Todos los «fallos» que el remake de La Bella y la Bestia ha sabido arreglar

Ya han pasado un par de semanas desde el estreno del remake de La Bella y la Bestia, que sigue arrasando en las taquillas de medio mundo. Como la crítica sin spoilers ya la hicimos, ahora vamos a adentrarnos un poco más en especificaciones del guión, concretamente en esos arreglos que, como decíamos, han sabido parchear en esta nueva versión del clásico animado de Disney (ahora sí, avisamos que habrá SPOILERS). Antes también, un aviso: con esto no queremos desprestigiar la versión animada, que guarda un bonito rincón en nuestra memoria. Pero sí es cierto que quizás en algunos aspectos ha envejecido algo mal o, más probable todavía, que nosotros hemos crecido y nos hemos vuelto más quisquillosos. Ahora sí, sin más dilación (aviso de SPOILERS otra vez):

  • Nada más empezar la película, se especifica la edad de Bestia o, al menos, nos lo muestran como un hombre ya crecidito (con el rostro de Dan Stevens intentando marcarse un Luis XIV). En la cinta animada, las cristaleras nos mostraban una Bestia también aparentemente adulta, pero aparte de lo ridículo que quedaba él mismo recibiendo a la anciana/hechicera en la puerta (¿no tenía criados? ¿Ding Dong estaba en el baño?), nunca quedaba claro su edad, sobre todo tras contarnos el narrador el hechizo y su fin una vez éste alcanzase los 21 años. Este último dato llevó a que varios fanáticos de la película debatiesen en foros durante años la edad que tendría Bestia cuando le cayó encima la maldición, y muchos llegaban a conclusiones del tipo de que sería un niño o un adolescente. Si hubiese sido así, la hechicera habría resultado bastante cruel por castigar a «un niño déspota». Sin embargo, siendo ya un adulto, la percepción cambia y todo cobra mayor sentido. Además, ya no es Bestia quien va a abrir la puerta cuando suena el timbre.
La crisis llegó al castillo de Bestia y tuvo que recortar personal

