It, Capítulo 2: Un globo rojo a medio vuelo que se desinfla

Desde hace no poco tiempo impera una preocupante sequía de creatividad en la meca cinematográfica de Hollywood y asimismo en otros países, lo cual trajo aparejada consigo una sensación aún más preocupante de comodidad y aletargamiento en cuanto a lo que se refiere a nuevas ideas

Entendemos, claro, que hay nuevas ideas todo el tiempo, a cada cual mejor, pero lo que ocurre es que los que manejan los hilos del séptimo arte en Estados Unidos prefieren apostar a lo seguro y refritar y reversionar películas que son consideradas de culto en su versión original.

Habiendo dado las razones de lo que por qué creo que ocurre esto actualmente, curioso es el caso del gran Stephen Edwin King, que hoy nos convoca con la segunda parte de IT.

Muchos libros de este autor originario de Maine se han adaptado  al celuloide. Excelentes adaptaciones y otras no tanto.  Autor prolífico si los hay, comenzó con su emblemático libro Carrie (que su esposa Tabitha rescató del cubo de la basura). En una carrera con pocos altibajos y con el lujo de poder disponer de un álter ego con el que pudo seguir confirmando su valía como escritor, a sus 72 abriles recién cumplidos sigue manteniéndose vigente.

En cuanto a sus adaptaciones, es sabido el descontento que tuvo con Stanley Kubrick debido a que mantuvo con el director inglés diferencias creativas irreconciliables. Diferencias insalvables de concepto y visión guiaron a King a plasmar su propia versión en 1997.

Asimismo, la versión de 1992 de Cementerio de Animales tuvo este año su remake. No la he visto aún, tal vez lo haga, pero personalmente no me llevo bien con el cambio brusco que se hizo con uno de los puntos esenciales de la historia.

Todo lo anteriormente mencionado sirva de antesala para un cómodo y lo más objetivo posible abordaje sobre la última parte del derrotero de Pennywise y los chicos del Club de Los Perdedores.

El director argentino Andy Muschietti, gracias a Mama, su ópera prima, ganó  con creces su pase para dirigir esta película, que tiene una innegable connotación de culto entre los fans del terror.

La primera parte pasó dejando el pabellón muy alto, dejando al espectador a la vera de su asiento y con las expectativas muy altas, y la segunda y última parte nos deja una sensación un tanto ambigua.

Desde mi humilde punto de vista, toda reversión o remake de un clásico ofrece, con sus pros y sus contras, una posibilidad para mejorar y explorar aspectos que tal vez se pasaron por alto en su momento en la versión original. Por este simple pero contundente hecho esta película me brinda sensaciones ambivalentes.

La cinta hace justicia a factores importantes como incluir la secuencia y el arco de Adrian Mellon, una referencia necesaria en los tiempos que corren; pero para los que pueden tener objeciones, esto viene en el libro y fue omitido en la versión original de 1990.

Andy Muschietti logra dar luz y centrarse en la historia de cada uno de los personajes, pero peca en mostrar detalles que no ayudan a la historia a relucir por sí sola. Otro factor determinante para esta «performance» de vuelo accidentado es el exceso de metraje, que logra diluir la carga de miedo y tensión característica de la trama, para después sobrecargar con este recurso en el transcurso de la batalla final.

La película cumple las expectativas primarias de dar un cierre digno a la historia de los Perdedores. Pero no sin algunos baches y pasos de comedia innecesarios de la mano de Richie Tozier (Bill Hader), personaje que en esta versión se lo identifica en un marco social muy necesario en la sociedad actual.

Tal vez la constante que se debe rescatar y que casualmente conecta a ambas versiones es la excelente interpretación de Bill Skarsgård, dando a su Pennywise un nuevo abanico de matices expresivos, bastante únicos y personales que equiparan sin pudor y  con propio mérito a los del gran Tim Curry.

Personalmente, como seguidor de Stephen King, creo que la primera parte de la historia deja al espectador expectante y al borde de la silla en función de los cambios e innovaciones que puede presentar esta segunda parte. Pero ya en la segunda parte se desaprovechan algunos puntos fundamentales de la historia  y se abusa de ciertos recursos, lo que puede llegar a generar cierta lógica desazón en el fan acérrimo de Stephen King. En pocas palabras, la película cumple, pero como diría William Shakespeare: “Mucho ruido y pocas nueces”.

