Crash Landing on You, ejemplo de emotividad melosa que traspasa fronteras

Las series surcoreanas hace ya varios años que están resultando un producto de lo más popular entre ciertos sectores del público tanto occidentales como asiáticos, siendo Netflix una de las plataformas que más está difundiendo estos títulos. Antes de El juego del calamar, Crash Landing on You (사랑의 불시착) fue una de esas series que cosechó (y sigue cosechando) bastante éxito, si bien su temática apenas guarda algún parecido con la primera.

Yoon Se-ri (Son Ye-jin) es una rica heredera que ha montado su propia y exitosa empresa de moda en Corea del Sur, lo que genera no pocas envidias y recelos, especialmente entre sus hermanos. Un día, haciendo parapente para un reportaje, una imprevista tormenta causa que termine aterrizando (sin saberlo ni quererlo) en Corea del Norte, donde es localizada por un apuesto militar llamado Ri Jeong-hyeok (Hyun Bin).

Este es el punto de partida de una serie que ocupa 16 episodios de más de una hora de duración cada uno, por lo que se van sucediendo acontecimientos de todo tipo en las dos Coreas: espionaje militar, luchas familiares por la herencia, la vida cotidiana en un supuesto pueblo norcoreano, subtramas románticas con ex-parejas despechadas, etc.

En realidad, en base esto no es nada que no se haya visto en múltiples ocasiones, empezando por los propios k-drama y siguiendo por las series turcas (incluso las latinoamericanas); pero Crash Landing You contiene en su receta dos ingredientes que enseguida saben enganchar (a pesar de la excesiva duración de sus capítulos): personajes con química y entrañables (incluyendo los secundarios) y que los surcoreanos saben como nadie mantener la tensión en los momentos necesarios (son expertos en la superposición de planos cortos y rápidos).

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Amor entre las dos Coreas

La serie producida por Studio Dragon sabe así aprovechar la coyuntura de una Corea fatal y cruelmente dividida desde 1953 para crear historias de amores imposibles, que se van cociendo a fuego lento y con todas las especias que no pueden faltar en el género.

Que el problema de ambos países sea real genera que el espectador, aunque prevea los resultados amorosos desde el primer episodio, se pregunte cómo realmente podrán ir superando este obstáculo (no baladí) las parejas formadas.

Y escribimos en plural porque no solo el dúo protagonista es víctima de esta circunstancia, sino además la pareja formada por la norcoreana Seo Dan (Seo Ji-hye) y Gu Seung-jun (Kim Jung-hyun), quienes hacen gala a su vez de una gran química; por lo que el espectador no está únicamente pendiente de los protagonistas.

Sin embargo, no todo es drama y romances complicados en Cras Landing on You. La guionista Park Ji-eun, quien es ya una veterana en el tema, ha sabido escribir varios momentos cómicos que aligeran la carga emocional (lo que no exime de cierta melosidad en algunas escenas donde los flashbacks redundantes se repiten al compás de música subida de volumen), especialmente los conducidos por personajes como la madre de Seo Dan, la tropa de Jeong-hyeok o las cuñadas de Se-ri.

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Una ventana a Corea del Norte

Otro de los atractivos de Crash Landing on You frente a otros múltiples dramas surcoreanos es que parte de su argumento sucede en Corea del Norte, lo que le aporta ese carácter algo exótico, máxime para un espectador occidental.

Desconocemos realmente hasta qué punto se ajusta a la realidad lo mostrado en la serie, que sí ha recurrido a la supervisión de fugitivos del país vecino, pero la reconstrucción del pueblo donde habitan Jeong-hyeok y su tropa o lo que se percibe de Pionyang parece a simple vista bastante logrado, dadas las circunstancias (evidentemente, no es posible rodar en Corea del Norte); especialmente en lo referido a peinados y vestuarios. Tristemente no conocemos el idioma, pero por lo que comentan en la propia obra los dialectos también se han cuidado.

Eso sí, lamentablemente algunos de los personajes norcoreanos caen ocasionalmente en tropos algo incómodos, como si algunos fuesen prácticamente paletos o el compañero militar (jovencito) que es fanático de las series surcoreanas. Los escenarios de interior parecen asimismo sacados de otra época, lo cual suma a la sensación de exotismo (no ponemos en duda que puedan ser así realmente).

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Pero en donde más se resiente la trama norcoreana es en el villano, que es malísimo (de vil) y que se salta en su beneficio las normas cada dos por tres, lo que cuesta creer que pueda ocurrir en un país tan vigilado (como muestran en la serie cada vez que es de interés dramático).

Las escenas de acción resultan asimismo algo increíbles, cayendo en un intento de cine hollywoodiense que no acaba de encajar bien en una serie de este tipo. Por suerte lo compensa con las muchas más numerosas de drama, romance y comedia.

En definitiva, Crash Landing on You es una serie surcoreana de fácil visionado, a pesar de la larga duración de sus capítulos, que sabe manejar excelentemente las químicas de las parejas protagonistas y ese juego fronterizo. Deja además un regustillo agradable, perfecto para iniciar la semana con fuerzas. Tanto si eres fan como si no de las series surcoreanas, pero siempre estás abierto a buenas dosis de drama, romance y comedia, deberías verla.

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Ghibli y la importancia de los ancianos

La ancianidad ha sido la gran ignorada en la ciencia ficción y fantasía, salvo excepciones (caso de la figura del maestro o títulos como Up de Pixar). Vivimos una etapa en la que, además, están siendo las grandes víctimas (y, muchas veces, dejados a su suerte), como si fuesen el lastre de la sociedad. Nada más lejos de la realidad. Studio Ghibli ha ido mostrando a lo largo de la mayor parte de su filmografía la importancia de los ancianos en las vidas de los héroes (cuando no son ellos mismos los protagonistas). Repasamos los títulos donde han tenido papeles más relevantes.

Ponyo en el acantilado (崖の上のポニョ, Hayao Miyazaki)

Esta reinvención de La Sirenita por el gran Miyazaki nos sitúa en un pueblo costero de Japón, donde un niño llamado Sôsuke encuentra y acoge a una niña-pez a la que bautiza como Ponyo. La madre de Sôsuke, Lisa, trabaja como cuidadora en una residencia de ancianos, siendo éstos testigos de varios de los acontecimientos de la película (especialmente durante el tercer acto). La forma en la que el director nipón retrata a los abuelos y su interacción con los personajes más jóvenes es de una naturalidad y gracia que rara vez se ven en el cine. El geriátrico está lejos de ser un lugar triste y sombrío y la energía de sus residentes se alejan de determinados estereotipos.