La crisis llegó al castillo de Bestia y tuvo que recortar personal

  • Tras caer el hechizo, la narración del remake nos deja claro otro efecto del mismo: todos aquellos allegados a los súbditos de Bestia, e incluso a la propia Bestia, que no fueron afectados por la maldición, perdieron la memoria. Esto incluía a poblaciones enteras como la de la aldea donde habitan Bella y su padre. Este dato no existía en la versión animada, dejándonos la siguiente duda: si ni tan siquiera en una aldea próxima conocían la existencia de un príncipe y un castillo… ¿sobre qué reinaba entonces Bestia? ¿Los lobos?
  • El bibliotecario de la aldea de Bella es ahora un clérigo… lógico, si nadie más que Bella le alquilaba o compraba libros en el pueblo, el negocio se habría ido al traste hace mucho tiempo. Además, el clero solía ser la parte culta de la sociedad de antaño.
  • Se torna más coherente la edad/aspecto de la señora Potts (interpretada aquí por Emma Thompson), dejando de tener la apariencia de una entrañable abuelita que al final liga con el padre de Bella. Esto nos despeja la duda de cuándo habría tenido en realidad la señora Potts a un niño de la edad de Chip, o si éste era en realidad adoptado o su nieto (de hecho, en el remake aprovechan y hacen un chiste sobre esto). En la nueva versión hasta hay un señor Potts. Y, por supuesto, la señora Potts versión tetera ya no aparece rodeada de decenas de tazas/hijos (!).
  • Gastón y LeFou aprenden el camino hacia el castillo de Bestia a través de Maurice y antes del tercer acto, lo que posteriormente vuelve más convencional que Gastón y los demás vayan a por la Bestia y directos al castillo (en la de dibujos utilizaban el espejo mágico como GPS y ya).
  • Con esto también se da más tiempo para la acción, Bella y Bestia no se enamoran TAN rápido. Si recordamos, en la de dibujos Maurice vuelve a la aldea a pedir ayuda, nadie le hace caso y entonces él vuelve por su cuenta a rescatar a Bella, cayendo inconsciente en el bosque (así lo visualiza Bella en el espejo, acudiendo luego presta a salvarlo). Esto supondría que entre la liberación de Maurice y el baile (que es cuando Bella lo ve en el espejo) habrían pasado solamente unos pocos días, MUY poco para tornar creíble un enamoramiento por parte de la muchacha (lógico que la gente mencione entonces el Síndrome de Estocolmo). Estos problemas con los tiempos los solucionan en el remake añadiendo más acción de por medio: Maurice vuelve a la aldea a pedir ayuda, Gastón sí se presta a hacerlo a cambio de conseguir posteriormente la mano de Bella, los tres (Maurice, Gastón y LeFou) emprenden camino hacia el castillo y allí el personaje interpretado por Luke Evans se cansa y golpea al padre de Bella, dejándolo inconsciente y atado en el bosque. Posteriormente, a Maurice lo rescata la hechicera, que se lo lleva con ella de regreso a la aldea. Mientras Maurice va recuperando la consciencia, Gastón  complota con el loquero del pueblo para que encierren a Maurice. Como vemos, suceden varias cosas más, lo que supondría mayor tiempo para que Bella y Bestia vayan construyendo un vínculo.
  • Casi la novedad más comentada de todas: LeFou es gay. Para algunos, esto supone un cambio irrelevante propio de «la moda de lo políticamente correcto». En realidad, no solo podía interpretarse como que el LeFou animado también era gay (seriously), sino que el además hacerlo ahora más claro sirve como justificante de su actitud de admiración hacia alguien como Gastón. Teniendo en cuenta que ambos son ya dos personas adultas y que, se supone, han dejado el periodo adolescente atrás, quedaba algo extraño (por no decir poco recomendable), ver que alguien seguiría a Gastón tan ciegamente como lo hace LeFou (ya en la de dibujos animados) «porque sí» (porque, claramente, Gastón muchas virtudes no tiene, aparte de el ser varonil, atractivo y peludo (??)).
  • Bestia tuvo una educación cara… lógico, es un príncipe (en la de dibujos apenas sabía leer). Lo que ayuda a que Bella se enamore de él (son dos nerds).
  • Bella y Bestia ahora tienen un pasado, lo que explica la actitud de Maurice hacia el resto del pueblo y en el caso de Bestia que fuera una persona «complicada».
  • Se deja claro que Bella sabe algo de ingeniería/mecánica, lo que logra que puedan liberarse ella y Maurice sin la intervención de Chip, una de las partes quizás más infantiloides de la versión animada.
  • Bella intenta comer durante todo el número musical de Qué festín/Be Our Guest… Lógico, la muchacha tenía hambre. Ganas de fiesta y para el té tendría pocas.
  • Esto no es que solucione un aspecto del guión en sí, pero… Evermore.
Para qué comer cuando podemos estar de juerga

Para qué comer cuando podemos estar de juerga

La Bella y la Bestia (2017): Bonito homenaje que consigue mejorar algunos aspectos

Se veía venir: Disney está arrasando en las taquillas de medio mundo con su última adaptación a imagen real de uno de sus clásicos más emblemáticos: La Bella y la Bestia. La original animada de 1991 suele estar guardada en un bonito rincón de nuestra memoria (servidora contaba con solo cuatro primaveras cuando la vio por primera vez) y es también reflejo del éxito comercial y crítico. De hecho, fue la primera película animada en ser nominada en la categoría de Mejor Película en los Oscars, antes de que existiera el apartado propio para la animación.

Debido a los buenos números cosechados por anteriores remakes de Diney (La Cenicienta, Maléfica o El libro de la selva son buenos ejemplos de ello), era inevitable imaginar que en esta ocasión volverían a lograrlo. Otro cantar sería el apartado de calidad, puesto que muchos eran los escépticos con la necesidad de una nueva adaptación (y en carne y hueso) de una cinta tan añorada por tanta gente de la generación que ya ronda la treintena. No solo han conseguido atraer la nostalgia (especialmente a través de la música) sino incluso mejorar algunas incongruencias que existían en el guión de la película animada (pero que nosotros, inocentes niños por aquel entonces, habíamos sido capaces de obviar y posteriormente perdonar).

