La larga sombra de Tetsuo Shima

Akira es uno de esos títulos que crearon escuela no solo en el mundo de la animación, sino en el cinematográfico en general. Desde hace décadas, Hollywood se ha interesado por intentar llevarla a su terreno, con figuras de la envergadura de Leonardo DiCaprio a la cabeza, sin éxito. Y es que es una obra descomunal.

Nos referimos especialmente al manga, compuesto de un total de seis voluminosos tomos. Su creador, Katsuhiro Otomo, dirigió asimismo la adaptación a anime en formato de película de cerca de dos horas de duración, que evidentemente no lograba condensar toda la trama que aparecía (y aparecería) reflejada en el papel. No obstante, corría el año 1988 y los cines de medio mundo colocaron en su cartelera uno de los primeros grandes ejemplos de animación que no iba dirigida a infantes.

La historia de Akira se sitúa en una distopia donde Tokio ha sido arrasada por una explosión nuclear, dando así lugar a la ciudad Neo-Tokio, urbe corrupta donde prosperan las bandas callejeras y motoristas. A una de ellas pertenecen los jóvenes Kaneda Shôtarô y Tetsuo Shima, huérfanos (aparentemente) y amigos desde la infancia. Un día, Tetsuo choca contra un misterioso niño con cara de anciano, a partir de lo cual es localizado y raptado por el ejército, experimentando con él. Tetsuo comienza a despertar así poderes inimaginables.

Es fácil creer inicialmente que el Akira del título son Kaneda o Tetsuo, pero nada más lejos de la realidad (especialmente en el manga, donde el personaje que da nombre a la obra tiene bastante más presencia). Es cierto, no obstante, que a Tetsuo se lo compara inicialmente con el susodicho, debido a que el despertar de sus poderes recuerda a los que tuviera aquél. La cinta cierra con la famosa frase «yo soy Tetsuo», lo cual es un fuerte indicador.

El nihilismo como bandera

Akira es una obra bastante nihilista, si bien finaliza con un rayo de esperanza (literal y metafóricamente). El personaje que mayormente representa dicho nihilismo, frente al idealismo y heroicidad de Kaneda (hasta cierto punto, pues en una obra tan nihilista hasta el que hace de héroe es algo cafre), es Tetsuo.

Tetsuo destruye, es una fuente de poder prácticamente infinita y descontrolada que solo deshace a su paso, incluso cuando no quiere hacerlo.

En este discurrir de destrucción se nos presenta una sociedad quebrada, harta, con manifestaciones e intentos de revolución de por medio y pretensiones de rupturismo. El manga de Akira comenzó a realizarse en 1982, década en la que Japón todavía nadaba en una abundancia económica que comenzaba a mostrar sus grietas.

Pero no solo en Japón, sino en todo el mundo occidental se respiraba nihilismo en la juventud. Las protestas de 1968 estaban aún recientes en el imaginario colectivo, así como el abuso de drogas y alucinógenos con los que se buscaban nuevas experiencias y manifestaciones artísticas. Unido a un auge del movimiento neoliberal en lo económico y un consumismo cada vez más exacerbado, se iba diluyendo el significado de las cosas. Lo que servía para hoy, o incluso en un instante, quizás no lo haría para mañana.

Akira (1988) de Katsuhiro Otomo

Hay una maraña de gente que sigue fielmente a un desatado Tetsuo; en el manga incluso tiene secuaces. Ni tan siquiera saben realmente lo que quiere (pues solo destruye), ni lo conocen (Tetsuo está lejos de ser un líder carismático a lo Lelouch Lamperouge, ni lo persigue), pero se ven atraídos por ese fin aparente del status quo.

Es por esta cuestión nihilista por lo que Akira como obra y Tetsuo como personaje han envejecido tan bien, pues en pleno 2021 seguimos básicamente en la misma tendencia: juventud nihilista, consumismo aún más exacerbado, vivencias que perduran instantes en nuestra mente.

Tetsuo y Kaneda, Vegeta y Goku, Bakugô y Deku

Es Tetsuo también el protagonista (porque lo es, aparte de Kaneda) cínico y sensible frente al mucho más simple y heroico (dentro de los cánones que presenta Otomo) Kaneda. Cabe decir que Tetsuo es un personaje que expone características mucho más éticamente dudosas, pero que sin embargo posee una gran popularidad.

Esto de presentar a dos protagonistas contrapuestos, con uno de ellos tornándose incluso a la vez en antagonista, es uno de los tropos clásicos que más se han ido repitiendo en el shônen y que de hecho ya aparecía en una conocida obra anterior a Akira, que es el Devilman de Gô Nagai, con Ryô Asuka y Akira Fudô.

Sin embargo, y a pesar de que Ryô ha servido claramente de influencia en personajes posteriores como Griffith de Berserk y probablemente Lelouch de Code Geass; creemos que la influencia de Tetsuo en la cultura pop japonesa posterior ha sido incluso más pronunciada.

El ejemplo más esclarecedor que se nos viene a la mente es Vegeta de Dragon Ball, principalmente por el diseño y apariencia general del personaje (la frente ancha y pelo en punta son rasgos característicos de Tetsuo, especialmente cuando alcanza el cénit de su poder). Además, el color base de Tetsuo, al igual que es de Vegeta, es el azul frente al rojo de Kaneda/Goku (exceptuando la famosa capa que se coloca en su ataque de megalomanía). Y Kaneda lo llama «canijo».

Las personalidades de Tetsuo y Vegeta son también muy similares: complejos de inferioridad (dirigidos especialmente hacia el héroe) disimulados con arrogancia, momentos de cierto patetismo que se ven eclipsados por otros mucho más cool, problemas de contención de la ira.

Es cierto que en la trama argumental inicial de Vegeta se percibe más notoriamente la influencia del general Zod de Superman, y en su diseño pudo tener algo que ver asimismo el Feyd-Rautha Harkonnen interpretado por Sting en la Dune de 1984 (el creador de Dragon Ball, Akira Toriyama, siempre ha sido un declarado fan del cine de Hollywood); pero las similitudes con Tetsuo son innegables.

En el manga de Akira, cuando Tetsuo alcanza más poder su pelo no solo crece y se pone en punta, sino que se vuelve dorado o blanco, lo que pudo haber servido también de influencia a Toriyama para la creación de su super saiyan (sin olvidar que en la leyenda del rey mono este personaje ya tornaba su pelaje en dorado cuando se volvía más fuerte, siendo la base general de Dragon Ball).

El autor que sí ha confirmado la influencia de Tetsuo para la creación de su personaje Katsuki Bakugô ha sido Kôhei Horikoshi (My Hero Academia). Evidentemente, Bakugô es a su vez muy similar a Vegeta y de nuevo repite los patrones de deuteragonista con complejo de inferioridad frente al héroe (en este caso Deku), arrogancia y problemas de contención de la ira. En este caso incluso se muestra un vínculo entre los dos personajes principales que se remite a la infancia (en el caso de Vegeta y Goku en cambio el príncipe saiyan hace acto de presencia cuando el protagonista ya es adulto).

Otro reconocido mangaka que ha comentado cómo le inspiró la obra de Otomo ha sido el creador de Naruto, Masashi Kishimoto, quien dijo quedar prendado en su juventud cuando vio el cartel de Kaneda caminando hacia su moto.

Si bien Sasuke Uchiha se aleja algo más en sus rasgos definitorios de Tetsuo, de nuevo hallamos el color azul de base frente al rojo (en este caso naranja) del héroe Naruto. Y, claro está, aquello del amigo del protagonista que se torna en antagonista.

De más está decir cómo todas estas obras y autores se han inspirado entre ellas, pues Dragon Ball fue asimismo un referente para Naruto, que a su vez lo fue para My Hero Academia. Pero el origen (bueno, el origen más popular, mejor dicho) lo encontramos en Tetsuo Shima.

Nos dejamos para el final de esta entrada otro conocido personaje, muy popular en tiempos recientes, que es Eren Yeager de Attack on Titan. Frente a su idealista y altruista amigo de la infancia Armin, Eren aparece como un joven casi siempre enfadado, acomplejado (especialmente frente a Mikasa), impulsivo y arrogante que acaba obteniendo un enorme poder, clave para el desenlace de la trama. Pues eso, el efecto Tetsuo, con el nihilismo como bandera todavía en plena forma.

Tetsuo y Kaneda (Akira) ilustrados por Masashi Kishimoto

Japoneando Anime: sobre Eren, Mikasa, Yoshinaka y Tomoe

Attack on Titan (conocida también como Shingeki no Kyojin, 進撃の巨人, o Ataque a los titanes en español) llegó a su fin hace unos meses en lo respectivo al manga, estando previsto el estreno de la última temporada del anime (a cargo de Mappa) el próximo enero. Como suele ser habitual en títulos tan populares, su conclusión no ha estado exenta de polémica y los seguidores todavía discuten ardientemente sobre ella. A partir de aquí, advertimos de que habrá SPOILERS de Attack on Titan.

Especialmente en lo referido a los protagonistas de la serie, Eren Jaeger y Mikasa Ackerman, cuyo vínculo ha sido esencial a lo largo de la trama; pero no siempre ha sido percibido de forma favorable por los fans. En el penúltimo capítulo, Mikasa decapitaba a Eren, quien al parecer buscaba este destino de forma intencionada, para así influir a la fundadora Ymir, resetear el mundo y dar carpetazo a la existencia de los titanes (al menos temporalmente).

