiones se queden en lo superficial y que no lleguemos a empatizar tanto con los personajes como se debiera (la hermana Krone es el caso que más se me viene a la mente).

En cuanto a la dirección, de nuevo valorándola como adaptación, lamentablemente se queda asimismo a medio gas a pesar de algunos momentos muy logrados (el péndulo del reloj, los pasillos) y del último espectacular episodio. Desde luego, no alcanza el nivel de tensión que impregna la atmósfera en el manga. Quizás parte de esto haya sido la decisión, por algún motivo (¿para darle mayor suspense?), de prescindir de los monólogos internos de los protagonistas, una de las características esenciales de la versión en papel y que aportan mayor profundidad a los personajes, lo cual será importante también en tramas futuras.

En cambio, en la adaptación al anime han optado por expresarse a través de conversaciones en voz más alta de lo deseado (recordamos que son niños planificando una huida en una casa no demasiado grande), lo que puede llegar a causar estupor ocasional en el espectador (me sigo preguntando cómo ni «mamá» ni  ninguno de los otros niños pudieron no percatarse de algunas situaciones).

El argumento, que mezcla perfectamente el suspense y momentos de terror, especialmente del psicológico, nos cuenta la vida aparentemente idílica de unos huérfanos en una casa en medio del campo con la mujer a la que llaman «mamá» como única presencia adulta. Sin embargo, la partida de uno de los menores destapa un gran misterio que cambiará sus vidas para siempre.

Entre los protagonistas destacan Norman (voz de Maaya Uchida), Emma (Sumire Morohoshi) y Ray (Mariya Ise), cuya química es esencial para la narrativa, especialmente entre los dos últimos de cara a las tramas inmediatas (como representantes más claros del idealismo y el pragmatismo, respectivamente). Sin embargo, y aparte de Norman, yo me quedo con «mamá» (Yuuko Kaida), la villana que hace que le desees la peor de las muertes para que al final te acabe llegando (un poquito) al corazón.

Por lo demás, Yakusoku No Neverland destaca por su apartado técnico, con una animación muy lograda y con calidad constante en todos los episodios. Los diseños de los personajes, que corren a cargo de la propia Posuka Demizu y de Kazuaki Shimada, y el estilo de dibujo recuerdan a algunos de los anime de la década de 1990, lo que puede llegar a ser nostálgico.

La música, compuesta por Takahiro Obata, es clave en algunos momentos como en el último episodio, pero en otros puede resultar algo desincronizada. Lo mejor en este apartado sin duda es el opening, «Touch Off» de UVERworld; aunque los ending, «Zettai Zetsumei» y»Lamp» de Cö shu Nie, tampoco se le quedan muy atrás.

En definitiva, esta primera temporada de Yakusoku No Neverland es una adaptación muy correcta que en algunos momentos alcanza la perfección, pero lamentablemente en otros se queda a medio gas, especialmente en lo referido a la atmósfera y a la profundidad que se percibe en algunos personajes en el manga. Sin embargo, es fácil verse los 12 episodios en un suspiro y quedarse con ganas de más. Para eso tendremos que esperar a la llegada de la segunda temporada en 2020.

Dororo o la esencia del relato japonés

Osamu Tezuka, conocido popularmente como el «dios del manga» debido a su prolífica carrera en el género cuando todavía no atraía a las masas (especialmente en su país de origen, donde actualmente se calcula que acapara más del 40% del mercado editorial), comenzó a publicar en 1967 Dororo, sobre el periplo de Hyakkimaru, un joven que había nacido sin extremidades ni ninguno de los sentidos y del ladronzuelo que da nombre a la obra, ambientada en el Japón del período Sengoku.

Han pasado los años (Dororo terminó de publicarse, abruptamente, en 1968) y el título de Tezuka sigue generando distintas versiones en formato de largometraje, videojuego o el anime que nos ocupa, desarrollado por el estudio MAPPA (Zankyou No Terror, Yuri!!! on Ice) junto a Tezuka Productions.

Dirigida por Kazuhiro Furuhashi (anime y OVAs de Rurouni Kenshin y HunterxHunter), con guión de Yasuko Kobayashi (Death Note, Shingeki No Kyojin, Claymore), como adelantábamos, la historia sigue los pasos de un misterioso joven llamado Hyakkimaru (voz de Hiroki Suzuki), quien carece de extremidades, nariz, habla, vista, oído y sentido del tacto, en su recorrido por recuperar todo lo perdido mediante la derrota de monstruos o demonios. En su camino se topa con Dororo (Rio Suzuki), un vivaz niño acostumbrado a sobrevivir en la adversidad gracias a su astucia, carisma y audacia.

Portada de la edición blu-ray. MAPPA y Tezuka Productions.

