Hablemos de Reiner Braun (Shingeki no Kyojin, Ataque a los titanes)

La última temporada de Ataque a los titanes (conocida también por su título japonés, Shingeki no Kyojin o en inglés Attack On Titan) se ha estrenado hace poco más de una semana en Crunchyroll, por lo que oficialmente ha dado comienzo la sesión de encarnecidos debates y comentarios sobre Eren bueno/Eren malo, aves, obra maestra/final nefasto, Mikasa mejor/peor personaje, etc.

Pero he decidido ponerme a escribir sobre Reiner Braun (que tampoco es ninguna novedad, hay tropecientos mil análisis de Reiner), básicamente porque es uno de los factores por los que, para mí, la obra de Hajime Isayama ha ido de menos a más. Avisamos de que habrá SPOILERS de Shingeki no Kyojin (tanto del manga como del anime).

Reiner es precisamente ese personaje que va in crescendo (luego podremos debatir sobre si su final le hace o no justicia): del clásico senpai con aspecto guaperas y fuerte que parece sensato y que torna de figura de hermano mayor del protagonista (Eren) a traidor (siempre lo fue) acomplejado con trastornos mentales que básicamente espera su muerte (todo esto casi que también estuvo ahí desde el principio).

Para introducir brevemente al personaje, Reiner es un natural de Marley, nación que históricamente ha intentado someter a la isla de Paradis (de donde son Eren, Mikasa y los demás). Convertido en titán acorazado tras ser entrenado en el ejército, Reiner es enviado con 12 años y junto a sus compañeros a una misión secreta para recuperar al titán fundador, que se halla en Paradis. Para ello, acabarán infiltrándose entre sus habitantes, pasando así los años, creciendo y luchando junto a ellos…

Reiner Braun haciéndose el cool (Shingeki no Kyojin, MAPPA)

Reiner y la misión del héroe

A medida que va avanzando la trama de Shingeki no Kyojin, percibimos que algo no cuadra con Reiner; por momentos parece que está perdiendo la cabeza. Algo normal, claro, si tenemos en cuenta que es básicamente un niño-soldado que se encuentra constantemente en situaciones de vida o muerte (y que ha visto a montones de compañeros siendo tragados por titanes monstruosos). Hasta ahí todo bien.

Luego llega el momento de la revelación, cuando el propio Reiner, sin venir a cuento y con voz aparentemente sosegada (pero quien claramente se encuentra en medio de una crisis nerviosa) le confiesa a Eren que él, Bertholdt y Annie son los titanes acorazado, colosal y hembra, respectivamente.

Claro, se desata una hecatombe ahí con una serie de peleas e intentos de secuestro de Eren, Ymir e Historia (aunque ésta última, más que secuestro, es de despedida por parte de Ymir) que ya no paran hasta bien adentrada la tercera temporada (la revelación de Reiner ocurre hacia la mitad de la segunda). Muerte de Bertholdt (mejor amigo de la infancia de Reiner) de por medio.

Es decir, Reiner no llega al que descubrimos (como espectadores) que es su hogar hasta ya iniciada la cuarta (y última) temporada, tras haber estado desde los 12 años en una isla desconocida, aislada y a cuyos habitantes han sido adoctrinados para odiar. Es prácticamente imposible no quebrarse psicológicamente de alguna manera ante un panorama así (tengamos en cuenta que los otros dos compañeros de Reiner que han pasado por algo similar -Bertholdt y Annie- han sido asesinado y secuestrada/autoinducida en coma, respectivamente, para entonces).

Shingeki no Kyojin, WIT Studio

Pero es que además, contrario a cómo se nos lo presenta, Reiner está lejos de ser la figura heroica. Él mismo se percibe así (o aspira a serlo) como una forma de autodefensa, pues como se nos demuestra más adelante, en realidad era básicamente un paria entre los suyos.