En realidad, no estamos aquí para debatir sobre esto, sino aprovechar la enorme fama de estos personajes y de su historia para traer a colación dos grandes figuras de la historia japonesa: Kiso no Yoshinaka (木曾 義仲, también llamado Minamoto no Yoshinaka, 源義仲) y la mujer samurái u onna bugeisha (女武芸者) Tomoe Gozen (巴 御前).

Yoshinaka y Tomoe, entre la leyenda y la historia

Ocurre a menudo en la historiografía japonesa que leyenda y mito se superponen con acontecimientos que no se sabe hasta qué punto son del todo fácticos. En realidad, nuestra visión occidental, que tiende a dividirlo todo en binomios y alteridades, no conjuga bien con estas perspectivas. Ya lo decía el antropólogo Claude Lévi-Strauss, que muchas veces para alcanzar una visión «completa» de los acontecimientos es necesario complementar historia y mito, en lugar de enfrentarlos.

Sea como fuere, Kiso no Yoshinaka y Tomoe Gozen son figuras que aparecen en el Heike Monogatari (平家物語), serie de epopeyas del siglo XIII que narran las guerras Genpei (源平合戦, 1180-1185), cuando los clanes Taira y Minamoto lucharon por el poder.

Debido a su tradición oral, lo narrado en el Heike Monogatari suele tener un carácter bastante legendario. Así, de Tomoe Gozen se dice que fue una bella y valerosa guerrera (asistente de Yoshinaka, según varias fuente también su amante, concubina o esposa oficial) que valía por mil hombres y que su señor la mandaba orgullosamente al frente de sus tropas.

En 1184 ambos tomaron Kioto tras ganar la batalla de Kurikara. No obstante, durante la batalla de Awazu en el mismo año, las tropas de Yoshinaka se vieron rodeadas y derrotadas por las del rival Minamoto no Yoritomo. Kiso se suicidó así junto a su siervo Imai Kanehira, diciéndole antes a Tomoe que huyese del campo de batalla, pues sería deshonroso que lo encontrasen muerto junto a una mujer.

Tomoe Gozen según lo narrado el Heike Monogatari

Reacia a obedecer inicialmente, en su huida Tomoe quiso dejar un épico recuerdo ante su señor y se enfrentó a uno de los soldados más grandes de las fuerzas rivales, Onda no Hachiro Moroshige, decapitándolo con facilidad y marchándose con su cabeza.

Y esa sería la historia de Tomoe y Yoshinaka según el Heike Monogatari. No obstante, según leyendas (y hay unas cuántas) Tomoe fue capturada por el bando enemigo y obligada a ser concubina de Wada Yoshimori hasta la muerte de éste, tras lo cual se metió a monja y falleció naturalmente a los 91 años.

Otros dicen que fue a buscar la cabeza de Kiso, hallándola y huyendo con ella, para así evitar su deshonra a manos del enemigo. Se habría fundado el templo Gichû-ji (義仲寺) en la ciudad de Ôtsu, prefectura de Shiga, en recuerdo de Yoshinaka, cerca de donde estaba su tumba original (en un montículo bajo un árbol de caqui japonés). Tomoe se habría establecido en un improvisado habitáculo hasta su muerte, erigiendo su sepulcro allí mismo. Ambos permanecen hasta hoy allí.

Los paralelismos entre Yoshinaka y Tomoe, Eren y Mikasa

Tras resumir mucho lo que se narra sobre Yoshinaka y Tomoe, veamos cómo las historias de Eren y Mikasa guardan más de una coincidencia con éstas (por si el lector todavía no hubiese percibido varias).

Eren, Mikasa y Armin (Attack on Titan, Wit Studio) se conocen desde niños, al igual que…

Para empezar, el padre de Kiso, Minamoto no Yoshitaka, fue asesinado por Minamoto no Yoshihira en 1155 (siendo Kiso todavía un bebé o niño pequeño), tras lo cual huyó a la provincia de Shinano. Allí, fue criado por Nakahara Kanetô, quien según la tradición habría sido padre de Tomoe y junto al mencionado Imai Kanehira.

De este modo, Yoshinaka, Tomoe e Imai habrían sido amigos/conocidos de la infancia; similar a Eren, Mikasa y Armin. Invirtiendo los géneros, es el padre de Eren quien adopta y cría a Mikasa tras perder a sus progenitores.

Cuando crecen, los tres son conocidos como valerosos y habilidosos guerreros, especialmente Tomoe, quien, tal como se narra en el Heike Monogatari, «valía por mil hombres». Esta forma de describirla es la misma que se usa para Mikasa en el manga, donde también se dice que «vale por mil soldados».

Yoshinaka se yergue contra los Taira y luego contra su propia familia (no está de acuerdo con Yoritomo proclamándose jefe del clan… ejem, Zeke, ejem) hasta su ya mencionado terrible final.

Aquí es donde se suceden de nuevo los paralelismos, pues Eren fallece decapitado por Mikasa (como él mismo pretende), Yoshinaka se suicida (o al menos lo intenta), y, tal como sostiene la leyenda, Tomoe/Mikasa acaban cargando la cabeza de Kiso/Eren y enterrándola bajo un árbol, tras el cual se erige su recuerdo para siglos posteriores (y con ellas recordando al compañero de batalla/amante muerto hasta el final).

Evidentemente, no es posible asegurar que el creador de Attack on Titan, Hajime Isayama, se haya inspirado directamente en esta historia para crear la suya (o al menos, la de sus dos personajes principales); pero es probable que alguna referencia haya tomado.

Al fin y al cabo, Tomoe Gozen y Kiso no Yoshinaka son figuras muy conocidas y populares en Japón, que han aparecido (y aparecen) en multitud de obras de teatro nô, kabuki y en la cultura pop actual.

Para saber más…

Heike Monogatari, Gijón, Satori Ediciones, 2019

IRIE MULHERN, Chieko, Heroic With Grace: Legendary Women of Japan, Nueva York, Routledge, 2015

TOGO, Ryu, Tomoe Gozen y otros relatos de mujeres samuráis, Madrid, Quaterni, 2019

YOSHIKAWA, Eiji, El cantar de Heike, Gijón, Satori Ediciones, 2014-

BERNARD, Chelsea, Tomoe Gozen: Badass Women in Japanese History, 12 de junio de 2014 (consultada el 24 de octubre de 2021)

Cinco anime y manga para ver y leer si te ha gustado El juego del calamar

El juego del calamar es la última sensación en series. Drama surcoreano estrenado el mes pasado por Netflix, su ritmo frenético, su constante tensión e intriga (aunque alguna se prevé desde los primeros episodios) y su elenco de personajes hacen que sus nueve episodios se pasen volando.

No obstante, su premisa no es exactamente original (aunque hoy en día casi nada lo es), por lo que existen, no ya solo películas y series en acción real que han tratado la misma temática en el pasado (Battle Royale, Los juegos del hambre o Alice in Borderland surgen normalmente en comparación), sino también varios anime y manga. Repasamos los más interesantes para nosotros (puede haber leves spoilers de El juego del calamar).

Battle Royale (バトル・ロワイアル)

Somos conscientes de que hemos mencionado a Battle Royale entre los ejemplos de cine y series de acción real, pero es que antes de la popular película donde participa, entre otros, Takeshi Kitano, este título tuvo una novela y un manga de 15 tomos escritos por el mismo autor, Koushun Takami.

La historia cuenta cómo, en un futuro distópico, donde Japón se encuentra en una crisis insalvable, el gobierno aprueba la ley Battle Royale, según la cual cada año una clase de instituto es elegida al azar y sus alumnos llevados a un lugar aislado, donde tendrán que luchar durante tres días o hasta que solo quede uno con vida.

A partir de esta premisa se dan una serie de giros argumentales y no sabes quién va a sobrevivir o cómo se van a ir formando alianzas y traiciones. Personas que son gaseadas y trasladadas a una isla, la figura del maestro que aparentemente desaparece, los tropos que conforman los participantes, las cuestiones filosóficas y la crítica al sistema capitalista y al consumo masificado… son varias las similitudes entre Battle Royale y El juego del calamar.

Battle Royale. Manga de Koushun Takami publicado por Ivrea.

Mirai Nikki (未来日記)

Este manga de Sakae Esuno con adaptación a anime de 26 episodios tuvo bastante éxito en su época, especialmente la protagonista, Yuno Gasai, quien llevó el estereotipo de personaje yandere a su máxima expresión.

Aquí, un estudiante de secundaria llamado Yukiteru Amano, cuyo único amigo (¿imaginario?) es un dios del espacio-tiempo llamado Deus Ex Machina, recibe un día de éste un diario que lo capacita para ver el futuro en 90 días. Con esta habilidad, Amano es trasladado a un torneo mortal, donde tendrá que competir contra otros usuarios de poderes y diarios similares.

Mirai Nikki es de esos mangas que mantienen un diseño kawaii y aniñado de sus personajes, pero que son de temática bastante oscura y rozando el gore (al igual que Battle Royale, pero sin su estética). Introduce también el elemento fantástico/sobrenatural con los viajes en el tiempo y las distintas habilidades de los participantes.

Son varios los anime y manga que a su vez son similares a Mirai Nikki (y que pensamos incluir, pero que por cuestiones de espacio al final solo citaremos), como Deadman Wonderland (デッドマンワンダーランド) o la más reciente Platinum End (プラチナエンド).