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Con Bill Condon (Mr. Holmes, Crepúsculo: Amanecer) tras las cámaras y con nuevo guión adaptado de Stephen Chbosky (Las ventajas de ser un marginado) y Evan Spiliotopoulos (Las crónicas de Blancanieves: El cazador y la reina del hielo), el escepticismo fue in crescendo. El hecho de que se unieran al reparto Emma Watson (famosa sobre todo por su Hermione en toda la saga cinematográfica de Harry Potter) como Bella y Dan Stevens (el primo Matthew de Downton Abbey y ahora el protagonista de Legion en Fox) como Bestia incrementó las miradas atentas de los fanáticos, escudriñando cualquier detalle. Posteriormente los seguirían Luke Evans (Drácula: La leyenda jamás contada), Josh Gad (Pixels), Ewan McGregor (Star Wars), Ian McKellen (El señor de los anillos), Kevin Kline (Un pez llamado Wanda) y Emma Thompson (Salvando al Señor Banks): todo un conjunto de reconocidos y aclamados actores que aumentaban las expectativas. Además, Alan Menken y Howard Ashman, compositores de la banda sonora de la versión animada, también confirmaban su regreso para hacerse cargo de las nuevas partituras, donde se les unía a su vez otro gran veterano como Tim Rice. En este sentido, la calidad musical estaba más que asegurada, como así ha terminado siendo.

Adentrándonos en el producto final, nos encontramos ante una versión muy fiel a la animada, pero con algunos cambios y agregados que saben corregir incongruencias que ya se habían percibido desde hacía años en la cinta de 1991 (no, no entraremos en spoilers). También han sabido aportar mayor profundidad a personajes como LeFou, pero además a los propios Bella y Bestia (ahora hasta tienen un pasado, lo que hace que su relación y vínculo amoroso se torne más creíble). Y han sumado un par de temas nuevos que encajan bastante bien con lo que acabamos de mencionar. De hecho, hay uno en concreto (Evermore, en la versión original) que nos ha parecido casi el mejor momento de toda la película, con una Bestia que se vuelve más Fantasma de la Ópera (el del musical de Andrew Lloyd Webber) que nunca y que sirve para especial lucimiento de Dan Stevens (la hemos visto en versión original; aunque por lo que hemos podido escuchar la doblada al castellano tampoco ha salido mal).

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En el apartado negativo, quizás se note algo raro en el ritmo hacia el comienzo de la película, probablemente debido a que estamos acostumbrados a la versión de 1991 y que, claro, no es lo mismo construir algo animado que en carne y hueso (si Emma Watson se pusiera a gesticular exactamente igual que la Bella animada lo más seguro es que pecase de histriónica). También que los más nostálgicos (o no tanto) dirán que carece del espíritu de aquélla. En lo personal, si bien he percibido lo del ritmo, he encontrado que esta nueva versión posee a su vez un encanto único, elaborado no solo con la música, sino también con la escenografía y ese toque tan «de cuento» que han sabido darle.

Quizás por ese tipo de estética es que el CGI sí puede llegar a cantar en algunos momentos. He leído algunas críticas hacia la expresividad del rostro de Bestia, pero en mi opinión lo que sí resultaba más llamativo eran los lobos, que en algo tenían que envidiar a los del remake de El libro de la selva (con la cara de Bestia yo ningún problema, de hecho el personaje me ha gustado incluso más que el animado, gracias a Stevens y al nuevo guión).