Nicky, aprendiz de bruja (魔女の宅急便, Hayao Miyazaki)

Otra de Miyazaki y quizás uno de sus títulos más pasados por alto  es este relato sobre la búsqueda de la independencia y nuestro lugar en el mundo laboral, visto desde la perspectiva de una adolescente que tiene la particularidad de ser una bruja. Nicky se muda del hogar familiar, como viene siendo costumbre entre los suyos, para buscar trabajo en la gran ciudad. Allí, entre otros, conoce a una señora (conocida solo como «Oku-sama» en la versión japonesa) que la ayudará a reencontrarse y que le pedirá un encargo para el cumpleaños de su nieta.

Miyazaki muestra aquí el papel de apoyo de los abuelos sin que esperen nada a cambio, ya que la nieta solo muestra rechazo y desapego ante el regalo. También cómo algunos, en los avatares de la juventud, tienden a pensar en los ancianos como un incordio; mientras que la propia Nicky se ve alejada de los suyos.

Nicky, aprendiz de bruja. Studio Ghibli

Susurros del corazón (耳をすませば, Yoshifumi Kondô)

Dirigida por alguien que no es Hayao Miyazaki (aunque el guión sí está firmado por él), esta obra nos narra la búsqueda de inspiración por parte de una adolescente apasionada de los libros, Shizuku Tsukishima, en el Japón de 1994. Un día, siguiendo a un rechoncho y misterioso gato, la joven encuentra una tienda de antigüedades que pertenece a un anciano, Shirô Nishi, a su vez abuelo de un compañero de curso.

El papel que el anciano jugará en la búsqueda de Shizuku para encontrarse a sí misma será fundamental, así como sirve de apoyo para su nieto en la familia. Estamos de nuevo ante la representación de un abuelo jovial, amable, culto y que será amigo de la protagonista. Especial mención a su aportación (con sus colegas músicos) a la interpretación de «Country Road».

El viaje de Chihiro (千と千尋の神隠し, Hayao Miyazaki)

La que es considerada obra magna de Miyazaki es esta especie de Alicia en el País de las Maravillas con muchos elementos del folclore nipón. La protagonista, Chihiro, va a parar a un misterioso negocio de baños para deidades regentado por una bruja, Yubaba. Ésta tiene aspecto de anciana, no por ello sin dejar de ser autoritaria, vital y poderosa. Además, Yubaba cuenta con una hermana gemela, de características similares, que responde al nombre de Zeniba.

Si bien no son propiamente abuelas de nadie, Yubaba y Zeniba representan a la bruja de aspecto anciano y que no por ello es necesariamente maligna (ya que los cuentos nos tienen más que habituados a que bruja y vieja equivale a villana).

El castillo ambulante (ハウルの動く城, Hayao Miyazaki)

Como mencionábamos al inicio, la representación de la ancianidad en la ficción por lo general ha sido ausente o ha dejado bastante que desear, algo que se ve incrementado en los casos de papeles protagonistas. Son contadas con los dedos de la mano las películas con un anciano en el papel principal. En el caso de Ghibli, ese título sería El castillo ambulante.

Adaptación (muy libre) de la novela escrita por Diana Wynne Jones, la historia cuenta cómo una joven sombrerera llamada Sophie se ve maldita por una bruja, por lo que su aspecto cambia repentinamente al de una anciana. Sophie irá a la búsqueda del mago Howl con la idea de revertir la maldición, a la vez que aprende a aceptarse a sí misma.

Si bien Sophie no es propiamente dicho una anciana, se pasa casi toda la película como tal, por lo que sus actos y las interacciones con el resto de personajes son desde la perspectiva de alguien de la tercera edad. 

Ni no Kuni, mero entretenimiento con una excelente partitura de Joe Hisaishi

El 16 de enero se ha estrenado en Netflix la película de Ni no Kuni, serie de vieojuegos JRPG (Japanese Rol-Playing Game) desarrollado por Level-5 con colaboración de Studio Ghibli, lo que se nota especialmente en su estilo de dibujo y diseños de mundos que mezclan lo real con lo fantástico. Tras el excelente La ira de la Bruja Blanca, llegó en 2018 El renacer de un reino, cosechando asimismo buenos resultados de crítica y público. Por ello, rápidamente se anunció el lanzamiento de un largometraje que narraría una historia distinta a las de las dos entregas para consolas (que a su vez son independientes entre sí).

Para ello han contado con la dirección del veterano (colaborador de Ghibli) Yoshiyuki Momose y, de nuevo, con la partitura del siempre espectacular (y habitual de Hayao Miyazaki) Joe Hisaishi. De hecho, la banda sonora es, fácilmente, lo mejor de toda la cinta, añadiendo magia e introspección a un producto que, en líneas generales, nos ha resultado bastante superficial.

La historia, escrita por Akihiro Hino, cuenta cómo dos amigos que viven en Tokio, Yuu y Haru, se ven trasladados a un mundo fantástico después de que un misterioso muchacho hiriese gravemente a una compañera de ambos, Kotona. Una vez allí intentan encontrar a la chica, lo que les lleva al palacio, ya que la princesa de dicha dimensión, Astrid, guarda un parecido sorprendente con Kotona y está además herida de muerte. Yuu y Haru intentan salvar a la joven con la esperanza de recuperar a su amiga, lo que les llevará a una serie de encuentros y desencuentros entre nuestro mundo y el otro.

Ni no Kuni. OLM Inc.

La trama, evidentemente, entra dentro del género conocido como isekai (joven japonés, normalmente estudiante y muy mundano, se ve absorbido a un mundo de fantasía), lo que, personalmente, ya no augura algo bueno (me cuesta empatizar con jóvenes que se ven trasladados a otras dimensiones y aparentemente no les preocupa casi nada, así como todos los clichés tan previsibles que suele guardar el género). Efectivamente, la película de Ni no Kuni cumple con varios de estos clichés y es bastante (o muy) previsible. Desde luego, bastante más que los videojuegos.

Esto hace que la historia, de por sí nada ambiciosa, caiga en saco roto. Lamentablemente, salvo quizás Yuu, es difícil empatizar con los personajes (la mitad de las decisiones que toma Haru son cuanto menos cuestionables y son varias las veces en las que nos preguntábamos como es que se hace llamar amigo de Yuu). La princesa cumple a la perfección su papel y Kotona termina por diluirse en el argumento sin aportar nada más que ser un motor o interés amoroso (al menos inicial) para los dos adolescentes. El villano se ve venir casi desde su primera escena.

Los personajes, una de las características más laureadas del cine Ghibli, resultan así superficiales y poco profundos psicológicamente hablando. Si acaso podemos llegar a comprender algunos de los dilemas de Yuu, pero éstos apenas tienen tiempo para evolucionar y, en cualquier caso, su situación en nuestro mundo resulta tan penosa a casi todos los niveles que lo complicado es entender por qué querría volver. Vamos, que el dilema en sí apenas tiene cabida para tomar forma.