Mirai Nikki. Sakae Esuno y publicado por Ivrea

Jigokuraku (地獄楽)

Ya hemos hablado en el pasado de Jigokuraku, un muy entretenido y excelentemente dibujado shônen de Yûji Kaku que tendrá próximamente adaptación a anime.

La historia, ambientada en la era Edo de Japón (1603-1868) cuenta cómo un ninja, conocido como Gabimaru el Vacío, es traicionado por su aldea y condenado a muerte. Sin embargo, se le ofrece salvar su pena si accede a viajar a una misteriosa isla que supuestamente contiene el elixir de la vida para el gobierno. El gran problema viene que ninguno de los que han acudido a dicho lugar ha regresado con vida… y que hay otros presos aparte de Gabimaru que aceptan la petición (aunque para ello tengan que matarse entre ellos).

Aquí, más que un juego en sí nos encontramos ante una competición por la libertad… y la supervivencia. En sí, los puntos argumentales siguen siendo prácticamente los mismos: lugares aislados, personajes marginales, constante tensión, el no saber quién sobrevivirá (mucha muerte y desesperación), alianzas y traiciones, giros inesperados… Jigokuraku introduce, eso sí, una ambientación alejada del clásico futuro/presente distópico, con un Japón feudal que se introduce de lleno en el terreno de la leyenda de la isla Hôrai.

Jigokuraku. Yûji Kaku, Shonen Jump+ y publicado por Norma.

Higashi no Eden (東のエデン)

Higashi no Eden (también conocida como Eden of the East) es una singular (y bastante buena) serie de anime de 12 episodios con dos películas estrenada por Noitamina allá por 2009 y dirigida por Kenji Kamiyama.

El argumento nos sitúa en Japón (bueno, inicialmente en los Estados Unidos) en 2010, tras haber sucedido un misterioso ataque de misiles que deja al mundo conmocionado. En medio de este panorama, una estudiante universitaria, Saki, conoce de forma bastante accidentada a un joven amnésico, quien lleva solo consigo documentación falsificada, armas y un móvil que lo llama para darle instrucciones sobre un aparente juego cuya finalidad es «salvar» Japón. A través de dicho teléfono resulta tener acceso a una cantidad de dinero considerable, que deberá aplicar para los fines señalados. El protagonista no está solo, pues hay otros 12 participantes y un líder o juez que responde al nombre de Mr. Outside. Si alguno de ellos se sale de las normas del juego, o llega a gastar todo el crédito, será asesinado en el acto.

Higashi no Eden ha sido, curiosamente, la serie que más nos ha recordado, temáticamente hablando, a El juego del calamar (más incluso que Battle Royale). Quizás por su duración más limitada, por la edad algo más elevada de sus personajes, por la crítica menos sutil al sistema capitalista que abrazó Japón especialmente tras la Segunda Guerra Mundial o por algunos de sus giros argumentales (la identidad de Mr. Outside…).

Higashi no Eden. Noitamina.

Satsuriku no Tenshi (殺戮の天使)

En realidad, Angels of Death vendría ser temática y estéticamente bastante similar a Mirai Nikki o Deadman Wonderland, pero hemos decidido ponerla aparte por tratarse, además de un breve anime de 16 episodios, de un manga, novelas ligeras y, sobre todo, un videojuego de terror estilo scape room.

En esta ocasión nos encontramos con una adolescente que responde al nombre de Rachel Gardner y que desconoce cómo ha llegado a lo profundo de un edificio en el que en cada planta va a toparse con un intento de asesinato (ya sea de una u otra forma). No está sola, pues en dicho juego macabro se encuentra también participando un joven que va vendado, porta una guadaña y responde al nombre de Zack. Ambos deciden unir intelecto y fuerza para poder salir con vida (o más bien, para que Zack puede terminar matando a Rachel, que es lo que acuerdan inicialmente ambos).

De nuevo, un lugar aislado, un aparente juego de muerte y supervivencia (cuyos organizadores son un misterio) y personajes marginales (si bien en este caso se ignora bastante el mundo exterior). Y sobre todo, mucho adolescente deprimido. Por cierto, un anime más reciente, basado en una historia surcoreana, que parte de una premisa similar (luego difieren bastante) es Tower of God.

En definitiva, que a los asiáticos les gusta esta temática, la cual parece que seguirán repitiendo (si es con la misma calidad que los títulos citados y El juego del calamar, bienvenidos sean). Quizás debido a que están más acostumbrados a la existencia de juegos televisivos, de esos que se venden «para toda la familia», donde los participantes no paran de sufrir pruebas físicas (y psicológicas) y que en realidad son bastante sádicos. Como aquel capítulo de Los Simpson.

Angels of Death

Japoneando Anime y viceversa: Fena, Pirate Princess

Fena, Pirate Princess (Kizoku Oujo, 海賊王女) es la última gran apuesta de Crunchyroll junto al estudio Production I.G. (lo cual ya suele ser sinónimo de calidad). Si bien todavía no ha finalizado su emisión (en Japón ni tan siquiera ha llegado a estrenarse), nos gustaría aprovechar que aborda temas interesantes para inaugurar un pequeño apartado dentro de Japoneando Anime, donde nos centraremos en aquellas series que tratan sobre cuestiones históricas y culturales más propias de Occidente y cómo las presenta el prisma nipón.

En el caso de Fena, Pirate Princess, el argumento transcurre mayoritariamente (al menos hasta ahora) en varios puntos de Occidente, al parecer en tiempos del imperio británico (se habla de las colonias inglesas). A juzgar por las vestimentas de algunos personajes, podría tratarse del siglo XVIII o XIX a lo sumo. Aquí, una hermosa joven que sobrevivió a un asalto al barco donde viajaban su padre y la tripulación se dedica a buscar, junto a un grupo de guerreros japoneses, la procedencia de un objeto realizado con un misterioso material.

Al más puro estilo de las novelas de aventuras clásicas, como las de Alejandro Dumas o Robert Louis Stevenson, Fena, Pirate Princess nos lleva de viaje por numerosos y exóticos lugares, habitados por piratas, furcias, soldados o príncipes. Pero no es el único guante que este anime, dirigido por un veterano de la industria como Kazuto Nakazawa, lanza a Occidente. Avisamos de que habrá SPOILERS de Fena, Pirate Princess.

La Pucelle y Jeanne des Armoises

Hace pocos episodios se revelaba que la protagonista, Fena, guardaba algún tipo de vínculo con Juana de Arco, detallándose más adelante que su madre se llamaba, de hecho, Helena des Armoises.

No creo que haga falta presentar a la figura de la Doncella de Orleans (1412-1431), la heroína francesa de la guerra de los Cien Años que murió quemada en la hoguera, pero quizás sí a Jeanne des Armoises (también conocida como Claude des Armoises), una aventurera procedente de Francia en el siglo XV y quien dijo ser Juana de Arco (cuando se suponía que ya había sido ejecutada). Esto hubiese sido fácilmente desmontado, de no ser porque los mismos hermanos de la fallecida apoyaron la moción. La farsa duró hasta 1440, cuando la propia Claude admitió la mentira e hizo pública enmienda ante el Parlamento de París para evitar el castigo real. Desde entonces, Claude des Armoises se retiró a las posesiones de su marido y sus descendientes han llegado hasta nuestros días.

Fena y los demás descubren en Holanda su vínculo con Juana de Arco. Fena, Pirate Princess (Crunchyroll y Production I.G.)

Fena, Pirate Princess juega con este concepto de Juana de Arco sobreviviendo a la hoguera o, al menos, teniendo descendientes, pues la madre de Fena se llama, como hemos adelantado, Helena des Armoises.

No es la única referencia a la Pucelle (que es como nombran a la protagonista en varios momentos del anime), pues el enamorado/amante de Helena y actual villano, Abel, se apellida Bluefield. Esto en sí no significaría nada, pero resulta que uno de los más populares acompañantes (soldados) de Juana de Arco, Gilles de Rais (1405-1440), fue supuesta influencia para la creación del personaje ficticio Barba Azul (Bluebeard), al parecer por su espeso vello facial.

Según la leyenda (más que la historia), Gilles se habría enamorado de Juana y habría intentado salvarla de perecer en la hoguera, sin éxito. Tras fallecer la Doncella de Orleans, el aristócrata francés enloquecería hasta el punto de volverse un asesino en serie de niños y jóvenes a los que secuestraba, torturaba, violaba y asesinaba (no necesariamente en ese orden). Afortunadamente, lo terminaron atrapando y fue ajusticiado y destinado a la horca tras confesar sus atroces crímenes. Como curiosidad, Gilles habría creído también que Claude des Armoises era Juana y le habría dejado una parte de sus hombres.

Abel por suerte no ha llegado a estos extremos (aunque sí va acompañado de un misterioso niño llamado Cody…), pero claramente la muerte de Helena (en la hoguera) lo ha dejado tocado y su papel antagónico es remarcado.

Tanto Gilles de Rais como Juana de Arco han aparecido en varios anime, manga y videojuegos procedentes de Japón, por lo que se ve que sus historias resultan interesantes no solo en estos lares. Son los casos de Fate/Zero y Grand Order, Inazuma Eleven, el JRPG Jeanne d´Arc, Drifters, Makai Ôji o Kamikaze Kaitô Jeanne.