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Para ir finalizando, he de realizar una confesión: yo me encontraba entre ese grupo de gente que no le tenía ninguna fe a Emma Watson como Bella. No porque me pareciera mala actriz (no solo por Hermione, que también me había gustado y especialmente en Las ventajas de ser un marginado), sino porque en mi mente el recuerdo de la Bella animada era alguien con apariencia más «dulce». Afortunadamente, he estado equivocada. Emma Watson ciertamente no es tan dulce como la Bella de 1991, pero el guión lo merece. Los tiempos cambian y hay aspectos de algunos relatos clásicos que conviene dejar más claros, teniendo aquí un ejemplo interesante. Además, sale bien del paso en cánticos y demases. Nada que objetar del resto del reparto, pero si me tuviera que quedar con alguien (aparte de Watson y Stevens) sería con McGregor y su simpático Lumière; aunque sea por lo mucho que, dice, le ha costado hablar con el acento francés.

Por qué triunfa tanto el remake de La Bella y la Bestia (Disney)

Aún faltan dos meses para su estreno (el 17 de marzo) y, sin embargo, Disney ya la está promocionado como si estuviera a la vuelta de la esquina (una práctica que, por otro lado, tampoco es ajena a la Casa del Ratón). Y no es para menos. Mantiene el récord del tráiler más visto en Youtube en 24 horas (con más de 127 reproducciones en todo el mundo), superando a cualquiera de los avances de Star Wars o Cincuenta sombras de Grey, quienes ostentaban dicho título hasta entonces. Además, remakes en imagen real llevados ya a la gran pantalla por Disney han cosechado buenos resultados (siendo el más destacado el de El libro de la selva, que ya tiene apalabrada una secuela). Por lo tanto, no es de extrañar el mimo y cuidado que le están poniendo a toda la campaña promocional de la nueva La Bella y la Bestia en imagen real (y generada por ordenador).

¿Pero qué otros factores son los que nos hacen prever el gran éxito que promete ser esta nueva versión del clásico de Beaumont?

La adaptación animada de Disney de 1991

El remake que nos ocupa lo es, más concretamente, de la versión animada que Disney estrenó en cines allá por 1991. En medio de una nueva era dorada, el Renacimiento de Disney, tras haber cosechado un enorme éxito con La Sirenita en 1990, la Casa del Ratón repitió y dio en la diana con la película que nos ocupa. Enseguida obtuvo un enorme reconocimiento de crítica (tiene un 92% en RottenTomatoes) y público (fue la tercera cinta más taquillera de su año, por encima incluso de Terminator 2 o de Robin Hood: Príncipe de los ladrones). Incluso fue nominada al Óscar de Mejor Película, cuando todavía no existía un departamento exclusivo para la animación.

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Teniendo en cuenta así que la cinta de animación en la que está basada (prácticamente plano por plano, a juzgar por los tráilers) fue ya un éxito en su tiempo, Disney se cubre las espaldas y espera, al menos, repetir números. Si tenemos en consideración la inflación (no cuesta lo mismo la entrada al cine hoy que en 1991) y la edad de los que disfrutaron de la cinta de animación (algunos de los cuales ya serán a su vez padres), sumándoles los niños de ahora (algunos de los cuales se acercarán a La Bella y la Bestia por primera vez), es altamente probable que el remake supere el éxito de su predecesora.

Emma Watson, Hermione Granger

Ya tenemos comprobado que los de Disney no son tontos. Persiguen, primero de todo, hacer taquilla con un producto que al menos resulte entretenido para el gran público. Lo saben y lo aplican a la hora de buscar a actores para sus películas de imagen real. El ejemplo de Mowgli en El libro de la selva es un caso aparte: el protagonista es de por sí un niño (y no hay muchos actores infantiles que sean realmente conocidos y famosos) y, sobre todo, el gran atractivo de aquélla residía en los personajes animales. ¿Quién no prefiere, acaso, a Bagheera o a Baloo sobre Mowgli?

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Con La Bella y la Bestia nos adentramos, en cambio, en el mundillo de «las princesas Disney», tan sobre-explotadas por el merchandising. La elección requería de una actriz que poseyera una cara bonita (no recibe el nombre de «Bella» por casualidad), supiera cantar… y fuese conocida. La elegida fue Emma Watson. Ya lo habían intentado con ella para el remake en imagen real de La Cenicienta, pero a Watson le había parecido un ejemplo algo negativo para las niñas de hoy, por lo que denegó el papel. Con Bella, al parecer, interpretaría a una mujer de valores algo más modernos (aunque los debates en torno a este concepto son variopintos, pero eso formaría parte de otro artículo) y, como decíamos, el éxito de la original de animación había sido abrumador en su día (no tan lejano como el de La Cenicienta), así que aceptó.

