Japoneando Anime: Chainsaw Man y las bases del eroguro

La adaptación a anime de Chainsaw Man (チェンソーマン), desarrollada ambiciosamente por el estudio Mappa, se ha estrenado hace poco menos de un mes bajo gran expectación. Los motivos son varios, pero básicamente a la creciente popularidad del manga creado por Tatsuki Fujimoto (todavía en curso en su segundo gran arco argumental) se ha sumado un potente equipo en la animación (encabezado por el productor Keisuke Seshimo). Pero eso no es todo.

Una premisa absurda que esconde momentos de gran drama y tensión

Cuando le preguntaron al también mangaka Yûji Kaku (Jigokuraku), quien había trabajado como asistente de Fujimoto, dónde creía que residía el éxito de Chainsaw Man, el autor respondió que en la capacidad de su colega de sorprender, de salir con lo absolutamente inesperado.

La misma premisa de Chainsaw Man ya nos muestra algo de esto: un chico huérfano en el Japón actual, acosado por la yakuza, que se deja poseer por su perro y se convierte así en el demonio motosierra (y que al transformarse le salen este tipo de máquinas en cabeza y brazos). Sin embargo, el mayor sueño del muchacho, llamado Denji, es poder acostarse con una mujer y desayunar pan con mermelada.

No os encariñéis con Pochita. Chainsaw Man, Tatsuki Fujimoto y MAPPA

Es fácil intuir que nadie que lea este tipo de premisa crea que se va a encontrar otra cosa que no sea otro manga más repleto de acción, con un punto de partida tan básico como absurdo. Sin embargo, Fujimoto sabe crear personajes carismáticos que, aunque básicos en su punto de partida, emocionan y aterrorizan a partes iguales. Mención especial a los femeninos como Makima, Power o Reze.

Pero, efectivamente, lo que mejor maneja Fujimoto es el patetismo y el sentido de lo absurdo: Denji acepta ser la mascota de Makima desde el minuto uno y le ladra como si fuese un fiel perro, Kobeni es una torpe fracasada cuyo coche ha obtenido más popularidad que ella (gracias a cierto e hilarante momento) o Power poniéndose relleno en las tetas mientras se deja toquetear por el protagonista. Y esto son solo algunos.

En realidad, y por supuesto sin pretender quitarle ningún mérito a Fujimoto, el autor no ha inventado nada. El ero-guro (エログロ) es un género tan japonés como el shônen, que surgió en las primeras décadas del siglo XX como forma artística de protesta frente a las crecientes censura y moralismo de un Japón cada vez más centrado en imitar a Occidente y sus valores.

Eso es… ¿un tomate con piernas y ojos? Chainsaw Man, Tatsuki Fujimoto y MAPPA

Partiendo del juego de palabras que unen lo erótico y lo grotesco (sumándole el sinsentido al ero-guro nansensu), juega con hasta dónde se es capaz de llegar en lo absurdo, lo patético y la ruptura de tabúes. No es algo que surgiera con el manga (pero este sí ha sido un muy buen hilo conductor), sino en la literatura bajo la pluma de Ranpo Edogawa o el cine con Nagisa Ôshima o el más reciente Takashi Miike.

Así, en el ero-guro aparecen vísceras, sexo, fluidos corporales y un muy pronunciado sentido de lo patético, todo ello mezclado de forma aparentemente anárquica. Es por esto que el espectador puede pasar fácilmente del asco a la risa, hasta acabar asimismo fundiéndose sus emociones.

Chainsaw Man (tanto el anime como el manga) empiezan con un escenario que podría ser perfectamente costumbrista, típico del cine de Hirokazu Koreeda; pero enseguida da paso a la incredulidad del espectador, que contempla cómo un adolescente dice haber vendido su testículo, se «come» un cigarro por cien yenes (una miseria que no llega al euro) y se deja poseer por un adorable perro (exponente de lo kawaii que tanto puebla la cultura japonesa contemporánea) que lleva una motosierra incrustada en la cabeza. Y se pone a desmembrar a un montón de tipos.

Chainsaw Man. Tatsuki Fujimoto y MAPPA

Este patetismo no se limita solo a lo evidente, a las vísceras y al erotismo, sino también a la psique de los personajes. Denji se deja así maltratar de forma muy evidente por prácticamente cualquiera, pero especialmente por las mujeres. Este nivel de maltrato resulta a veces tan obvio que es fácil que el espectador se ponga nervioso o no llegue a entender si se trata de algo serio, una parafilia del autor o algo sencillamente absurdo.

Fujimoto no oculta su afición por el cine (el mismo opening de Chainsaw Man es toda una declaración de intenciones), especialmente el de terror (tanto el japonés como el occidental), por lo que se trata de decisiones conscientes. No parece, sin embargo, especialmente adepto de los análisis concienzudos hechos por los aficionados (y aquí estoy yo predicando con el ejemplo…), como mostró con tono paródico en su manga de un episodio Futsû ni Kiitekure (フツーに聞いてくれ). Así, lo mejor es dejarse llevar por la locura que es Chainsaw Man.

Para saber más…

PALACIOS, Jesús (ed.), Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa, Gijón, Ediciones Satori, 2018.

Tres anime y dos series para ver si te gustan La casa del dragón y Juego de tronos

HBO Max ha estrenado La casa del dragón (House of the Dragon), precuela lejana de la serie del momento (a pesar de sus últimas temporadas) de la pasada década, Juego de tronos. Basada en otro libro escrito por George R. R. Martin de mismo título, al igual que aquélla nos seguiremos encontrando aquí intrigas políticas, traiciones, violencia, sexo e incesto por doquier.

Para que la espera entre capítulo y capítulo no se haga muy larga, pasamos a recomendar algunos anime y series asiáticas que, por historias de corrupción y erótica de poder no se quedan atrás (si bien en cuestiones de morbo los asiáticos suelen cortarse más).

Heike Monogatari (平家物語, 2021)

Este anime de 11 capítulos, realizado por el estudio Science Saru y dirigido por Naoko Yamada (Koe no Katachi) es simplemente una maravilla que ya se puede disfrutar de forma legal gracias a Crunchyroll.

No es tarea fácil, pero esta adaptación consigue condensar toda la epopeya clásica que narra la guerra civil entre los clanes Taira y Minamoto (y que apareció por primera vez en el siglo XII en Japón) en solo una temporada de anime, si bien ocasionalmente por esto a veces puede hacerse algo confusa (para ello hicimos hace tiempo una guía de quién es quién en el Heike Monogatari).

Intrigas palaciegas y entre los distintos clanes, muertes, amores y desamores y dosis de budismo y Japón feudal envueltos por una animación y banda sonora espectaculares.

Vinland Saga (ヴィンランド・サガ, 2019-)

Pasamos a hablar aquí de esta adaptación a anime (el manga de Makoto Yukimura todavía no lo hemos leído, pero no faltan ganas) realizada, al menos en su primera temporada, de forma más que solvente por WIT Studio y que se puede disfrutar en Prime Video.

Vale, la historia no es propiamente japonesa, ni tan siquiera asiática, pero lo bien que lo cuenta Yukimura y todo su apartado artístico merecen la pena, al menos para darle una oportunidad.

Si te gustan la historia de Hamlet, los vikingos e Islandia esta es tu oportunidad perfecta. Básicamente, el relato épico del crecimiento personal y venganza de Thorfinn, siguiendo las sagas medievales Flateyjarbók, la Saga Grœnlendinga y la saga de Erik el Rojo.

Golden Kamuy (ゴールデンカムイ, 2014-)

En este caso, tenemos que recomendar totalmente tanto el manga de Satoru Noda (finalizado hace unos meses) como la adaptación a anime por parte de Geno Studio y disponible en Crunchyroll, cuya cuarta temporada llegará próximamente.

Golden Kamuy no trata tanto de intrigas palaciegas (no hay palacios ni nobles… o casi), pero es una frenética carrera por descubrir un supuesto tesoro ainu oculto por el padre de una de las protagonistas, Asirpa. Y sí, hay alianzas y traiciones a tutiplén (y es la más picantona de los títulos que tratamos, aunque sea solo por el humor gamberro tan bien integrado por Noda).

Además, qué carajo, tenemos no a uno, sino a dos de los mejores villanos que podremos encontrar en el panorama del manga y del anime en los últimos años: Ogata y Tsurumi.

Kingdom (킹덤, 2019-)

Esta serie surcoreana realizada y emitida por Netflix fue toda una grata sorpresa tanto en su primera como segunda temporada, pero también en su más reciente película-precuela Ashin del norte.

Ambientada en Corea durante la dinastía Joseon (1392-1897… probablemente, por las pistas que da con las guerras contra Japón, esté más cerca de finales del siglo XVI), Kingdom no busca en realidad el rigor histórico, pero tampoco lo necesita.

El príncipe heredero Lee Chang (Ju Ji-hoon) y su fiel guardaespaldas Kim Sang-ho (Moo-young) salen de palacio para investigar una misteriosa plaga que ha empezado a afectar a poblaciones campesinas… Lo que no saben es que la misma quizás se hubiese originado más cerca de lo que ellos imaginan.

De nuevo, intrigas palaciegas, alianzas, traiciones, sangre y… zombies se dan la mano en esta producción que nada tiene que envidiar a las de Hollywood y que tiene un ritmo endiablado. Y ojo con el papel que se marca Jun Ji-hyun como Ashin y que promete muchísimo en una tercera temporada.

Kingdom. Netflix.

Empresses in the Palace (後宮·甄嬛傳, 2011)

Llega el turno de una serie china de 76 capítulos que, lamentablemente, nos llegó a Occidente mutilada y emitida por Netflix.

Siendo francos, a los chinos les encanta hacer dramas de época, con historias sobre las rivalidades entre las distintas concubinas dentro de la Ciudad Prohibida, pero esta fue una de las primeras que tuvo tanto éxito como para ser traída a estos lares.

En este caso, cuenta la historia de Zhen Huan (Sun Li), concubina del emperador Yongzheng (Chen Jianbin) que, tras superar obstáculos de todo tipo (en serio, de TODO tipo) llega a la cúspide del poder, no sin haber realizado todo tipo de sacrificios en el camino.

Lo cierto es que la serie tiene relleno que da gusto, pero las ambientaciones, la evolución de los personajes (especialmente ellas) y las intrigas te mantienen enganchado.

Japoneando Anime: Steins Gate y Steins Gate 0

Steins Gate (シュタインズ・ゲート) nació como una novela visual creada por los estudios Nitroplus y 5pb para Xbox 360; pero lo que catapultó a este título verdaderamente al estrellato fue la adaptación a anime por White Fox Studios y dirigida por todo un veterano de la industria como Hiroshi Hamasaki.

Steins Gate narra la historia del «científico loco» Rintarô Okabe «Okarin»/ Hououin Kyôma (voz en japonés del enorme Mamoru Miyano) y su «séquito» de dos compañeros: Itaru Hashida «Daru» (Tomokazu Seki) y Mayuri Shiina «Mayushi» (Kana Hanazawa). Intrigados por los viajes en el tiempo, una calurosa mañana de verano Okabe y Mayuri se acercan a una charla sobre los mismos, donde se topan con la misteriosa científica Kurisu Makise (Asami Imai); a partir de lo cual empiezan a acontecer sucesos de lo más extraños.

Steins Gate se convirtió pronto en un anime de culto, estando siempre en lo más alto de los podios. Le siguieron varias secuelas (especialmente una segunda temporada bajo el título de Steins Gate 0); sin embargo su ritmo no es fácil de seguir y las referencias a la cultura pop japonesa son prácticamente constantes. Pero esto es precisamente lo que lo convierte en algo único.