Uno de los grandes aciertos, tanto de la obra original como de esta adaptación, es el vínculo que se va estableciendo entre Hyakkimaru y Dororo. Niños ambos (pues Hyakkimaru no cuenta con más de 16 años y por su experiencia vital sabe del mundo incluso menos que su acompañante), se enfrentan a situaciones límite que únicamente los hace madurar y volverse más fuertes, especialmente en el plano emocional. En este sentido, Hyakkimaru, que es claramente el más aventajado físicamente de los dos, empieza siendo un guerrero bastante peculiar y muy diestro en la pelea debido a su portentosa habilidad nacida del puro deseo de vivir. Sin embargo, y al contrario de lo que pueda pensarse inicialmente, el ir recuperando los sentidos y extremidades no lo vuelve más fuerte. Incluso algunos de ellos (como el del oído) lo confunden en un principio enormemente, «como a una bestia herida que únicamente se refugia». Es, como decíamos, un recorrido hacia la madurez emocional más que la física, en un descubrimiento del mundo en su versión más cruda y más vivaz, lo que lleva inevitablemente a la conclusión de en qué clase de ser humano se convertirá Hyakkimaru, un ser que vivía inocente y «puro» en su mundo que va despertándose en una realidad cruel, pero cuyo vínculo con la humanidad se mantiene en Dororo.

Aparte de Hyakkimaru y Dororo, los claros protagonistas, en la narrativa aparece de forma recurrente el monje ciego Biwamaru (Mutsumi Sasaki), que hace las veces de unión con el espectador y voz de la razón; el «daimyo» y padre de Hyakkimaru, Daigo (Naoya Uchida); el hermano del protagonista, Tahomaru (Shoya Chiba); y de forma mucho más esporádica el médico en busca de redención Jukai (Akio Ootsuka); la joven Mio (Nana Mizuki); o los distintos individuos que se van encontrando los personajes principales en su camino (muchos de los capítulos son autoconclusivos); todos ellos forman un elenco bastante entrañable y repleto de tonalidades de grises, alejándose (generalmente) del maniqueísmo.

Dororo (2019). MAPPA y Tezuka Productions.

Porque Dororo es una obra que muestra la crudeza de la guerra y un Japón alejado de la prosperidad actual, con señores feudales enfrentados entre sí, hambruna e individuos desamparados e incluso fuera del sistema. La otra gran virtud radica, precisamente, en mostrar toda esta crudeza (con pequeños momentos de calma para darnos un respiro) y ahondar en las bases del relato clásico japonés.

Al menos en esta adaptación están presentes de forma preeminente elementos característicos de la cultura e historia del país del Sol Naciente, a saber: del budismo la figura de los dioses, especialmente la diosa de la misericordia o «Guanyin»en su versión china, y la percepción de distintas realidades; del sintoísmo y folclore algunos monstruos o «youkai» propios de las leyendas populares; del confucionismo y taoísmo la figura del mal gobernante con la consecuente pérdida de armonía y la aparente búsqueda de equilibro «yin y yang» o masculino/femenino; entre otros. Por no hablar, claro, de los samuráis, bandidos, monjes y demás figuras tan característicos del imaginario cultural nipón.

Este reflejo del «Japón clásico» se vislumbra asimismo en el estilo artístico, con fondos pintados a mano y acuarelas, así como diseños de personajes de Hiroyuki Asada y Satoshi Iwataki que, más que al estilo de Tezuka, nos recuerda al de los OVAs de Rurouni Kenshin, mucho más realistas.

Dororo (2019). MAPPA y Tezuka Productions.

Sin embargo, esta primera mitad de Dororo (que tendrá un total de 24 episodios) se mantiene algo irregular en la calidad de la animación; aunque nunca es mala. Dicho de otro modo, hay capítulos cuya animación es más soberbia que en otros, y esto es bastante apreciable.

La banda sonora, compuesta por Yoshihiro Ike, también nos ayuda a sumergirnos en Japón y sus sonidos característicos, como lo es la austeridad en sonidos rimbombantes, eclécticos y tecnológicos, y sí con la abundancia de tonos melódicos e instrumentales, sobre todo de elementos provenientes del país nipón como el koto o el shamisen. El opening («Kaen») y ending («Sayonara Gokko») de esta primera mitad, a cargo de Ziyoou-vachi y Amazarashii, respectivamente, son prácticamente insuperables (difícil legado tienen para la segunda tanda Asian Kung-Fu Generation y Eve). Curiosamente, el estilo de dibujo del opening sí se asemeja más al de Tezuka.

En definitiva, nos encontramos ante el que es, para nosotros, anime de la temporada (y eso que The Promised Neverland y Mob Psycho 100 son a su vez productos a la altura). Principalmente por su capacidad para sumergirnos en el Japón feudal y fantástico, por sus personajes tan absolutamente entrañables (teniendo en cuenta que esta versión de Hyakkimaru es mucho más callada y reservada que la original, mayor mérito tiene) y por su ritmo pausado y cargado de emoción contenida (aunque el episodio 12 se nota algo apresurado). No podemos esperar a una segunda y última mitad que, esperamos, sea al menos tan redonda como la primera. A todo esto, se estrenará el próximo 8 de abril y recordamos que puede verse por Amazon Prime. 

Dororo (2019). MAPPA y Tezuka Productions.