Con Watson llegaron hordas de fans de la saga de Harry Potter. No por nada, ella había sido durante años el único rostro conocido de Hermione Granger, amiga de Harry y heroína de la franquicia. Había crecido y se había dado a conocer con las adaptaciones cinematográficas de los libros, ya de por sí con un éxito abrumador entre los lectores de todo el mundo. Además, es probable que varios de los seguidores de las aventuras del joven mago hayan disfrutado en su día de La Bella y la Bestia, cinta animada de 1991.

The Beast (Dan Stevens) with Lumiere the candelabra and Cogsworth the mantel clock in the castle kitchen in Disney's BEAUTY AND THE BEAST, a live-action adaptation of the studio's animated classic which is a celebration of one of the most beloved stories ever told.

Emma Watson no es el único miembro del reparto que sobresale; aunque sí sea la protagonista y la que más suele destacar en todo el material promocional lanzado al público. La acompañan Dan Stevens (Bestia), el «primo Matthew» que tuvo a muchas suspirando durante las primeras temporadas de Downton Abbey; Luke Evans (Gaston), otra cara conocida y atractiva; Ewan McGregor (voz de Lumière), el ya archiconocido Obi-Wan Kenobi de las precuelas de Star Wars; e Ian McKellen (voz de Ding Dong), reconocido actor por, entre otros, sus papeles más comerciales: Gandalf y Magneto. Desde luego Disney no ha tenido reparos a la hora de realizar el casting.

Canciones y mucha nostalgia

Uno de los aspectos más reconocidos de La Bella y la Bestia, siendo un musical, son sus canciones. Compuestas por Alan Menken y Howards Ashman, quienes ya habían cosechado éxito con La Sirenita, los temas musicales de La Bella y la Bestia continúan siendo en la actualidad de los más reconocidos de la Casa del Ratón. Quiénes no han tarareado nunca «Qué festín» o se han emocionado con «Bella y Bestia son». Incluso Gaston cae más simpático cuando canta su tema musical en la taberna. Pero no solo los temas con letra: la melodía que da inicio a la película seguramente haya quedado guardada en los tímpanos de todos los que hemos crecido con la cinta. Disney ya se había percatado de ello y es el tema utilizado en el comienzo de todos sus tráilers.

Disney no es sutil con su estrategia: quiere explotar el factor nostalgia. No solo con sus historias y personajes, también y especialmente con la música, uno de los factores que más emociones despierta en el receptor. A juzgar por el efecto cosechado por los tráilers, sin duda lo ha conseguido. No es casualidad que la primera vez que se ha escuchado a Emma Watson cantar «Something There» («Algo Nuevo») haya sido a través de una de las muñecas que saldrán con motivo de la película y haya resultado en uno de los vídeos más virales en redes sociales.

Por otro lado, ya se ha confirmado que Celine Dion, quien ya participara en la animadade 1991, regresa en esta ocasión con un nuevo tema: «How Does a Moment Last Forever» («Cómo un momento dura para siempre»). Nostalgia pura y dura.

La historia, vieja como la vida misma

No nos referimos simplemente a que La Bella y la Bestia provenga de tantos años atrás que se ha perdido el rastro de su origen. O que haya tenido multitud de adaptaciones hasta la fecha, siendo la animada de Disney una más entre el montón. No, nos referimos a que el Síndrome de Estocolmo vende. Chica buena y de gran corazón en condiciones adversas acaba enamorándose del hombre causante de dichas desdichas, que a la postre pues no es tan malo, sino un incomprendido e inadaptado. Se le adereza un punto de «la belleza está en el interior» y ya obtenemos el producto. Lo hemos recibido con las mencionadas adaptaciones de La Bella y la Bestia, también con El fantasma de la ópera (a su vez en múltiples versiones), e incluso con historias propias de la cultura pop como Dentro del laberinto (Labyrinth, 1986).