Abel está pelín obsesionado con Helena, de forma similar a como los anime/manga retratan a Gilles con Juana. Fena, Pirate Princess (Crunchyroll y Production I.G.)

Se encuentran asimismo presentes algunos elementos religiosos del cristianismo, pero al menos por ahora bastante de pasada y de aquella manera (que tampoco es que a los japoneses les suelan interesar especialmente estas cuestiones, que en su país hay solo cerca de un 2% de cristianos). Como por ejemplo la búsqueda de un lugar, aparentemente espiritual o metafórico, denominado Edén (cuya significación bíblica es obvia).

Helena de Troya

El nombre de la madre de Fena no tiene desperdicio, y si el apellido des Armoises ya nos daba más pistas de su conexión con Juana, Helena lo hace con referencia a su papel en la narrativa.

Helena de Troya es uno de los personajes de la Ilíada (ya se sabe, la epopeya escrita/más bien narrada por Homero) cuyas acciones desencadenan todo el argumento posterior, o lo que vendría a ser el conflicto entre griegos y troyanos.

Helena, cuya belleza era legendaria, estaba casada con Menelao de Esparta cuando llegó Paris de Troya y, aparentemente, la sedujo. Ambos se fugaron, causando el escándalo y la ira de su engañado esposo y, por ende, de los griegos (pues Menelao no era un cualquiera).

En realidad, Helena poco importa en lo que viene a ser el resto del conflicto y parece ser otro caso del clásico «todo por culpa de una mujer» (la misoginia y esas cosas); en cualquier caso la Ilíada no deja de ser un auténtico clásico de la literatura occidental.

Abel conoce (y se enamora de…) a Helena. Fena, Pirate Princess (Crunchyroll y Production I.G.)

Tal como se revela en el último episodio emitido, la madre de Fena, cuya belleza es notoria, huye con su mayordomo, Franz (quien averiguamos sería el padre putativo de la protagonista), generando una serie de frustraciones y malentendidos en la Corte que residía. Al parecer (todavía no tengo del todo claro que esto vaya a quedar así en el argumento), Helena des Armoises estaría embarazada del rey (en lo que hubiese sido una relación no consentida) cuando se fugó. Lo malo es que Abel, hijo a su vez del monarca, solo conoció esta versión, quedando con un enorme vacío y sensación de pérdida (no exentos de cierto grado de egocentrismo) tras la partida de su enamorada.

Japón y el japonismo

Todos los guerreros que acompañan a Fena son claramente japoneses y así lo demuestran sus nombres y diseños, en contraste con el casi albino de ella. Además, portan armas muy propias de Japón, como la katana (evidentemente), la naginata (薙刀) o el arco japonés yumi (弓).

Lo que resulta curioso es que, en la época en la que se ambienta Fena, Pirate Princess, Japón debía encontrarse todavía aislado del mundo (sakoku, 鎖国) por orden del sogún Tokugawa. Por ello, no debe extrañarnos la sorpresa de Otto y Salman cuando llegan a esa misteriosa y exótica isla.

Es el surgimiento de las primeras oleadas del japonismo, esto es, la visión (que  veces torna en idealización o en la entrada repetida de tópicos) de Japón por parte de los occidentales. Esta corriente, que tuvo (tiene) sobre todo expresiones culturales y artísticas, tuvo su mayor auge cuando Japón abrió sus fronteras en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de entonces, fotografías en blanco y negro de supuestas geishas, actores de kabuki y samuráis empezaron a circular por los rincones de Europa y América y pintores como Gauguin o Van Gogh vieron influenciado su arte por las estampas ukiyo-e (浮世絵).

Fena y los Samurai Seven. Fena, Pirate Princess (Crunchyroll y Production I.G.)

Inicialmente, sin embargo, las relaciones con Japón fueron de extrema desconfianza en el ámbito político por parte de ambos bandos, que a veces se veía entremezclada con la admiración propia de quien contempla lo desconocido por primera vez. Tenemos ejemplos de las dos miradas, por ejemplo, en Madama Butterfly de Giacomo Puccini y  La bailarina de Ogai Mori.

De forma similar, los guerreros que acompañan a Fena no son siempre vistos con buenos ojos por parte de los europeos con quienes van cruzándose, y los rodea un cierto aura de leyenda negra. Curiosamente, los denominan goblins (como la isla Goblin a Japón, lo que puede ser una referencia a la forma en la que China se dirigía originalmente a ellos como enanos o wa 倭) o Samurai Seven (como la conocida película de Akira Kurosawa, quien situó el cine nipón en el centro del panorama internacional).

En realidad, sí estaba permitida la entrada de algunos extranjeros durante el período de aislamiento de Japón, siempre con fines comerciales y bajo control del gobierno. Era el caso de los mercaderes holandeses y chinos. Curiosamente, el supuesto padre de Fena, Franz, es de origen holandés, por lo que su vínculo con estos guerreros japoneses estaría aquí más justificado.

En definitiva, Fena, Pirate Princess es una excelente ocasión para abrir esta ventana a cómo nos retrata Japón (y, de paso, reflejar la forma en que nosotros les vemos, en un juego de varias direcciones), aunque sea mediante una ficción de anime. Y eso que nos dejamos cosas como la figura de la pirata Grace O´Malley (1530-1603), quien aparece aquí adaptada de forma muuuy libre; la referencia a la mítica ciudad El Dorado; o la citada Guerra Española (que estamos todavía preguntándonos cuál de todas será).

Grace O´Malley y su banda pirata. Fena, Pirate Princess (Crunchyroll y Production I.G.)

Tales of Arise y el romance

Tales of Arise salió a la venta en varios dispositivos el pasado día 10 y, desde entonces, no ha parado de cosechar éxitos de crítica y ventas. Nos encontramos ciertamente ante una nueva apuesta de Bandai Namco por hacer llegar esta franquicia, que cuenta ya con 25 años a sus espaldas, a nuevos rincones y público. Algo que ha conseguido especialmente mediante un sistema de batalla un pelín más orientado a la acción, un pulido en el apartado artístico y técnico y una historia algo más madura, con personajes que ya rondan la veintena y entre los que se cuecen cuestiones como el romance. Avisamos de que habrá SPOILERS.

Es en este último apartado donde nos detendremos, pues aunque pueda resultar sorprendente, el amor romántico es un terreno que no suele explorar (no al menos en profundidad) el género del JRPG (Japanese Rol-playing Game). Si acaso es un elemento secundario y la mayoría de las veces implícito (qué serían de las ship wars de Final Fantasy VII sino…), o bien como parte de una mecánica en la que el jugador puede armar y desarmar a su gusto, más como un complemento lúdico que como motor narrativo en sí.

En Tales of Arise, al igual que sucediera con Final Fantasy VIII, tenemos el romance como columna vertebral de la trama. Fundamentalmente con los protagonistas, Alphen y Shionne, pero no solo en ellos. Podríamos decir que este videojuego es el Fruits Basket de los JRPG: todas las parejas heterosexuales zarpan de un modo u otro.

Alphen y Shionne, el romance predestinado y épico

La historia de Tales of Arise nos presenta a un misterioso muchacho que porta una máscara de hierro, que no puede sentir dolor y que no recuerda nada de su pasado (ni tan siquiera inicialmente su nombre), Alphen; quien se topa accidentalmente con una joven que hiere a todo aquel que la toca y que está huyendo de sus perseguidores. Ambos pertenecen a razas distintas: Alphen es de Dahna, planeta sometido y esclavizado por Rena, de donde proviene Shionne, que así se llama ella.

En la publicidad del juego ya se percibía que habría «tema» entre Shionne y Alphen. Tales of Arise, Bandai Namco

Hemos así a un personaje que no puede sentir dolor y a otro que lo genera solo con el contacto, ambos provenientes de lugares enfrentados… El drama está evidentemente servido.

La dinámica inicial entre ambos es llamativa, pues Shionne es huraña y demasiado pragmática, mientras que Alphen está sobrado de amabilidad, empatía e idealismo. He de reconocer que las conversaciones entre ellos me resultaron de lo más entretenidas y que él me sorprendió para bien, pues se mostraba visiblemente molesto ante algunas de las borderías de ella (pensaba que sería más estereotipo shônen de «no importa que me machaquen porque soy buenísimo y no le doy vueltas a las cosas»).

A medida que avanza la historia, el vínculo se va suavizando, con Shionne siendo más consciente de los esfuerzos de Alphen, a la par que va conociendo a más gente y, por lo tanto, socializando más.

Por supuesto, hacia la mitad tenemos ya presentes los elementos que hacen épico y melodramático a todo romance: secuestro/sacrificio de ella, recuperación de la memoria de él (y con ello explicación a algunos de los misterios que rodean a ambos), rescate, cuasi confesiones, momentos incómodos y tiernos… Y al final hay hasta beso y boda. Los japoneses esta vez tiraron la casa por la ventana y fueron a por todas en el terreno romántico.

Alphen y Shionne son así, como protagonistas centrales de la obra, el romance principal y el más claro, el que es imposible obviar. La narrativa se mueve muchas veces en torno a su relación (y no al revés) y la hacen avanzar hasta llegar a una conclusión satisfactoria, típica de los cuentos de antaño. Más allá de algunos momentos que se nos hicieron demasiado melodramáticos (y que las explicaciones a las espinas de Shionne no podían ser más enrevesadas con tal de añadir aún más drama entre ellos), nos han mantenido emocionados.