Ni no Kuni. OLM Inc.

A pesar de esto, la película es al menos entretenida y agradable de ver, aunque sea solo por ese «toque Ghibli» en algunos escenarios y por supuesto por la mencionada partitura de Hisaishi. La animación es asimismo más que correcta, especialmente durante algunas batallas, a pesar de que puntualmente se percibe un ligero abuso del CGI.

Por otro lado, hay algunas escenas que sí pueden llegar a resultar emotivas, como determinado flashback y, especialmente para los seguidores del videojuego, cierto cameo de un personaje.

En definitiva, la película de Ni no Kuni posee claramente una calidad inferior respecto a los videojuegos, especialmente en lo referente a su narrativa y a su elenco de personajes. Sin embargo, ofrece cierto entretenimiento que deja una sensación agradable y una belleza absoluta para los oídos gracias al juego de notas compuesto por Hisaishi. Para ver en una tarde lluviosa (como la de hoy).

Drácula (2020), la revisión del personaje por Steven Moffat

Drácula es un personaje sobradamente conocido en el imaginario colectivo y que ha llevado a la creación de multitud de títulos en la ficción que versan sobre él mismo o sobre los vampiros, desde el clásico de Bela Lugosi, la adaptación (bastante libre) de la novela de Bram Stoker dirigida por Francis Ford Coppola, hasta las excesivamente adolescentes Crepúsculo o The Vampire Diaries. El equipo creativo tras la serie Sherlock ha decidido tomar esta vez el relevo y, bajo el sello de la BBC y la proyección de Netflix han creado una nueva versión del conde y su historia.

El resultado son tres episodios (de más de una hora de duración cada uno) que empiezan tímidamente para llegar a una segunda parte muy a lo Agatha Christie para culminar en un final con ciertos altibajos y arriesgadas decisiones que darán que hablar (para bien y para mal). La impronta de Steven Moffat, uno de los creadores del Sherlock interpretado por Benedict Cumberbatch y del Doctor Who de las temporadas de Matt Smith y Peter Capaldi, se deja ver en varios de estos elementos.

Este Drácula de Netflix cuenta la historia narrada por Bram Stoker en la famosa novela homónima, pero con cambios determinantes (y que no vamos a referir aquí por los spoilers). Para quienes no lo sepan, parte del viaje de un joven abogado inglés llamado Jonathan Harker a los dominios en Rumanía de un conde conocido como Drácula. Allí lo recibe un señor de apariencia extraña y solitaria. Poco a poco, Jonathan irá descubriendo que el tenebroso castillo esconde mucho más en sus sombras y su vida (junto a la de sus allegados, como su prometida Mina) cambiará para siempre.

Drácula (2020). Netflix y BBC.

En esta ocasión, la figura del vampiro es interpretada por Claes Bang, a medio camino entre Bela Lugosi y Christopher Lee y con un sentido del humor y un cinismo de lo más refrescantes (lo que a su vez lo acerca al Lucifer de Tom Ellis). Lo acompañan, entre otros, John Heffernan como Jonathan Harker, Morfydd Clark como Mina Harker, Lydia West como Lucy Westenra y, la joya de la corona, Dolly Wells como la novicia Agatha. Es ésta última, junto a Drácula y la relación que se va estableciendo entre ellos (que nos ha recordado inevitablemente a aquéllas entre el Doctor y el Amo/The Master y Sherlock y Moriarty) lo más entretenido y mejor llevado (aunque con algún concepto un pelín perturbador) de toda esta serie. La monja es además puro carisma y arrojo al mismo nivel (o más) que el vampiro.

Los episodios, bastante largos, se van sucediendo ambientándose en distintos lugares y jugando con las idas y venidas en el tiempo, otra de las características de la escritura de Moffat. Esto causa que haya algún que otro desnivel respecto a la calidad y el ritmo. El inicio, por ejemplo, aunque inquietante, nos ha resultado algo lento hasta su segunda mitad. A partir de ahí, la serie alza el vuelo hacia un segundo capítulo exquisito. El tercero (y último) es más irregular y también el más innovador respecto a la novela. La conclusión, si bien ha generado opiniones encontradas, nos ha hipnotizado sobremanera, incluso recordándonos en sus últimas imágenes al largometraje de Coppola.

Drácula (2020). Netflix y BBC.

La cinematografía está a otro nivel: BBC y Netflix han logrado aquí sin duda un muy buen trabajo, especialmente teniendo en cuenta que se trata de una serie. La iluminación y fotografía ayudan a crear una ambientación lo suficientemente tétrica e inquietante, trayendo consigo algunos guiños a la Hammer y al cine de terror clásico. Moffat y Mark Gatiss se atreven a jugar incluso con conceptos más abstractos en su tercera parte, lo que se transfiere a su vez a la puesta en escena.

En definitiva, Drácula es claro retoño de Moffat y Gatiss, quienes asimismo homenajean el material original y se atreven a dar un paso más allá adaptado a los nuevos tiempos y con un cariz más psicológico en el personaje, quien por otro lado camina (o vuela) más ingenioso que nunca (pero sin dejar de lado los elementos terroríficos y crueles del conde). La conclusión, polémica, ha sido de nuestro gusto a pesar de todo, lo que nos hace dudar entre si deseamos o no una continuación (todavía no confirmada, pero que visto el éxito no sería de extrañar que se diera).

Code Geass: Fukkatsu no Lelouch, un punto y aparte más que digno a uno de los mejores finales

El anime Code Geass, de dos temporadas, se estrenó hace 11 años y en su momento se convirtió en uno de los títulos de animación japonesa mejor considerados de la década del 2000, a pesar de sus irregularidades en el guión y un fan service bastante molesto que restaba seriedad a un conjunto ambicioso. Eso sí, nos trajo uno de los mejores finales de la historia, dramático y significativo. Los mismos realizadores de aquélla, el director Goro Taniguchi, el guionista Ichiro Okouchi y el productor Koujiro Taniguchi decidieron reaperturar dicha conclusión con una nueva película, bajo el título completo Code Geass: Fukkatsu no Lelouch (traducido al inglés como Lelouch of the Resurrection).

En realidad el equipo de Sunrise se arriesgó a medias, pues sabiendo el componente de misterio y de final de culto que rodeaba a la serie, optaron por estrenar en cines nipones previamente a Fukkatsu no Lelouch una serie de películas recopilatorias de Code Geass que narraban los mismos eventos… pero modificando algunos detalles que marcaran la diferencia suficiente como para crear una especie de universo alternativo o incluso remake. En una correcta estrategia de marketing (que ya habían seguido otros anime como Escaflowne, Tengen Toppa Gurren-Lagann o Evangelion), los creadores y el estudio se cubrían así las espaldas por si a los seguidores de toda la vida no les convenciera esta reapertura.