Akihabara y la cultura otaku

Akihabara (秋葉原) es uno de los barrios y núcleos comerciales más destacados de Tokio; sobre todo, para parte de la cultura otaku (おたく, オタク). Sus calles rebosantes de luces de neón y tiendas de robótica, tecnología a buen precio y merchandising así lo atestiguan.

Steins Gate. White Fox Studio, Nitroplus y 5pb.

Por lo tanto, se trata de la zona turística de ensueño para los que nos encontremos leyendo esto; no obstante, el término otaku no guarda siempre una connotación positiva (ni tan siquiera neutra) en Japón.

En la década de 1980 la subcultura otaku se desarrolló enormemente en el país nipón, dando lugar a nuevos artículos periodísticos y estudios locales que no solían asociar el término con buenas y respetables cualidades. El otaku comenzó a verse así como alguien (normalmente joven) obsesionado con cuestiones consideradas infantiles y no productivas para la sociedad (y ser productivo sigue siendo una cuestión esencial para los japoneses), como lo son el anime y el manga.

Pronto se desarrolló una serie de estereotipos en torno a esta figura, que siguen perdurando en nuestros días (¿el otaku se ducha?): gente solitaria y asocial, con fijación (a veces incluso sexual) por personajes animados, que prefiere gastar el dinero que gane (vete a saber cómo) en figuritas de estos en lugar de, qué sé yo, invertirlo en bolsa.

Con el paso de los años, estudios han ido dividiendo la creciente subcultura otaku en otros grupos, como los moe (萌え), personas con determinados fetichismos y que suele asociarse con lo lindo o kawaii (可愛い). No obstante, a medida que los organismos institucionales han ido cayendo en la cuenta de que los otakus, no ya de Japón, sino del mundo, les otorgan ciertos beneficios económicos por su consumismo, la perspectiva y lenguaje oficial hacia éstos ha ido cambiando. Actualmente, se considera parte de la marca Cool Japan (クールジャパン), que promueve el interés comercial y la buena imagen de Japón en el mundo.

Steins Gate. Nitroplus y 5pb.

En Steins Gate la cultura otaku está MUY presente, ya sea en Daru (quien enmarca el estereotipo de otaku «clásico», con una imagen descuidada y con fetichismos sexuales «curiosos»), Mayuri en su trabajo en el maid cafe (メイドカフェ o cafés de sirvientas) junto  a su jefa Rumiho y, por supuesto, con el barrio de Akihabara, protagonista incluso de algún episodio. Por no hablar de las constantes referencias a la cultura pop del manga, anime y videojuegos.

Novelas visuales

La novela visual (ビジュアルノベル, ノベルゲーム) es un género propiamente japonés dentro del mundo de los videojuegos, centrado especialmente en una historia narrada, normalmente más compleja de lo habitual, con gráficos estáticos, arte inspirado en el manga/anime y algo de jugabilidad intercalada.

Steins Gate surgió como una novela visual con una historia ciertamente intrincada, que es lo que le ha otorgado mayores halagos. No obstante, la novela visual no está hecha para todo el mundo, pues muchos prefieren jugar experiencias más dinámicas y de ritmo rápido que no estar leyendo «un libro» y apretar botones de vez en cuando. De hecho, se debate si llegan a ser considerados videojuegos propiamente dichos. Probablemente por este motivo (y porque las novelas visuales apenas salen del mercado nipón), esta obra no alcanzó su gran popularidad hasta que no salió en anime.

Sin  embargo, a quienes nos gustan este género descubrimos ocasionalmente historias muy trabajadas, con personajes complejos cuyas decisiones suelen depender del jugador. Es el caso actual de 13 Sentinels Aegis Rim o (especialmente para los seguidores de la franquicia) el muy reciente Digimon Survive.

Steins Gate. Nitroplus y 5pb.

Amigos de la infancia, días idílicos

Okabe se encuentra acompañado desde la primera escena por su amiga de la infancia, Mayuri, la cual llega a ser el principal motor narrativo de la obra y motivación base del protagonista.

Si bien a nivel romántico el jugador puede elegir con quién juntar a Okabe (y hay unas cuántas opciones disponibles), y el anime tiende a inclinar la balanza hacia Kurisu, el vínculo (romántico o platónico) entre el científico y su amiga se mantiene inquebrantable a lo largo de Steins Gate y Steins Gate 0, hasta el punto de eclipsar ocasionalmente lo demás.

Así, resulta tierno y a la vez doloroso y frustrante ver la cantidad de veces que Okabe intenta salvar a Mayuri, saltando en el espacio-tiempo las veces necesarias y quebrando con ello su propia psique. Incluso su alter ego de científico loco fue creado para animar a Mayuri.

El amigo de la infancia es un tropo clásico de los manga, anime y JRPG. Casi siempre que hay un triángulo amoroso en alguno de estos títulos hay un amigo de la infancia involucrado; por ejemplo nuestro famoso Cloud-Tifa-Aeris de Final Fantasy VII. Pero hay anime que incluso giran enteramente sobre este concepto, caso de Anohana o Desaparecida.

¿Por qué es tan importante el amigo de la infancia? Bueno, aparte de cuestiones universales (cualquiera sabe lo que es la amistad y la nostalgia); en Japón se suman otras de índole más sociocultural.

Steins Gate. White Fox Studio, Nitroplus y 5pb.

Por ejemplo, que las madres (normalmente las principales encargadas del cuidado de los hijos) tiendan a unirse a otros grupos vecinales (el asociacionismo está muy presente en la sociedad japonesa), compuestos, claro, por otras progenitoras con vástagos en edades similares. Así, mientras ellas se encargan de la organización de alguna otra cuestión vecinal/escolar (o del hogar, claro), los niños se divierten juntos y hacen piña. Esto es fácilmente perceptible en programas tan conocidos y longevos como ¡Soy mayor! (はじめてのおつかい), donde hay capítulos protagonizados por un par de infantes que acuden juntos a hacer el recado mientras las madres los esperan.

Más allá de esto, la infancia es fácilmente asociada con tiempos felices y despreocupados. Según la antropóloga Ruth Benedict en su libro El crisantemo y la espada, los japoneses se sienten mucho más liberados de presiones sociales durante los períodos de infancia y vejez, siendo una especie de bálsamo vital para ellos.

Por ello, es fácil entender la dependencia emocional que Okabe siente por Mayuri (y viceversa, más perceptible en Steins Gate 0), reflejada en el uso constante de sus diminutivos «infantiles» (Okarin, Mayushi…), y de su tiempo juntos viendo su serie favorita sobre científicos locos que intentan conquistar el mundo.

Si acaso, Steins Gate muestra a la postre que se puede estar anclado en cuestiones consideradas «infantiles» por la sociedad y aún así ser un héroe cool (aunque sea solo para sus allegados) como Rintarô Okabe, dando una vuelta de tuerca más al concepto otaku.

Para saber más…

AZUMA, Hiroki: Otaku – Japan’s Database Animals, University of Minnesota Press, Minneapolis y Londres, 2012.

BENEDICT, Ruth: El crisantemo y la espada, Madrid, Alianza Editorial, 2011.

HENDRY, Joy, Para entender la sociedad japonesa, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2018.

LANDERAS, Javier, Cómo hacen los japoneses, Gijón, Satori, 2014.

Pachinko, lo mejor y peor de Japón desde Corea

Pachinko, nombre por el que se le conoce a los locales repletos de máquinas estilo tragaperras ordenadas en varias hileras en Japón, es también el título de la novela escrita en 2017 por la autora americana-coreana Min Jin Lee. Pronto se colocó en lo más alto en ventas y ahora Apple TV nos ha traído su inevitable adaptación a serie dividida en ocho episodios (que no adaptan el total de la obra, pues ya está confirmada, al menos, una segunda temporada).

El argumento cuenta las vidas paralelas de tres generaciones distintas de una misma familia, partiendo de la matriarca Sunja y su vida en Corea a inicios del siglo XX, bajo la ocupación japonesa. En el presente, su nieto Solomon intenta hacerse un hueco en el agresivo mundo capitalista que dominan Estados Unidos y Japón a finales de la década de 1980.

Así, Pachinko trata, sobre todo, del desarraigo, ya sea a inicios o a finales de la centuria anterior. Es este concepto el que se encuentra presente en la vida de todos los personajes principales, incluso en los antagonistas, pues nunca llegan a superar lo que dejaron atrás y sus ambiciones frustradas. Todo el que haya emigrado alguna vez en su vida comprenderá perfectamente a qué se refiere la obra y empatizará (aún más) con sus protagonistas.

Esto no es únicamente logro de una buena narrativa, sino de unas interpretaciones más que correctas. Especialmente las de Sunja, da igual su edad (de niña es Yuna, de adolescente la debutante Minha Kim y de anciana la ganadora del Oscar Youn Yuh-jung). Especialmente estas dos últimas (pues tienen mucho más espacio para lucirse), ya que Minha Kim desprende un magnetismo en sus movimientos y voz que encandilan, no ya a los maromos con los que se va cruzando, sino al mismo espectador (y Sunja no es descrita como especialmente guapa). Y qué decir de Youn Yuh-jung, que es una maestra en lo suyo y que sabe cómo retratar a esa anciana aún marcada por traumas del pasado.

Lee Min-ho y Minha Kim en Pachinko (Apple TV)

Sin embargo, el principal reclamo comercial utilizado por esta adaptación de Pachinko no han sido estas actrices (que son, sin duda, lo mejor de todo el espectáculo), sino Lee Min-ho (una joven gran promesa de los dramas surcoreanos) interpretando el papel de Koh Hansu, interés romántico inicial de Sunja y antagonista a la vez. Se nota cómo los realizadores han buscado el lucimiento del actor, pues incluso han dedicado un capítulo en especial a él, creando una subtrama que no existía en el libro y con la que probablemente han pretendido aportar una mayor complejidad hacia el personaje de Hansu.

Lamentablemente, eso sí, el acertado magnetismo de este actor eclipsa otros factores aún más destacables. Ya hemos hablado de las actrices principales, todas ellas soberbias; pero también a nivel narrativo: no solo el episodio anteriormente mencionado, creado para la ocasión, aparece «de la nada» para interrumpir el ritmo de las tramas principales, sino que Hansu es un personaje que funciona perfectamente bien como villano de telenovela. Su complejidad ya es apreciable en momentos anteriores sin necesidad de ir más allá.

Pachinko, retrato de las Coreas y Japón en el siglo XX

Sin embargo, lo que sí cabe destacar, tanto en el capítulo dedicado a Hansu como en el resto de la serie, es la cuidadísima ambientación. El equipo de producción se ha empeñado claramente en mostrar las distintas Coreas (y Japón) a través del paso del siglo XX. Tarea titánica, pues estamos hablando de países que se han visto profundamente transformados en estas décadas, a un ritmo aún más enloquecido que en otras partes del mundo y que ha conllevado profundas crisis identitarias, grietas que arrastran incluso en nuestros días.

Pachinko (Apple TV)

Es de agradecer asimismo la delicadeza con la que se aborda un tema tan candente y peliagudo como la ocupación japonesa de Corea. No se andan aquí con remilgos: los japoneses claramente impusieron una relación de desigualdad con sus vecinos. Sin embargo, ya avanzado el siglo XX, podemos apreciar cómo el país nipón es a su vez víctima de otras formas de esclavitud por parte del mundo occidental capitalista, ya sean o no autoimpuestas.

No obstante, las principales víctimas en Pachinko son los zainichi (在 日), los inmigrantes coreanos (y sus descendientes) que se desplazaron a Japón durante la época de ocupación… para ser prácticamente abandonados luego a su suerte. No son japoneses ni son coreanos. Ni son de aquí ni son de allá, como diría Facundo Cabral. Una vez obligada Japón a dejar Corea tras la derrota en la Guerra del Pacífico, los ciudadanos naturales de Corea en tierras niponas quedaron básicamente desamparados. El desarraigo en su máxima expresión.