Como dato curioso, destacamos que se está pensando en tal vez realizar un tercer capítulo de la historia de Pennywise, en forma de precuela. Este punto da la pauta que no importa su formato, Pennywise sigue encantando y asustando por igual sin importar cuánto tiempo pueda pasar.

VALORACIÓN: 8 /10

Stranger Things: Qué le pedimos a la segunda temporada

La segunda temporada de Stranger Things está a puntito de caramelo, ya que se estrena mañana (27 de octubre) por la mañana en Netflix. Tras los buenos resultados en crítica y público de su primera etapa, ¿qué podemos esperar de esta segunda parte?

Nuevos personajes y un villano » a lo Stephen King»

Ha pasado un año desde los eventos de la primera parte y al inicio de este nuevo curso llegan a Hawkins dos nuevos personajes que, parece, darán que hablar: Max (Sadie Sink) y su hermano mayor Billy (Dacre Montgomery).

La muchacha irá a la misma clase que Will, Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo) y Lucas (Caleb McLaughlin), por lo que parece que surgirá una especie de triángulo amoroso entre éstos dos últimos y ella. Por lo demás, sabemos que Billy será un antagonista al estilo de los villanos humanos que escribe Stephen King, vamos, un auténtico capullo (si It, que está reciente en nuestras mentes, puede servir de ejemplo…), también siguiendo la estela de los clásicos rivales adolescentes y abusones que pululaban por las películas de los ochenta y noventa (volvemos a mirar hacia Cuenta Conmigo, 1986).

Por ahora, hemos podido ver a Billy brevemente en algunos tráilers, en uno de ellos enfrentándose a Steve (Joe Keery), de quien por cierto hablaremos más adelante.

También surgirá un nuevo personaje protagonizado por Sean Astin (para quienes todavía no lo sepan, el protagonistas de Los Goonies y Sam en El señor de los anillos), quien servirá de nuevo compañero sentimental de Joyce (Winona Ryder) y ¿posible figura paterna de Will (Noah Schnapp) y Jonathan (Charlie Heaton)?

Mayor presencia de Will

Si algo estaba claro nada más anunciarse que Stranger Things iba a tener más temporadas era que Will TENÍA que aparecer más, ya que al tratarse del niño desaparecido en la primera temporada dejaba poco lugar para que se luciera. Sin embargo, Will siempre ha sido esa figura omnipresente, el que mueve la trama aunque no esté, y en esta segunda parte puede ser finalmente las dos cosas: el motor narrativo y además contar con minutos y minutos de metraje.

Los tráilers y carteles también están dejando claro que Will claramente será esta vez protagonista también de forma física, pero queda por saber el cómo y cuándo. ¿Cuál es su conexión con el otro lado? ¿Por qué ese aura de «niño especial» que solo tenía hasta ahora Once/Eleven (Millie Bobby Brown)? Por cierto, también va siendo hora de un primer encuentro entre estos dos, ya que en los primeros episodios nunca vimos cómo se cruzaban sus caminos (aunque Once dijo conocerlo al haberlo visto en el otro lado).

Por ahora, se sabe seguro que Will estará bastante ocupado al principio lidiando con su estrés postraumático.

Triángulo amoroso adolescente y ¿venganza para Barb?

Ya se percibía bastante tensión entre Steve, Jonathan y Nacy (Natalia Dyer) en la primera temporada, aunque los tres quedaron en términos más o menos amistosos y Steve se había «redimido» al final de la misma.

Es lógico pensar que van a seguir explotando esta trama en esta segunda parte, sobre todo porque no fueron pocos los espectadores que se quedaron con ganas de que Jonathan se quedase con la chica, a pesar de la evolución del personaje de Steve.

Los avances han mostrado que efectivamente Jonathan y Nancy van a volver a trabajar juntos y que ésta y Steve parecen discutir al menos en alguna ocasión, por lo que habrá lugar para que la cosa evolucione, como está previsto.

Eso sí, Steve va a tener que seguir con su desarrollo como personaje y por lo tanto lo hemos visto más junto a Dustin y los chicos esta vez, haciendo quizás el papel de «hermano mayor del lado luminoso» frente a las capulladas de Billy (el «hermano malo» de Max), lo que no quita (ESPERO) para que Jonathan hago lo propio con Will, con el que además parecía tener una positiva relación fraternal en la primera temporada.

Por último dentro de este apartado, pero no por ello menos importante, ¿habrá finalmente justicia para Barb? Los hermanos Duffer han asegurado en alguna entrevista que sí, pero a un año de su desaparición, no sabemos muy bien cómo.