Fukkatsu no Lelouch nos sitúa así un año después de los eventos acontecidos durante el Zero Réquiem y el asesinato del emperador a manos de Zero. Suzaku sigue ocultando su identidad bajo la máscara de éste último y es nombrado consejero del nuevo gobierno junto a Nunnally. Ambos son sorprendidos por un ataque terrorista (el primero en una época de paz) cuando se encuentran visitando un campo de refugiados en el país de Zilkhstan, el cual se mantiene a base de la compraventa de armamento y guerreros. Mientras tanto, C.C. viaja por el mundo junto al cuerpo semi vegetal de Lelouch intentando recomponer los fragmentos de su alma, bloqueada en el Mundo de C.

Code Geass: Fukkatsu no Lelouch. Sunrise.

Contando esta premisa, ¿puede alguien que no haya visto Code Geass disfrutar de esta película? Evidentemente no, no se enterará de casi nada, pero para ello también han ido lanzando las cintas recopilatorias anteriores (además la serie completa se encuentra en Netflix). Sin embargo, el fan lo va a gozar de lo lindo (doy fe de ello), a pesar de que quizás los más nostálgicos se sigan escociendo con la recuperación de tan magnífico final y con determinadas decisiones que toman aquí los guionistas, que no por ello dejan de ser coherentes con el resto del anime (algunas de ellas llevaban años circulando por el fandom en forma de teorías).

Los personajes regresan además para regocijo de sus seguidores. Lelouch Lamperouge (voz en japonés de Jun Fukuyama) es evidentemente el más esperado, pero C.C. (Yukana) y Suzaku (Takahiro Sakurai) son un más que digno acompañamiento. Lamentablemente Kallen (Ami Koshimizu) o Cornelia (Junko Minagawa), por poner ejemplos de personajes anteriormente relevantes, aquí quedan más en un segundo plano, mientras que secundarios como Lloyd (Tetsu Shiratori) o Sayoko (Satomi Arai) deslumbran algo más. Nunnally (Kaori Nazuka) sigue en su papel de hermana menor en apuros y motor de los intereses de Lelouch.

A algunos se les puede hacer raro el comportamiento de Lelouch o C.C. en determinados momentos, pero tal como ha indicado el director Taniguchi en entrevistas, aquí han querido mostrar al Lelouch que no está centrado en la rebelión, pues ésta ya se ha realizado. Respecto a C.C., esta es la evolución lógica de su personaje tras la serie, una vez descubierto (a ella misma y al espectador) su verdadero deseo. Estaros tranquilos que en cualquier caso la esencia de los personajes permanece inalterable (Lelouch vegetal aparte).

Code Geass: Fukkatsu no Lelouch. Sunrise.

Otro aspecto que se ha añadido a Fukkatsu no Lelouch y que complementa a Code Geass es que nos muestran un mundo de influencia claramente árabe, uno de los grandes ausentes en el panorama mundial del anime original. Zilkhstan es aquí una nación que recuerda perfectamente a Irán, Siria o Irak, crisis de refugiados y cuestiones afines (como el tráfico de armas) incluidas.

Lamentablemente, los villanos no están a la altura y es aquí cuando más se lamenta (junto a reacciones demasiado repentinas de algunos personajes y un ritmo puntualmente atropellado) que el formato final haya sido el de una película que no llega a las dos horas y no una nueva temporada. Shalio (Ayumu Murase) y Shamna (Keiko Toda) sirven como réplica oscura y turbia a Nunnally y Lelouch, pero poco más.

Sobre el apartado técnico, el estilo de dibujo sigue en la misma línea que en la serie, con diseños de personajes de CLAMP (incluyendo a los nuevos), con ojos enormes y expresivos (especial atención al momento final con C.C.), y mechas que se reciclan de los modelos ya conocidos. La animación continúa siendo de calidad, a pesar de que hacen un mayor uso de la técnica 3D (nada que ver con el abuso que hacían de ella en Akito the Exiled), pero ésta se encuentra bien integrada. Los movimientos son fluidos y dinámicos tanto en las escenas de acción como en las más pausadas.

En definitiva, los creadores de Code Geass no lo tenían fácil, pero, a pesar de ciertas estrategias para cubrirse las espaldas, creemos que lo han logrado. Han retomado una serie con cierto bagaje de culto y han conseguido traerla de vuelta manteniendo los componentes por los que más se la recuerda y añadiendo otros nuevos que al final nos satisfacen y nos hacen incluso desear más (hay supuestamente un proyecto a diez años en marcha bajo la firma de Code Geass). Se nota que han mimado el producto y que no han querido ir simplemente (o solo) al dinero fácil. Lelouch ha muerto, larga vida a Lelouch.

P.D.: El blu-ray puede adquirirse (en japonés) por Amazon Japón. La versión internacional (con subtítulos en inglés de Funimation) saldrá a la venta en febrero de 2020.

Enlaces relacionados

Code Geass: Fukkatsu no Lelouch – Shinkai no Kakera

Levius, entretenimiento cubierto de clichés

Netflix ha estrenado hace poco la adaptación a anime de Levius (dirigida por Hiroyuki Seshita y Keisuke Ide, basada en el manga original de Haruhisa Nakata), de 12 episodios de aproximadamente 25 minutos cada uno. Como viene siendo habitual en los productos anime apoyados por la plataforma de streaming, la animación se basa sobre todo en el 3D, lo que de partida quizás tire para atrás a algunos. Sin embargo, se estarían perdiendo un título extremadamente entretenido y de fácil consumo.

Levius Cromwell (voz en el original de Nobunaga Shimazaki) es un muchacho que casi pierde a su madre en la guerra de la ficticia ciudad de Greenbridge. Adoptado por su tío, el ex luchador Zacks (Junichi Suwabe), pronto se da cuenta de que su pasión es el boxeo mecánico, protagonizado por combatientes con prótesis mecánicas. Zack decide entonces entrenar a su sobrino, quien resulta tener bastante talento para ello. Pronto se les sumarán el médico-ingeniero Bill Weinberg (Takahiro Sakurai) y la también luchadora Natalia Garnet (Ayane Sakura).

Levius parte y sigue así la clásica fórmula (que parece que nunca deja de funcionar) de shônen de protagonista se va enfrentado cada vez a un rival más fuerte. Con ayuda de tesón y esfuerzo, así como del inagotable apoyo de sus amigos/nakamas, siempre acaba superándolos a todos ellos. Por supuesto, muchos de estos rivales acaban formando parte del bando del personaje principal una vez han sentido su derrota (no importa si anteriormente eran asesinos o comían bebés). En este sentido, Levius no ofrece nada nuevo y es hasta previsible.

Levius. Polygon Pictures.