Para los familiarizados con Final Fantasy VII, el arco de Reiner se asemeja a grandes rasgos al de Cloud Strife: ambos nacen en una familia compuesta por él y su madre; son algo así como los parias del pueblo; al llegar a la adolescencia, con tal de ganarse el respeto y admiración de los suyos, se meten al equivalente del ejército (donde, adivina… también son unos parias); ascienden a la clase superior de guerreros movidos por un engaño que parte de un compañero/amigo (Zack/Marcel), el cual luego se sacrifica para salvarles la vida (algo que termina por quebrar su ya frágil estado mental y que da inicio a una cierta crisis de identidad). Reiner, como Cloud, solo aspira a ser reconocido por los suyos, aunque para ello tengan que cumplir la tradicional misión del héroe (y morir en el intento).

Reiner con 12 años (Shingeki no Kyojin, MAPPA)

Tanto Cloud como Reiner luchan en cierto momento en el bando del opresor, movidos por esta aspiración y por cierta admiración hacia figuras superiores (en el caso de Cloud, esta es más concretamente Sefirot). Ambos tardan en percibir lo dañino de sus causas; pero mientras Cloud se posiciona directamente junto al bando que lucha por la liberación (Avalancha); Reiner se ve arrastrado, por presión social (y porque sabe que con el poder del acorazado tarde o temprano morirá) a continuar entre las filas de Marley.

Prosigue así el autoengaño, pero de forma cada vez más frágil. Al regresar a su país natal (con otro fracaso sumado a sus espaldas), tras lo vivido en Paradis, Reiner se mueve ya básicamente para proteger a sus seres queridos (y sabe que la visceralidad de Gabi no está bien, pero es su pariente y, además, uno de los pocos seres vivos que genuinamente lo admiran). Su psique en cualquier caso sigue tan dañada (estrés postraumático, culpabilidad y esas cosas) que intenta suicidarse en varias ocasiones.

La figura del antagonista fracasado

Reiner se yergue, desde los inicios de Shingeki no Kyojin (cuando era el misterioso titán acorazado), como una figura antagónica (más visceralmente antagónica) de Eren, protagonista de la serie.

El contraste entre ambos es notorio, ya partiendo de sus diseños: Reiner es alto y fornido, rubio (pelo corto), con rasgos más típicamente duros de típico hombre atractivo caucásico (entre las influencias de Isayama para su creación estuvo David Beckham); mientras que Eren es más delgado y de estatura media, moreno, pelo más largo (especialmente al final) y, si bien es claramente también caucásico, entra más en el arquetipo de bishônen asiático.

Eren y Reiner se enfrentan varias veces a lo largo de la trama, tanto física como psicológicamente. El primero, si bien es impulsivo e irascible, es claramente más cool que el segundo (curiosamente, al inicio de la obra se presenta de forma opuesta), quien acaba transmitiendo sensaciones más cercanas a la lástima y al patetismo.

Incluso en el apartado romántico (si bien Shingeki no Kyojin aborda el romance muy de pasada y no siempre con éxito) acaban siendo opuestos: Eren siempre tendrá el amor incondicional de Mikasa; mientras que Historia probablemente viva ignorante a los sentimientos de Reiner.

El final de Reiner, su última escena, es precisamente muy representativa de su personaje y de este último aspecto: oliendo la letra de Historia (casada con un señor cuya identidad desconocemos) en una carta. Escena que da repelús donde las haya, uno se cuestiona si Reiner no se merecía algo mejor (aunque sea muerto, como Eren).

Francamente, creo que, muy a su pesar, Reiner nunca fue hecho para ser el héroe… pero ni falta que le hace. Una vez acepte su verdadero ser, ese que admira Gabi, quizás pueda llegar a ser algo feliz y realmente cool (el aspecto lo tiene). Pero esa no es la historia de Shingeki no Kyojin.

Y esta es la última vez que vemos a Reiner Braun (Shingeki no Kyojin, Hajime Isayama)

Final Fantasy VII y la retórica sobre el pasado

Los JRPG (Japanese Rol Playing Game) han puesto siempre el foco sobre los personajes; o el personaje aunque sea. Es esencial para que el jugador pueda sumergirse en esos mundos fantásticos, que la mayor parte de las veces abordan problemas y temáticas universales (aunque, siendo japoneses, la entrada a la madurez y el camino del héroe les gana a todas por goleada); para que podamos empatizar y sobre todo dejarnos llevar por las emociones, otros de los pilares del género.