De entre los zainichi, sobresalen aún más las mujeres, pues muchas de ellas procedieron de un país que por aquel entonces era profundamente pobre y que, con apenas formación y sin conocer el idioma, muchas veces con familias a su cargo, se vieron obligadas a trabajar por unas pocas monedas en prácticamente cualquier cosa. Esa es la historia de Sunja.

La influencia de Akira en Stranger Things

La cuarta temporada de Stranger Things ha finalizado este fin de semana en Netflix, y con ello la espera durante mes y medio a un broche de oro (por ahora) que, a grandes rasgos, no ha decepcionado. Sobradamente conocidas son las referencias, homenajes y guiños que hace la serie creada por los hermanos Duffer a la cultura pop de la década de 1980, por supuesto también al anime de la época.

Pero hay un título que sobresale por la de inspiración que han tomado de él, tanto en las líneas argumentales como en los personajes principales, y esa es Akira de Katsuhiro Otomo.

Los propios Duffer han admitido esta fuente de inspiración, junto a Elfen Lied, siendo ésta última la que, parece, más se ha comentado en los medios.

Claro, las similitudes entre la protagonista de Elfen Lied, Lucy, y Once (Millie Bobby Brown) son las que más saltan a la vista: dos jóvenes chicas sujetas a experimentos, que logran huir del laboratorio y son encontradas (y acogidas) por un mundano muchacho, del que se enamoran.

Sin embargo, los paralelismos con Akira son más numerosos, especialmente si miramos al manga. Veámoslos (avisamos de que pueden aparecer SPOILERS de Stranger Things y de Akira).

Stranger Things. Netflix.

Tetsuo y Once, Kaneda (y su banda) y Mike (y su pandilla)

Antes que Lucy, Tetsuo Shima llegó como un vendaval siendo uno de los primeros grandes héroes byronianos de la cultura pop. Si bien Kaneda engloba en mejor forma el arquetipo del antihéroe, siempre he sentido mayor fascinación por Tetsuo (quien además me parece más complejo).

Como Tetsuo, Once es una joven con enormes poderes psíquicos que, ocasionalmente, se escapan a su control. Debido a esto, genera en los demás fascinación y temor (al menos hasta que llegan a conocerla). Y, por supuesto, no pueden faltar los científicos y gobiernos de turno que ansían hacerse con él/ella y controlarlo a su servicio.

A diferencia de Tetsuo, Once es de buen fondo (no está tan claro en el caso del nipón… pero claro, es difícil dar con alguien genuinamente bondadoso en Akira). No obstante, la hemos visto ocasionalmente asesinar a gente, normalmente en defensa propia y/o debido a los traumas de su pasado.

Y es que Tetsuo y Once son los dos objetos de experimentos que guardan escasos escrúpulos, además de haber recibido drogas de forma directa o indirecta (tampoco nos llevemos las manos a la cabeza, Stranger Things es una obra mucho más inocente que Akira).

En la cuarta temporada se descubre otro aspecto de Once que no se había visto hasta entonces: en realidad, antes no era TAN poderosa. De hecho, era más bien la mediocre dentro de su grupo de niños superpoderosos. Y por ello recibía (y sigue recibiendo) ataques de acosos por parte de sus pares. Este es otro aspecto que la asemeja a Tetsuo, quien posee un complejo de inferioridad (especialmente respecto a Kaneda) del tamaño de la Torre de Tokio.

Huérfanos ambos (de Tetsuo se menciona en el manga que fue abandonado por su madre y Once fue arrebatada de los brazos de la suya nada más nacer), niños solitarios, traumatizados y de naturaleza retraída y tímida, empiezan a romper el caparazón cuando conocen a otro congénere más extrovertido y con madera de líder. En el caso de Tetsuo es Kaneda y en el de Once es Mike.

Son Kaneda y Mike los que integran a Tetsuo/Once en los grupos que ellos lideran. En el caso del nipón, resultan en una banda de delincuentes adolescentes y en la del estadounidense en la de un grupo de chavalillos que se divierten jugando partidas de rol. La principal diferencia radica en que Mike hace asimismo las veces de interés romántico de Once, mientras que Kaneda es el amigo/rival de Tetsuo (el amoroso recae en otro personaje, también mundano, llamada Kaori).

Tanto Tetsuo como Once continúan desarrollando (y elevando) sus poderes a lo largo de la trama, mientras que Kaneda y Mike sirven como reflejo de lo mundano, de los pies sobre la tierra frente a la corrupción (especialmente en el caso japonés) de lo sobrenatural e incomprensible para la mente humana. Akira es mucho más trascendental y cruda que Stranger Things, por lo que sus similitudes dramáticas al respecto finalizarían aquí; pero no son las únicas.

Crecí en un laboratorio

Akira es en realidad el nombre de otro niño, antes que Tetsuo, que llegó a alcanzar un poder inimaginable tras ser un sujeto de experimentación (junto a otros niños como él, solo que algo menos poderosos).

Si habéis visto la cuarta temporada de Stranger Things (si no, pasad al siguiente párrafo), esto nos recordará a Uno/Henry Creel, el primer (aparentemente) sujeto de experimentación del proyecto MK Ultra, llevado a cabo en secreto por doctores y científicos con conexiones con el gobierno. Uno desarrolló tanto poder que su control escapaba al doctor Brenner, por lo que éste le implantó un chip que lo «sedaba» y tenía además monitoreado. Hasta que un día, Uno logra manipular a Once, ésta le extrae el chip y él aprovecha para vengarse cargándose a todo aquel que va cruzándose en los pasillos del laboratorio (esta escena sí puede recordarnos al inicio de Elfen Lied, pero también a Tetsuo intentando huir de su «prisión»). No obstante, Henry Creel sería Akira, el «primer sujeto» experimental que resultó en éxito, pero con dramáticas consecuencias.

Akira tiene un papel bastante más prominente en el manga que en la película de dos horas (donde no es casi ni personaje), por lo que recomendamos (aún más) su lectura. Ahí, vuelve a ser recuperado por Tetsuo para su causa de dominar/destruir (depende de cómo vaya de ánimo) Neo-Tokio.

Lo que guardan en común todos estos personajes, tanto de Akira como de Stranger Things, es que han sido sujetos de experimentos y han crecido (bueno, en el caso de Tetsuo pasó solo un período de tiempo) en un laboratorio, lo que ha resultado en una serie de jóvenes con superpoderes que van pululando (o no) por ahí.

La intervención del ejército (también el estadounidense)

Claro, allí donde hay experimentos secretos con niños que hacen de armas de destrucción masiva, hace a su vez acto de presencia el ejército estadounidense (sí, aunque los sucesos de Akira se ambienten en Japón). En el caso de la obra de Otomo, lo hacen especialmente en el manga.

Suelen estar comandados por el clásico general/coronel/lo que sea (no, no somos duchos en estas cosas) con aspecto estoico y de tipo duro… que rara vez consigue su objetivo (eso, si no acaba criando malvas).

Es la fuerza contra la ciencia, sin que ninguna termine de llevar del todo la razón (pues ambas han sido partícipes de los experimentos y de haberse saltado unas 38738932 normas contra los derechos humanos). Vamos, que el espectador/lector siempre va a terminar yendo del lado de Tetsuo/Once (o en el de Mike/Kaneda si somos menos ambiciosos y queremos ir a la opción moral más cómoda y segura).

En conclusión, Akira ha servido de influencia, desde su salida allá por 1988 (en el caso de la película) a numerosos trabajos de Hollywood, incluyendo el que nos ocupa. Son varios los proyectos que han intentado adaptar la obra de Otomo bajo la batuta norteamericana, sin éxito hasta la fecha. Mientras tanto, podemos contentarnos con estas versiones, mucho más light y amigables, como es la de Stranger Things.

Pero está muerto, ¿no? El «final Taxi Driver»

Los finales ambiguos son como las tortillas de patata con cebolla: los amas o los odias; pero el caso es aún más extremo si lo que está en juego es la muerte del protagonista (incluso de todos los protagonistas en algún caso que veremos). Clímax que han traído numerosos debates de tapeos y por las redes a lo largo de los años y que, en ocasiones, no tienen solución. Como la vida misma.

Avisamos de que habrá SPOILERS de todos los títulos que trataremos.

Taxi Driver, el «origen»

En realidad, Taxi Driver no es el origen de nada, pues por muy innovadora que resultase la película de Martin Scorsese, para cuando se estrenó en 1976 «ya estaba todo inventado».

La historia se centra en Travis Bickle (inconmensurable Robert De Niro), un taxista de Nueva York que vive casi en la marginalidad tras su paso por la guerra de Vietnam. Harto de la corrompida sociedad y tras conocer a una prostituta de 13 años que responde al nombre de Iris (Jodie Foster), un día se harta de todo, se hace el peinado a lo mohicano y planea un tiroteo en el Senado; pero éste se frustra y corre entonces a liberar a la muchacha, enfrentándose con proxenetas y similar chusma.

Al final, tras un sangriento tiroteo, Travis aparece herido de bala en un sofá, mira a cámara y se dispara imaginariamente con el dedo apuntando a la cabeza y al susurro de «bang». Tras eso, la cámara en plano picado sobrevuela la habitación y comienza una especie de epílogo donde se muestra a Travis siendo una especie de héroe social por haber liberado a Iris, a la par que retoma (y vuelve a dejar, pero esta vez por iniciativa suya) la maltrecha relación que había establecido previamente con Betsy (Cybill Shepherd).

Todo muy idílico, especialmente para un personaje tan antiheroico y una historia tan «sucia» como estos. Por ello, mucha gente sigue creyendo que en realidad Travis muere por sus heridas, la cámara en picado y girando es su alma ascendiendo y el epílogo sería su ensoñación, parte de los delirios que él mismo había estado mostrando a lo largo de la cinta.

Lo «malo» con esta línea de pensamiento es que tanto Scorsese como Paul Schrader (el guionista de Taxi Driver y quien volverá a aparecer en esta entrada) han aclarado que, al menos para ellos, Travis sobrevive y el final es una crítica a la glorificación que hace la sociedad estadounidense de tipos que, más que héroes, son personas con enfermedades mentales (clínicamente desatendidas, claro… que no por nada va Joker años más tarde y copia el argumento base).

1976, New York, New York, USA — Overhead view of the bloody aftermath of Travis Bickle’s killing spree from Martin Scorsese’s . — Image by © Steve Schapiro/Corbis

Cowboy Bebop, el anime que hace guiño a Taxi Driver

Años más tarde, en 1998, Shinichiro Watanabe estrenaba Cowboy Bebop, anime de 26 episodios que narraba las desventuras de la tripulación de una nave espacial pilotada por cazarrecompensas. Hemos hablado anteriormente de forma extensa de esta serie y de su final, por lo que no nos explayaremos mucho más.

Cowboy Bebop homenajea a varios títulos de la cultura pop occidental, siendo Taxi Driver uno de ellos. Esto es especialmente apreciable en su conclusión, tanto en las escenas de acción del protagonista, Spike Spiegel, adentrándose a tiros en la sede del Dragón Rojo; como en sus últimos momentos, mirando a cámara y apuntando con el dedo, disparando imaginariamente al susurro de «bang».

Tras esto, al igual que en Taxi Driver, Spike cae inconsciente al suelo y la cámara se eleva al cielo y el espacio, mientras vemos los créditos. No hay epílogo, solo una estrella que desaparece y las palabras finales, mientras se enfoca el rostro muerto/dormido de Spike, «cargarás con ese peso».