Lo que sí logra, no obstante, es que a pesar de que entra dentro de todos los moldes, resulta muy entretenido. Los doce episodios pueden verse fácilmente del tirón y tiene momentos de tensión muy disfrutables y logrados (especialmente en el combate contra AJ).

Lo que también consigue es que te encariñes con sus personajes, aunque todos encarnen a su vez un tópico: el héroe esforzado y amable, el entrenador bonachón y bruto, el intelectual serio, la gritona que pone motes, y así todo. Mención aparte merece Dr. Clown (voz de Mamoru Miyano), quien recibe no pocas influencias de cierto «fantasma» residente en las cloacas de una ópera, incluida su relación maestro/aprendiz (aquí bastante más turbia) con Christine/AJ.

Como adelantábamos al principio, la animación es básicamente 3D, pero es bastante eficaz, sobre todo durante la fluidez de movimientos en los combates, lo que en este tipo de títulos es de agradecer. Los diseños de los personajes, a cargo de Yuki Moriyama, están bastante logrados y son fieles a los originales (cuyo dibujo es bastante bonito, por cierto, recomendamos echarle al menos un vistazo). La ambientación steampunk en un mundo ficticio (pero muy similar al europeo de la Revolución Industrial, como reza el estilo) está asimismo muy conseguida.

Levius. Polygon Pictures.

La banda sonora, compuesta por Yugo Kanno, es como la animación, efectiva sobre todo durante las peleas (donde su ausencia en determinados momentos para acrecentar la tensión es un acertado efecto). Mención especial aquí a uno de los temas que más suenan y que nos pareció tenía algunas influencias españolas (como el sonido de castañuelas o algo muy parecido).

En definitiva, Levius no va a cambiarle la vida a nadie, no aporta tampoco nada realmente nuevo ni original, pero es un divertido entretenimiento que se ve rápidamente y hace que te olvides durante unas horitas de la (cruda) realidad.

P.D.: Nos preguntamos qué está haciendo el árbitro en este tipo de animes deportivos (desde Oliver y BenjiCaptain Tsubasa– hasta el que nos toca), mientras se cometen unas 23921 infracciones sobre el terreno de juego.

Klaus, magia en animación que mezcla técnicas 2D y 3D

Sergio Pablos ya se ha hecho un nombre conocido dentro del mundo de la animación en Estados Unidos por sus propuestas ajenas al gigante Disney-Pixar, si bien sus primeros pasos los dio en la Casa del Ratón como diseñador de personajes de, entre otros, Goofy e hijo, El jorobado de Notre Dame o El planeta del tesoro, de la cual saltó a idear el concepto detrás de Gru, mi villano favorito. De la adaptación «disneyniana» de la novela de Robert Louis Stevenson y su doctor Doppler parece haber recogido bastante para Jesper Johansen, protagonista de su obra como guionista y director, Klaus.

Klaus cuenta una especie de origen ficticio de Santa Claus o Papá Noel a través de las peripecias de Jesper (voz en versión original de Jason Schwartzman y Quim Gutiérrez en la española), un muchacho rico cuyo padre lo obliga a hacer carrera como cartero en el pueblo más inhóspito y al norte posible, Smeerensburg, y así poder hacer algo de provecho para la sociedad. Allí se encuentra con las constantes disputas entre dos clanes, los Krum y los Ellingboe, lo que tiene paralizada la vida y productividad de la villa (como la política de cierto país que Pablos conoce bien). Hasta que accidentalmente conoce a un niño encerrado y a un solitario carpintero (con voz de J.K. Simmons en original).

Evidentemente, el guión de Klaus, firmado aparte de por el propio Pablos, por Zack Lewis y Jim Mahoney, no encierra ni trampa ni cartón, puesto que es una cinta que pueden disfrutar también los más pequeños. En ese sentido, no debe esperarse nada del otro mundo en lo que cuenta (la trama es previsible prácticamente al 100%), pero sí en cómo lo hace.

Pablos y su equipo, que en parte está conformado por su estudio de animación en Madrid Spa Studios, han optado por mezclar así lo mejor de la animación 2D (el dibujo a mano y la mayor parte del coloreado) con la del CGI (el programa de iluminación) y lo hacen magistralmente, dando como resultado escenarios hermosísimos y con un deje melancólico que pueden llegar a recordar al más inspirado Tim Burton. Hay así planos de Klaus que son en sí mismos obras de arte, desde la tétrica casa del pequeño Krum hasta la colina en donde habita el carpintero o el poblado de los sámi, todo en esta cinta es visualmente hermoso.

«Klaus». Netflix.

La música, compuesta por Alfonso G. Aguilar, tampoco se queda muy atrás, y da como resultado momentos emotivos y sobrecogedores que ablandarán el corazoncito de adultos despistados (o no tanto). Y uno de los mejores finales en cine (a secas) que recordamos, que no por ser animación infantil debe tratarse a los niños como a idiotas.

Si bien comentábamos al inicio que la trama es previsible, los personajes, aunque siguiendo ciertos estereotipos, se hacen querer. El protagonista, Jesper, empieza siendo básicamente un malcriado adinerado que acaba evolucionando correctamente, así como Alva (voz de Rashida Jones, con quien inicialmente y probablemente se identifiquen varios jóvenes de nuestra era), la adorable Margü y por supuesto el entrañable Klaus. El inesperado vínculo que se va forjando entre éste último y Jesper es lo que mueve fundamentalmente el argumento y, al más puro estilo Buzz y Woody en Toy Story, nos brinda un gran ejemplo de amistad. El humor, imprescindible en este tipo de películas, se encuentra a su vez bien integrado.

En definitiva, Klaus es una excelente película para estas fechas y que puede disfrutarse en solitario o en familia. La animación y el titánico trabajo que han tenido que realizar Pablos y su equipo por sí solos lo merecen. Probablemente la mejor cinta animada producida por Netflix hasta la fecha y sin duda la que guarda más magia y alma en su interior.

Cristal Oscuro: La era de la resistencia recupera lo mejor de Jim Henson y lo regala en grandes dosis

El Cristal Oscuro, lanzada al mercado en 1982 por un tal Jim Henson, pasó inicialmente sin pena ni gloria entre la crítica y la taquilla. Sin embargo, poco después de su estreno y con el paso de los años, la cinta fue adquiriendo el título de culto, calando hondo en mentes jóvenes (y no tanto), gracias en buena parte a su espíritu innovador (pocas películas se habían hecho íntegramente con marionetas), fantástico y aventurero. Quizás algo tétrico y perturbador para los más pequeños, el argumento, que partía de una base muy enraizada en los cuentos de hadas, escondía más mensaje que el que pudiera aparentar inicialmente.