Final Fantasy VII no es ajeno a este contexto; de hecho es uno de sus aspectos más recordados: sus personajes son generalmente queridos en todo el mundo y nombres como Cloud, Aeris, Tifa o Sefirot nunca se han desvanecido.

En este foco sobre el personaje cobra un especial significado su evolución y, por ende, su pasado; aunque no todos pueden presumir de tener uno lo suficientemente desarrollado.

Cloud Strife y Tifa Lockhart, la amiga de la infancia como puerta al pasado

El caso principal en Final Fantasy VII lo hallamos, como es evidente, en su protagonista, Cloud Strife, cuyo pasado es de hecho uno de los puntos culminantes del juego y esencia de su desarrollo como personaje. Avisamos de que a partir de aquí habrá SPOILERS de Final Fantasy VII.

El original y el Remake ya dejan claro desde el inicio que Tifa conoce a Cloud y (al menos parte de) su pasado, lo que será esencial para más adelante. Final Fantasy VII: Remake. Square Enix.

Cloud se pasa más de medio juego con los recuerdos de otra persona, cuya identidad no descubrimos hasta ese momento culminante en el que la deconstrucción de Cloud como héroe termina de tomar forma.

Así, resulta que Cloud no había recorrido el camino de Zack (un héroe mucho más al uso) durante los acontecimientos ocurridos en Nibelheim hace cinco años (los cuales supusieron, entre otros, el asesinato de su madre y la destrucción de su hogar); ni tampoco había logrado ser un Soldado de Primera Clase como aquél, solo uno raso. Sus aspiraciones se habían visto así culminadas en fracaso.

Quien ayuda principalmente a Cloud a salir de todo este embrollo es Tifa Lockhart, la cual fue creada en parte con este propósito, al menos originalmente. Por eso la hicieron la amiga de la infancia de Cloud, su puente con ese pasado perdido.

En una de las mejores escenas del videojuego (la favorita de su director y ahora productor del Remake, Yoshinori Kitase, según una Ultimania), Cloud y Tifa caen en la Corriente Vital, lo que les lleva a un mundo onírico donde se mezclan presente y pasado, realidad y ensueño. Es en este punto cuando vemos finalmente al verdadero Cloud, el cual se vislumbraba en destellos o detalles durante momentos anteriores: un joven tímido, introvertido, avergonzado. Como decíamos, la deconstrucción del héroe.

Cloud y Tifa en la Corriente Vital. Final Fantasy VII. Squaresoft (ahora Square Enix).

Esta revelación no supuso solo una sorpresa para el jugador promedio durante la época (Final Fantasy VII salió al mercado en 1997), sino un punto de inflexión en el desarrollo de uno de los protagonistas más icónicos que ha dado el JRPG.

Casos no tan positivos de retórica del pasado en Final Fantasy VII: Aeris Gainsborough y Sefirot

¿Y qué pasa aquí con Tifa? Pues que su pasado existe solo en cuanto está unido al de Cloud, y ya. Sabemos que su madre falleció, pero no lo visualizamos (solo las consecuencias que esto tuvo principalmente para el protagonista); y que entrenó artes marciales con un maestro llamado Zangan (lo cual tampoco vemos).

Final Fantasy VII: Remake ha empezado a dar solución en parte a esto, dándole a Tifa rasgos o preocupaciones que van más allá del personaje de Cloud, como es su vínculo con los otros miembros de Avalancha o su preocupación sobre si el fin justifica los medios. Incluso vemos el diseño de Zangan en el libro de arte, si bien no aparece en esta primera entrega del proyecto (que todavía no aborda la crisis existencial y del pasado de Cloud).

Hay casos aún peores que el de Tifa, por el peso que por sí mismos estos personajes tienen en la trama (más allá de Cloud), Aeris y Sefirot.

