Las shipping wars en Final Fantasy: Parte I

Ah, las shipping wars. Todo aquel que se considere miembro de algún fandom en el mundo sabrá a qué nos estamos refiriendo: las guerras de parejas, es decir, por qué prefieres que Pepito se empareje con Josefa, y no con Claudia. Hay shipping wars de todo tipo y condición, unos más cerca de lo oficial que otros. Algunos se toman a sí mismos muy en serio (DEMASIADO), mientras que otros (quizás conocedores de que su pareja favorita nunca va a ser oficializada) se lo toman más como puro divertimento a través de fan arts, fan fiction y mundos alternativos creados por la imaginación.

Final Fantasy está repleta de shipping wars, algunas de ellas ya consideradas míticas (¿eres Cloti? ¿o quizás te va más el Clerith?), y probablemente casi cada entrega tiene su guerra entre fandoms propia (los primeros Final Fantasy numéricos no cuentan porque los personajes por no tener casi no tenían ni género). ¿Por qué se da esto? Bueno, parte de la culpa la tiene la famosa ambigüedad que los japoneses suelen mostrar con lo relacionado en el amor (y no, los Final Fantasy no son shôjo) y las relaciones de pareja, al menos en el mundo de la ficción. ¿Que acaso nosotros consideraríamos el gesto de Cloud tendiéndole la mano a Aerith como romántico? Pues no te creas, que quizás en algunas partes del fandom japonés eso quizás sea lo más romántico que haya hecho el rubio por la vendedora de flores.

Para ir calentando motores, vamos a ir haciendo un repaso a las shipping wars existentes en los distintos universos de Final Fantasy (como hemos dicho, algunos son tomados más en serio que otros). Por cierto, las ilustraciones no son nuestras (más quisiéramos); de algunas hemos podido encontrar al o la autor/a, pero de otras no, lamentablemente:

  • Final Fantasy IV: Vale, está claro, Cecil y Rosa son la pareja oficial (si hasta tienen un hijo en la secuela). Pero aún así hay quienes prefieren a la muchacha con Kain, quien a su vez mostraba ciertos intereses por ella (formándose así, al menos durante buena parte del juego, un triángulo amoroso). Es en parte comprensible: Cecil es siempre el bueno, el protagonista, «el rey Arturo» de la película; mientras que Kain es más el antihéroe, el que se vuelve del bando contrario (a ratos), pero que no deja atrás sus sentimientos (ocultos) por Rosa. Y todos sabemos lo que a la gente le gusta un buen antihéroe marcado por la tragedia y prisionero de sus propias emociones, frente al protagonista boy-scout
  • Final Fantasy VI: Lo cierto es que Final Fantasy VI no tiene mucho lugar para el amor. Sin embargo, sí hay una pareja (aparentemente) oficial durante el juego, que es la de Locke y Celes. Pero no queda ahí la cosa: Locke se pasa buena parte de la historia buscando un método para poder traer de vuelta a la vida a Rachel, su novia fallecida en un accidente (del que él se considera culpable). Aquí ya surge uno de los triángulos, entre Locke, Celes y Rachel. Por suerte, la cosa no llega a los niveles de Cloud, Tifa y Aerith (que veremos a continuación) y en el mismo juego se nos muestra a Locke despidiéndose «para siempre» de Rachel, dejándola ir junto a sus demonios. Sin embargo, no es la única «shipping war» existente en torno a esta maravilla de Squaresoft: hay fans varios que prefieren ver más al muchacho con Terra, o a la peliverde con Edgar. Es lo que tiene que el casting de personajes sea tan variado y carismático, que en realidad ofrece infinitas posibilidades y, vaya, prácticamente todas quedan bien.
  • Final Fantasy VII: Hemos llegado. El cúlmen de las shipping wars dentro de los Final Fantasy. El que ha provocado que hayamos decidido dividir esta temática en varias partes. Buena parte de culpa la tiene el famoso sistema de citas, según el cual podíamos acabar teniendo una cita con uno de estos personajes: Aerith, Tifa, Barret o Yuffie, a partir de lo «afectuosos» que hubiéramos sido con unos o con otros. Porque sí, hasta Jesse (y Don Corneo, si seguimos los pasos adecuados) siente atracción por Cloud en el mundo de Final Fantasy VII, él es así de motherfucker. ¿Y él? Pues se deja querer. Se han escrito manifiestos de páginas y páginas sobre por qué Cloud quería más a Aerith, o los motivos de por qué debería quedarse con Tifa. Square Enix parece haberse percatado de esta situación y ha seguido explotándola durante toda la Compilation, complicándola aún más (si cabe) introduciendo (es un decir, el personaje ya estaba presente en diez minutos opcionales del juego original) a Zack y su noviazgo escolar (o así parece) con Aerith en Crisis Core, la precuela de Final Fantasy VII. Mientras puedan seguir sacando dinero a partir de la ambigüedad, está claro que Square no va a mostrar nada definitivo (quizás el remake nos sorprenda en este sentido).
  • Final Fantasy VIII: Está claro que una historia de amor como la del Final Fantasy VIII iba a tener sus shipping wars y preferencias varias entre los fans, por mucho que Squall y Rinoa acaben juntos y besándose bajo la luna. Es el caso de Rinoa y Seifer, por ejemplo (ya que aparentemente ambos tuvieron una especia de aventurilla de verano antes de que la morena conociera a Squall, así en plena reminiscencia de Zack y Aerith). O el de Quistis y Squall, ya que la rubia parecía tener especial interés en su alumno hasta que «redescubriera» sus instintos maternales (o algo así). Como todos son jóvenes y guapos en la octava entrega de la saga, lo cierto es que cualquiera queda estéticamente bien con… cualquiera.
  • Final Fantasy IX: Al contrario de lo que sucediera con la entrega anterior, en el caso que nos ocupa el casting resulta de lo más variopinto. Añadámosle que Yitán (Zidane en el original) y Garnet son una de las parejas oficiales más adorables de los Final Fantasy. Por lo que no hay tantas shipping wars (a no ser que haya preferencias por Eiko o Quina… pero son cosas en las que preferimos no indagar). Como curiosidad, pueden encontrarse algunos fan arts y fan fics de Garnet y Kuja por la red.
  • Final Fantasy X: Es un caso curioso el de este Final Fantasy: pareciera que querían intentar un sistema de citas similar al de la séptima entrega, pero se quedó a medias. Más que nada porque con Tidus nos daban opción de piropear a cualquiera de las tres mujeres del grupo: Yuna (la oficial), Lulu o Rikku. Aunque Tidus y Yuna ganan sobre el resto, esto ha provocado que hayan surgido fans de parejas varias con el jugador de blitzball. Y no podemos dejar pasar a aquellos que les hubiese gustado que el Seymour x Yuna hubiese llegado más lejos (especialmente tras la Ultimania que confirmaba una especie de sentimientos complejos por parte del guado hacia la invocadora).
  • Final Fantasy XII: En esta entrega todo es tan ambiguo en cuanto a la historia que todos pueden ser emparejados con todos (y en Japón hay bastante fan de Larsa y Penelo, como curiosidad). Fin (o no…).
  • Final Fantasy XIII: La treceava entrega de la serie parece dividir a los fans tanto a nivel general como en los pequeños detalles, siendo uno de ellos las shipping wars. Porque, nos guste o no el Final Fantasy XIII y sus personajes, no podemos ignorar el hecho de que LightningxHope tienen un fandom bastante representativo, especialmente en Japón (donde hasta tienen un nombre, al más puro estilo Cloti, Clerith o Squinoa: Hopurai). Y no solo ellos: FangxVanille, SerahxSnow, SnowxLightning, SerahxNoel, NoelxYeul, YeulxCaesar… y así hasta el infinito y más allá.
  • Final Fantasy XV: Todavía no ha salido, pero vamos a hacer un ejercicio de intento adivinatorio (hasta dan ganas de realizar una porra): lo más probable es que en este juego/universo abunden los fans del yaoi (de hecho, parece que ya lo están haciendo, dominando el NoctisxPrompto sobre el resto), pero si nos ceñimos a las posibilidades (siendo realistas), lo más probable es que acabe habiendo algún tipo de rollito entre Noctis y Luna. Por lo que si queremos rizar más el rizo se podrá ir emparejando alternativamente a la oráculo con Nyx, que parecen compartir mucho metraje en Kingsglaive (y el rollo guardaespaldas y «conversaciones bajo fuegos artificiales» parece gustar mucho a Square Enix y seguidores). O a Noctis con Iris, con quien parece haber crecido más cercanamente (al menos en el plano físico) que con Luna. En fin, todo se irá viendo a partir del 30 de septiembre.