Pasó el tiempo y el número cada vez más amplio de seguidores de la película pedía que se ampliara este rico universo, a pesar de la temprana y triste muerte de Henson (quien nunca llegó a saborear del todo las mieles del éxito cosechadas por sus criaturas). Tras muchos rumores y algún acercamiento en formato de cómic, la hija de Jim, Lisa Henson, con extensa trayectoria profesional en el mundo del cine y quien llevaba años dándole vueltas al proyecto, logró el apoyo de la incipiente Netflix para sacar adelante una precuela en serie de 10 episodios (de casi una hora de duración cada uno). Todo un regalo para los pacientes y persistentes fans bajo el título de Cristal Oscuro: La era de la resistencia.

Un apartado artístico que nos lleva a Thra

El resultado es seriamente deslumbrante y no lo decimos solo por su excelso apartado artístico (que también), para el cual han contado con viejos conocidos como el ilustrador Brian Froud y su hijo Toby Froud (sí, el bebé de la otra película de Henson, Dentro del laberinto). Las marionetas cobran más vida que nunca, pero también los variopintos escenarios: viajaremos de la nevada Vapra hasta la rústica Stone-in-the-Wood, por no hablar de la mística Grottan y, por supuesto, la joya de la corona (nunca mejor dicho): el castillo de los skeksis. Todo se puede sentir como vivo y cercano al espectador.

«Cristal Oscuro: La era de la resistencia», Netflix y The Jim Henson Company

Este apartado artístico ya construye una idea de lo que consigue esta La era de la resistencia respecto a su predecesora: recupera lo que ya hizo buena a aquélla y lo mejora. Los gelfling así tienen más movimiento (se los ve bastante más a menudo en acción de cuerpo entero, por ejemplo) y expresividad; así como en variedad, ya que aquí todavía perviven todas las tribus, cada una con caracteres distintivos en rasgos faciales, corporales, peinados y ropajes (la variedad es tal que podemos incluso apreciar las diferencias de clases).

Así, tenemos a los tres protagonistas, cada uno perteneciente a uno de los grupos sociales: Rian (voz de Taron Egerton) es un miembro de los stone-in-the-wood físicamente muy muy parecido al protagonista de El Cristal Oscuro, Jen (¿futuro parentesco a la vista?); mientras que Brea (Anya Taylor-Joy) es una inquieta princesa vapra; y Deet (Nathalie Emmanuel, uno de mis diseños favoritos) lo es de grottan.

Los skeksis no se quedan atrás, recuperan el porte y majestuosidad mezclada con podredumbre de los de la película, pero ahora hay más y se mueven más fluidamente. También ganan en detalles y es todo un placer para la vista (aunque ocasionalmente la experiencia se torne algo grotesca, véanse las pústulas de la Cobradora) verlos interactuar entre ellos y con otras especies, regalándonos momentos realmente espeluznantes. Suman a la causa las voces de actores tales como Mark Hamill, Jason Isaacs o Simon Pegg (el ya famoso gemido del Chambelán).

La banda sonora compuesta por Daniel Pemberton, ayuda a trasladarnos al mundo mágico de Thra y a acompañar a sus habitantes por momentos trágicos, épicos, inquietantes (o directamente terroríficos), divertidos y hasta románticos. Temas como «Her Light Faded» o el que suena en los créditos finales añaden a la atmósfera de sentida fantasía.

«Cristal Oscuro: La era de la resistencia», Netflix y The Jim Henson Company

Cristal Oscuro: La era de la resistencia cuenta una historia que puede ser disfrutada por todos

Uno puede deleitarse en el apartado artístico y olvidarse o dejar de lado la historia, pero tampoco es el caso. El guión, escrito por Will Matthews, Jeffrey Addiss y Javier Grillo-Marxuach, abarca varias tramas y subtramas que se entrecruzan y se separan de forma realmente eficaz. La química desarrollada por los personajes (que no olvidemos son marionetas, con las limitaciones que eso conlleva) es palpable y más de uno se vuelve adorable (lo que duele al preverse su final de cara a cómo da inicio la película). La constante dirección de Louis Leterrier durante sus diez episodios al completo es en buena parte culpable de esta alta calidad y ritmo constantes.

Cristal Oscuro: La era de la resistencia cuenta cómo, en plena hegemonía de los skeksis, que se autodenominan guardianes del cristal de Thra y por ende garantes de su seguridad y debido orden de las cosas; los gelfling, criaturas muy vinculadas a esta tierra, van descubriendo poco a poco cómo las cosas no son lo que parecen y que una incipiente amenaza se yergue sobre su mundo tal como lo conocen.

Pero uno de los grandes logros de la serie es que consigue (al igual que su predecesora) que todo el mundo pueda seguir la narrativa, ni toma a los niños por idiotas ni al adulto lo transforma en un resignado acompañante. Hay una trama básica de fondo, que es la del oprimido contra el opresor y el intento de que se restaure la armonía; pero en este caso está (muy bien) acompañada por mensajes de corte político y ecológico muy aplicables a nuestra actualidad. A la postre Thra no es tan distinta al planeta Tierra.

«Cristal Oscuro: La era de la resistencia», Netflix y The Jim Henson Company

Hay asimismo un componente feminista importante que se asienta sobre la existencia de matriarcados tanto entre los gelfling como en la propia Thra (que parte de madre Aughra, voz de Donna Kimball), así como en la importancia para la trama de personajes como Brea (siempre inquieta y resuelta) y Deet (transformada en una especie de Once o Aeris en la serie) y las relaciones que se van estableciendo entre los personajes femeninos.

En definitiva, Cristal Oscuro: La era de la resistencia es un excelente producto que recoge las virtudes de su predecesora (que de por sí no son pocas) e incluso las amplía y mejora. Es quizás lo mejor que hemos podido visionar en lo que llevamos de 2019 y probablemente el mejor título de corte fantástico de Netflix hasta la fecha. Tanto si eres fanático de la película anterior como si no, no lo dudes y échale un vistazo.

Carole & Tuesday, un himno a la música

Shinichirô Watanabe es ese nombre que se encuentra detrás de títulos como Cowboy Bebop, Samurai Champloo o Zankyou no Terror. Es decir, lo más «mediocre» de su obra no cae por debajo del notable (a falta de ver completa Space Dandy) y su cumbre se encuentra entre los considerados títulos de culto. Evidentemente, la llegada de un nuevo anime bajo su firma, con el estudio Bones detrás y aunando dirección junto a Motonobu Hori, nos tenía a todos los seguidores atentos y, hay que admitirlo, con las expectativas por las nubes.