Del caso del último y las oportunidades desaprovechadas ya hemos hablado en otra entrada. Entendemos que probablemente otorgarle un pasado definido a Sefirot le arrancaría esa aura amenazante y misteriosa que tenía en el juego original (no así tanto en el Remake).

Sefirot en Final Fantasy VII: Remake. Square Enix.

Aeris ha sido asimismo misteriosa, pero no alcanzamos a entender por qué no se aborda su pasado en mayor profundidad, siendo además la heroína. En Final Fantasy VII, el pasado de Aeris se limita a un flashback y a un par de líneas aquí y allá sobre un primer amor y su vínculo con uno de los Turcos. Nada más.

Incluso se podría haber aprovechado este vínculo, de forma similar al de Cloud con Tifa, para adentrarnos en el pasado de Aeris. Un diálogo o escenas con Tseng sería suficiente para abrirle la puerta al espectador a la vida anterior de Aeris en Shinra o en los suburbios (ahora barriada) del Sector 5.

Es más, podrían aprovechar esta relación con Tseng en el Remake para sacar a colación a Zack, un personaje del que, por cuestiones narrativas, Cloud todavía no puede saber. Pero Tseng, al igual que Tifa, sí sabe de su existencia, y Aeris nunca lo ha olvidado. Teniendo en cuenta que este Soldado es ampliamente querido por el público y el final de la primera parte, no descartaría que se utilizara este recurso en un futuro para que podamos saber y ver más de él y, por ende, del pasado de Aeris.

En definitiva, Square Enix (antes Squaresoft) creó unos personajes emblemáticos con Final Fantasy VII, pero la retórica del pasado, tan importante en su desarrollo, no siempre ha sido la mejor, como en los casos de Cloud, Barret, Cid, Red XIII o, posteriormente, Zack en Crisis Core (donde por cierto tampoco es que averigüemos mucho de la florista más allá de su relación con éste último). No solo Tifa, Aeris o Sefirot; personajes como Yuffie (¡más Wutai!), Vincent (aunque al menos éste tiene Dirge of Cerberus, otra cosa es que guste más o menos) o por supuesto secundarios como los Turcos se ven asimismo aquejados de este hueco en blanco, muchas veces ocupado por la imaginación del jugador o por títulos que nunca ha salido de Japón (Before Crisis, EJEM). Esperemos que Final Fantasy VII: Remake aporte una solución, al menos parcial, a esto. Su primera parte ha ido por buen camino.

Tseng y Zack en Crisis Core. Square Enix.

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Hablemos de ese determinado y emblemático momento de Final Fantasy VII

Dimitri y otros tres personajes de videojuegos que abordan la enfermedad mental

La enfermedad mental no es un asunto baladí, máxime teniendo en cuenta la cantidad de desinformación (y lo que falta por conocer) sobre el tema. No somos precisamente unos entendidos, ni pretendemos, pero es cierto que el mundo de la ficción ha abordado en numerosas ocasiones este delicado y complejo tema, en varias de ellas de manera no del todo acertada.

Sin embargo, sí ha habido veces en el que se ha abordado, con mayor o menor exposición, la enfermedad mental, o al menos los trastornos o síndromes, de manera bastante adecuada, cuanto menos interesante y respetuosa. Hacemos repaso a cuatro personajes que en el mundo de los videojuegos han expresado la enfermedad mental (o los trastornos, ya que a veces no hay consenso dentro del fandom sobre si es uno o lo otro) de este modo, al menos en nuestra opinión.

Hemos tenido en cuenta a personajes principales por su mayor profundización en el tema. Avisamos de  SPOILERS de los títulos que tocaremos.

Dimitri (y Bernadetta, y Felix, Fire Emblem: Three Houses)

En Fire Emblem: Three Houses somos Byleth, una profesora (o profesor) que enseña en el monasterio de Garreg Mach en Fódland. Allí conviven y estudian tres casas, cada una representante de una región distinta: las Águilas Negras, los Leones Azules y los Ciervos Dorados.