Más del otro lado

El «Upside Down» en la versión original, del cual apenas pudimos percibir algo en la primera temporada y que parece que, al igual que Will, tendrá mayor presencia en esta ocasión. ¿Qué es exactamente el otro lado? ¿Qué habita allí? Con anterioridad hemos visto al Demogorgon, pero parece que no está solo y ahora se puede vislumbrar una ¿araña gigante?

Los hermanos Duffer han comentado también que esta temporada estará más inspirada en la literatura de H.P. Lovecraft (aunque Stephen King sigue ahí), por lo que podemos esperar un mundo claramente tétrico (ya lo era) y con varios seres desconocidos. ¿Qué esperan conseguir en Hawkins y, sobre todo, por qué dicha localidad?

Hopper y el gobierno

Jim Hopper (David Harbour) quedó al final de la primera temporada como una especie de rehén del gobierno, ya que era uno de los pocos habitantes de Hawkins (y del planeta) que había descubierto la verdad, tanto del otro lado como en lo referente con Once y los terribles experimentos del gobierno con la gente (madre de la susodicha incluida). Por lo tanto, es el principal punto de conexión con este organismo que, como hemos visto, seguirá vigilando de cerca a los habitantes de Hawkins.

Está claro que en algún momento Hopper se revelará (nuevamente) contra esta autoridad, probablemente para proteger a la gente del pueblo del que es jefe de policía, y de hecho hemos visto alguna escena donde parece que lo estén torturando.

Hopper es también el único que parecía mantener alguna conexión con Once al final de la primera temporada, con la escena donde le dejaba un paquete de gofres (que en uno de los tráilers se la ve a ella recogiendo), por lo que es probable que sepa que está viva e incluso su paradero, lo que nos lleva al siguiente punto.

Once conocerá su pasado (y reencuentro con Mike)

Ya todos suponíamos que Once sobreviviría al enfrentamiento con el Demogorgon, por lo que era cuestión de tiempo su reaparición. Teniendo en cuenta que todo el mundo la da por muerta (salvo quizás Hopper), es lógico pensar que la muchacha aprovechará para moverse (dentro de lo que cabe) a su antojo… e ir a descubrir su pasado.

En el último tráiler ya hemos visto que Once llega de algún modo a la casa de su verdadera madre, Terry Ives (Aimee Mullins), quien se encuentra en un estado prácticamente vegetativo debido a los experimentos que hizo sobre ella el gobierno. Por lo tanto, la tragedia está asegurada.

En cualquier caso, son todavía muchos lo interrogantes sobre el pasado de Once, por lo que es probable que se revelen más cosas sobre ellas e incluso se genere algún misterio más, tal como asegura Millie Bobby Brown.

Otro de los momentos más esperados por la actriz (y por los espectadores) es el reencuentro de Once con Mike, quien, como todo el mundo, la da (aparentemente) por muerta. Éste último se ha mostrado bastante tristón en los tráilers, y teniendo en cuenta que es algo así como el líder del grupo, el regreso de la chica se torna también aquí necesario.

Mucha, mucha nostalgia

Si hay algo que caracteriza a Stranger Things es la nostalgia, desde el momento en que aparece la primera letra del título hasta los créditos finales. La forma en que está rodada, los tópicos que abundan en los personajes (el jefe de policía venido a menos, el grupo de niños inseparable, los adolescentes maliciosos que sirven de antagonistas a los anteriores) y situaciones comunes (el pueblo tranquilo que se torna misterioso, la figura de un gobierno más bien torpe) no hacen más que trasladar al espectador a «aquella época que fue mejor».

Está claro que los creadores de la serie van a seguir apostando por este tipo de temática y seguiremos añorando los 80s y 90s. Ver a los chavales disfrazados de los cazafantasmas en Halloween o escuchar «Thriller» de Michael Jackson de fondo ya lo consigue.

https://www.youtube.com/watch?v=IqY18njBfiE

IT: 27 años completan una versión perfecta

Siendo fan de Stephen King, puedo decir que estoy satisfecho con la nueva versión presentada por Andrés Muschietti (Mama y la futura Shadow of The  Colossus). It es un libro publicado en 1986 y vagamente basado en el asesino serial John Wayne Gacy (Pogo, El Payaso), que aterrorizó a la ciudad de Chicago a mediados de los años ochenta.

