Tres anime y dos series para ver si te gustan La casa del dragón y Juego de tronos

HBO Max ha estrenado La casa del dragón (House of the Dragon), precuela lejana de la serie del momento (a pesar de sus últimas temporadas) de la pasada década, Juego de tronos. Basada en otro libro escrito por George R. R. Martin de mismo título, al igual que aquélla nos seguiremos encontrando aquí intrigas políticas, traiciones, violencia, sexo e incesto por doquier.

Para que la espera entre capítulo y capítulo no se haga muy larga, pasamos a recomendar algunos anime y series asiáticas que, por historias de corrupción y erótica de poder no se quedan atrás (si bien en cuestiones de morbo los asiáticos suelen cortarse más).

Heike Monogatari (平家物語, 2021)

Este anime de 11 capítulos, realizado por el estudio Science Saru y dirigido por Naoko Yamada (Koe no Katachi) es simplemente una maravilla que ya se puede disfrutar de forma legal gracias a Crunchyroll.

No es tarea fácil, pero esta adaptación consigue condensar toda la epopeya clásica que narra la guerra civil entre los clanes Taira y Minamoto (y que apareció por primera vez en el siglo XII en Japón) en solo una temporada de anime, si bien ocasionalmente por esto a veces puede hacerse algo confusa (para ello hicimos hace tiempo una guía de quién es quién en el Heike Monogatari).

Intrigas palaciegas y entre los distintos clanes, muertes, amores y desamores y dosis de budismo y Japón feudal envueltos por una animación y banda sonora espectaculares.

Vinland Saga (ヴィンランド・サガ, 2019-)

Pasamos a hablar aquí de esta adaptación a anime (el manga de Makoto Yukimura todavía no lo hemos leído, pero no faltan ganas) realizada, al menos en su primera temporada, de forma más que solvente por WIT Studio y que se puede disfrutar en Prime Video.

Vale, la historia no es propiamente japonesa, ni tan siquiera asiática, pero lo bien que lo cuenta Yukimura y todo su apartado artístico merecen la pena, al menos para darle una oportunidad.

Si te gustan la historia de Hamlet, los vikingos e Islandia esta es tu oportunidad perfecta. Básicamente, el relato épico del crecimiento personal y venganza de Thorfinn, siguiendo las sagas medievales Flateyjarbók, la Saga Grœnlendinga y la saga de Erik el Rojo.

Golden Kamuy (ゴールデンカムイ, 2014-)

En este caso, tenemos que recomendar totalmente tanto el manga de Satoru Noda (finalizado hace unos meses) como la adaptación a anime por parte de Geno Studio y disponible en Crunchyroll, cuya cuarta temporada llegará próximamente.

Golden Kamuy no trata tanto de intrigas palaciegas (no hay palacios ni nobles… o casi), pero es una frenética carrera por descubrir un supuesto tesoro ainu oculto por el padre de una de las protagonistas, Asirpa. Y sí, hay alianzas y traiciones a tutiplén (y es la más picantona de los títulos que tratamos, aunque sea solo por el humor gamberro tan bien integrado por Noda).

Además, qué carajo, tenemos no a uno, sino a dos de los mejores villanos que podremos encontrar en el panorama del manga y del anime en los últimos años: Ogata y Tsurumi.

Kingdom (킹덤, 2019-)

Esta serie surcoreana realizada y emitida por Netflix fue toda una grata sorpresa tanto en su primera como segunda temporada, pero también en su más reciente película-precuela Ashin del norte.

Ambientada en Corea durante la dinastía Joseon (1392-1897… probablemente, por las pistas que da con las guerras contra Japón, esté más cerca de finales del siglo XVI), Kingdom no busca en realidad el rigor histórico, pero tampoco lo necesita.

El príncipe heredero Lee Chang (Ju Ji-hoon) y su fiel guardaespaldas Kim Sang-ho (Moo-young) salen de palacio para investigar una misteriosa plaga que ha empezado a afectar a poblaciones campesinas… Lo que no saben es que la misma quizás se hubiese originado más cerca de lo que ellos imaginan.

De nuevo, intrigas palaciegas, alianzas, traiciones, sangre y… zombies se dan la mano en esta producción que nada tiene que envidiar a las de Hollywood y que tiene un ritmo endiablado. Y ojo con el papel que se marca Jun Ji-hyun como Ashin y que promete muchísimo en una tercera temporada.

Kingdom. Netflix.

Empresses in the Palace (後宮·甄嬛傳, 2011)

Llega el turno de una serie china de 76 capítulos que, lamentablemente, nos llegó a Occidente mutilada y emitida por Netflix.

Siendo francos, a los chinos les encanta hacer dramas de época, con historias sobre las rivalidades entre las distintas concubinas dentro de la Ciudad Prohibida, pero esta fue una de las primeras que tuvo tanto éxito como para ser traída a estos lares.

En este caso, cuenta la historia de Zhen Huan (Sun Li), concubina del emperador Yongzheng (Chen Jianbin) que, tras superar obstáculos de todo tipo (en serio, de TODO tipo) llega a la cúspide del poder, no sin haber realizado todo tipo de sacrificios en el camino.