Dimitri es el aparentemente modélico delegado de los Leones Azules, que representan al reino de Farghus (del cual es príncipe y heredero). Servicial, educado, aplicado y con los ideales caballerescos a tope, si bien algo tímido y distante. A medida que avanza la historia, poco a poco vamos percibiendo que hay algo que no cuadra en él. Pocas horas de sueño. Jaquecas. Empieza a exhibir momentos de agresividad descontrolada. Cuando se revela que Edelgard es el Emperador de Fuego, el muchacho salta definitivamente al abismo y entra en una especie de brote.

Dimitri. Fire Emblem: Three Houses. Intellect Systems y Nintendo.

Tras el salto temporal de cinco años, nos encontramos con un Dimitri en un estado bastante peor: violento, que cree que eres un espía del imperio, que aparentemente habla con los muertos, que no va a las clases, le importa todo (menos decapitar a Edelgard) un bledo y que se queda ausente mirando a los escombros del monasterio. Y así durante meses. Es otro evento desafortunado (y el empeño de determinados seres cercanos durante los citados meses) lo que consigue traerlo de vuelta a su estado estable. Pero ni las visiones, ni la culpabilidad, ni las jaquecas, ni las tendencias suicidas, desaparecen nunca. Ni tan siquiera en el final.

Dimitri expone lo que es el trastorno de estrés postraumático y el síndrome del superviviente (ya que la tragedia de Duscur cuando aún era un niño, donde asesinaron a su familia y amigos, es realmente el evento que marcó su vida). Pero en este caso se añade la psicosis, pues lo de Dimitri tiene perdurabilidad en el tiempo, no se «cura por arte de magia» (de hecho, no se cura, a secas) y son episodios que van y vienen. Él mismo le dice a Felix que tanto en crisis como en los momentos más estables, todo ello forma parte de su persona.

Hablando de Felix, tanto él como Linhardt, de las Águilas Negras, muestran síntomas del Síndrome de Asperger (intereses muy concretos hasta el punto de la obsesión, falta de tacto con los demás, no dan muestras de entender algunas expresiones ni normas sociales de conducta). Pero, aparte de Dimitri, el personaje que mayor trastorno mental parece tener es Bernadetta: agorafobia (casi nunca sale de su cuarto, algo que la aterra), ansiedad generalizada y un pasado de abusos y traumas por doquier. Al final, con mucho esfuerzo, parece mejorar, pero tampoco son rasgos que desaparezcan ni se «curen».

Dimitri. Fire Emblem: Three Houses. Intellect Systems y Nintendo.

Cloud Strife (Final Fantasy VII)

Cloud es el protagonista de Final Fantasy VII, probablemente la entrega más popular de la franquicia (y la cual próximamente tendrá un Remake). El juego empieza con él como mercenario al servicio de un grupo eco-terrorista llamado Avalancha. Inicialmente desconsiderado con los demás y con la situación del planeta, poco a poco va abriéndose al mundo, a medida que el jugador va conociendo a un Cloud más amable y solidario.

Uno de los mayores giros del juego viene cuando descubrimos que una buena parte del pasado de Cloud no corresponde a la realidad ni a lo que él nos había contado (y que él mismo creía). Nunca fue miembro de Soldado, mucho menos de primera clase, ni estuvo en primera fila junto a Sefirot durante la expedición del Reactor Mako en Nibelheim. En verdad, Cloud había asumido los recuerdos de su amigo Zack durante dicho acontecimiento. El traumático asesinato de éste último a manos de Shinra delante de sus narices es lo que causa que el rubio asimile sus recuerdos y legado. Los cuales empeoran con determinados acontecimientos como la muerte de Aeris.

Cloud exhibe así, de nuevo, síntomas del trastorno de estrés postraumático, síndrome del superviviente y posteriormente una profunda depresión, la cual muestra especialmente en Advent Children (película-secuela del videojuego). Si bien todo ello aporta matices al personaje de Cloud (mucho más que el simple «emo» que algunos quieren ver), lo cierto es que en esta cinta se torna algo superficial, con ese aparente «todo está bien» del final y en parte la «romantización» del trastorno y del síndrome.