El libro es dueño de una complejidad precisa y no muy fácil de trasladar al cine en su totalidad. Es por eso, que si bien esta nueva versión deja la vara muy alta en cuanto a la adaptación, no podemos dejar de recordar soslayadamente la versión de los años noventa dirigida por Tommy Lee Wallace.

Ésta última,  que se hizo en formato de cine para televisión no trasladó, en mi humilde opinión, conceptos importantes de la trama del libro, apoyando su valía en el recuerdo cultural y colectivo en la magistral interpretación por parte de  Tim Curry como el payaso Pennywise.

En un principio, esta nueva versión de IT iba a ser dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer, quienes debido a diferencias creativas con Warner, se bajaron del proyecto. Pero como no hay mal que por bien no venga, su versión preliminar de esta película fue la base germinal de  la multi premiada de culto a los años ochenta, Stranger Things.

Esta adaptación cinematográfica  ya se vislumbraba por el buen camino, cuando la serie arriba mencionada, fue aclamada por el propio King, quien dijo que Stranger Things compilaba sus mejores momentos como novelista.

Stephen Edwin King ha sido activo consultor y asesor en la mayoría de las adaptaciones de su obra literaria. Es por todos sabido que la versión de El Resplandor de Stanley Kubrick no fue plato de buen gusto para él, teniendo que recurrir a su amigo y director Mick Garris (quien ya dirigió varias varios pases al celuloide de la obra literaria de King) para hacer una remake de El Resplandor en el año 1997.

Ya adentrándonos en la película que hoy nos convoca, esta posee un ritmo que no decae en ningún momento, brindando una nueva fresca mirada al argumento del libro. Gran parte de este último factor se lo debemos a los nuevos actores que conforman «El Club de los Perdedores», dignos sucesores de los anteriores. Éstos muestran rasgos propios del original, que en la versión de 1990, ya sea por tiempo de metraje o presupuesto, no pudieron materializarse.

La interpretación de William Skarsgård (Pennywise) está muy lograda y realmente da miedo. Aún así resulta un poco difícil olvidarse de la actuación de Tim Curry, ya que fue el pilar donde se apoya casi toda la versión anterior.

En cuanto al hilo argumental de la película de Andrés Muschietti, a diferencia del libro, ésta se toma no pocas libertades de guión (aquí vienen los SPOILERS). En el libro, es Mike Hanlon el que más documentado se encuentra en cuanto a los sucesos que toman lugar en la ciudad de Derry, siendo sustituido aquí por Ben Hanscom. Los padres de Mike a su vez no están muertos, como relata la nueva película. Por otro lado, esta versión ofrece más detalle a lo que sucede con personajes secundarios como Patrick Hockstetter y Betty Ripsom, entre otros. El personaje de Stanley Uris resulta el más irreconocible, incluso dándole entidad al padre cuando en realidad en el libro casi no se menciona. Creo que se le pudo dar más espacio a otros personajes más importantes dentro de la trama.

Muschietti nos demuestra que está a la altura del tamaño desafío de romper la costumbre y dar con el objetivo de contentar a fanáticos y los no fanáticos de  Stephen King, con  un terror más frontal y explícito que el de su antecesora. No en vano, creo que se eligió este año 2017 para su estreno, 27 años después que la versión de Wallace, jugando así también con un punto argumental tan importante del libro que es que Pennywise aterroriza la ciudad de Derry cada 27 años.

Conociendo lo receloso que es King con las adaptaciones de sus libros, Muschietti ha aprobado el examen con creces. Su versión ofrece claros sobre oscuros, sobre sus puntos argumentales no explorados en 1990. Sin embrago, también podría haberle dado más encuadre a personajes más importantes. La nueva versión de Pennywise brinda más visceralidad a un ritmo de terror que no da cuartel posible al espectador.

En una época donde los refritos de Hollywood están a la orden del día, da gusto que ciertas reversiones sean dignas de verse nuevamente. Mención especial merece toda la ambientación y creación de Derry, esta vez situada en la década de 1980, que logra transportarte por sus siniestros (y en ocasiones, grotescos) recovecos.

El pueblo, esa figura

Nos vamos a poner un poco vacacionales esta vez. La ocasión lo amerita (por este lado del charco estamos en pleno verano, aunque me consta que de la otra parte también están las «vacaciones de invierno»). No son pocos los que, llegado estas fechas, escapan del mundanal ruido y estrés de la urbe para refugiarse en «sus» pueblos, lugares donde sus antepasados (o incluso ellos mismos) nacieron y/o se criaron, por lo que normalmente hay casa asegurada.