Como ya dedicamos una entrada entera a las interpretaciones del final de Cowboy Bebop, solo recordaremos que, a pesar del debate generalizado todos estos años después (teniendo en cuenta que la creencia mayoritaria es que fallece), el mismo autor, Watanabe, ha aclarado que no sabe si vive o muere y que lo deja a decisión del espectador.

Final Fantasy VII y el relato de la extinción por el bien del planeta

Un año antes de Cowboy Bebop, en 1997, salía al mercado un JRPG que cambiaría el género para siempre en Occidente. Final Fantasy VII llegaba para quedarse en el imaginario colectivo de los jugadores durante décadas.

La historia es bien sabida por todos, partiendo del recorrido que hacen Cloud Strife y la banda eco-terrorista Avalancha para salvar al planeta de los abusos de la multinacional energética y militar Shinra. En el camino, una de las protagonistas, Aeris, fallece a manos del villano Sefirot… lo que, sin embargo, supone finalmente la salvación del planeta de Meteorito. ¿O no es así? Un epílogo situado 500 años más tarde nos mostraba a uno de los personajes controlables, Red XIII, corriendo junto a sus crías por las afueras de una Midgar en ruinas y sin vestigios de humanidad. Luego, fundido a negro y solo se escuchan las risas de unos niños.

Con la salida en 2005 de la secuela Advent Children sí quedaba claro que la humanidad sobrevivía a los efectos de Meteorito y Sagrado; pero claramente mermada y enferma. Hasta el lanzamiento de esta película, era fácil pensar que el ser humano se había extinguido en este universo y que, por ello, el planeta sanaba. Solo quedaba Red XIII como único miembro del equipo que no era humano (y que podía sobrevivir durante más de 500 años, claro).

Los creadores de Final Fantasy VII revelaron que llegaron a pensar incluso en la posibilidad de matar a todo el elenco, salvo a los tres personajes que el jugador eligiera. Por suerte para muchos, la idea no salió adelante.

First Reformed, cerrando el círculo

Quien fuera guionista de Taxi Driver, Paul Schrader, escribió asimismo en 2017 el guion y dirigió la película de First Reformed (titulada El reverendo por aquí). Mucho más pausada y espiritual que su ópera prima, en esta ocasión hallamos al reverendo Ernst Toller (también inconmensurable Ethan Hawke), en plena crisis de fe tras la pérdida de su hijo en la guerra de Irak y el divorcio con su mujer. Un día le solicita ayuda la feligresa Mary (Amanda Seyfried), preocupada por su marido, para que pueda intentar sacarlo de su nihilismo existencial en base a ideas eco-terroristas.

Al final, tras sufrir una acentuación en su crisis de fe y en su depresión, tras enamorarse de Mary, Toller opta por vestirse él mismo con el chaleco suicida que tenía en su posesión el marido de la susodicha y hacerlo explotar en la iglesia, en plena celebración del aniversario. Tras divisar a Mary entre el público, desiste de su idea y opta por flagelarse con un alambre de espinos y suicidarse bebiendo desatascador de tuberías (la película es durilla). Entonces aparece Mary, Toller deja caer el vaso con el veneno, ambos se abrazan y se besan apasionadamente mientras la cámara gira (en una cinta donde ésta había permanecido inmóvil salvo en otras dos escenas con Seyfried) y fundido a negro con créditos finales.

El propio Schrader ha aclarado que él mismo no sabe cuál es el final y que éste tiene dos posibles interpretaciones: Toller vive, es efectivamente «salvado» al ver milagrosamente a Mary y, tal como él mismo le dijo al marido de la muchacha al inicio de la película, aprende a vivir a medio camino entre la esperanza y la desesperación. En el otro, Toller muere tras consumir el veneno y lo último que ve es a él y a Mary besándose, como una concesión de Dios (hasta ahora silencioso) de lo que sería el Paraíso.

First Reformed. Paul Schrader

Conclusiones

Hay numerosos ejemplos de este tipo de finales abiertos, en los que no queda del todo claro si el protagonista (o los protagonistas) vive o muere. Otros ejemplos populares son Code Geass (queda bastante claro, hasta la llegada de la película Fukkatsu no Lelouch, que el personaje principal muere, y así lo aclararon sus autores; pero aún así había gente debatiendo la posibilidad de su supervivencia); o NieR Automata hasta el final E (e incluso después de éste, el director Yoko Taro se atrevió a trollear con un doble guion para una serie de conciertos donde jugueteaba con la posibilidad de 9S muriendo y 2B deprimida).

El autor considera la posibilidad de la supervivencia o muerte de su creación, jugando a ser Dios. Los mensajes pueden llegar a ser totalmente distintos en el caso de que el protagonista sobreviva o muera: Cowboy Bebop, con Spike cargando con el hastío de vivir en este caso, o siendo liberado de su sueño en el de morir; Final Fantasy VII como triunfo de la naturaleza sobre la humanidad en el caso de su extinción, o con una mera derrota del mal (no sin pérdidas en el camino) si sobrevive; First Reformed, con un aprendizaje de equilibrio entre la esperanza y la desesperación si Toller vive, o completo nihilismo y que no hay salvación posible (ni para él ni para la humanidad) en el caso de su muerte.

Todos ellos tienen varios elementos en común, y es un cambio brusco en la técnica narrativa con respecto a cómo se iba contando hasta ese momento: la cámara en picado y moviéndose lentamente en Taxi Driver, la abundancia de tonos pastel en Cowboy Bebop, el fundido a negro y las risas de niños en Final Fantasy VII (juego totalmente exento de voces), el giro de cámara y brusco fundido a negro en First Reformed. Y, además, la introducción de un mensaje subliminal de corte espiritual: ¿La fuga del alma de Travis Bickle? ¿El ascenso de la misma de Spike Spiegel y la desaparición de su estrella o la formación de un sueño onírico? ¿Las risas de los niños en medio de la nada como metáfora de la Tierra Prometida? ¿Un milagro o la visión del Paraíso para Ernst Toller?

Final Fantasy VII empieza y termina (salvo epílogo) significativamente con este mismo plano. Squaresoft.

Debido a estos cambios bruscos, tanto en el contenido como en la forma, el espectador tiende a pensar, al menos en un primer momento, que lo que ve no puede ser real. Ergo, o es un sueño o es la muerte (o ambas). Y por eso nuestro pensamiento lógico nos lleva, en la mayoría de los casos, a creer que los personajes se están muriendo o han muerto; incluso cuando no es así (en todos los ejemplos expuestos el personaje o sobrevive –Taxi Driver, Final Fantasy VII– o existe la posibilidad de que lo haga –Cowboy Bebop, First Reformed-). Sin embargo, y salvo en el caso del videojuego de Squaresoft (posiblemente porque es el único que tiene una secuela oficial donde aparecen los personajes vivitos y coleando), en el resto de casos la opinión generalizada es que mueren.

En un ejercicio de disonancia cognitiva similar al que expone First Reformed con lo de la esperanza y la desesperación, el cerebro del espectador tiene que elaborar de forma algo más detenida cómo es posible la supervivencia del personaje en medio de un escenario que, narrativa y técnicamente, se aleja de lo que se había expuesto hasta el momento.

Puede que al final solo prevalezca y se de prioridad a la opinión que se forme el espectador en base a su estado anímico o incluso a su línea generalizada de creencias. Hay gente que directamente no soporta este tipo de finales por la frustración que puede llegar a generar su ambigüedad.

Lo «malo» en este caso, para los trabajos que suele tocar este blog, es que los japoneses adoran la ambigüedad (y es una de las bases del budismo zen, además de evitar así la ruptura de la armonía social). Sí, en esta entrada tocamos dos títulos occidentales, pero ambos son sacados de la mente de Schrader, un señor nada ajeno a lo nipón: suyo es el guion de Mishima, una vida en cuatro actos, además de ser un admirador del cine de Yashuhiro Ozu y de hacer guiños constantes a la cultura oriental, como Toller comiendo sushi y miso mientras se pregunta cómo el ser humano se priva tanto de placeres tan simples. Para muestra, lo proclives que son los JRPGs (género inherentemente japonés) a mostrar varios finales distintos.

El mono no aware, ese concepto estilístico también tan nipón, es muy propio de estas obras, donde se pone el foco en la impermanencia de las cosas y en la destrucción (muchas veces auto infligida). Es por ello que al final, tras su visionado, solo nos quede esa vaga sensación de melancolía, mientras se va formando en nuestro interior la extraña idea de que, para bien o para mal, esa conclusión va a rondar durante un tiempo (sino es siempre) en nuestra cabeza.

Japoneando Anime: Kimetsu no Yaiba (Segunda Temporada)

La adaptación a anime de Kimetsu no Yaiba (鬼滅の刃, conocida también como Demon Slayer o Guardianes de la noche, manga original de Koyoharu Gôtoge) está causando sensación allá por donde pasa por una impresionante animación del estudio Ufotable y por un ritmo vibrante que entretiene hasta a aquéllos no muy aficionados a la animación japonesa.

La segunda temporada, que ha finalizado recientemente, solo ha subido el listón dejado por la anterior y por la película El tren infinito, narrando el arco del Distrito rojo y contando con la introducción de nuevos personajes como Tengen Uzui (seiyuu Katsuyuki Konishi), Gyutaro (Ryôta Ôsaka) o Daki (Miyuki Sawashiro).

Tengen Uzui y sus tres esposas

Es un chiste recurrente a lo largo de la segunda temporada de Kimetsu no Yaiba que el nuevo pilar o hashira (柱), Tengen Uzui, tiene tres esposas que lo acompañan en sus misiones, a cada cual más bella y devota… Lo que puede resultar un tema espinoso se salva (más o menos) con una actitud totalmente respetuosa y equitativa por parte de Tengen hacia ellas (que tampoco parecen rivales, sino en armonía la mayor parte del tiempo).

Lamentablemente, no todas brillan en el anime por igual, y mientras que las más similares a Inosuke y Zenitsu (Makio y Suma, respectivamente) quedan relegadas a un tercer plano con componente meramente humorístico (sobre todo Suma); la más parecida a Tanjirô, Hinatsuru, hasta se presta a intervenir en la batalla final y todo (no por nada es la paralela al protagonista de la historia).

Tengen Uzui y sus tres esposas. Kimetsu no Yaiba (Ufotable).

El caso es que, componente humorístico o no, la poligamia se practicaba en Japón antaño (sistema que provenía de la China imperial, por cierto, y que también existía en Corea). No era una poligamia como podemos imaginar en base al modelo eurocentrista imperante en Occidente, pues el matrimonio en sí era una institución bastante distinta en el Japón feudal.

Para empezar, no había necesariamente una ceremonia oficial, como lo son las bodas. Tal como ocurre, por ejemplo, en el Genji Monogatari (escrito en el siglo X), el varón podían darse por casado con la mujer tras tres visitas al lecho, entregándose posteriormente unos pastelitos y haciendo banquete o san san kudo (三三九度). Tras esta «oficialización», los esposos ya podían verse a la luz del día y vivir juntos.

Un varón de clase alta podía llegar a tener hasta cuatro o cinco esposas y uno de clase baja hasta dos o tres, por lo que no resultaba una práctica extraña. En la época del Genji Monogatari, el mantener relaciones con una persona casada (fuera del sexo que fuera) no estaba mal visto y, si el marido dejaba de visitar a la mujer, se daba a entender que quería separarse y entonces ella podría casarse con otro.