El protagonista no es el único que da muestras de enfermedad mental o trastornos de conducta en este título. Los villanos Sefirot y Hojo, cada uno a su manera, hacen gala de un enorme narcisismo y, especialmente el primero, alteración de la realidad.

Zack y Cloud. Final Fantasy VII: Advent Children. Square Enix.

9S y A2 (NieR: Automata)

Bueno, en realidad cualquier título de Yoko Taro juega bastante con los límites de la locura y los bordes de la desesperación, pero NieR: Automata es el que mejor conocemos y aquí está. Todos sus personajes hacen gala de trastornos de conducta, pero especialmente dos: 9S y A2.

9S es un androide de tipo escáner de naturaleza curiosa y amigable. Por ello, enseguida congenia con la fría y (aparentemente) apática 2B. Escabrosos secretos (que siempre termina descubriendo), una vida en bucle que no para de incluir su muerte a manos de la persona que ama (y posterior reinicio y vuelta a empezar) y el asesinato de 2B forman un cóctel que acaba con su aparente salud mental (y digo aparente porque su prototipo ya parecía dar muestras de cierto desequilibrio sin que sucedieran ninguno de estos factores). De forma similar a Dimitri, 9S pasa de ser un agradable muchacho (al menos durante la mayor parte del tiempo) a un joven con conducta errática, asocial, obsesionado con una idea, violento y con tendencias suicidas. Lo de las alucinaciones parece quedar aquí más en mano de las máquinas (y el cambio sucede de forma más brusca que en el personaje de Fire Emblem).

Por su parte, A2 da muestras principalmente de ansiedad por separación, nuevamente trastorno de estrés postraumático y síndrome del superviviente. Con todo su escuadrón asesinado y enviados a una muerte segura por una causa inexistente, la androide opta por aislarse de todo contacto e ir a la deriva en solitario. Sus conversaciones con Anémona y Pascal demuestran que esta situación es autoimpuesta (a pesar de que Yohra efectivamente quiera darle caza), lo que casa con la profunda culpabilidad que conllevan éstos.

9S hablando cordialmente con A2. NieR: Automata. Platinum Games y Square Enix.

Senua (Hellblade: Senua´s Sacrifice)

Hellblade: Senua´s Scarifice es quizás el videojuego que mejor aborda la enfermedad mental (o al menos la psicosis), ya que sus desarrolladores (Ninja Theory) fueron muy conscientes de lo que querían reflejar al respecto y tomaron las pertinentes averiguaciones.

Senua es una guerrera celta picta (antiguas tribus del centro y norte de Escocia) que se adentra en las profundidades del Helheim (mundo de los muertos de la mitología nórdica) para rescatar el alma de su amante, retenida por la diosa Hela. En su camino, aparte de los enemigos pertinentes, tendremos que hacer frente a la psicosis, en forma de «oscuridad» o «furias», visiones, recuerdos o ruidos en su cabeza.

De manera similar, pero mucho más profunda, que con Dimitri, Senua demuestra que la psicosis no es un punto y aparte en la vida de una persona. Está siempre ahí, altera la percepción de la realidad, y son determinados eventos lo que quizás la vuelven más prominente o agresiva. Lo que consigue a su vez este título es que lo vivamos en primera persona, haciendo nuestra la perspectiva de Senua.

Podríamos añadir a varios personajes más, como Joel en The Last of Us, Neku o Shiki en The World Ends With You o todo el videojuego Gris; pero la extensión de esta entrada nos lo torna (casi) imposible. Hemos querido pues mostrar a esos personajes de videojuegos que, en nuestra opinión, más fondo nos han calado por su abordaje y exploración de la enfermedad mental y de los trastornos de conducta.

Senua. Hellblade: Senua´s Sacrifice. Ninja Theory.

Hablemos de Cloud Strife (Final Fantasy VII)

Cloud Strife es, para mí, el personaje favorito por encima de todos los que he ido conociendo en la ficción a lo largo de mi vida, y esto es así desde que jugué a Final Fantasy VII por primera vez allá por 2002. Por eso, no me es tarea sencilla expresar con palabras lo que Cloud significa para quien esto suscribe. Avisamos de que habrán SPOILERS de Final Fantasy VII.