Mención especial merece en esta Primera Parte de las shipping wars de los Final Fantasy el yaoi. No ya por el Final Fantasy XV que mencionábamos, sino por la cantidad de fans habidos y por haber de relaciones como las de Cecil y Kain, Cloud y Sephiroth, Cloud y Zack, Seifer y Squall, Seifer y Zell, Yitán y Kuja (sí, sí…), Tidus y Auron, Auron y Jecht, Hope y Snow. Y un largo etcétera.

Esos clásicos inolvidables: Final Fantasy VIII. Parte II

Tras la introducción habida en la Parte I de nuestro especial dedicado a ese clásico de la saga que es Final Fantasy VIII, hoy vamos a centrarnos en los personajes. Porque todos aquellos que nos hemos acercado alguna vez a la serie de Square Enix, sabemos que este es un elemento fundamental, capaz de determinar la calidad de cada episodio, por encima incluso del apartado gráfico (y a la par que la jugabilidad y la historia).

Como decíamos en la Parte I, la era de PSOne parece ser una de atrevimiento dentro del equipo de Squaresoft (antes de que se convirtiera en Square Enix). Con Final Fantasy VII, se adentraron en una estética cyber-punk, presentando a un elenco de personajes variopintos y carismáticos, que nos ayudaban a adentrarnos en un mundo lleno de encanto (porque no solamente Midgar… ¿quién no recuerda Cañón Cosmo o la Ciudad Olvidada?). Con el VIII, la ruptura fue casi total. La estética era futurista, pero basada en el realismo. Y los personajes seguían la misma línea: ya no aparecían animales parlantes (moombas aparte, e incluso aquí hacían referencia a la falta de lenguaje verbal de los mismos), ni peluches gigantes. A lo sumo, brujas y monstruos que en realidad eran extraterrestres. Todos ellos (exceptuando a los monstruos) con formas claramente humanoides.

También cambiaron las personalidades de los nuevos héroes y villanos que nos acompañarían en el camino. Si bien la comparación inicial entre Squall y Cloud es inevitable, lo cierto es que el primero va varios pasos más allá del segundo. Cloud era introvertido y tenía serios problemas de identidad, pero no dejaba de protagonizar sus momentos cómicos (la famosa escena del travestismo). Por otro lado, y al darnos al jugador la oportunidad de elegir entre varias opciones a lo largo del juego, Cloud queda en ocasiones algo desdibujado, en el sentido de que no sabemos bien qué es lo que está pensando, quedando a la interpretación del lector. A su vez, en el plano romántico, nunca parece del todo claro si Cloud acaba prefiriendo a Aerith o a Tifa (debido al mencionado mecanismo de opciones), por lo que en este sentido el héroe termina pareciendo un adolescente iluso que no se da cuenta de los (evidentes) sentimientos de Tifa hacia él. Y de las fichas que le mete Aerith ya ni hablemos; aunque aquí el flirteo sí se muestra con mayor eficacia (probablemente debido a la personalidad más juguetona y extrovertida de la florista, que invita a ello).

Boceto inicial de Squall, por Tetsuya Nomura

Boceto inicial de Squall, por Tetsuya Nomura

Con Squall quisieron hacer más evidentes sus sentimientos para el jugador. Como su personalidad iba a ser aún más introvertida que la de Cloud, Nojima (guionista) tuvo la buena idea de mostrar los pensamientos del personaje en viñetas aparte. Así, ya no queda duda de los sentimientos del héroe hacia Rinoa, o de que éste se enterase perfectamente de todo lo que sucede a su alrededor, incluyendo los avances amorosos de varias de las féminas (primero Quistis y luego la propia Rinoa). En este sentido, son varias veces en las que a lo largo del juego Squall es descrito por varios personajes no controlables como un tipo perspicaz, pensamiento que corresponde con el nuestro al poder ser conocedores de sus reflexiones en las mencionadas viñetas. Quizás este movimiento fuese algo arriesgado, ya que provocaría que no a todo el mundo le cayera bien Squall (cosa que efectivamente sucede).