En varias obras de fantasía y ciencia ficción el pueblo es también una figura importante, puede que incluso un personaje más de la trama. Se me vienen a la cabeza, en estos momentos, la esperadísima Stranger Things (o su segunda temporada, más bien) y productos MUY disfrutables como Gravity Falls. También Stephen King (a la que Stranger Things debe más de un homenaje) bebe mucho del entorno pueblerino en gran parte de su bibliografía, destacando en este aspecto It (cuya nueva versión cinematográfica está al caer).

¿Por qué es tan importante el pueblo?

Desde un punto de vista narrativo, es comprensible su uso en ocasiones que les viene como anillo al dedo. Primero, el pueblo (o localidad pequeña con número de habitantes ciertamente reducido, en caso de que alguno prefiera referirse a ellos como «ciudades pequeñas») es ese sitio donde normalmente no pasa nada. Pero nada, NADA. Ya lo dice el sheriff Hopper, de Hawkins, lugar en el que habita y en donde ocurren los extraños sucesos de la serie de Netflix: allí lo más grave que ha ocurrido en los más de cuatro años que lleva en su puesto es que un búho atacó a una señora porque creyó que el moño de su cabeza era su nido. Pero ocurre aquí que en los sitios donde normalmente no sucede nada de pronto irrumpe algo inesperado, algo tan increíble que ni tan siquiera en las grandes ciudades podría darse.

La pandilla de «los perdedores» de Derry

Primer punto, pueblo muy tranquilo y seguro, de pronto no lo es tanto. El contraste es mayor y, así, les cuesta más tiempo de reacción a sus habitantes. Que un niño desaparezca en una gran urbe es, lamentablemente, pan nuestro de cada día, no así en Hawkins o en Derry, ubicación donde se emplazan los acontecimientos de It.

Segundo punto, relacionado con el anterior: los pueblos son sitios tan seguros y tan tranquilos que es habitual hallar en ellos a niños jugando en la calle prácticamente a todas horas (comidas aparte). Aunque lamentablemente sea cada vez algo menos frecuente, quién no ha experimentado el llegar a su pueblo y echarse a la calle a jugar con su pandilla de amigos/primos/loquesea hasta que su madre o abuela lo llamaba para comer. Desde un punto de vista narrativo, tenemos aquí la situación creada perfecta para que se dé el desenlace con total naturalidad: un niño desaparece o se pierde, o bien la pandilla de chavales descubre algo inesperado (en la mayor parte de casos termina siendo sobrenatural), o bien ocurren ambas cosas.

En Gravity Falls tenemos a los hermanos Dipper y Mabel, que se van a veranear a la casa de su tío abuelo Stan, en el pueblo de mismo nombre. Allí esperan aburrirse como ostras (son niños urbanitas), hasta que empiezan a percatarse de que están sucediendo cosas extrañas. Nunca les había sucedido en el lugar de donde proceden, pero sí en Gravity Falls, donde hay lugar para lo inimaginable (o no, si hablamos de la imaginación propia de un niño).

Dipper y Mabel llegan a la casa de su tío abuelo Stan en Gravity Falls

En Stranger Things y en It los niños no se encuentran de veraneo, sino que han nacido y viven en Hawkins y Derry, respectivamente. Localidades como mencionábamos muy apacibles hasta que empiezan a desaparecer niños. A la postre, el significado tras estas desapariciones pertenece al mundo sobrenatural. Algo que solo tendría cabida en pueblos tranquilos y seguros como Hawkins o Derry.

El tercer punto, no por ello menos importante, se remonta directamente al dicho «pueblo chico, infierno grande». En estas «ciudades pequeñas» resulta que todo el mundo se conoce. Saben quién es el jefe de la policía, el alcalde, el profesor de matemáticas del instituto y todos los vecinos. Por eso, cuando llega alguien o «algo» nuevo a este tipo de emplazamientos, el revuelo que se causa es mucho mayor. ¿Quién se da cuenta en una ciudad como Madrid qué familia ha llegado nueva o se ha marchado? ¿Quién se entera incluso (en caso de no estar atento a las noticias) de los acontecimientos más graves que ocurren? En el pueblo no hace falta estar enchufado a la tele ni suscrito al periódico, te vas a enterar sí o sí. Esto a su vez conlleva que las redes de solidaridad entre estos grupos suelan estar más arraigadas, pero también el nivel de «hijaputez» con el prójimo que no es de tu agrado. Y es que existen crímenes a lo largo de la historia que se han dado porque la familia Pérez y el clan Sánchez del pueblo X no se soportaban.