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Es aquí y a su vez donde más críticas está recibiendo la historia de La Bella y la Bestia: ¿qué es eso de que una mujer acabe enamorada y rendida a los pies del hombre que la encierra? ¡Si es un capullo! Si le añadimos el factor de que el hombre en cuestión encima es milloneti y posee multitud de bienes materiales (bueno, no por nada es un príncipe; aunque ha de serlo del bosque y de los lobos, porque población se ve poca), el mensaje de «belleza interior» queda un poco difuso.

Sea como fuere, la historia es vieja como la vida misma y no, no la ha creado Disney. Y, nos guste o no, algo tendrá que siempre evoca una poderosa fascinación sobre el gran público. Sino, no hubiera perdurado hasta nuestros días.

Japoneando Anime: Mahou Tsukai No Yome

Esta quincena trataremos un manga (también con adaptación al anime en formato OVAs) que es para nosotros muy especial: Mahou Tsukai No Yome (魔法使いの嫁 The Ancient Magus Bride). Lo es porque nos encontramos ante un manga japonés con protagonista japonesa, pero que versa sobre el folclore de origen celta (al menos en su mayoría) y se ambienta, claro está, en Inglaterra.

Su autora es Kore Yamazaki y este es su primer trabajo conocido fuera de Japón. El manga tiene una periodicidad mensual y en España está siendo publicada por Norma Editorial. Con lo bonito que es, no sé a qué estáis esperando para haceros con él (o darle una oportunidad, al menos). Como adelantábamos, tiene una adaptación al anime en formato OVAs, que serán un total de tres, de los cuales ha salido en la actualidad solamente el primero. La animación corre a cargo del Estudio Wit (Shingeki no Kyojin) y parece que será tan bonito como su versión en papel.

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¿De qué trata Mahou Tsukai No Yome? Chise Hatori es una joven pelirroja y con ojos verdes de origen japonés que lleva una vida bastante complicada: su padre las abandonó a ella y a su madre, por lo que ésta última optó por suicidarse. Chise ha tenido poderes mágicos desde muy pequeña: es capaz de ver y percibir cosas que nadie más puede notar. Sin embargo, esta capacidad no ha hecho más que traerle problemas, ya que entre eso y su aspecto (ser pelirrojo en Japón no es algo muy común, aunque en el mundo del manga y el anime pudiera parecer lo contrario), los demás han tendido a marginarla. Hasta que un día aparece un misterioso hombre y le dice que va a ser vendida a unos señores muy importantes, que se encuentran más allá del mundo que ella ha conocido hasta la fecha. Chise, entre desesperada y deprimida, accede. Y así es como aparece en su vida Elias Ainsworth, un ser antropoforme con cabeza en forma de cráneo de una bestia. Elias decide llevársela a su hogar y enseñarle todo lo que un mago necesita saber, puesto que Chise es en realidad una Slay Vega, un ser de enorme capacidad mágica, pero a cambio de poder costarle la vida…

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Así da inicio esta serie, donde se nos irá desvelando un mágico mundo repleto de seres propios de las creencias de origen celta.

Mitología celta… y no tan celta

En este rico universo que Chise (y el espectador) irá descubriendo hallaremos multitud de criaturas (y las que quedan): desde los típicos dragones y hadas, hasta las banshees, pasando por los populares perros negros o Padfoot, entre otras muchísimas criaturas. Lo emocionante de cada capítulo de Mahou Tsukai No Yome es descubrir con qué nuevo ser se encontrará Chise, y cómo reaccionarán unos y otros. Como en todo, hay criaturas benignas y malignas; aunque una de las virtudes de este manga es que su autora no se dedica mucho tiempo a juzgar. Por ejemplo, aquí el Padfoot, que suele ser considerado una señal de mal augurio, acaba siendo un familiar y uno de los seres más cercanos a Chise.