Como epítome del héroe «perdedor», Cloud ha sido y es malinterpretado por una parte de los seguidores de la saga de Square Enix (antes Squaresoft) como un personaje anodino y aburrido, una mera sombra de Zack y del Cloud que nos ha ido llegando en secuelas, precuelas y spin offs. Sin embargo, allá donde el diseño de Zack está hecho con la idea en mente de agradar a las masas, Cloud es un personaje mucho más arriesgado.

Surgido antes que Squall (Final Fantasy VIII) o Lightning (Final Fantasy XIII), personajes que le cogen prestados algunos rasgos, quizás con algún elemento de Cecil (Final Fantasy IV) sobre sus espaldas, Cloud es el primer GRAN protagonista de la franquicia, en el sentido de ser el personaje principal del primero de los juegos de la serie numerada que salieron a Occidente bajo el soporte de PlayStation.

Originalmente, Cloud iba a ser un simple terrorista en una historia con tintes de cine negro que perseguiría a un detective llamado Joe en una especie de Nueva York. Cuando la historia fue tomando más la forma que conocemos actualmente, a Cloud lo acompañaron Aeris y Barret, los primeros personajes creados para la séptima entrega y que forman parte del primer trabajo importante de Tetsuya Nomura (como diseñador) para Squaresoft.

La idea era tener un protagonista que fuese en principio como un papel en blanco y cuya verdadera identidad se fuese descubriendo a la par que lo hacía el jugador. Así, los problemas identitarios y psicológicos de Cloud se hacen patentes desde el inicio, lo que lo vuelve un personaje frágil y bastante más humano que el prototipo habitual de héroe (al fin y al cabo, el descubrimiento de la identidad es una de las grandes cuestiones que recorre prácticamente todo el mundo a lo largo de su vida). Y de paso, será uno de los temas recurrentes de Nomura.

Para que la revelación de la verdadera identidad de Cloud no quedase demasiado forzada se creó a Tifa, amiga de la infancia que sirve de nexo, y posteriormente a Zack, quien en principio serviría como una especie de avatar idealizado del propio Cloud.

Frente al héroe Zack tenemos entonces al mucho más mundano Cloud, quien a medida que vaya rompiendo este falso avatar se irá volviendo más y más vulnerable hasta alcanzar el cénit de la crisis identitaria, tras la cual ya solo se irá asentando más y más.

Sin embargo, el verdadero Cloud es el vulnerable. Niño huérfano de padre, introvertido y prácticamente marginado desde la infancia, su ingreso a Soldado únicamente suma a la indiferencia que ha ido padeciendo en su vida, quedándose lejos del ideal que él mismo buscaba. Desde luego, a una gran distancia de su admirado Sefirot y hasta de Zack, prototipo éste último a todas luces de muchacho popular, extrovertido y con don de gentes. Por eso, cuando llega la locura de Sefirot, la destrucción de Nibelheim y la posterior huida de Shinra (de la cual Cloud no sale con todos sus cabales tras 5 años de experimentación), al morir Zack en su lugar, el rubio ya desarrolla (al principio sin ser consciente de ello) un gran síndrome del superviviente. Sobrevive él, el paria, el débil y el renegado; y no Zack, el carismático, adorable, Soldado de primera clase y a quien cuya novia esperaba.

Hablando de la susodicha, la cual posteriormente se topará accidentalmente por Cloud, de quien, tras un estupor inicial por las historias tan similares tras él y de Zack (Cloud asume subconscientemente su rol, el ideal no alcanzado), acabará desarrollando fuertes sentimientos por el rubio. Hemos aquí ya una primera brecha: Cloud también es capaz de llegar a ser tan merecedor de admiración y afecto como Zack.