Momentos a destacar: Prácticamente todo el juego. Pero si hay que elegir, el final y los créditos.

Law y Rinwell, la atracción juvenil y los tropos shônen 

Rinwell y Law son el tercer y cuarto personaje (del elenco principal) en unirse al grupo y enseguida salta a la vista que entre ellos también puede haber tema, partiendo del hecho de que sus diseños se complementan bastante bien y que son los benjamines del grupo (ella con 14 y él con 16).

Sus dinámicas son menos obvias que las de los protagonistas, pero saltan a la vista: él es ocasionalmente sobreprotector con ella y ella se mantiene entre a la defensiva y entre el vacile cariñoso con él (escena de celos incluida en alguna secundaria, como la de la bibliotecaria de Viscint).

Ambos tienen además paralelismos notorios en sus historias: huérfanos a una temprana edad, son cercanos a Zephyr, se han mantenido hasta cierto punto solitarios hasta que se encuentran. Hay, por lo tanto, un elemento de comprensión y apoyo mutuos que los vuelve cercanos.

Si bien su relación es tierna, quizás por cosas de la edad, es la que menos nos ha gustado dentro del grupo principal. Tienen varios tropos del anime y manga shônen (dirigido a un público mayoritario adolescente masculino) que se nos hacen repetitivos: Law se muestra como ligón en varias secundarias (aunque el éxito que tenga o no es otra historia) y bastante simplón, mientras que con Rinwell se torna más atento; mientras que ésta última se mantiene como poco accesible ante sus avances… hasta que se cruza otra (posible amenaza) en el camino y entonces muestra sus verdaderos colores (o bien la cosa se pone demasiado seria). Vamos, lo que hemos visto, por ejemplo, en la mayor parte de obras de Rumiko Takahashi.

Rinwell y Law en Tales of Arise. Bandai Namco

El final de Law y Rinwell queda abierto (desde luego bastante más que el de Alphen y Shionne), pero encaminado hacia un probable romance una vez crezcan un poco más. Si bien en los créditos finales no aparecen juntos hasta la boda de los protagonistas, en su último ataque combinado dejan claras sus intenciones: juntos, desde ahora (aunque al español lo tradujeron como «juntos, a por todas» o similar).

Momentos a destacar: casi todos en misiones secundarias, como la del amigo de Law que da por hecho que él y Rinwell están juntos en la plaza de Cysloden; la de la bibliotecaria guapa (quien atrae la atención de Law para molestia de Rinwell) en Viscint; la de Law granjero que atrae a las vacas (sí…) en el rancho. Dentro de la historia principal, la conversación final entre ellos donde Law da a entender que le gusta Rinwell y ambos acaban riendo es de lo más tierna. También todo el apoyo mutuo que se ofrecen al recordar a Zephyr o que Rinwell se siente sola. No incluimos la escena de Rinwell con Almeidrea porque la verdad es que me pareció melodramática en exceso (y es copia mala de la de Edward, Scar y Winry en Fullmetal Alchemist).

Dohalim y Kisara, la evolución del cariño hacia la igualdad

Llegamos a la última de las principales parejas heterosexuales del juego y la que, a priori, más temor nos generaba, pues la premisa levantaba todas las alarmas: ella (mujer de Dahna) era la guardiana/guardaespaldas de él, un señor renano. Vamos, desigualdad por doquier. Por suerte, superar estos desequilibrios es el motor de su relación en Tales of Arise.

Es verdad que el arco argumental inicial entre Dohalim y Kisara no puede resultar más espinoso, pues el hermano mayor de ella, Migal, se sacrifica ante los ojos de todos para lograr que le crean ante un complot orquestado por la mano derecha de Dohalim. Ante los llantos desconsolados de Kisara, él despierta un trauma de su pasado y confiesa que en realidad sus motivos para la búsqueda de una sociedad igualitaria entre dahnianos y renanos no estaban movidos por puro idealismo, sino por intentar espantar sus demonios internos. Ella no se lo toma nada bien y la reacción es algo… violenta (vamos, que se lo quiere cargar ahí mismo).

Por suerte, ambos superan enseguida el episodio (en cuanto Kisara se recupera del shock) y empiezan a tratar sus diferencias, por separado, pero especialmente juntos. Lo que más me gusta de este vínculo, aparte de sentirme más identificada por la edad (Dohalim tiene 28 y Kisara 25, lo cual se nota frente al resto del elenco), es que se comunican todo el rato. Y, si no lo hacen, como Kisara cuando está de bajón en la misión secundaria de «su lugar», Dohalim, percibiéndolo, hace por intentar que se lo cuente (con éxito). A la inversa también ocurre dentro de la historia principal, cuando ella nota que a él lo atormenta algo al llegar a su hogar natal, Lenegis, lo que de hecho ya había detectado hace tiempo.

Dohalim y Kisara en Tales of Arise. Bandai Namco

Por ello, a pesar de tener una premisa inicial complicada, digamos que su relación es de las más saludables dentro del elenco principal. Es verdad que Kisara al principio no sabe cómo tratarlo «adecuadamente» (y Rinwell le objeta que esté demasiado pendiente de él), pero poco a poco lo va superando. Una vez ella comprende que él puede volar solo (sin necesidad en absoluto de que ella sea su leal guardiana/asistente nunca más) es cuando ocurre la conversación final entre ellos, donde hay una especie de confesión al más puro estilo japonés (donde al parecer llamar a la pareja por el nombre de pila o diminutivo cariñoso es lo más parecido a dar el paso en una relación, sumándole la invitación a vivir juntos).

Dohalim y Kisara no son tampoco tan evidentes como Alphen y Shionne ni su vínculo es tan «explosivo» o melodramático como el de éstos últimos o incluso el de Law y Rinwell, pero su afecto mutuo es evidente, sano y maduro. Y que sobre todo busca la igualdad y el equilibrio.

Momentos a destacar: al igual que con Law y Rinwell, muchos se encuentran en las misiones secundarias o en diálogos aparte, como la citada «su lugar» en Ganath Haros (donde él termina animándola mientras se le «confiesa» recitando poesía); la del reencuentro entre un renano llamado Nottio y su amante dahniana (donde Dohalim se toma MUY en serio que la relación entre ellos pueda salir adelante, algo que llama la atención de Kisara). Dentro de la historia principal, la evolución de su relación es notoria, hasta llegar al arco de Dohalim en Lenegis, donde el apoyo que recibe por parte de Kisara es fundamental (y apreciado por éste). Ambos enfocan varias de sus conversaciones hacia la necesidad de mirar hacia el futuro y no tanto hacia el pasado, incluyendo la de su combo final.

En definitiva, Tales of Arise está repleto de amor romántico, unas veces de forma más obvia que otras (especialmente si pasas las misiones secundarias para los casos de parejas que no sean la de Alphen y Shionne). A falta de un romance principal en las últimas entregas de la franquicia, Bandai Namco nos ha dado tres tazas.

Tales of Arise. Bandai Namco.

Rurouni Kenshin: The Beginning, lirismo y acción en una buena ambientación del Japón pre-Meiji

Netflix trajo hace unas semanas las dos últimas adaptaciones en acción real de uno de los manga y anime más populares de la década de 1990/inicios del 2000, entrando así Rurouni Kenshin (るろうに剣心) en muchos hogares… o más bien, las dos películas que concluyen una saga de cinco.

Rurouni Kenshin: The Beginning (るろうに剣心 最終章, también conocida como Samurai X: El origen en países de habla hispana) llegaba así para contarnos los inicios de una historia mucho más amplia, pero que, casualmente, es el arco argumental de esta franquicia que mejor puede verse por separado. De hecho, es perfectamente posible visionar únicamente este largometraje y no el resto (aunque si eres seguidor del samurái con la cicatriz en forma de cruz esto quizás pueda parecer un sacrilegio).

Ocurre algo similar con las OVAs (episodios de animación dirigidos a formato de vídeo) Tsuiokuhen, de las cuales Rurouni Kenshin: The Beginning bebe bastante (por suerte); puedes ver perfectamente solo la historia de Kenshin cuando era un asesino en la guerra Boshin y su relación con Tomoe y dejarte el resto. Es más, si no eres un especial fanático del anime shônen (dirigido a un público masculino adolescente), es hasta lo aconsejable.

Por ello, vamos a realizar únicamente la reseña de Rurouni Kenshin: The Beginning, al menos por ahora, dejándonos el resto de películas de la saga en el tintero (adelantamos, eso sí, que son altamente recomendables para los fans de la obra de Nobuhiro Watsuki y de las mejores adaptaciones live-action existentes hasta la fecha). Se suma el hecho de que este arco de Kenshin es mi absoluto favorito, por lo que me acercaba a este título con algo de recelo.

Rurouni Kenshin: The Beginning. Warner Bros y Netflix

Por fortuna, me he equivocado, pues The Beginning sigue a grandes rasgos más las OVAs que el manga (de corte más infantil y superficial), lo cual ya es un pulgar arriba para quien esto suscribe. Además, ¡lo hace bien!