Carole & Tuesday, cuyos primeros 12 capítulos (de un total de 24) pueden verse en Netflix, narra las peripecias de dos jóvenes (con voces de Miyuri Shimabukuro y Nai Br.XX en la de canto; y Kana Ichinose y Celeina Ann, respectivamente), las que dan nombre al título, amantes de la música y que se encuentran fortuitamente en Alba City, una de las mayores (sino la mayor) ciudades de Marte. Ambas deciden fundar un dúo y empezar a crear canciones juntas, mientras en su camino se van cruzando con distintos personajes del star system, como la modelo Angela (Sumire Uesaka y Alisa en canto), el productor musical Tao (Hiroshi Kamiya), el mánager venido a menos Gus (Akio Ôtsuka), el DJ Ertegun (Mamoru Miyano) o el técnico de sonido Roddy (Miyu Irino).

Personajes carismáticos con una trama que no siempre sabe acompañarlos

Carole & Tuesday se divide en dos partes claramente diferenciadas: los 12 primeros episodios relatan la llegada a la fama de las dos protagonistas y los otros 12 sobre cómo lidian con ella, en palabras de Watanabe. Lamentablemente, esta separación produce varias crisis de identidad en la serie, lo que conlleva algún que otro altibajo.

"Carole & Tuesday". Estudio Bones.

«Carole & Tuesday». Estudio Bones.

Uno de ellos, y quizás el principal, es su título y campaña promocional. Carole y Tuesday son, al menos durante la primera mitad, las dos protagonistas casi indudables de la serie; pero este papel se va difuminando en pos de las apariciones de un sinfín de personajes y que, no vamos a engañarnos, a la postre Angela y su arco (que inteligentemente contrasta con el de Carole y Tuesday, yendo prácticamente a la inversa) resulta infinitamente más interesante y grandilocuente.

En resumidas cuentas, las dos protagonistas desprenden química e inevitablemente caen bien, pues representan a la música en sí, la esperanza, el salir adelante, la creatividad y por supuesto el cambio; pero carecen de conflicto en sus arcos argumentales (especialmente en la segunda mitad) o éstos se resuelven demasiado rápido.

En cambio, Angela y los personajes que envuelven a su desarrollo (Tao, Ertegun en cierto punto) te dejarán con ganas de saber más a cada instante y ofrecerán momentos que te dejarán los pelos como escarpias (los ending «Endless» y «The Tower» pasan a considerarse como dos de los momentos más angustiantes y hermosos del anime reciente). Como decíamos, el problema radica en la disociación entre título y desarrollo de la trama, como si Cowboy Bebop se hubiese llamado «Capitán Jet Black» (por muy bien que nos caiga el bueno de Jet).

Watanabe hace obras en base a sus personajes y esta no es la excepción (quizás sacrificando en ocasiones la trama en el proceso). Vamos descubriendo Alba City y los recovecos del «star system» de la mano de Carole, Tuesday, Angela, Tao, Roddy, Gus o Ertegun. Siguiendo su estilo, su narrativa es mucho de mostrar con hechos en lugar de palabras (y puede que incluso se contradigan los unos con las otras a veces, humanizando con ello a sus creaciones) y de ahondar en psiques y miedos, lo que aquí vuelve a lograr especialmente (cómo no) con el personaje de Angela.

«Carole & Tuesday». Estudio Bones.

Siguiendo esta estela, nos hallamos ante una primera mitad más centrada en los temores y miedos de Carole y Tuesday, con un arranque fresco y muy prometedor; frente a una segunda parte en la que la mayor parte del grueso narrativo (o al menos el que más implica emocionalmente al espectador) recae sobre los hombros de Angela, culminando en un final hermoso y apoteósico, si bien demasiado abierto para mi gusto (incluso para los niveles de ambigüedad de Watanabe).

Esta inversión paralela de desarrollos de personajes sacrifica en algunos momentos la trama, como adelantábamos. En este caso, encontramos episodios que no se sabe muy bien por qué suceden (el de Tuesday y el periodista podría haber sido sustituido perfectamente por uno dedicado a Roddy, que falta le hacía) y demasiadas subtramas abiertas de forma simultánea, algunas de ellas parece que incluso de forma arbitraria. Quizás sea la pluma de la escritora Aya Watanabe, que se encuentra asimismo detrás del proyecto y en cuya trayectoria vemos algunos «doramas». Sí, podría decirse que narrativamente Carole & Tuesday se parece a un «dorama» o telenovela en más de un aspecto.

Todo ello transmite una sensación de que no va a dar tiempo (recordamos que se trata de una serie de 24 episodios) a culminar y abordarse de forma satisfactoria, como efectivamente ocurre dejando varios arcos importantes abiertos, emociones a flor de piel y los famosos (y muy logrados) 7 minutos aparte. La serie dirigida por Watanabe y Hori adolece de algún que otro problema de ritmo por ello.

«Carole & Tuesday». Estudio Bones.

El poder y la importancia de la música

No obstante, personajes aparte, la gran virtud de Carole & Tuesday se lo lleva el enfoque y el himno que hace a la música. Como he crecido en un hogar muy musical, donde la radio y discos sonaban a cualquier hora ociosa, esta serie se me ha hecho especialmente cercana  (imagino que la emoción que despertará en un músico no será poca). No podemos olvidar que la música (y la cultura pop, especialmente la occidental) siempre ha jugado un papel esencial en la obra de Watanabe.

Se aborda la música de todas las maneras posibles y en sus expresiones, desde la melodía simple que te alegra un momento tontorrón, hasta la canción como protesta y movimiento social, o las letras usadas para hacer llegar mensajes que de otra forma no lo harían a nuestros seres queridos. En definitiva, la música como vía creativa y forjadora de vínculos.

Del apartado técnico, poco se puede decir salvo que es espectacular, especialmente la música y banda sonora (en una serie de estas características no podía ser de otro modo). Se nota que han invertido dinero, tiempo y esfuerzo en encontrar a artistas que presten sus voces y talento para los temas de diversa índole que van sonando, casi todos ellos muy característicos. Y no podemos dejar pasar la portentosa conjunción de seiyuu, que tenemos aquí a Hiroshi Kamiya, Mamoru Miyano, Maaya Sakamoto, Megumi Hayashibara o Takahiro Sakurai, por nombrar a algunos, bajo un mismo título. De la animación, a cargo del estudio Bones, poco se puede decir (a pesar del uso de algunos planos repetidos entre episodios).

En definitiva, Carole & Tuesday es un obligado para los seguidores de la obra de Watanabe y los amantes de la música a secas. Reúne a personajes interesantes a los que lamentablemente la trama no sabe acompañar en ocasiones y con algún que otro altibajo narrativo, especialmente en la mitad, si bien guarda momentos cómicos y melodramáticos, incluso hermosos, para el recuerdo. A nosotros desde luego nos ha hecho pasar seis meses apasionantes.

P.D.: Ver las primeras y últimas apariciones de Angela, Tao y Ertegun demuestra lo brutal que ha sido el desarrollo de estos personajes.