Con Rinoa sucede algo similar. Si bien no tenemos ocasión de poder adentrarnos en los pensamientos de la muchacha (tampoco es que haga falta, debido a su carácter extrovertido), fue una jugada arriesgada por parte de Squaresoft el ponerla como único y claro interés romántico del héroe. No fue siempre así, ya que Nomura quería que se siguiera un mecanismo similar al de las citas en el Final Fantasy VII (donde según lo que habíamos ido eligiendo, nos aparecerían Aerith, Tifa, Yuffie o Barret…. por ese orden de probabilidad). Así, la famosa escena del baile podría haber sido con Rinoa… o con Quistis, o con Selphie. Fueron Nojima y Kitase (director) los que suspendieron dicha idea, y quedó definitivamente Rinoa. Con ésta última, sucede lo mismo que con Squall: no a todo el mundo le cayó bien. Teniendo en cuenta que son los protagonistas absolutos de la historia, esto provocó que a algunos jugadores se les atragantase la experiencia con Final Fantasy VIII. En cualquier caso, debemos admitir y agradecerles a los de Square que se atrevieran a arriesgar, y en nuestra opinión la jugada les salió redonda. Al menos, nos dejaron una bonita historia de amor, que era uno de los puntos centrales del juego.

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Para paliar un poco todo lo introvertido y borde de Squall, Nomura creó a Laguna, el misterioso personajes que aparece en sueños (luego escenas del pasado) de los protagonistas, y cuya personalidad es totalmente contraria a la del portador del sable pistola: extrovertido, dicharachero, divertido y sociable. Al inicio de estos «sueños», se nos muestra a un Laguna enamorado de Julia Heartilly, una famosa cantante y pianista. Pero los avatares del destino provocaron que acabasen separados y Laguna terminase viviendo con Raine y Eleone en un bonito y apacible pueblo. Menos mal, porque al final descubriremos que Julia es la madre de Rinoa y Laguna el padre de Squall. Y así se cierra un círculo, donde el destino juega nuevamente un papel importante. Y es que esos son los tres elementos fundamentales del guión de Final Fantasy VIII: amor, destino y el paso inexorable del tiempo.

Volviendo a Squall, y gracias a la mencionada lectura de sus pensamientos, descubrimos que en realidad tenemos ante nosotros a un personaje lleno de temores, con uno por encima del resto: el miedo al abandono. De forma similar al personaje de Matt Damon en El indomable Will Hunting, Squall es cerrado y evita crear lazos sociales profundos con los demás por ese mismo motivo: no tiene amigos, ni parientes (es huérfano, al menos que él sepa), ni parejas, ergo no sufrirá la posible partida o desaparición de los mismos. Esto es debido principalmente a la figura de Eleone: hermana mayor adoptiva de Squall y único referente del mismo en su niñez (al menos hasta la llegada al orfanato de Edea). Eleone es una pieza clave dentro de los entresijos de la historia, ya que puede trasladar la mente de las personas al cuerpo de otras, independientemente del tiempo o espacio en el que se encuentren. Por ello, Eleone es objeto de deseo de todas las brujas, y por eso mismo se ve obligada a huir y esconderse constantemente. La partida de Eleone fue el punto de inicio del trauma social de Squall, que acabará completándose (para bien, por suerte) con Rinoa… cuya aparición coincide con el regreso de Eleone (aunque Squall inicialmente no la recuerda). Y otro círculo se cierra.