Rurouni Kenshin: The Beginning nos sitúa en el año 1864, los preámbulos a la guerra Boshin de un Japón que acaba de abrir sus fronteras al mundo y que se debate por mantener o no la figura del sogún, líder militar superior al emperador durante los tres siglos anteriores. En medio del conflicto surge la temible figura de hitokiri Battôsai (o el asesino Battôsai), un samurái que mata a todo aquel del bando contrario que se le cruza. En realidad se trata de un joven bastante apático (por no decir deprimido) que responde al nombre de Kenshin Himura, portador de una de las técnicas más letales, Hiten Mitsurugi-ryû (飞天御剣流). Un día en la vida de Kenshin se cruza una hermosa y misteriosa muchacha llamada Tomoe…

Y no contamos más, pues merece la pena ir descubriendo la historia (para quien no la conozca ya) por sus 137 minutos de duración, que a veces se hacen frenéticos y otros pausados, al igual que el arco que adapta. Sorprendentemente, el ritmo es bastante llevadero y, para quienes se durmieran con la lentitud de las OVAs, quizás encuentren aquí un producto más de su gusto, que no deja totalmente de lado la parte más contemplativa.

Las batallas en los live-action de Rurouni Kenshin siempre han tenido buenas coreografías y aquí siguen sobresaliendo (aunque la escena del principio con Kenshin a lo Roronoa Zoro es bastante flipada…). Especial mención a la confrontación nocturna entre el protagonista y uno de los miembros del Shinsengumi.

Rurouni Kenshin: The Beginning. Warner Bros y Netflix

Hablar de los conocidos como Lobos de Mibu nos lleva a otra de las grandes virtudes de esta adaptación, y es su ambientación. Con una puesta en escena que tira a veces de lo teatral, sobre todo en los espacios cerrados, el director Keishi Ôtomo sabe cómo moverse por las callejuelas y edificaciones de un Japón que parece realmente sacado de una fotografía del siglo XIX. El vestuario y los peinados (mucho más acordes a lo que eran en la época que lo que reflejaba el anime/manga, sobre todo en los personajes secundarios) acompañan a esa ambientación tan lograda. No podemos dejar pasar el parecido que han logrado, sobre todo respecto al anime, con Sôji Okita a través del actor Nijirô Murakami.

El resto del elenco está también más que aceptable, pero debemos rendirnos al trabajo realizado por Takeru Satô como Kenshin y al de Kasumi Arimura como Tomoe. Sin ellos simplemente la película no habría funcionado, brillando aquí tanto en las escenas puramente dramáticas como en las románticas. Es complicado interpretar a personajes tan herméticos (y que a veces hablan taaan pausadamente) sin caer en el ridículo o que simplemente no transmitan nada, pero lo logran y hasta te tocan el lado sensible. Se le suma una buena química entre ambos, lo que torna las escenas más contemplativas en algo bonito o tierno.

Eso sí, si nos centramos demasiado en comprarla con las OVAs, percibiremos algunos defectos notorios, especialmente en una banda sonora que no llega a la maestría de Taku Iwasaki (esa escena del incidente de Ikedaya, si bien sigue siendo épica, ya no es igual…). Se extrañan asimismo escenas que son totalmente suprimidas, como todas las de Kenshin con su maestro, o mayor explicación al porqué de la cicatriz en forma de cruz. El que la acción real tenga mayores limitaciones respecto a la animación hace que el estado de la psique de Kenshin mientras va a buscar a Tomoe no se transmita del mismo modo al espectador.

Rurouni Kenshin: The Beginning funciona por todo ello no solo como película que forma parte de una franquicia de éxito, ni tampoco únicamente como una buena reminiscencia de las OVAs, sino además como una más que aceptable obra de cine de género jidaigeki, que se puede ver tanto como complemento a la historia de Watsuki o como título individual.

Arte cine y series

Lady Jessica (Rebecca Ferguson) en Dune (2020)
Chani (Zendaya) en Dune (2020)
Un ángel me sigue… (Paul Hill, Midnight Mass)

Arte de anime y manga

Rei Ayanami en Evangelion 3.0 + 1.0: Thrice Upon a Time
Rei/Lilith y Kawory/Adán en Evangelion
Los 3 grandes de la UA (My Hero Academia)
Rangiku y Gin (Bleach) al estilo Akira

Japoneando Anime: Akira (1988)

Akira (アキラ), manga y película de anime creados por Katsuhiro Otomo, es uno de esos títulos considerados de culto no ya dentro del mundo del manga y anime, sino del cine universal (desde Leonardo DiCaprio hasta Taika Waititi han estado interesados en el proyecto de llevarlo a Hollywood). No obstante, es una obra adulta que aborda temas algo complejos. Avisamos de que nos ceñiremos sobre todo al anime, ya que el manga varía bastante en algunos apartados de la historia.

Kaneda y Tetsuo son dos jóvenes que pertenecen a una banda callejera, que enfrenta a otras a bordo de sus motos durante las noches en Neo-Tokio, reconstruida tras la fatídica Tercera Guerra Mundial. En una de estas confrontaciones, Tetsuo tiene un accidente al chocar contra un misterioso «niño», lo que le otorga ciertos poderes y la atracción de ejército y gobierno. Mientras Kaneda y su banda intentan liberar a Tetsuo, éste empieza a despertar cualidades insospechadas y que alterarán el orden no ya de Japón, sino del mundo.

El Japón de la posguerra y los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 (y 2020)

El contexto y la ambientación en Akira no son mera decoración post-apocalíptica, juegan un importante papel en la trama. Durante cierta escena de la película (mucho más desarrollada en el manga) se habla claramente de cómo Tokio resurgió de sus cenizas tras la catastrófica Tercera Guerra Mundial de 1988, para acabar convirtiéndose en una ciudad corrupta y «muerta», que no tiene un objetivo claro sobre el que mantenerse.

Como bien es sabido, tras la rendición sin condiciones de Japón ante Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial, el país nipón pasó a estar ocupado por tropas norteamericanas con la intención de ayudar a su reconstrucción. Fue una etapa ciertamente dura, pues Tokio había sido casi completamente arrasada por los bombardeos y había altos índices de pobreza. No era inusual que las japonesas se prostituyesen a los soldados y que los niños mendigasen (entre otros asuntos turbios).

Los estadounidenses se retiraron de Japón en 1952, cuando consideraron finalizada su misión y tras la firma del Tratado de San Francisco. A pesar de que siguen habiendo bases militares de Estados Unidos repartidas por el país (algunas de ellas con especial polémica, como la de Okinawa), los nipones ya alcanzaron un cierto grado de independencia.

No obstante, la dura posguerra continuaba sintiéndose (a pesar de que Japón se vio económicamente beneficiada por la Guerra de Corea de 1950-53), y no fue hasta la década de 1960 cuando el país nipón retomaba el vuelo, y de qué manera. Se lo conoció como «el milagro económico japonés» (高度経済成長) y, para 1964, era el primer país con mayor crecimiento económico en el mundo, habiéndose adelantado en el PIB a todas las naciones occidentales salvo Estados Unidos.

Los Juegos Olímpicos de 1964 celebrados en Tokio sirvieron para exponer al mundo que Japón ya no era ni un país fascista ni, sobre todo, pobre. Había superado admirablemente la posguerra y estaba en la cúspide de la economía mundial (donde todavía se mantiene, a pesar de todo). En una época donde todavía no había internet, el seguimientos de los Juegos expuso las imágenes de este Japón desarrollado, siguiendo el modelo capitalista de Occidente. Además, sirvieron para dar otro impulso económico.

Pero no es oro todo lo que reluce. El rápido e impresionante crecimiento económico japonés llegó a colapsar en la década de 1980, con el estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera, dando lugar a una crisis de la que todavía no han terminado de recuperarse. Se acabó el encanto y el milagro, dando lugar a la denominada «década perdida» (失われた十年).

Akira es una ventana a estos años. En los ochenta ya empezaban a sentirse los primeros coletazos de la crisis, era el fin de una era de encanto. Efectivamente, Tokio había resurgido de sus cenizas tras la Guerra Mundial, como alumno aventajado del capitalismo, para luego quedarse en una tierra anodina de hormigón y salaryman (サラリーマン).

Los Juegos Olímpicos marcan un punto argumental esencial en Akira, tanto en el anime como en el manga, y el estadio Olímpico es donde se desarrolla el desenlace de la trama. Es la exposición del Japón desarrollado (pero, en el fondo, decadente) al mundo. Aunque este ideal se encuentre en sus últimos momentos de vida.

Los Juegos Olímpicos de 2020, celebrados finalmente (y no sin inconvenientes ni protestas) en 2021, no han servido evidentemente de base para la obra de Otomo (a no ser que fuese vidente), pero curiosamente van como anillo al dedo como reflejo del mundo retratado en Akira: entorno algo post-apocalíptico (en este caso pandémico), con un Japón decadente (si bien sigue siendo tercera potencia mundial) y un ambiente crispado y convulso socialmente.

Estadios olímpicos vacíos en Akira. Katsuhiro Otomo.

Las bandas callejeras y el activismo estudiantil

La crispación social nos llevan al segundo punto de este Japoneando Anime, también esencial en Akira, y es que Otomo se basó en la década de 1960 (en la cual era adolescente, pues nació en 1954) para mostrar la rebelde juventud que pulula por su obra magna.

Japón no fue siempre el aparente país apático, políticamente hablando, que llevan años mostrándonos, pues en las décadas de 1960 y 70 las actividades reivindicativas, especialmente en los ámbitos universitarios y sindicales, eran notorias. Otro ejemplo conocido lo hallamos en otro popular director de anime, Hayao Miyazaki, quien, aunque mayor que Otomo, se nutrió de la actividad sindical de estos años que luego mostraría, más sutilmente, en su obra.