Narrativamente, es mucho más sencillo ubicar a todos los personajes, sus lazos e historias en un enclave como el pueblo, donde, como decíamos, todo el mundo se conoce. En Stranger Things, por ejemplo, Jonathan ya era «el rarito solitario/borde» entre los adolescentes del instituto (porque solo hay uno en todo Hawkins, claro) y todo el mundo sabe que Joyce se divorció de Lonnie y que éste se fue a vivir a la ciudad. En Gravity Falls (y aquí vienen SPOILERS de la serie), Stanley se termina haciendo pasar por Stanford (su hermano gemelo, residente en dicha localidad) para que los habitantes de allí no se percaten de su (misteriosa) desaparición.

El pueblo y la infancia

Por último, a modo de conclusión, el pueblo es ese sitio imbuido de nostalgia. Es el lugar donde muchos hemos crecido, sino en periodos estivales, sí durante años enteros y, en definitiva, el rincón que guarda muchas de nuestras emociones y recuerdos de infancia y adolescencia. Probablemente, en el pueblo hubo un amor de verano, tuvimos amigos con los que jugábamos a echarnos carreras en bici, explorábamos en cuanto oscurecía esperando encontrar nuestro propio demogorgon local, y es el sitio en donde más nos relacionábamos con nuestros mayores, ya sean esos abuelos abnegados en cuidarnos o un tío abuelo Stan. Por eso, series como Stranger Things o Gravity Falls resultan tan nostálgicas para la gran parte del público (ambientación en años 80 aparte): nos vemos reflejados en ellas, vemos allí a «nuestro» pueblo y ese pedacito de infancia/adolescencia que, solo en ocasiones, se resiste a dejarnos.

Stranger Things: Aquellos maravillosos años 80

Stranger Things se ha convertido, probablemente, en la serie revelación del verano (temporada donde escasean este tipo de productos, todo sea dicho). La producción de Netflix tiene muchos méritos para ello.

La serie consta solo de 8 episodios, de unos 50 minutos cada uno, por lo que se ve (MUY) fácilmente de una tirada. Tras ella se encuentra la dirección de los hermanos Duffer, quienes a su vez están llevando a cabo el nuevo remake de It (Eso, adaptación de la novela homónima de Stephen King). Entre el reparto, destacan especialmente los nombres de Winona Ryder (un símbolo de las décadas de 1980 y 1990 que luego se vino a menos), junto a Matthew Modine (La chaqueta metálica) y David Harbour (James Bond: Quantum of Solace, The Equalizer, un papel secundario en la reciente Escuadrón Suicida). Entre los menos conocidos, merecen especial mención TODOS (sin excepción) los niños: Finn Wolfhard (que repite con los hermanos Duffer en It), Milly Bobbie Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin y Noah Schnapp. La química habida entre todos ellos y las interpretaciones que llevan a cabo (más aún teniendo en cuenta la edad) son definitivamente lo mejor de Stranger Things. También destacar el trabajos de los actores que dan vida al grupo de adolescentes: Natalia Dyer, Charlie Heaton y Joe Keery.

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La premisa de Stranger Things es sencilla: Mike, Lucas, Dustin y Will son un grupo de amigos que se pasan las tardes encerrados en el sótano jugando al rol en el tranquilo pueblo de Hawkins (Indiana). Corre el año 1983. Una de estas tardes, ya de noche, mientras Will vuelve a casa, algo lo asalta, provocando que el niño desaparezca. A partir de aquí, la madre y hermano de Will, junto con el sheriff del pueblo, todo el grupo de amigos y una misteriosa niña que aparece algo desorientada, se dedicarán a la búsqueda del desvanecido.

Al grano: uno de los mayores logros de Stranger Things es toda su evocación a la década de 1980 (e incluso a la posterior, prolongación directa de los 80s, la de 1990), con una lograda ambientación y detallistas homenajes al cine y la música de la época. Por lo que es probable que disfrutes aún más la serie si eres uno de los afortunados que ha vivido dichos años (como servidores, al menos una parte de ellos). El poder emocional de la nostalgia es fuerte y Stranger Things sabe explotarlo a la perfección. Hasta tal punto que algunos han querido ver en ello su punto más negativo, cambiando la palabra «homenaje» por «plagio».