También en esa misma época en Japón, la mujer poseía ciertos poderes y privilegios. Podían tener propiedades, por ejemplo, y no era extraño que el marido fuese a vivir a la casa de la primera esposa y no al revés. Este matrimonio con la mujer principal, por cierto, solía darse por motivos meramente económicos, como el que la familia quisiera subir de estatus o aumentar el patrimonio. Los matrimonios secundarios, en cambio, se solían dar más por puro placer del hombre. Además de éstos, seguían teniendo amantes (con las que no «oficializaban» ningún tipo de relación).

Uno de los episodios del Genji Monogatari cuenta cómo la mujer de Yûgiri, Kumoi no Kari, se encela al descubrir que su esposo está manteniendo relaciones con otra y se marcha con los hijos a la casa de su padre

A medida que avanzaba el tiempo en Japón se fueron suprimiendo las libertades que tenían las mujeres, y desde 1192 las mujeres pasaron a ser consideradas propiedad de las familias de los maridos, sirviéndoles para darles hijos y mantener algunos cuidados del ie de él. En 1232 se prohibieron las relaciones con mujeres casadas y en 1847, a punto de entrar en la era Meiji (1868-1912), se abolió el Código Civil anterior (que daba a entender eso, que las esposas solo estaban para parir vástagos y poco más).

Kimetsu no Yaiba se sitúa justo en Meiji, recién entrado el siglo XX, por lo que la poligamia ya no es tan habitual en Japón, y por ello se sorprenden Tanjirô o Zenitsu, que son jóvenes de la nueva época, ya muy influenciada por valores occidentales.

Yoshiwara, barrio del placer

El distrito rojo es el que da nombre a este arco del anime (y manga) de Kimetsu no Yaiba, siendo su representación por parte de Ufotable realmente esplendorosa (a la par que decadente). Este barrio de placer en Edo (antiguo nombre de Tokio) era conocido como Yoshiwara (吉原) y estaba localizado al norte de Asakusa.

A finales del siglo XVI e inicios del XVII, con la unificación de Japón y la llegada de una era de paz (tras largos períodos de guerras), fueron aumentando los castillo-fortaleza que favorecían (desde Oda Nobunaga) el libre comercio y, por lo tanto, la reunión de mercaderes en sus alrededores. Se fueron conformando así los núcleos urbanos, que a lo largo del período Edo (1603-1868) no dejaron de crecer.

Este crecimiento de comerciantes o clase chônin (町人), nuevos burgueses, fue así considerable y permanente a lo largo de toda la era. Si bien un chônin podía llegar a poseer bastante más riqueza que un samurái, la rígida pirámide social japonesa no admitía mucha movilidad (y por lo tanto el mercader o artesano siempre estaría por debajo del samurái).

Evidentemente, fuera de esta pirámide se encontraban las prostitutas, que podían proceder de todas las clases sociales. Mujeres endeudadas y/o vendidas por sus maridos, hasta que no pudiesen acumular lo perdido no podían salir de la prostitución.

Las prostitutas de alto rango, conocidas como oiran (花魁), tenían a su vez otra jerarquía, siendo las yûjo (遊女), con excepción de las hashi (prostitutas expulsadas), las del más inferior; y las tayû (太夫) las del más superior. Las oiran (como lo es Daki al inicio de la temporada) no se posicionaban en base al estatus social de la familia, sino según su belleza física y sus habilidades con las artes como la caligrafía o tocar el shamisen (a lo que aspira el pobre de Zenitsu para ascender…).

Se daba así toda una paradoja, pues si bien las prostitutas se encontraban fuera de la pirámide social y, por lo tanto, de los barrios céntricos de las ciudades; su poder e influencia fueron en aumento gracias al imparable ascenso de la burguesía urbana. Como se consideraba que el espacio de diversión del hombre pertenecía al terreno de lo público (y el de la mujer al de lo privado), que los comerciantes y artesanos visitasen el distrito rojo era algo legal y considerado hasta normal. Se creó así el llamando mundo flotante (浮世), el creciente ocio que tanto se ha visto retratado en el teatro kabuki y en los grabados.

Había otra realidad, mucho menos glamourosa, vinculada a este mundo de placer, y es el nacimiento de hijos bastardos de las relaciones con las prostitutas (las cuales, por cierto, no se dedicaban únicamente al placer sexual), los cuales llegaban al mundo ya condenados a una vida miserable y apartados, como sus madres, de la pirámide social. Como es el caso de Gyutaro y Ume.

Kimetsu no Yaiba. Ufotable.

Hasta aquí hemos llegado con esta nueva entrada de Japoneando Anime, la segunda dedicada a Kimetsu no Yaiba. No hemos abordado el mundo de los ninja o shinobi (clan al que pertenece Tengen) debido a que ya lo hicimos en su momento con el episodio de Yuffie de Final Fantasy VII: Remake. Por lo demás, qué mejor que seguir disfrutando de este entretenidísimo (y audiovisualmente hermoso) anime.

Para saber más…

GONZÁLEZ LAZO, Ana Valeria, «Tradiciones matrimoniales en Japón», en Creación y producción en diseño y comunicación, Año VII, Vol. 36, Marzo 2011, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas.

MORRIS, Ivan, El mundo del príncipe resplandeciente, Girona, Ediciones Atalanta, 2007.

PÉREZ RIOBÓ, Andrés y SAN EMETERIO CABAÑES, Gonzalo, Japón en su historia. De los primeros pobladores a la era Reiwa, Gijón, Satori Ediciones, 2020.

Hablemos del final de Belle (2021)

Belle (Ryū to sobakasu no hime, 竜とそばかすの姫) se estrenó el pasado verano en Japón y, tras un recorrido por festivales, finalmente ha llegado este fin de semana a América Latina (a cines de España lo hará el 18 de marzo). La última película de Mamoru Hosoda, de impecable belleza auditiva y visual, ha cosechado críticas mayormente positivas; sin embargo, por pecar de ambición temática (en prácticamente dos horas), su conclusión puede resultar confusa para algunos.

A partir de aquí, advertimos de que habrá SPOILERS de Belle.

¿Qué pasa con Kei y Tomo?

Empezamos por la cuestión que probablemente asomará en la cabeza nada más terminar la película: ¿Qué ocurre con los niños que estaban siendo abusados por su padre (siendo uno de ellos además la verdadera identidad de la Bestia)?

La respuesta corta es: no lo sabemos. La película se centra en Suzu/Belle (también llamada Bell) y en cómo ésta logra salir de la depresión y seguir adelante con su vida tras haber conocido a la Bestia/Kei en el mundo virtual de U. Una vez descubre la verdadera identidad de éste y que su padre es violento con él y con su hermano menor (quien por cierto parece tener algún tipo de neurodivergencia), acude en su ayuda sin pensárselo.

El problema viene cuando Suzu, de 17 años (quien además va sola a Tokio a enfrentarse a un extraño que es adulto y violento), tras hacer frente al agresor, inspira a Kei a enfrontar la situación y… regresa a su pueblo en Kochi.

Belle. Studio Chizu

Es posible que Kei y Tomo hayan acudido junto a ella a las autoridades (Suzu llega de vuelta a Kochi cuando el día ya está cerca del atardecer y está visiblemente curada de la herida en el rostro que le había hecho el progenitor de Kei). Pero también lo es que hayan regresado a la casa paterna (escribiremos más sobre la situación del abuso a menores en Japón más adelante).

El quiz de la cuestión es que el argumento central de la película no va de eso. No aborda (desde luego no en profundidad) la vida de Bestia/Kei, sino la de Suzu/Belle, y este círculo se cierra completamente. Gracias a lo cual, puede relacionarse satisfactoriamente con su padre y amigos como Shinobu.

Suzu se encontraba en una profunda depresión y con signos de evidente ansiedad cuando da inicio la película, debido a que cuando era pequeña su madre falleció al salvar a una niña desconocida. Sintiéndose desplazada y abandonada, al conocer a Kei y su sufrimiento, comprendiendo que la Bestia es en realidad un adolescente a quien no conoce DE VERDAD y que siente la imperiosa necesidad de ayudarlo, puede entender a su progenitora y pasar página.

En cuanto a Kei, dudamos muchísimo que Hosoda pretendiera frivolizar con él la cuestión del abuso infantil. Más bien, en este caso, Kei decide afrontar su (lamentable y desgraciada) situación gracias a que, contrario a lo que creía hasta ese momento, hay gente en el mundo que genuinamente se preocupa por él. Porque aparentar simplemente que se es fuerte y estoico mientras se aguantan los golpes en la espalda (literal y metafóricamente) no es el camino.

Curiosamente, en la novela en japonés que narra la película (escrita asimismo por Hosoda), Bestia/Kei siempre se refiere a sí mismo como ore (pronombre de yo en japonés referido normalmente a hombres adultos y de forma más ruda). Sin embargo, al final, tras conocer en persona a Suzu y decidir afrontar la situación, se refiere a sí mismo con el más infantil boku. Como recordando que no es más que un adolescente y que no debe cargar con el mundo y con el de su hermano menor a sus espaldas.

¿Hay romance en Belle?

Belle se inspira (de forma bastante evidente) en La bella y la bestia. Más concretamente, en la adaptación animada de Disney. Entonces, será una historia romántica… ¿no?

Pues lo cierto es que no. O no es un romance al uso, al menos. Belle de Hosoda se centra sobre todo en el amor, fuera de toda egolatría, que debemos sentir por nosotros mismos y por el prójimo. Suzu/Belle y Kei/Bestia se conocen y finalmente se inspiran el uno al otro para salir de su aislamiento autoimpuesto y seguir adelante.

No obstante, sí hay algo de romance en la película (pero recalcamos, lejos de ser el tema central). Los guiños a La bella y la bestia de Disney no son mero capricho audiovisual y siguen, muy a grandes rasgos, el mismo recorrido argumental:

  • Chica joven y algo incomprendida que vive con su padre acude a un misterioso castillo habitado por una bestia, sus rosas y sirvientes mágicos (que aquí también los hay).
  • La huraña bestia rechaza inicialmente la compañía de ella, pero poco a poco va aceptándola.
  • Hay una huida de ella (que es visualmente casi idéntica, sobre todo cuando discuten), donde es atacada y posteriormente rescatada por la bestia.
  • Luego un baile entre ambos donde florecen los sentimientos y que acaba tristemente.
  • Aparente desaparición de Belle/Bella del mundo y más tarde un pseudo secuestro de ella por parte de Justin y los suyos tras confrontarles sobre la bestia.
  • Un asalto al castillo por parte del enemigo de la bestia Justin (en referencia clara a Gaston) con incendio incluido.
  • Finalmente una resolución bajo la lluvia con verdadera identidad y confesión.

Belle. Studio Chizu

Lo que hace inteligentemente Hosoda es darle la vuelta a esta historia tradicional de La bella y la bestia y la torna en una cuestión mejor adaptada a la actualidad. No solo porque el papel de la protagonista ya no se limite a ser el interés romántico del mucho más complejo personaje masculino y que ésta por lo tanto lo «arregle».

La cuestión ya no es que el amor romántico soluciona por arte de magia cualquier cosa, incluso el despotismo de un hermoso señor feudal; sino que, como se diría en Klaus, «un gesto de amabilidad genera otro». Romántico o no.

Es verdad, no obstante, que hay un evidente vínculo entre Suzu/Belle y Kei/Bestia, pero éste se basa más en una identificación mutua (Kei también perdió a su madre y está deprimido), al menos en el punto de partida. Hay momentos claramente románticos como el baile y la confesión del final (y en la novela son descritos como koibito doushi (恋人同士) o pareja de novios); pero que la relación sea o no romántica queda abierto (y es totalmente secundario).