Dentro de estos movimientos sobresalió el Zengakuren o Federación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles (全日本学生自治会総連合), surgida en 1948 motivada por un sentimiento contrario a la ocupación norteamericana y su notable influencia en la economía y sociedad. Vinculada al Partido Comunista japonés, organizó numerosas protestas contra las guerras de Corea o de Vietnam (1955-75).

Esta movilidad social llevó asimismo al surgimiento de bandas callejeras. En Japón, destacaron los conocidos como bôsôzoku (暴走族), motoristas al más puro estilo de la subcultura norteamericana (si bien al principio la influencia provino más del rock de Reino Unido). Normalmente jóvenes de entre 16 y 19 años, provenientes de clases humildes, conducían temerariamente y sin casco, saltándose las normas de conducción vial y portando ocasionalmente armas como tuberías. A veces llevaban con ellos banderas del Japón imperial y símbolos neo-fascistas, por lo que se han vuelto a poner de relativa moda en redes sociales a raíz de la polémica por otro manga/anime, Tokyo Revengers.

Tanto Tetsuo como Kaneda pertenecen a una banda motera ilegal, siendo ambos menores de edad y en donde se convive con la violencia y el consumo de drogas (más visibles en el manga). La icónica primera escena de la película muestra uno de los enfrentamientos con otra banda y los altercados que van produciendo por Neo-Tokio.

No solo las bandas juveniles japonesas influyeron en Akira, sino también las estadounidenses, o más bien, las que ha mostrado el cine de Hollywood (que evidentemente también llegaba a Japón) como Easy Rider (1969), de la cual Otomo también ha bebido.

Akira es en definitiva una obra atemporal. Si bien se ha realizado en los años 80, con sus peculiaridades e influencias arrastradas de las décadas anteriores, es perfectamente aplicable a nuestra convulsa realidad del siglo XXI (aunque la evidente ausencia de aparatos móviles chirría un poco). Nos dejamos en el tintero otros aspectos importantes en la narrativa como las bombas nucleares lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki, de las cuales ya hemos hablado con anterioridad.

Para saber más…

PÉREZ RIOBÓ, Andrés y SAN EMETERIO CABAÑES, Gonzalo, Japón en su historia. De los primeros pobladores a la era Reiwa, Gijón, Satori Ediciones, 2020.

RODAO, Florentino, La soledad del país vulnerable: Japón desde 1945, Barcelona, Planeta, 2019.

SECO SERRA, Irene, Historia breve de Japón, Madrid, Sílex Ediciones, 2010.

Fruits Basket Another supera en algunas cuestiones a su predecesora

Fruits Basket es una de las series shôjo (dirigido mayoritariamente a un público femenino adolescente) más populares, algo que se ha visto recientemente resaltado con la salida de la nueva adaptación de anime (que, esta vez sí, abarca toda la historia). Años después de la finalización del manga, la autora Natsuki Takaya decidió darle continuidad con una secuela protagonizada por los descendientes de Tohru, Kyô, Yuki y demás Sohma.

Fruits Basket Another surgió así sin grandes pretensiones, lo cual es especialmente notorio por su no disimulado referente nostálgico (la mayor parte de los descendientes son básicamente copias de los progenitores); pero terminó concluyendo en tres tomos (más un episodio especial, al menos hasta la fecha) que solucionan aspectos importantes que arrastraba su popular predecesora. Avisamos de que habrá SPOILERS de Fruits Basket y de Another.

En esta ocasión la protagonista es una estudiante llamada Sawa Mitoma, quien se cruza casualmente con dos compañeros de la misma familia Sohma, Mutsuki y Hajime. Poco a poco, Sawa logrará ir superando algunos de sus traumas y miedos a medida que va conociendo más sobre el misterioso clan.

Como se puede apreciar, esta vez el abuso se concentra no tanto en la familia Sohma, sino en la protagonista, lo que nos permite adentrarnos más, como lectores, en su mundo e introspección. Este es ya uno de los puntos sobre los que Fruits Basket quedaba algo coja, ya que si bien podíamos percibir que ALGO le ocurría a Tohru, la protagonista era taaaan buena, gentil y optimista que era imposible tomarse en serio su problemática (y de hecho, la parte de la pérdida de los padres queda algo pasada por alto…).

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

El personaje de Fruits Basket sobre el que Takaya (y la posterior adaptación anime) sí se detiene más en su mundo interior es Yuki; pero esto tarda en llegar en una serie que ocupa 23 volúmenes y que, evidentemente, parte de la perspectiva de la protagonista (Tohru), por muy importantes que lleguen a ser también Yuki y Kyo como personajes.

Al tratarse en esta ocasión del abuso (familiar) que sufre la protagonista, Fruits Basket Another se convierte en un compendio más satisfactorio y no tan melodramático (no había personaje en Fruits Basket que no tuviese algún trauma, y eran un montón) sobre el daño psicológico. Y que éste no se supera un bonito día porque sí, porque nos hemos enamorado de alguien.

Ese era el otro gran error de Fruits Basket. El amor (normalmente romántico, aunque no siempre) te saca de la depresión, del maltrato, del dolor físico o mental, de la bipolaridad y hasta de la psicosis si hace falta. Este es un mensaje que no ha inventado Takaya, pero que no por ello deja de resultar falaz e incluso dañino (no, en la vida real lamentablemente las cosas no son tan sencillas).

La autora, que al menos parece consciente de los problemas que arrastraba su obra (la cual, por otro lado, trata temáticas que el shôjo no suele, especialmente en la época, lo cual es en sí de agradecer), da la sensación de que quiere intentar solucionarlos en su secuela.

De este modo, Sawa no empieza a ser consciente verdaderamente de su situación hasta que no conoce a los Sohma, cierto; pero no porque se enamore de uno de ellos (eso viene ya más tarde); y al ser la protagonista entendemos mejor qué supone para la víctima todo este abuso, especialmente por parte de una madre. Y sobre todo, que al empezar a ser consciente de ello, de que existe, no significa que se solucione. Lamentablemente, si bien hay una evidente mirada optimista, el maltrato y el daño psicológico no se esfuman por arte de magia.

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

Akito después de Fruits Basket

El otro gran aspecto controvertido y criticado de Fruits Basket es la resolución de la que fuera su principal antagonista durante casi toda la serie, la cabeza de familia Akito Sohma.

Mostrada durante buena parte del argumento como un ser despreciable que parece disfrutar haciendo daño a los miembros del zodiaco (inferiores a su posición y, en la mayor parte de los casos, menores de edad), Akito resulta ser al final una pobre muchacha solitaria y traumatizada por un ser que es aún peor, su propia madre Ren.

Para más inri, acaba aceptando el amor (romántico, claro) de Shigure y, por lo tanto, haciendo las paces con su feminidad (o dejando atrás su misoginia, o eso es lo que deberíamos creer…). Esto en poco más de dos capítulos (de un total de 23 volúmenes). Y ya está, con una breve conversación y un «nunca te podré perdonar» (de lo más lógico) de Rin se acaba el arco argumental de Akito.

No es ya que ni los servicios sociales ni la policía intervengan nunca en la serie (otra cosa que soluciona Another, los Sohma sí reciben a veces denuncias, aunque sean con intención de extorsión), donde se suceden episodios como el dejar a niñas en el hospital tras haber recibido palizas; es que lo de Akito se siente totalmente insatisfactorio, incluso una tomadura de pelo.

Sin embargo, Another ahonda en este aspecto a través del hijo de Akito y Shigure (Takaya se asegura de que los personajes principales nunca aparezcan directamente en la secuela, en la que se entiende deben brillar los descendientes), Shiki, quien recibe comentarios sobre la miseria humana que era su madre o cómo ambos se alejan del resto del clan por las secuelas que permanecen.

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

Esto nos muestra que, realmente, aún con más de diez años transcurridos tras los eventos acaecidos en Fruits Basket, Akito no lo está teniendo tan fácil. Si bien, eso sí, ha formado su propia familia con Shigure, tiene una buena relación con su hijo y sigue siendo amiga de Tohru.

Un aspecto satisfactorio es que, a pesar de dichas secuelas y de que Rin no haya podido perdonar a la cabeza del clan, los hijos de las susodichas no permanecen con sus filias y fobias, por lo que no hay más melodrama que el necesario en la narrativa.

Parejas polémicas no hacen acto de presencia en Fruits Basket Another

Salvo Shigure y Akito, que como se ha dicho aparecen indirectamente a través de su hijo Shiki, el resto de parejas polémicas (sobre todo por la diferencia de edad) que se formaron en Fruits Basket no hacen acto de presencia en Another. Lo cual se agradece, más que nada para evitar la sensación incómoda en el lector.

Nos referimos especialmente a Kureno y Arisa, quienes más que la diferencia de edad (11 años), el problema es que se conocen (¡y se enamoran!) cuando ella es todavía menor de edad y va al instituto. Además, no sabe nada realmente de él (menos mal que únicamente a Hanajima se le ocurre preguntar si tiene esposa e hijos…). Y a ninguno de los personajes parece importarle este «detalle», es más, rezan para que Kureno y Arisa puedan volver a encontrarse…

Sí, al final ambos terminan juntos, pero curiosamente no aparecen en Another. Bajo la excusa (comprensible) de que Kureno quiere mantenerse alejado de la familia Sohma, los dos se van de la ciudad.