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En realidad, en la serie se reúnen toda una amalgama de referencias: desde al cine de Spielberg, de Amblin Entertainment (algo que ya realizó, con menos éxito, Super 8), Los Goonies, Cuenta conmigo, Tiburón y, por supuesto, toda la literatura del mejor Stephen King (sí, el de It, El Resplandor, Cementerio de animales, La niebla, etc.). Los elementos están ahí: un tranquilo pero asfixiante pueblo norteamericano, el grupo de niños que todavía creen en el valor de la amistad por encima de todo, los seres misteriosos, los adolescentes que se pegan y se enrollan entre ellos, el sheriff perdedor que esconde un traumático pasado, entre otros. No por nada, el reparto de niños fue elegido mientras representaban escenas de la película Cuenta conmigo, el sheriff va vestido casi igual al mítico Martin Brody (en sus horas de trabajo), hay conspiraciones del gobierno de trasfondo, y, si nos ponemos quisquillosos, hasta el actor Charlie Heaton (Jonathan Byers) parece un clon del malogrado River Phoenix.

Pero no solo del homenaje a los 80 y de la cuidada escenografía vive Stranger Things. Como adelantábamos, el buen hacer de (casi) todo su reparto hace que nos involucremos mucho más en la historia: queremos que los niños estén bien, que Eleven se salve y pueda seguir comiendo gofres, que Jonathan se quede con la chica, que el sheriff pueda recuperarse un poco de su pasado. Y todo ello es gracias a los actores y a la química habida entre ellos, desde el grupo de niños hasta los adolescentes, pasando por Ryder y Harbour. Lamentablemente, tal como nos tenían acostumbrados la mayoría de las historias de los 80 y 90, el final es agridulce (y no queremos adelantar nada más).

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El otro gran punto fuerte de la serie es lo fluido de su narrativa. Cada capítulo cuenta montones de cosas, dejando apenas un respiro. Sin embargo, también hay momentos para las reflexiones, los enfados y reconciliaciones, para que los personajes vayan desarrollando cambiantes y creíbles relaciones. Quitando que, quizás, el último capítulo va DEMASIADO deprisa, es prácticamente imposible que Stranger Things aburra o abrume. Las dosis adecuadas de misterio, terror y ficción detectivesca hacen el resto.

Y no podemos dejar de lado la música. La banda sonora, con temas como Africa (Toto), Should I Stay Or Should I Go (The Clash), Heroes (versionada por Peter Gabriel), entre otros, provoca aún más que rememoremos otros años donde los temas se podían escuchar mediante cintas de cassette y, con suerte, los pillábamos por la radio (y los grabábamos incompletos). Asimismo, cada canción se encuentra tan bien posicionada en determinados momentos, que solo hace que las emociones se eleven más si cabe.

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En definitiva, Stranger Things es una serie altamente recomendable, que con sus 8 capítulos y en estos días de verano se deja ver de una tirada y (casi) sin pausas. No solo para los que crecimos en las décadas de 1980 y 1990, sino para todo aquel que quiera disfrutar de entretenimiento de calidad. Por suerte, para los que nos quedamos con ganas de más, los hermanos Duffer han anunciado que se estaría hablando de una segunda temporada, situada un año después de los eventos de la primera. Aunque todavía falta la confirmación por parte de Netflix, el éxito de crítica y público que está teniendo la serie, a menos de un mes desde su estreno, solo puede hacernos esperar buenos augurios.

Poco más que decir: por aquellas tardes en las que salíamos del colegio y en seguida agarrábamos ilusionados nuestras bicis, para dirigirnos con ellas hacia la búsqueda de grandes tesoros, resolución de misterios imposibles, o hasta la mismísima luna.

Los sueños pueden hacerse realidad, o algo parecido…

Los sueños siempre han sido una puerta  hacia el lado más imaginativo del ser humano, son una verdadera línea directa hacia nuestro subconsciente y, por qué no decirlo, también hacia nuestra querida musa.

Quién sabe si lo que soñamos es fruto de nuestra propia imaginación o en su defecto una canalización a un recuerdo  arraigado en nuestros genes o nuestra consciencia colectiva, tal y como reflejaba Carl Jung  en sus teorías en relación a los sueños.

En las artes hemos tenido creaciones increíbles y maravillosas debidas a estos, y en este articulo me gustaría resaltar varias creaciones o personajes del mundo literario o cinematográfico.