Máxime si tenemos en cuenta que Kei tiene todavía 14 años y Suzu 17 (que tampoco es para tirarse tanto de los pelos, que los protagonistas de Your Name tienen la misma diferencia de edad y a todos les encanta esa película). Y, sobre todo, que ambos han pasado por mucho y la recuperación es lenta (y, como se ha visto, va antes que el amor romántico y no a la inversa). Lo que pase en un futuro ya queda a la imaginación.

Belle. Studio Chizu

Por otro lado, tenemos a Shinobu, quien es el aparente interés romántico de Suzu en la vida real. Lo cierto es que en lo personal la mayoría de escenas de instituto me parecía que no añadían prácticamente nada a una película que versa sobre todo del papel de las redes sociales en la búsqueda de identidad adolescente; pero no dejan de ser encantadoras.

El interés de Suzu hacia Shinobu se hace evidente por los sonrojos de ella ante él y porque compañeras como Ruka asumen el susodicho (y no es desmentido por la interesada). No obstante, hay un par de cuestiones importantes sobre esto que refleja la película.

Una es lo mucho que influye sobre la construcción identitaria del adolescente (sobre todo en ellas) cuestiones como la popularidad: la clásica historia de la chica guapa con el chico guapo. Salta a la vista que Suzu siente envidia de la compañera popular (Ruka) y, de hecho, el diseño de Belle está inspirado en ella. Forma parte de esa falta de autoaceptación.

Como se muestra en tantos animes de instituto, los estudiantes se emocionan cuando la chica popular se junta con el muchacho ídem, siguiendo el ideal de Hollywood. Se nos vienen a la mente, por ejemplo, Fruits Basket o Code Geass, pero hay muchos. En Fruits Basket, Yuki no se supone que deba hacerle caso a Tohru, que es una mundana adolescente (y quien, al igual que Suzu, se sonroja ante las atenciones del muchacho). Pero lo hace y eso genera rencores y envidias en el resto de alumnas (como cierto momento en Belle).

Suzu situada claramente por detrás de Ruka. Belle. Studio Chizu

Hosoda aquí da otra vuelta de tuerca interesante: ni Ruka está interesada en Shinobu ni es rencorosa, más bien al contrario. Suzu y ella tienen una sana relación de cooperación. Por lo que se rompe con otro tropo tradicionalmente sexista.

El otro punto importante de la relación entre Shinobu y Suzu es que parte de la desigualdad. Él (compañero de primaria de ella) se encontraba presente cuando murió la madre de Suzu y, debido a su amable naturaleza, se siente responsable de su bienestar emocional y casi hasta del físico. Shinobu se convierte, de algún modo, en la «madre» de ella. Y ella se limita a sonrojarse avergonzada, soñando infantilmente con que aquello era una propuesta de matrimonio. Es la Suzu atascada en ESE momento traumático.

Es revelador que, una vez Ruka ha confesado que no le interesa Shinobu (Suzu ya no siente más la presión autoimpuesta de ser como ella) y que Shinobu le revela a la protagonista que sabe que es Belle; ella ya casi no se sonroja más ante él (incluso lo abraza espontáneamente tras terminar de cantar «A Million Miles Away»).

Para cuando terminan película y novela, Shinobu dice sentirse liberado de la responsabilidad de «vigilarla» y que se siente a gusto con su nuevo estatus de amigo. En la versión escrita, Suzu piensa que algún día quiere agradecérselo genuinamente. En este caso la posibilidad de que termine ocurriendo una relación romántica también queda abierta y es, en cualquier caso, secundaria.

Belle. Studio Chizu

Oz, U y el metaverso

Hosoda, quien ya ha dirigido películas que versan sobre la red como Digimon o Summer Wars, ha revelado en más de una ocasión que con Belle pretendía mostrar un mensaje positivo de las redes sociales, pues dice no entender cómo algo TAN introducido ya en nuestras vidas (especialmente en las de los jóvenes) no para de generar mensajes negativos y sobre lo dañino que puede resultar.

En Belle, la mega red social U (que ya vislumbraba, al igual que Oz, esa especie de metaverso que viene anunciando Mark Zuckerberg) sirve al final para salvar las vidas de dos adolescentes. Y para que la gente que se encuentra físicamente a kilómetros de distancia se conozca y pueda seguir relacionándose.

A pesar de que las escenas de instituto me parecieran algo innecesarias, lo cierto es que no lo son a la hora de mostrar cómo este mundo virtual, que ha venido para quedarse (y ampliarse) en nuestras vidas, lo contrasta y a la vez complementa.

Cuando pensamos justamente en esa especie de triángulo que se forma entre Suzu, Shinobu y Kei/Bestia, lo cierto es que estamos hablando de la vida de una adolescente que ya no se relaciona únicamente con el círculo cerrado de su instituto y barrio. Es la chica que le pone ojitos a su compañero de clase popular y que además conoce a alguien «especial» en la red, situación con la que seguramente muchos jóvenes se sientan identificados.

Por eso, Shinobu se mantiene toda la película llamando a Suzu por dicho nombre, mientras que para Kei siempre es Belle, incluso cuando ya la ha conocido en persona. Pensemos en esos amigos que hacemos por Twitter o similar bajo un nombre de usuario y que ya se quedan con él (al menos durante un tiempo).

La película hace reflejo además de cómo con las redes sociales lo que parece un mero hobby o un talento oculto ahora tiene mucha mayor llegada, incluso la posibilidad de reconocimiento mundial. Suzu es una simple muchacha que vive en un entorno rural, pero que canta como los ángeles (si su carrera en un futuro próximo sigue por ahí, acabará viviendo como una diva en Tokio). El mundo virtual ya no conoce barreras y lo amplía a límites insospechados.

Eso no significa que esté libre de peligros, claro. Ahí están Justin y su equipo de autodenominados justicieros, que a todas luces parecen personas adultas que abusan de autoridad sobre un grupo de críos (apoyados además por numerosos patrocinadores en nombre de marcas y corporaciones).

También se muestra de forma clara y sin contemplaciones lo brutales que pueden resultar las opiniones de los demás y linchamientos públicos en las redes, en esa especie de cazas de brujas que se forman; como cuando la gente opina tras la muerte de la madre de Suzu o el caso de Kei/Bestia. Pero a la postre, puede llegar a resultar en algo útil y saludable para quienes lo frecuentan.

Menores de edad y abuso en Japón

La revelación de la verdadera identidad de la Bestia, que ya hemos comentado, trae consigo el espinoso asunto del abuso a menores. En este caso, como hemos tratado, Kei y su hermano menor Tomo son maltratados por su padre viudo.

Hay una escena en Belle donde se muestra a Kei, tras haber sido maltratado por su progenitor, espetando a la pantalla que nadie los ayuda, a pesar de que digan lo contrario. Más adelante, una de las señoras del coro y amiga de la madre de Suzu llama a los servicios sociales para denunciar la situación y le responden que deben esperar 48 horas.

¿Es realmente tan terrible? Desgraciadamente, parece que sí. Según ha publicado el medio Nippon:

«El número de casos de maltrato infantil detectados en todo el país en 2020 aumentó un 8,2 %, hasta los 2.133 casos, y el número de niños afectados por el maltrato infantil aumentó un 9,1 %, hasta los 2.172, ambos máximos históricos».

Además, un panel de la ONU en 2019 expresaba su preocupación por «el alto nivel de violencia, explotación y abusos sexuales contra los niños en Japón». De entre ellos, la mayor parte procedían del hogar familiar y de la figura paterna o pareja de la madre en los casos de maltrato físico y de la propia progenitora en los psicológicos.

Ante esto, se ha solicitado al gobierno nipón que endurezca sus medidas contra los casos de maltrato infantil, pero hasta la fecha todo intento parece que ha caído en saco roto. Un lamentable asunto que evidentemente no puede abordarse en profundidad en solo un cuarto de hora de película (para eso recomendamos la espléndida -y dura- Nadie sabe (誰も知らない) de Hirokazu Koreeda).

Eso sí, Belle termina con una nota claramente positiva, por lo que Kei y Tomo estarán bien. Además, Bestia y Belle obviamente seguirán relacionándose en U, por lo que sería fácil percibir nuevamente que algo malo ocurre (máxime siendo Kei más abierto y comunicativo).

Belle. Studio Chizu

Japoneando Anime: Quién es quién en Heike Monogatari (2021)

Heike Monogatari (平家物語) fue uno de los anime de la anterior temporada y, de hecho, uno de los mejores títulos de todo 2021; no obstante, puede resultar complicado de ver y seguir para quienes desconozcan sobre este tramo de la historia japonesa, relatada de forma épica en el libro de mismo título. Por ello, vamos a repasar quiénes son los personajes principales en esta obra dirigida por Naoko Yamada (Koe no Katachi).

Avisamos que inevitablemente habrá spoilers (pues estamos hablando de acontecimientos históricos) y que no incluiremos a Biwa, al tratarse del único personaje que no existió en realidad y servir de representación de los biwa hoshi (琵琶法師), monjes ciegos que cantaban estos hechos.

Taira no Kiyomori (平 清盛, 1118-1181)

Empecemos por el patriarca de los Taira (también llamados Heike), Kiyomori, quien aparece con edad avanzada en el anime y, por lo tanto, con la cabeza rasurada al haber hecho tonsura (meterse a monje budista).

Hijo de un linaje de guerreros, Kiyomori fue el Taira que empezó a meterse a fondo en el mundo de la política, acumulando títulos para él y su prole e imitando el sistema que familias como los Fujiwara llevaban siglos haciendo: casar a las hijas con emperadores y con figuras relevantes para así hacerse con un mayor control sobre el heredero.

Por ello, el ambicioso y beligerante Kiyomori aparece retratado en el Heike de una forma bastante negativa, como ejemplo de que la avaricia acaba por consumirte y que los descendientes terminan recogiendo la siembra de un hombre que miró demasiado alto (tengamos en cuenta que el contexto en el que se narra esta obra es en el de un exacerbado budismo).

Como curiosidad, el Heike Monogatari contiene un capítulo entero dedicado a narrar el rumor de que Kiyomori podría ser en realidad un hijo ilegítimo del emperador Shirakawa, lo que le daría un toque aún más telenovelesco (e irónico) al asunto (pero que parece improbable por la cronología).

Momentos a destacar dentro del anime y que aparecían en el libro: la confrontación entre Kiyomori y su primogénito Shigemori, su reacción ante la muerte de éste último, su propio fallecimiento castigado por los dioses y ardiendo en el infierno del Avici (pero no por ello dejando de desear que le traigan la cabeza de Yoritomo).

Taira no Kiyomori. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Shigemori (平重盛, 1138-1179)

El héroe principal de libro y anime… al menos al principio, ya que se muere antes de llegar a la mitad. El «Ned Stark» (estaría mejor dicho a la inversa) de la obra, es el padre de familia bueno, honrado, justo y virtuoso que no puede impedir que las cosas se tuerzan.

Probablemente el Heike destacó y exageró sus virtudes con la intención de enfrentarlo temáticamente a su padre Kiyomori y como muestra mayor de que nada permanece en este mundo (la transitoriedad propia del budismo), ni tan siquiera lo más merecedor de ello. La pérdida de Shigemori supone el inicio de la caída en desgracia de los Taira.

En realidad, parece (y es probable) que Shigemori no era tan bondadoso, si bien son varias las fuentes que lo pintan con simpatía. El complicado lugar que le tocó ocupar, como primogénito de Kiyomori, pero con una familia materna de menor calado que la de sus hermanos menores (en el Japón -y Asia- antiguo la poligamia era válida); y casado a su vez con una hermana de Narichika (noble que intenta traicionar a los Taira y es exiliado -y asesinado-), lo hicieron volverse templado y salomónico.