The Ancient Magus Bride, un cuento de hadas sobre crecimiento personal

No soy muy de empezar entradas contando experiencias personales, pero en este caso no se me ocurría otra forma de hacerlo, ya que lo experimentado con The Ancient Magus Bride (Mahô Tsukai no Yome en japonés y al español vendría a ser La esposa del hechicero) no me suele pasar.

Este es uno de esos casos donde conocí el manga cuando todavía no tenía adaptación a anime (ni tan siquiera lo había traído aún Norma Editorial a España), me enganchó, por supuesto esperé a la versión animada y llegó un punto, hacia el final de la trayectoria de ésta última, que la trama alcanzó al manga. Y me cabreé muchísimo. De pronto, viendo los capítulos semanales del anime y leyendo mensualmente los del manga, me pareció que todos los personajes se habían vuelto idiotas o quizás la autora (Kore Yamazaki) había perdido el juicio y control sobre su obra. Todo ello causó que, una vez terminado el anime y finalizado el arco de Cartaphilus, dejase de leer el manga (además el arco de la academia no me resultaba nada prometedor al traerme demasiadas reminiscencias de Hogwarts).

Sin embargo, he aquí que Netflix trajo hace unos días el anime completo de The Ancient Magus Bride (lo que hay hasta ahora, quiero decir, que a todas luces habrá más cuando el manga tenga más capítulos acumulados) y me entró una extraña sensación de morriña (será el temporal). Me encontré viéndomela entera en un fin de semana. Y gozándola. Se puede decir que me he reconciliado con la obra.

Por ello quiero iniciar este análisis con una conclusión: The Ancient Magus Bride se disfruta mucho más de tirón (e incluso en la versión animada que en la de papel, ya que su salida mensual es casi agonizante). Tiene un ritmo lento y pausado, eso se percibe desde sus inicios y conforma parte del encanto y personalidad de la obra, pero es que la evolución de Chise, otro de sus pilares, puede resultar inconexa, forzada y hasta surrealista a un ritmo de capítulo por mes. Admito que incluso había malinterpretado la relación entre la pelirroja y Elias durante los primeros episodios del manga porque, simplemente, se me habían olvidado los matices y detalles (y este título está repleto de ellos respecto a la psique de sus personajes).

The Ancient Magus Bride. Estudio Wit

The Ancient Magus Bride se yergue sobre una premisa complicada

La historia da comienzo con la subasta de una adolescente japonesa, Chise Hatori (voz de Atsumi Tanezaki), que ha perdido las ganas de vivir (de hecho estaba a punto de suicidarse antes del inicio). Un misterioso ser con cuerpo humano y cabeza en forma de calavera animal que responde al nombre de Elias Ainsworth (Ryôta Takeuchi, y los nombres ya juegan con las palabras en varios idiomas) la compra por un precio desorbitado para convertirla en su aprendiz… y esposa. Resulta que Chise es una «sleigh beggy», un extraño ser de extraordinario poder mágico que atrae, para bien o para mal, a todo tipo de criaturas del otro lado. Por eso, qué mejor que situar la narrativa en Reino Unido, país con amplia historia y folclore al respecto.

Como se puede apreciar, la premisa de la historia no es la que diríamos la ideal para un cuento de hadas (o sí, si tenemos en cuenta los de antaño). Sin embargo, Yamazaki le da la vuelta al tropo. No convierte a Elias en héroe ni en villano, no le da a la chica pero tampoco se la quita. Desde el primer momento, aunque Chise, por su nula autoestima, caiga en una absoluta relación de dependencia con Elias, se es advertido que eso no está bien: a los humanos no se los compra, no hay que volcarse exclusivamente en una persona y es necesario ir creando una relación de confianza y bienestar mutuos, así como ir construyendo la propia vida (que incluye, evidentemente, a un círculo más o menos amplio de experiencias y conocidos).

Si bien hay algún chiste de ligero (MUY ligero) innuendo sexual, tanto Chise como Elias se comportan emocionalmente como dos niños, pues ninguno ha tenido la oportunidad de crecer junto a sus congéneres (a Chise no la dejaron, Elias en parte no quiso) y por ello su vínculo va evolucionando y enredándose en el de maestro-aprendiz, padre-hija, madre-hijo, amigos y matrimonio. Por ello, tanto la evolución de Chise como la de Elias son troncales en esta obra.

The Ancient Magus Bride. Estudio Wit

Un envoltorio mágico

The Ancient Magus Bride nos recuerda ocasionalmente a Fruits Basket en relación a que ambas son obras que se adentran mucho en la psique de unos personajes dañados y traumatizados, donde el abuso (emocional y físico) está presente por doquier, donde la protagonista es una adolescente que se sobrepone y ofrece soporte emocional a (casi) todos, donde se dan vuelta a ciertos tropos (románticos) y donde la figura materna está MUY presente. Pero  tanto drama no es tal y la sangre no llega al río gracias en buena parte a dos puntos: los dos son títulos que, al fin y al cabo, pueden ser disfrutados por un público juvenil, por lo que los momentos dulces y románticos abundan a su vez; y a que las tramas tienen un trasfondo mágico (utilizado muchas veces como metáfora o hilo conductor), mucho más presente en The Ancient Magus Bride.

Magia es un vocablo que debería ir unido intrínsecamente a esta obra. Hay magia en el argumento, pero y sobre todo en el anime lo hay en todo el apartado audiovisual. Es un trabajo que se goza por los ojos y oídos durante sus 24 episodios de duración (y esto ya es un logro). Por ello debemos agradecer la enorme labor adaptativa que ha realizado Norihiro Naganuma (uno de los invitados a la próxima Japan Weekend, por cierto), pasando del papel a la pantalla unos escenarios, personajes y situaciones maravillosas (muy británicas, claro está); así como la excelente partitura de Junichi Matsumoto, donde podremos deleitarnos en el sonido de gaitas y flautas, entre otros.

El estudio Wit en definitiva pone aquí toda la carne en el asador y se marca un trabajo que, en cuanto a serie de anime se refiere, solo hemos visto superado en hermosura por Kyoto Animation y su Violet Evergarden (que tiene menos de la mitad de episodios, todo sea dicho). El anime de The Ancient Magus Bride es para verlo dejándose llevar, sin prisas, disfrutando de su paleta de colores y de los mundos en los que habitan Chise, Elias, Ruth, Shilky y los demás.

En conclusión, The Ancient Magus Bride es una título para ver de forma continuada para no perder detalle sobre la evolución de los personajes, pero deleitándose en sus momentos hermosos, mágicos y pausados. Es una obra en la que vale la pena sobreponerse a una premisa inicial que luego no es tal y así poder disfrutar de una historia que tiene más matices de los que parece y de unos personajes carismáticos y profundos (especialmente sus dos protagonistas).