El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde:

El escritor escocés Robert Louis Stevenson escribió este clásico del terror debido a una horrible pesadilla. Esta le tuvo  que impresionar tanto que la finalizo en tres días, prácticamente sin descansar. El relato lo rechazó su mujer, muy probablemente por la oscuridad del mismo (quién sabe si Hyde se acercaba demasiado a los lados más turbios del autor), por lo que no hubo más remedio que realizar una segunda escritura,  con una gran aceptación por parte del público.

Dr_Jekyll_and_Mr_Hyde

 

Frankestein o el moderno Prometeo

Aunque el origen de la que para algunos es la primera obra de ciencia ficción se gestó durante el verano Boreal de 1816, el año sin verano, en una visita a la casa de Lord Byron en Suiza, junto a su marido, Percy Bhysse Shelley y Jhon Polidori (ese mismo día Polidori creó la primera historia de vampiros moderna), se cree que varios sueños inquietaron a la escritora y ayudaron a la creación de esta novela.

Mary Shelley perdió a su hija con tan solo 12 días de vida, y en uno de sus viajes oníricos, sueña con revivirla masajeándola en una hoguera. También se conoce que a los pocos días de esta cita tan ilustre, tuvo una pesadilla que inspiró el cuarto capítulo de Frankestein.

Frankenstein

 

Misery

El maestro del género, Stephen King, relató que el origen de esta inquietante novela, en la que un famoso escritor es secuestrado por una fan, fue durante un viaje de avión, cuando el escritor de Maine dio una pequeña cabezada. Al parecer tuvo una horrible pesadilla que le hizo despertar y obsesionarse tanto con la misma que, al llegar a su destino, decidió empezar a escribir la historia en el propio aeropuerto, donde redactó las primeras 50 páginas.

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Crepúsculo

La saga de vampiros de Stepahnie Meyer se gestó a causa de un intenso sueño que tuvo. En él aparecían dos jóvenes amantes en una pradera, discutiendo por la frustración de no poder perpetuar su amor. Una de ellas era una chica normal  y el chico era un ser hermoso y brillante, un vampiro.

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Sueños

Esta película de Akira Kurosawa es quizás la más extraña creación del autor, con un toque totalmente surrealista, el film se divide en ocho relatos o segmentos donde se tratan temas como la infancia, la espiritualidad, la muerte, los errores del hombre frente al mundo, entre otros. Todos los relatos están inspirados en propias ensoñaciones del director japonés.

Una película onírica que no te dejará para nada indiferente.

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The Sandman

Actualmente la obra o el personaje más vinculado al mundo de los sueños, y gestado también  atravesando los dominios de Morfeo, es sin lugar a duda The Sandman, de Neil Gaiman.

El personaje está inspirado en el folklore anglosajón, un ser que propiciaba los sueños esparciendo arena  en los ojos de los demás. Todo un nuevos dios de los sueños, inspirado en el clásico Morfeo.

Esta obra reinterpetró la mitología y se alejó de uno de los últimos mitos contemporáneos, los superhéroes,  para dar a luz un nuevo panteón oscuro y postmoderno.

The Sandman en la más pura y directa interpretación antropológica en relación al concepto del sueño, un trabajo imprescindible si quieres alejarte de una fantasía más comercial y acercarte a un universo onírico y surrealista.

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Freddy Krueger

No puedo olvidarme del personaje más aterrador que hubo para una generación, la mía. Si The Sandman es el dios de los sueños, Freddy es el de las pesadillas, una deidad oscura y vengativa que se alimenta de almas jóvenes.

El fallecido West Craven se basó en los primeros años de su infancia, cuando una terrible noche afirmó ver tras la ventana a un anciano con un sombrero caminando.

El anciano se acercó hasta la ventana para ver y aterrorizar al joven Craven. Algo que le  marcó de por vida.

freddy kruege

 

Como habéis podido comprobar, los sueños son nuestro vínculo más cercano con la fuente de la creación. Os aliento a que dejéis un bloc de notas cerca de vuestra cama y a que no dudéis en escribir vuestros sueños o pesadillas, quizás en ellos podremos descubrir relatos fantásticos o aterradores.

Para finalizar os dejo esta frase de Pedro Calderón de la Barca:

“ ¿ Que es la vida? Un frenesí ¿ Que es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño, que toda vida es sueño, y los sueños, sueños son.»