Lo cierto es que la serie tiene relleno que da gusto, pero las ambientaciones, la evolución de los personajes (especialmente ellas) y las intrigas te mantienen enganchado.

Pachinko, lo mejor y peor de Japón desde Corea

Pachinko, nombre por el que se le conoce a los locales repletos de máquinas estilo tragaperras ordenadas en varias hileras en Japón, es también el título de la novela escrita en 2017 por la autora americana-coreana Min Jin Lee. Pronto se colocó en lo más alto en ventas y ahora Apple TV nos ha traído su inevitable adaptación a serie dividida en ocho episodios (que no adaptan el total de la obra, pues ya está confirmada, al menos, una segunda temporada).

El argumento cuenta las vidas paralelas de tres generaciones distintas de una misma familia, partiendo de la matriarca Sunja y su vida en Corea a inicios del siglo XX, bajo la ocupación japonesa. En el presente, su nieto Solomon intenta hacerse un hueco en el agresivo mundo capitalista que dominan Estados Unidos y Japón a finales de la década de 1980.

Así, Pachinko trata, sobre todo, del desarraigo, ya sea a inicios o a finales de la centuria anterior. Es este concepto el que se encuentra presente en la vida de todos los personajes principales, incluso en los antagonistas, pues nunca llegan a superar lo que dejaron atrás y sus ambiciones frustradas. Todo el que haya emigrado alguna vez en su vida comprenderá perfectamente a qué se refiere la obra y empatizará (aún más) con sus protagonistas.

Esto no es únicamente logro de una buena narrativa, sino de unas interpretaciones más que correctas. Especialmente las de Sunja, da igual su edad (de niña es Yuna, de adolescente la debutante Minha Kim y de anciana la ganadora del Oscar Youn Yuh-jung). Especialmente estas dos últimas (pues tienen mucho más espacio para lucirse), ya que Minha Kim desprende un magnetismo en sus movimientos y voz que encandilan, no ya a los maromos con los que se va cruzando, sino al mismo espectador (y Sunja no es descrita como especialmente guapa). Y qué decir de Youn Yuh-jung, que es una maestra en lo suyo y que sabe cómo retratar a esa anciana aún marcada por traumas del pasado.

Lee Min-ho y Minha Kim en Pachinko (Apple TV)

Sin embargo, el principal reclamo comercial utilizado por esta adaptación de Pachinko no han sido estas actrices (que son, sin duda, lo mejor de todo el espectáculo), sino Lee Min-ho (una joven gran promesa de los dramas surcoreanos) interpretando el papel de Koh Hansu, interés romántico inicial de Sunja y antagonista a la vez. Se nota cómo los realizadores han buscado el lucimiento del actor, pues incluso han dedicado un capítulo en especial a él, creando una subtrama que no existía en el libro y con la que probablemente han pretendido aportar una mayor complejidad hacia el personaje de Hansu.

Lamentablemente, eso sí, el acertado magnetismo de este actor eclipsa otros factores aún más destacables. Ya hemos hablado de las actrices principales, todas ellas soberbias; pero también a nivel narrativo: no solo el episodio anteriormente mencionado, creado para la ocasión, aparece «de la nada» para interrumpir el ritmo de las tramas principales, sino que Hansu es un personaje que funciona perfectamente bien como villano de telenovela. Su complejidad ya es apreciable en momentos anteriores sin necesidad de ir más allá.

Pachinko, retrato de las Coreas y Japón en el siglo XX

Sin embargo, lo que sí cabe destacar, tanto en el capítulo dedicado a Hansu como en el resto de la serie, es la cuidadísima ambientación. El equipo de producción se ha empeñado claramente en mostrar las distintas Coreas (y Japón) a través del paso del siglo XX. Tarea titánica, pues estamos hablando de países que se han visto profundamente transformados en estas décadas, a un ritmo aún más enloquecido que en otras partes del mundo y que ha conllevado profundas crisis identitarias, grietas que arrastran incluso en nuestros días.

Pachinko (Apple TV)

Es de agradecer asimismo la delicadeza con la que se aborda un tema tan candente y peliagudo como la ocupación japonesa de Corea. No se andan aquí con remilgos: los japoneses claramente impusieron una relación de desigualdad con sus vecinos. Sin embargo, ya avanzado el siglo XX, podemos apreciar cómo el país nipón es a su vez víctima de otras formas de esclavitud por parte del mundo occidental capitalista, ya sean o no autoimpuestas.

No obstante, las principales víctimas en Pachinko son los zainichi (在 日), los inmigrantes coreanos (y sus descendientes) que se desplazaron a Japón durante la época de ocupación… para ser prácticamente abandonados luego a su suerte. No son japoneses ni son coreanos. Ni son de aquí ni son de allá, como diría Facundo Cabral. Una vez obligada Japón a dejar Corea tras la derrota en la Guerra del Pacífico, los ciudadanos naturales de Corea en tierras niponas quedaron básicamente desamparados. El desarraigo en su máxima expresión.