Asimismo, a medida que va avanzando el manga y vamos conociendo a más y más criaturas, nos surge la eterna duda: ¿Qué diablos es Elias? ¿Una quimera (sí, también hay quimeras)? ¿Un ser benigno que acabó usando magia oscura? O la que cuadra más (hasta el momento, al menos) de todas: un wendigo. El wendigo, para los pueblos originarios de algunas zonas de Canadá, es un ser mitad hombre, mitad bestia. Normalmente suele habitar en lugares fríos y en lo profundo de los bosques y, en algunas cosmologías, se alimenta de personas. De hecho, el wendigo es visto como un castigo para aquéllos que, presas de la hambruna propia de lugares tan inhóspitos, se ven obligados a comer carne humana. No es de extrañar, puesto que los primeros colonos ingleses que pisaron suelo en lo que hoy es conocido como Canadá acababan por lo general muriendo de inanición. También pueden ser asociados con la codicia. Además, el wendigo es visto como un ser bastante más alto que un humano, ya que crece en proporción a la carne que haya comido. Si nos fijamos en lo poco que sabemos del pasado de Elias, cuadra bastante con la definición del wendigo: fue encontrado por Lindenbaum en medio de un bosque cubierto de nieve, agotado y amnésico perdido. Lo único que murmuraba era que tenía hambre. Lo único que recordaba era el color rojo (¿sangre?). Y no podemos olvidar que casi se come a Chise en pleno arrebato… Así que, salvo sorpresas de última hora, apostaríamos por que es un wendigo.

La Bella y la Bestia

Versión japonesa. Porque el otro principal componente de esta obra, aparte de todo lo folclórico y anglosajón que la inunda, es la creciente relación entre Elias y Chise (de ahí el título The Ancient Magus Bride). No son pocos los que han corrido a clamar a los cuatro vientos su paralelismo con la Bella y la Bestia. Si bien es cierto que la base es la misma (chica joven se enamora de hombre con apariencia de bestia), lo cierto es que todo el resto que la compone es totalmente distinto. Tampoco podemos olvidar que el mismo concepto de enamorarse más allá de las apariencias ha sido repetido hasta la saciedad (El fantasma de la ópera, la adaptación fílmica de V de Vendetta, etc.). Pero lo fundamental de la relación que se establece entre Chise y Elias no es el enamoramiento, sino la evolución y el descubrimiento de la identidad que uno va descubriendo junto al otro. Chise porque aprende cada vez más sobre un mundo totalmente mágico y nuevo para ella, y de paso va queriéndose un poqito. Elias porque va comprendiendo poco a poco el significado de su humanidad (la cual también había olvidado por completo). En cierta forma, son como dos niños que van creciendo juntos. Y sobre todo, Chise por una vez empieza a ser consciente de su propia existencia y del valor irreemplazable que ésta posee, tras haber pasado una infancia y adolescencia totalmente desdichadas y que la habían sumido en un estado de depresión absoluto.

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Por lo tanto (y sí, a pesar de las apariencias), el lector va queriendo descubrir cada vez más sobre la relación entre estos dos protagonistas. Porque es una que implica la evolución y el crecimiento de ellos como personajes.

Conclusión

Si bien esta vez no hemos hablado de aspectos centrado en la sociedad y cultura propiamente japonesas, resulta curioso observar cómo es el acercamiento de una autora nipona a una cultura y mitología que no son suyas (lo que hacemos nosotros con ellos). En este caso, la anglosajona (no diremos exclusivamente celta, hay elementos en Mahou Tsukai No Yome que no lo son). Y más si el resultado tiene forma de una obra tan bonita y encantadora como esta. A pesar de su periodicidad mensual (se va leyendo muy poco a poco), la espera va mereciendo la pena. Con cada nuevo capítulo nos sentimos como Chise cuando acaba de llegar por primera vez a la casa de Elias: entre cautos y encandilados, es un nuevo mundo que se abre ante nosotros.

https://www.youtube.com/watch?v=g7Lsrfdbfe8