Momentos a destacar dentro del anime: cuando conoce a Biwa, cuando hace frente a su padre con tal de defender al emperador, su inesperado (pero deseado por él) fallecimiento.

Taira no Shigemori. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Koremori (平 維盛, 1158-1184)

Primogénito de Shigemori y por lo tanto nieto de Kiyomori. Era reconocido por su belleza, comparada con la del príncipe Genji, y por su elegancia. Sin embargo, al parecer no fue tan ducho en el arte de la guerra.

Koremori es, para mí, uno de los personajes más interesantes de toda la obra (anime y literaria), pues es la representación del joven sensible (que es tachado de cobarde), demasiado apegado a este mundo (ni tan siquiera es capaz de convertirse en monje budista «del todo», pues siempre anhela volver a ver a su mujer e hijos).

Es el epítome de la tragedia por cargar con problemas mentales como la ansiedad, el estrés postraumático y la depresión, entre otros. Su final es desgarrador.

Como curiosidad, historiográficamente se ha puesto en duda que Koremori en realidad se convirtiera en monje y se suicidase; algunos creen que incluso huyó a otra provincia y cambió de nombre. En el anime hacen un par de guiños a estas hipótesis, cuando Munemori se cuestiona si su sobrino se ha ocultado para salvarse él solo; y cuando Biwa le sugiere que abandone la idea de matarse y empiece de nuevo con otro nombre otra vida.

Koremori tuvo dos hijos, siendo el varón conocido como Rokudai (平六代), quien logró sobrevivir a los Taira… por un tiempo, siendo ejecutado ya de adulto, una vez fallecido Yoritomo.

Momentos a destacar dentro del anime: ¿todos? Su primera batalla seria, cruzando el río junto a su tío Shigehira, la devastadora derrota frente a Yoshinaka, la despedida de sus hijos (más prolongada y triste en el libro), su suicidio.

Taira no Koremori. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Sukemori (平 資盛)

Hijo de Shigemori y hermano menor de Koremori, en el anime es retratado como el amigo más cercano de Biwa. Es presentado en la obra siendo un niño, quien con la intención de impresionar a su abuelo Kiyomori en una entusiasta sesión de caza le falta al respeto al gobernador Motofusa, por lo que es seriamente reprendido por su padre. A medida que avanza la trama crece junto a sus hermanos y se convierte en un joven aguerrido.

Fallece, al igual que casi todo su clan, tras la derrota en la batalla de Dan-no-Ura.

Shigemori tuvo en realidad más hijos, pero en el anime solo son mostrados realmente Sukemori, el ya mencionado Koremori y en menor medida Kiyotsune, el tercero de sus vástagos junto a Fujiwara no Keishi y cuya muerte inspiró una obra de Zeami para el teatro nô.

Como guiño, en la serie lo muestran teniendo un affaire con una de las damas de Tokuko llamada Iko, quienes podrían haber sido los padres de Chikazane, el último Taira y antepasado de Oda Nobunaga (según éste último).

Momentos a destacar dentro del anime: sus escenas con Biwa son de tono más ligero y humorístico, dando un respiro entre tanta intriga y tanto drama.

Taira no Kiyotsune, Biwa y Sukemori. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Munemori (平 宗盛, 1147-1185)

El segundo hijo de Kiyomori y hermano menor de Shigemori, con quien mantiene cierta rivalidad por ver quién liderará el clan una vez fallezca el patriarca (pues Munemori es hijo de la esposa principal, Tokiko). Munemori sirve para retratar la decadencia de los Taira, lo que queda tras la desdichada desaparición del dechado de virtudes que fue Shigemori.

Aún así, el anime lo caricaturiza bastante, siendo el personaje que más sufre en esta adaptación (aparte de los Minamoto, que veremos a continuación). El libro del Heike Monogatari al menos describe a Munemori como algo atractivo y se le da cierta importancia a su prole, que aquí ni aparece.

Taira no Munemori. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Tomomori (平 知盛, 1152-1185)

El hermano menor de Shigemori y Munemori, quien cobra especial protagonismo al liderar la batalla de Dan-no-Ura (anteriormente, ya había salido victorioso en alguna otra confrontación marítima contra los Minamoto).

En el anime, si bien no aparece mucho, hace de personaje cachas y con cierto carisma por su simpleza y buen humor.

Momentos a destacar dentro del anime: su final, cuando se lanza heroicamente al mar atado a un ancla.

Taira no Tomomori y Antoku. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Tokuko (平 徳子, 1155-1214)

El personaje femenino más importante de la adaptación a anime es la hija de Kiyomori y hermana de Shigemori. Es el epítome del sufrimiento y el martirio en vida, que en la adaptación moderna se ve acentuado por su condición de mujer.

Casada a los 16 años con el emperador Takakura, por motivos puramente políticos (el clan Taira se acerca así aún más a la Corte); termina enamorándose (en el anime) del marido, si bien no siempre es correspondida. Después de dar a luz al futuro emperador, Antoku, jura protegerlo (y no le sale bien). Tras huir de aquí para allá junto a su familia, intenta suicidarse tirándose al mar tras perder en Dan-no-Ura, pero la salvan agarrándola de su larga cabellera. Finalmente, se mete a monja y pasa su vida (porque encima muere de anciana) rezando por la salvación de su familia.

Tokuko es así el personaje por el que más se sufre, pues, tras conocer brevemente lo que son la opulencia y la dicha, le ocurren todo tipo de desgracias (y ella misma lo dice). Al menos Koremori logra suicidarse, pero ella ni eso. Además, la retratan como alguien inteligente y justa, por lo que probablemente, una vez fallecido Shigemori, hubiese sido una mejor líder del clan que sus hermanos (varones) mayores.

Momentos a destacar dentro del anime: cuando conversa con Biwa sobre su situación y la de su hermana menor (casada a los 9 años y viuda a los 11) por ser mujeres, cuando se opone a los deseos de Kiyomori, tras fallecer Takakura, cuando se exilian bajo la lluvia, el final.

Taira no Tokuko. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Emperador Antoku (安徳天皇, 1178-1185)

Hijo de Taira no Tokuko y del emperador Takakura, nieto por lo tanto de Kiyomori y de Go-Shirakawa. Por presiones de su abuelo materno ascendió al trono con solo dos años, por lo que la familia de la madre era la encargada de gobernar realmente (lo que ahondó en el enfrentamiento con Go-Shirakawa).

Evidentemente, al morir con solo 6años de edad, la serie solo lo retrata como un niño pequeño, interesado más en jugar que en otras cosas. Por el mismo motivo, su muerte, arrojándose al mar junto a su abuela materna para impedir que el bando enemigo los haga prisioneros y se queden con los Tres Tesoros imperiales, resulta de lo más estremecedora.

https://www.youtube.com/watch?v=b39Dqvp9NMU

Taira no Shigehira (平 重衡, 1158-1185)

Mi Taira favorito es el menor de los hijos de Kiyomori y, por lo tanto, el que parece que pasa más de puntillas… y, sin embargo, es retratado como el que sería más similar a Shigemori (de hecho, los diseños de ambos en el anime son prácticamente iguales). Curiosamente, no hace acto de presencia hasta que no desaparece el susodicho.

Al ser el menor, por no tener aparentemente responsabilidades sobre el clan tan grandes como sus hermanos, Shigehira es retratado tanto en el libro como en la serie como alguien más despreocupado (en principio…), quien gusta de gastar bromas y pegar sustos a su mujer y de tocar la flauta.

Su estreno en el campo de batalla resulta además victorioso, pero, al igual que ocurriera con Shigemori, sus tropas se descontrolan y acaban dañando los templos (hasta el punto de arrasar con Nara); algo que las divinidades y monjes no están dispuestos a perdonar… Por ello, Shigehira quedará atormentado y sentirá culpabilidad por estos hechos.

Lamentablemente, el anime no muestra qué ocurre con Shigehira tras ser hecho prisionero por las tropas de Yoritomo en el campo de batalla. El Minamoto queda bastante prendado de la lucidez y buen juicio del Taira, pero finalmente se convence de que debe entregarlo a los monjes, que piden su ejecución. La despedida entre Shigehira y su mujer, Sukeko (ama a su vez de Antoku, ya fallecido), es de los capítulos más conmovedores del Heike y narrado también por el monje Jien en el Gukanshô (愚管抄).

Taira no Shigehira. Heike Monogatari (2021), Science Saru.

Taira no Atsumori (平 敦盛, 1169-1184)

Atsumori es uno de esos claros ejemplos en la historia (de tantos que hay) de personaje que se da a conocer por su forma de morir más que por cómo vivió.

Primo de Shigemori y de sus hijos, ducho con la flauta y ansioso por batallar contra los Minamoto, un joven Atsumori se lanza al combate contra las tropas de Yoshitsune. Obligados los Taira a huir debido al atrevimiento del joven Minamoto (quien se lanza al ataque sorpresa a caballo por el acantilado de Icho-no-Tani), Atsumori es detectado en la orilla por un samurái rival de nombre Kumagai no Jirô Naozane, quien lo reta a un duelo.

Ambos combaten y Naozane, más experimentado y fuerte, lo derrumba, descubriendo el rostro de un adolescente y hermoso Atsumori. Conmovido por la juventud de su oponente, Naozane duda si ejecutarlo; pero el Taira le insta a terminar el combate y a no dejarlo con la deshonra.

Esta historia del combate entre Naozane y Atsumori ha sido inmortalizada por obras de teatro nô, bunraku y kabuki, por lo que evidentemente aparece bellamente representada en el anime.

Minamoto no Yoritomo (源 頼朝, 1147-1199)

Llegamos al clan de los Minamoto o Genji, otra familia de guerreros y principales rivales de los Taira, hasta el punto de que el padre de Yoritomo, Yoshitomo, fue ejecutado por levantarse contra estos, mientras que su hijo fue exiliado. Fue Kiyomori quien indultó a Yoritomo, lo que le traería no pocas desgracias.

El que se erguiría como líder de los Minamoto encontró un gran apoyo en su esposa, Hojô Masako (quien aparece como verdadera líder en las sombras en el anime y en multitud de obras posteriores) y en la familia de ésta, con quienes inició otro levantamiento contra los Taira, que esta vez culminó en éxito. Yoritomo fue así el iniciador del liderazgo militar o bakufu y shogunato Kamakura. 

En el anime, lamentablemente no es que aparezca mucho y, cuando lo hace, es claramente caricaturesco, como un hombre pusilánime e indeciso quien en realidad es dominado por su esposa. Quizás se deba a lo interesante que resulta la figura de Masako, quien hiciese asimismo de regente tras fallecer su marido y sucederle su hijo Yoriie.

Minamoto no Yoritomo. Heike Monogatari (2021), Science Saru

Minamoto no Yoshinaka (源義仲, 1154-1184)

Primo de Yoritomo y Yoshitsune, cuyo padre Yoshikata fue asesinado por Minaoto no Yoshihira. Huyó a la provincia de Shinano siendo un niño pequeño y se crio allí, entre las montañas de Kiso (de donde luego sacaría su otro nombre). Por esto, en el anime aparece retratado como un hombre bruto y de maneras burdas, que trepa árboles como un mono y que se asemeja más a un bandolero que a otra cosa.

En realidad, el verdadera Yoshinaka, si bien es tachado de cafre en el Heike (todo lo que se alejara de la elegante capital Heian/Kioto era considerado burdo), distaría bastante de ser una especie de Son Goku, pues no obstante fue educado entre altas familias de samuráis.

Al crecer, Yoshinaka se unió al clan principal Minamoto y obtuvo sonoras victorias frente a Taira no Koremori, logrando tomar la capital y expulsar de ella a los Taira. Su meteórica carrera se estrella al ejercer abuso de poder en Kioto e intentar secuestrar al emperador Go-Shirakawa. Al final, sus primos Yoritomo y Yoshitsune optaron por deshacerse de él, logrando su asesinato en la batalla de Awazu.