Otra pareja que se menciona varias veces (la mayoría en forma de chiste) en Fruits Basket es la de Hanajima y la del maestro de Kyô, Kazuma. De nuevo, otro caso de un evidente adulto y una estudiante de instituto. Por suerte, esta sí que no se forma y en Another Takaya se encarga de aclarar que el marido de Saki es extranjero.

Es curioso, eso sí, cómo la diferencia de edad (esta vez al menos todos son menores) en Another sí es remarcada por los propios personajes, con Sawa entrando en pánico cuando los demás la confunden como la novia de Shiki, quien es unos poco años menor.

En definitiva, Fruits Basket Another es un claro ejemplo de regreso de una serie por nostalgia, pero en el que la autora se preocupa de que la narrativa no gire en torno a los anteriores personajes, sino a los nuevos. Es más, pareciera una oportunidad, no desperdiciada, para intentar mejorar los errores dejados por Fruits Basket. Independientemente de su éxito, lo cierto es que Another deja al menos una sensación muy dulce, sin caer en el melodrama y muerte por diabetes que era ocasionalmente su predecesora. Y el dibujo, especialmente en las expresiones, ha mejorado notablemente.

Fruits Basket Another. Natsuki Takaya.

Japoneando Anime: Neon Genesis Evangelion

Neon Genesis Evangelion (o, mejor dicho, su serie de películas Rebuild of Evangelion, ヱヴァンゲリヲン新劇場版) ha llegado hoy, de la mano de Amazon Prime, a su final (formalmente hablando, pues The End of Evangelion no fue comprendido por prácticamente nadie) en Occidente, tras décadas de existencia de un anime que ha creado escuela y maravillado (para bien y para mal) a montones de seguidores por todo el mundo.

Creada por Hideaki Anno, uno de los aspectos «innovadores» de Evangelion (como mejor se la conoce de manera abreviada) es, aparte de su carga simbólica, la introspección que realiza sobre la psique de sus personajes. De hecho, el propio Anno sufría depresión cuando «concluyó» la serie allá por 1997, y se nota. Ahora (sin pretender realizar spoilers) su otro final versa sobre pasar página y seguir viviendo. Disfrutar de la rutina, que decían Misato y Ritsuko en 2.0: You Can(not) Advance.

De Evangelion se han escrito ríos de tinta y probablemente no vamos a contar nada nuevo; tampoco de los aspectos más propios de la sociedad y cultura japonesas que ahí aparecen. Pero, como buen reflejo del estado mental o de determinadas creencias de Anno, hablaremos de cuestiones que, si bien nos marcan a todos, especialmente en Japón.

La historia nos sitúa en Tokio-3, ciudad constantemente atacada por unos misteriosos seres llamados ángeles. Shinji Ikari es reclamado por su padre Gendô, uno de los jefazos tras la organización NERV, encargada de mantener las gigantescas máquinas denominadas EVA, utilizadas para detener a estos misteriosos entes destructivos. Shinji, quien tiene una relación complicada con su progenitor, acabará uniéndose en la lucha junto a otros niños-piloto como Rei Ayanami o Asuka Langley.

Neon Genesis Evangelion. Gainax y Hideaki Anno

Ya hemos escrito en el pasado sobre los anime de mecha (robot anime ロボットアニメ en Japón) y sobre los traumas en Japón ante grandes desastres naturales como terremotos y también creados por el hombre (bombas atómicas), por lo que abordaremos otras cuestiones asimismo presentes en la obra de Anno.

Uchi (内), soto (外) y la pertenencia al ie (家)

Conceptos muy anclados en la antropología japonesa, junto a los siguientes que veremos, y que se encuentran muy presentes en todo Evangelion (de forma tanto simbólica como visual). Uchi vendría a significar «dentro» y soto «fuera», pero hace aquí referencia al sentido de pertenencia, a encontrarse dentro de un lugar considerado propio.

A los japoneses se les enseña desde niños ciertos rituales a la hora de entrar y salir de sitios, muy vinculados éstos al sentido de purificación que acompaña al sintoísmo: descalzarse al entrar, lavarse las manos (especialmente antes de entrar a un templo, junto con la boca), determinadas expresiones (ittekimasu/itterasshai al salir y tadaima/okaeri al volver), etc. Estos ya marcan una diferencia clara entre el interior y el exterior.

Pero no es solo eso. El interior conlleva volver a un lugar de pertenencia, ya sea el hogar familiar (de ahí su profundo vínculo con el ie o familia tradicional japonesa), el instituto en el que estudias o la empresa en la que trabajas; por lo que hay asimismo un concepto de colectividad y de no sentirse aislado o dejado atrás (algo que no es poca cosa en la sociedad japonesa).

Shinji, al igual que el resto de los pilotos de EVAs, no tienen un ie/familia, por lo que actúan ocasionalmente de forma errática (cada uno en su estilo) y se sienten socialmente desplazados. Todos ellos comunican en algún momento que están bien solos. Sin embargo, las veces que Shinji llega y se va de la casa de Misato son recalcadas. Empieza a sentir un lugar de pertenencia y este es uno de sus arcos argumentales principales.

Neon Genesis Evangelion. Gainax y Hideaki Anno

Honne (本音) y tatemae (建前), nuestra forma de actuar según el contexto

Otra de las bases de la antropología de Japón es esta especie de adaptabilidad conductual según el contexto en el que nos encontremos: honne son los verdaderos pensamientos o sentimientos y tatemae la máscara que nos ponemos para actuar de forma correcta a nivel social. No es hipocresía, en realidad está presente en todas partes.

Ambos conceptos están muy vinculados a los de uchi y soto, pues puedes actuar de forma más genuina o honne cuando te encuentras en tu ámbito privado y el tatemae surge más en situaciones formales, como en el trabajo. Curiosamente, también en el ámbito laboral se puede pasar de honne a tatemae o viceversa cuando por ejemplo sales a cenar o a beber con los compañeros (práctica muy usual en algunas empresas niponas).

Evidentemente, estos conceptos no son del todo comprendidos por niños o incluso jóvenes (si bien se enseñan desde que tienen uso de razón y sí se practican, aunque sea inconscientemente, en su rutina diaria), lo que a veces lleva a que surjan pequeñas manifestaciones de rebelión.

Shinji, al no pertenecer a un ie ni por lo tanto tener del todo claro lo que es el uchi/soto, se descoloca cuando los adultos, como Misato, se comportan de forma radicalmente opuesta estando en su casa (donde no para de beber alcohol e ir vestida de forma extremadamente informal) y en el lugar en el que trabajan (donde además es su superiora). Lo que lleva a alguna confrontación entre ambos.

Neon Genesis Evangelion. Gainax y Hideaki Anno

Además, los EVA hacen de honne (muy visceral) de los pilotos, ya que se controlan cognitivamente, en base a sus pensamientos. Por ello, el EVA 01 es la mayor demostración de que algo va mal dentro de Shinji y que no es simplemente el chico apocado, sumiso y tímido que aparenta a simple vista.

Los menores de edad como protagonistas (y armas)

Evangelion le da ciertas vueltas de tuerca a varios tropos muy presentes en el anime, empezando por los mecha o robots gigantes y su control (que acabamos de comentar). Otro es el de los protagonistas menores de edad, algo recurrente en una gran parte de manga, anime e incluso en JRPG.

Solemos pasar esto por alto, pero normalmente estos muchachos pasan por situaciones que, cuando no resultan totalmente fantásticas, podrían tacharse simplemente de abuso. Uno además que es cometido normalmente por los adultos, ya que los villanos o antagonistas sí suelen ser mayores.

La serie de Anno resalta esto en varias ocasiones, ya que NERV hace uso de niños como armas (claro que cuando los sustituyen por la tecnología/pilotos automáticos los resultados son aún peores). Por lo tanto, no pueden llevar una vida del todo normal ni desarrollarse como alguien de su edad requeriría. Máxime si tenemos en cuenta que Evangelion se ambienta en una realidad muy similar a la nuestra, pero marcada por los constantes desastres (los refugios están a la orden del día).

Esta costumbre del niño protagonista (y guerrero) se retrotrae a los orígenes mismos del manga, ya que surgían en revistas que se lanzaban al público infantil. Astro Boy, de Osamu Tezuka, lo hizo extremadamente popular para el gran público (también en Occidente).

Se le suma asimismo el gusto por lo mono o kawaii (可愛い) que tienen los japoneses, o al menos una parte de ellos. Los adultos perdemos, evidentemente, parte de esa «monería».

En conclusión, Evangelion es en principio un mero anime de mechas, con escenas de acción trepidantes y muy bien animadas, acompañadas de una gran banda sonora. Pero lo que la ha hecho prevalecer en la mente de tanta gente ha sido su juego con determinados tropos y, especialmente, el manejo de la psique de sus personajes y el reflejo de su cotidianeidad, llevadas en ocasiones a situaciones extremas y simbólicas. Desde aquí recomendamos echar un vistazo, aunque sea, a la serie de películas Rebuild of Evangelion, con un final bastante satisfactorio para el crecimiento de Shinji Ikari.

Para saber más…

GUARNÉ, Blai (varios autores), Antropología de Japón. Identidad, discurso y representación. Barcelona, Edicions Bellaterra, 2017.

HENDRY, Joy, Para entender la sociedad japonesa, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2018.

LANDERAS, Javier, Cómo hacen los japoneses, Gijón, Satori, 2014.