Fan art de Mowblack

Fan art de Mowblack

En el bando de los villanos, aquí Squaresoft vuelve a alejarse del séptimo episodio de la saga, y en lugar de mostrarnos a uno bien definido y claro desde casi el inicio del juego (Sephiroth), nos sorprende con un conjunto de villanas (las brujas), que van pasando el relevo de una a otra: primero es Edea la principal villana, luego es Adel, y finalmente Artemisa (Ultimecia en algunos idiomas). Este movimiento de villanos ha provocado que el jefe final (Artemisa) no haya sido lo suficientemente desarrollado a lo largo de la historia (cosa que sí sucede con Edea, por ejemplo), y el consecuente surgimiento de multitud de teorías, algunas más fundamentadas y desarrolladas que otras. La más conocida entre los fans, cómo no, es la famosa Artemisa = Rinoa, la cual trataremos en la Parte III. Al final, esto acabó por convertirse en uno de los encantos adyacentes del Final Fantasy VIII: el rico mundo de teorías creadas por los fans. Y, en este caso por suerte, Square Enix no ha tenido ocasión de crear secuelas ni Compilation que las arruine. Aunque por lo general es rara la ocasión en la que la empresa nipona hace referencia explícita a alguna de las teorías, dejando todo en el terreno de la ambigüedad (como los sentimientos de Cloud).

Otro de los personajes más controvertidos del Final Fantasy VIII, por no ser ni héroe ni villano, es Seifer. Inicialmente, surge como otra contrapartida de Squall, especialmente en lo referido al diseño: Squall viste de colores oscuros y con un abrigo corto; Seifer viste de colores claros y con una gabardina; Squall es castaño oscuro y Seifer rubio; el símbolo de Squall es un león y el de Seifer una cruz; Squall es más afeminado en sus rasgos y Seifer más varonil. Sin embargo, tienen a su vez elementos en común: ambos usan el sable pistola y la famosa cicatriz en medio del rostro (que se la hicieron mutuamente en una de sus constantes peleas/entrenamientos, por cierto). En personalidad, Seifer es peleón, obstinado, rebelde e impulsivo. También algo agresivo. Esta personalidad choca con la taciturna, responsable y callada de Squall, lo que provoca que confronten todo el tiempo. Sin embargo, y gracias nuevamente a los pensamientos de Squall, sabemos que ambos en el fondo se respetan. Seifer es inicialmente un posible villano, esos antagonistas que tanto abundan en los animes, que poseen algo de bondad y acaban por pasarse al bando aliado. El romance en el pasado entre Seifer y Rinoa solo añade más leña al fuego sobre esta creencia inicial. Sin embargo, esto nunca llega a pasar: Seifer acaba siendo un aliado de las brujas, al cual tendremos que enfrentarnos en repetidas ocasiones, para al final llevar una vida pacífica junto a sus dos (y únicos) amigos Viento y Trueno. Lamentablemente, Seifer es uno de los grandes desperdicios del Final Fantasy VIII: un personaje que en el primer disco fácilmente crece ante nosotros, para que al final nuestras expectativas sobre él terminen frustradas. Ni tan siquiera acaba funcionando como contraparte de Squall (ese papel es más para Laguna dentro de la historia).

squall rinoa seifer

Aún con esto, Final Fantasy VIII nos ofrece una rica gama de aliados y de personajes secundarios. No son pocos los que prefieren a Quistis sobre Rinoa, al fin y al cabo. Y qué decir de Zell, ese personaje que parece salido de un shonen (manga para chicos adolescentes, como Bleach o Naruto), y cuya personalidad se nos acaba por hacer entrañable. O el amorío secundario entre Selphie e Irvine. De secundarios, tenemos un jardín de Balamb que cobra vida: desde la enfermera Kadowaki hasta las cocineras de bocadillos (en la traducción española), o la bibliotecaria enamorada en secreto de Zell, pasando por el entrañable (y algo explotador, bien lo sabrá Squall) director Cid Kramer. O los simpáticos y fieles acompañantes de Laguna: Kiros y Ward, Y es que al final, buena parte del encanto que desprende el Final Fantasy VIII se lo debemos a estos secundarios, cuya presencia nos acompaña (muy a pesar de Squall) a lo largo de la historia.

Fan art no es nuestro, crédito a su creador ;)

Fan art no es nuestro, crédito a su creador 😉