A su lado en el anime podemos ver (como cameos) a su fiel acompañante Imai Kanehira (también diseñado como si fuese un bandolero matón) y a la mujer guerrera Tomoe Gozen.

Minamoto no Yoshinaka. Heike Monogatari (2021), Science Saru

Minamoto no Yoshitsune (源 義経, 1159-1189)

Llegamos a la gran figura del héroe japonés, su Cid Campeador (pero a lo bestia) patrio. Ríos de tinta se han escrito sobre este personaje, quien además ha protagonizado obras de teatro, películas, videojuegos, etc. Se ha llegado a decir (sin fundamento, claro) que Yoshitsune era Gengis Kan.

Hermano menor de Yoritomo, al igual que éste fue exiliado cuando era un bebé al monte Kurama. Se sabe realmente poco de sus años de infancia y adolescencia, pero siendo muy joven se unió al levantamiento contra los Taira y pronto destacó por sus habilidades en combate, llegando a ser general.

Yoshitsune (y con él los Minamoto) derrotaron así a los Taira en varias batallas, pero especialmente en la de Dan-no-Ura, en la que fallecieron casi todos los miembros del clan y que puso fin a las guerras Genpei.

Yoshitsune es el único Minamoto que aparece retratado con algo de gracia en el anime, siguiendo la versión (posterior, del siglo XV aprox.) de que se trataba de un muchacho apuesto (en verdad, las descripciones de la época hablan más bien de alguien bajito y con los dientes para fuera). Incluso le dedican un guiño a su historia de amor con la shirabyôshi (bailarina cortesana que vestía con ropas masculinas) Shizuka Gozen.

El anime ya no lo cuenta, pero Yoshitsune nunca llegó a ser aceptado e incluido totalmente por Yoritomo en el núcleo familiar, temiendo su imparables carrera y popularidad. Finalmente, se vio obligado a huir después de que su hermano mayor pidiese su cabeza. Tras un tiempo exiliado, al ver que no le quedaba escapatoria, Yoshitsune optó por suicidarse junto a su mujer e hija.

Minamoto no Yoshitsune. Heike Monogatari (2021), Science Saru

Emperador Go-Shirakawa (後白河天皇, 1127-1192)

Según los preceptos confucianos, al emperador se le debe devoción y lealtad casi absolutas, algo que expone el Heike Monogatari de forma bastante clara, pues aunque sea el propio Go-Shirakawa quien iniciase un levantamiento contra los Taira, éstos no deben alzarse contra él. El ejemplo perfecto lo encontramos en el momento en el que Shigemori se enfrenta a su padre por intentar éste último arrestar a Go-Shirakawa (quien a todas luces había incitado una rebelión).

No es la única vez que Go-Shirakawa confronta a los Taira, pues es asimismo quien da potestad a los Minamoto para tumbar a este clan y quien nombra un emperador alternativo a Antoku en otro nieto. Y, sin embargo, Tokoku no parece guardarle rencor al final de la serie, en otra muestra máxima de piedad y devoción.

Go-Shirakawa fue en verdad emperador entre los años 1155 y 1158, cuando juró votos budistas y se convirtió en el emperador enclaustrado (que no deja totalmente el poder, sino que actúa como una forma de regente). Lo fueron sucediendo hasta cinco emperadores distintos (que fallecieron antes que él), hasta llegar a su nieto Go-Toba.

Tal como se muestra en el anime, Go-Shirakawa fue una figura que gobernaba en las sombras, que cambiaba de alianzas y que inicialmente apoyó a Kiyomori (de hecho, una de sus esposas y madre de Takakura fue Taira no Shigeko)… hasta que éste comenzó a acumular demasiado poder. Era además un apasionado de la poesía imayo.

Emperador enclaustrado Go-Shirakawa. Heike Monogatari (2021), Science Saru

Emperador Takakura (高倉天皇, 1161-1181)

Hijo y sucesor de Go-Shirakawa; marido de Taira no Tokoku, con quien se casó al cumplir 10 años (ella tenía 16); y padre de Antoku. Takakura en realidad gobernó más bien poco, pues al poco de nacer su hijo el clan Taira lo presionó para que abdicase a su favor, pasando a ser conocido como el emperador retirado.

Según los relatos del Heike, Takakura era un dechado de virtudes; pero la serie se aproxima a él de una forma más bien tibia (si bien resalta su amabilidad -hacen guiño al episodio de los criados quemando las hojas de arce, su árbol favorito, para calentar el sake- y sensibilidad), con la intención de hacer aún más sufrida a Tokoku.

Takakura tuvo otras esposas, como era costumbre en la época, de una de las cuales, Shokushi, nació el otro emperador Go-Toba. El libro dedica además capítulos a otras amantes, como la criada Aoi (que ni aparece) o Kogô (esta sí hace un cameo).

Emperador Takakura. Heike Monogatari (2021), Science Saru

Heike Monogatari (2021), espectacular y breve anime sobre la mayor epopeya japonesa

Dos días es lo que hemos tardado en vernos los once capítulos que componen el reciente anime sobre el Heike Monogatari (平家物語), epopeya medieval japonesa del siglo XIII que narra el ascenso y caída del clan Taira y su enfrentamiento con los Minamoto.

Una obra de tal magnitud (la que tenemos en español gracias a Satori ocupa más de 700 páginas) no es de fácil adaptación, mucho menos en solo once episodios. Y, sin embargo, el estudio Science Saru y la directora Naoko Yamada (habitual de Kyoto Animation) se las han apañado de algún modo parar ofrecernos un título que narra, muy resumidamente (evidentemente), los episodios más importantes del Heike Monogatari.

El clan Taira (también conocidos como Heike) son un grupo de guerreros cuyo actual patriarca, Kiyomori, los va adentrando cada vez más en la política y en el mundo de la Corte; aunque para ello tenga que ir utilizando a su prole como peones. Cada vez más poderosos y con mayor número de enemigos (empezando por el propio anterior emperador, Go-Shirakawa); una vez entran en conflicto con el clan Minamoto (o Genji), se van viendo más acorralados.

A pesar de la cantidad de personajes que pululan por el Heike (algunos de ellos aparecen como meros cameos, con suerte), les llegas a coger aprecio a algunos de ellos, sobre todo si (sabiendo algo de historia y cultura niponas), prevés lo que está por venir. Es el caso, por ejemplo, del emperador-niño Antoku o el bello y joven Atsumori, protagonista de obras de teatro venideras.

Heike Monogatari (2021). Science Saru.

Una gran epopeya histórica

Como es habitual con la historia japonesa, de larga tradición oral, ésta confluye con el mito en no pocas ocasiones. Es el caso también del Heike Monogatari, narrada por bonzos (similar a los trovadores) ciegos que cantaban estos acontecimientos junto a la biwa.

Biwa es precisamente el nombre del personaje principal de esta adaptación a anime, el único no histórico en los once capítulos. Si bien es comprensible su inclusión como forma de añadir una mirada externa a los acontecimientos, sumado a la hermosura de las escenas es las que narra/canta, nos preguntamos si su omisión no hubiese favorecido la acelerada narrativa (en especial para aprovechar un mayor lucimiento de personajes que pasan de puntillas).

Al fin y al cabo, Biwa no es que afecte realmente a ninguno de los sucesos (no puede, pues estamos hablando de un anime histórico); y para una vez que lo hace nos cuestionamos si era realmente necesario.

El caso de un posible mayor lucimiento aparece con mayor fuerza con los miembros del clan Minamoto, que son meras caricaturas (cuando no cameos) aquí. El líder, Yoritomo, es simplemente un indeciso dominado por su mujer (Hôjô Masako, otro personaje de lo más interesante en la historia nipona, por cierto); mientras que a Yoshinaka lo muestran como un paleto que ronda los bosques cual bandolero.

Heike Monogatari (2021). Science Saru.

Si bien muy a grandes rasgos estos retratos son certeros, estamos hablando de personajes de la magnitud de Yoshinaka y (sobre todo) Yoritomo, quien sirviera como modelo a shogunes posteriores. Merecían algo más que ser  Son Goku y Juan Cuesta (Aquí no hay quien viva), respectivamente.

Yoshitsune, el gran triunfador de las guerras Genpei, sale algo mejor parado; pero su historia posterior con su hermano Yoritomo es asimismo digna de ser contada, no dando tiempo a ello (además se entiende que los protagonistas aquí son los Taira).

No obstante, el breve arco en el que Biwa se aleja de los Heike y conoce a unas shirabyôshi, entre las que se encuentra la que será amante favorita de Yoshitsune, Shizuka Gozen, es aquí desaprovechado.

Los Taira salen mucho mejor parados, pero de forma desigual. Brillan especialmente Kiyomori, Tokuko, Shigemori y Atsumori, seguidos a cierta distancia por Shigehira y Koremori. El resto en verdad pasan más de puntillas y alguno como Munemori queda estereotipado casi al nivel de los Minamoto.

Heike Monogatari (2021). Science Saru.

Las campanas del templo de Buda llevan el mensaje

Quienes hayan leído hasta aquí se habrán dado cuenta de que conviene dominar un poco de la historia japonesa (al menos la de este período) para no perderse totalmente en esta adaptación. Algo lógico, teniendo en cuenta que se tratan solo de once capítulos repletos de datos importantes.

Hay que apreciar especialmente el trabajo que se han tomado reflejando en la animación, con bastante realismo, cómo se vivía en el siglo XII en Japón. Para ello han contado con asesores históricos como Yoshihiko Sata, gracias a quienes podemos apreciar vestimentas, peinados, formas de transporte, de entretenimiento, de combates y del hogar; al menos entre la nobleza.

Resulta así interesante ver  pulular entre ellos a otros personajes propios de la época como las mencionadas shirabyôshi, cortesanas especializadas en la danza y el canto que dieron lugar a más de un amorío con grandes figuras; frente a la austeridad y vida tranquila (alejadas de los hombres) de las monjas budistas.

Otro gran acierto es el retrato poético y hasta cierto punto lírico de la frugalidad y transitoriedad de las cosas y de la vida, conceptos todos ellos muy vinculados al budismo imperante de la época. El mismo Heike Monogatari está impregnado de este sentimiento e iba dirigido principalmente a una clase samurái dominante demasiado consciente de la fina línea entre la vida y la muerte, el éxito y el fracaso.

Heike Monogatari (2021). Science Saru.

Pues el Cantar de Heike es básicamente la historia del meteóricos ascenso y caída de un clan, al más puro estilo El Padrino de Mario Puzo en siglos posteriores. De ellos solo queda el recuerdo en forma de heroicas epopeyas.

Por cierto, que las canciones narradas con la biwa de fondo resultan aquí de lo más hermosas, gracias a la labor del compositor Kensuke Ushio y del supervisor de temas con biwa Yukihiro Gotô.

No podemos terminar esta reseña sin mencionar los bellísimos dibujo y animación de toda esta serie. Los escenarios son ilustraciones y los personajes se mueven todos ellos de forma fluida, siguiendo diseños similares a los que aparecen en pinturas históricas (no hay aquí colores estridentes ni figuras imposibles propias de otros anime).

En definitiva, la adaptación a anime de Heike Monogatari es un esfuerzo mastodóntico para resumir, con cierto éxito, cientos de páginas de narraciones orales en once capítulos de algo menos de media hora cada uno. Si amas la historia o cultura japonesas, es un imperdible (aunque si no sabes nada previamente es probable que te pierdas un poco en el camino). Y además es hermosísima.