Los síntomas de la brecha comienzan a percibirse cada vez más y es Aeris, durante la cita en Gold Saucer, quien le confiesa a Cloud su confusión inicial y el hecho de que se ha percatado de que son personas diferentes, queriendo llegar a su verdadero él (tanto en The Maiden Who Travels The Planet como en On the Way to a Smile: Case of the Lifestream se confirma que la florista ya había asimilado totalmente esta diferenciación entre Cloud y Zack):

«Al principio, creyó que guardaba algunas similitudes con su primer amor. Aún así, su apariencia, voz y personalidad no eran parecidas y también le hizo pensar que se trataba de alguien misterioso (…)

Cuando ella dejó a sus compañeros para dirigirse a la Capital Olvidada, el corazón de Cloud era como un huevo a punto de resquebrajarse (…) Era su mente la que iba a romperse» (The Maiden Who Travels The Planet, Benny Matsuyama)

Cuando Cloud finalmente recuerda todo gracias en parte al empujoncito de Tifa, su personalidad, que siempre había tendido hacia la inseguridad (que al inicio del juego disfraza con aparente apatía y soberbia, pero que se deja entrever especialmente en escenas con Aeris, Tifa o Sefirot), se vuelve más insegura aún. La culpabilidad por la muerte de Aeris se suma a la de Zack, ya asumida. De este modo, una vez saciadas las ansias de venganza y salvado el planeta, Cloud se hunde en una profunda depresión, lo que nos sitúa en Advent Children.

Las novelas de On the Way to a Smile, que sirven como nexo entre el juego original y la película-secuela, explican bien esta caída de Cloud hasta el punto de recluirse de todos y huir de los problemas en la iglesia donde conoció a Aeris.

Durante la propia cinta, el rubio va saliendo del bache y al final comprende que lo que sucedió no es su culpa. Aeris y Tifa son nuevamente quienes aprietan la tecla más directa: el que necesita perdonarse es él a sí mismo. La depresión misma, de nuevo Cloud con toda su mundanidad.

El protagonista de Final Fantasy VII ha recibido (y recibe) gran cantidad de atención en buena parte por el título del que proviene, haciendo así aparición en otros productos como la saga Kingdom Hearts, Final Fantasy Tactics, todas las entregas de Dissidia, Ehrgeiz, World of Final Fantasy, etc. En casi todos ellos (los que tienen algo de historia), Cloud sigue mostrándose como un personaje introvertido y no muy ducho en habilidades sociales.

Por ello, consideramos una gran injusticia que muchas veces se intente limitar a Cloud a una mala copia de Zack. Cloud asume recuerdos y rasgos de Zack, no su personalidad. Nunca se muestra como un tipo especialmente sociable, expresivo y habilidoso, sino todo lo contrario. Allí donde el moreno escenifica al héroe en su expresión más clásica e idealizada, Cloud es básicamente un pequeño yo que todos hemos tenido en algún momento: el que se deja aprisionar más por sus miedos y demonios internos, el que no sabe expresar sus emociones correctamente, el que aspira a alcanzar a su figura admirada pero que no puede (y la consecuente caída del mito en forma de Sefirot), el que sufre las pérdidas, el que se siente solo, el que se deprime.

Aún así, Cloud nunca pierde su papel de héroe de Final Fantasy VII, pues claramente lo es, pero no recoge tanto los estereotipos propios del término.

Dicho todo esto, parece ser que el propio Nomura le guarda bastante cariño al personaje y no ha querido representarlo como una versión idealizada, ahora con gráficos preciosistas y detallados, de cara al Remake (somos sabedores de que el diseño de Cloud ha sido ligeramente modificado respecto al del tráiler de 2015), mostrándolo aún así como un tipo más fibroso que musculoso y a quien él y Kitase describieron como «socialmente inepto» durante la presentación del nuevo y definitivo diseño.

Teniendo en cuenta esto, creemos que aún hay Cloud para rato, a pesar de las críticas y malinterpretaciones sobre su personaje. Desde luego, tanto él, como Sefirot o Aeris han ingresado ya en el podio de esos personajes que son conocidos y recordados por jugadores más allá de los fans del JRPG (películas como Rompe Ralph, series como El increíble mundo de Gunball o Robot Chicken o juegos como Super Smash Bros. son buena muestra de ello). Hoy y siempre, felicidades, Cloud.