De entre los zainichi, sobresalen aún más las mujeres, pues muchas de ellas procedieron de un país que por aquel entonces era profundamente pobre y que, con apenas formación y sin conocer el idioma, muchas veces con familias a su cargo, se vieron obligadas a trabajar por unas pocas monedas en prácticamente cualquier cosa. Esa es la historia de Sunja.

Crash Landing on You, ejemplo de emotividad melosa que traspasa fronteras

Las series surcoreanas hace ya varios años que están resultando un producto de lo más popular entre ciertos sectores del público tanto occidentales como asiáticos, siendo Netflix una de las plataformas que más está difundiendo estos títulos. Antes de El juego del calamar, Crash Landing on You (사랑의 불시착) fue una de esas series que cosechó (y sigue cosechando) bastante éxito, si bien su temática apenas guarda algún parecido con la primera.

Yoon Se-ri (Son Ye-jin) es una rica heredera que ha montado su propia y exitosa empresa de moda en Corea del Sur, lo que genera no pocas envidias y recelos, especialmente entre sus hermanos. Un día, haciendo parapente para un reportaje, una imprevista tormenta causa que termine aterrizando (sin saberlo ni quererlo) en Corea del Norte, donde es localizada por un apuesto militar llamado Ri Jeong-hyeok (Hyun Bin).

Este es el punto de partida de una serie que ocupa 16 episodios de más de una hora de duración cada uno, por lo que se van sucediendo acontecimientos de todo tipo en las dos Coreas: espionaje militar, luchas familiares por la herencia, la vida cotidiana en un supuesto pueblo norcoreano, subtramas románticas con ex-parejas despechadas, etc.

En realidad, en base esto no es nada que no se haya visto en múltiples ocasiones, empezando por los propios k-drama y siguiendo por las series turcas (incluso las latinoamericanas); pero Crash Landing You contiene en su receta dos ingredientes que enseguida saben enganchar (a pesar de la excesiva duración de sus capítulos): personajes con química y entrañables (incluyendo los secundarios) y que los surcoreanos saben como nadie mantener la tensión en los momentos necesarios (son expertos en la superposición de planos cortos y rápidos).

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Amor entre las dos Coreas

La serie producida por Studio Dragon sabe así aprovechar la coyuntura de una Corea fatal y cruelmente dividida desde 1953 para crear historias de amores imposibles, que se van cociendo a fuego lento y con todas las especias que no pueden faltar en el género.

Que el problema de ambos países sea real genera que el espectador, aunque prevea los resultados amorosos desde el primer episodio, se pregunte cómo realmente podrán ir superando este obstáculo (no baladí) las parejas formadas.

Y escribimos en plural porque no solo el dúo protagonista es víctima de esta circunstancia, sino además la pareja formada por la norcoreana Seo Dan (Seo Ji-hye) y Gu Seung-jun (Kim Jung-hyun), quienes hacen gala a su vez de una gran química; por lo que el espectador no está únicamente pendiente de los protagonistas.

Sin embargo, no todo es drama y romances complicados en Cras Landing on You. La guionista Park Ji-eun, quien es ya una veterana en el tema, ha sabido escribir varios momentos cómicos que aligeran la carga emocional (lo que no exime de cierta melosidad en algunas escenas donde los flashbacks redundantes se repiten al compás de música subida de volumen), especialmente los conducidos por personajes como la madre de Seo Dan, la tropa de Jeong-hyeok o las cuñadas de Se-ri.

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Una ventana a Corea del Norte

Otro de los atractivos de Crash Landing on You frente a otros múltiples dramas surcoreanos es que parte de su argumento sucede en Corea del Norte, lo que le aporta ese carácter algo exótico, máxime para un espectador occidental.

Desconocemos realmente hasta qué punto se ajusta a la realidad lo mostrado en la serie, que sí ha recurrido a la supervisión de fugitivos del país vecino, pero la reconstrucción del pueblo donde habitan Jeong-hyeok y su tropa o lo que se percibe de Pionyang parece a simple vista bastante logrado, dadas las circunstancias (evidentemente, no es posible rodar en Corea del Norte); especialmente en lo referido a peinados y vestuarios. Tristemente no conocemos el idioma, pero por lo que comentan en la propia obra los dialectos también se han cuidado.

Eso sí, lamentablemente algunos de los personajes norcoreanos caen ocasionalmente en tropos algo incómodos, como si algunos fuesen prácticamente paletos o el compañero militar (jovencito) que es fanático de las series surcoreanas. Los escenarios de interior parecen asimismo sacados de otra época, lo cual suma a la sensación de exotismo (no ponemos en duda que puedan ser así realmente).

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Pero en donde más se resiente la trama norcoreana es en el villano, que es malísimo (de vil) y que se salta en su beneficio las normas cada dos por tres, lo que cuesta creer que pueda ocurrir en un país tan vigilado (como muestran en la serie cada vez que es de interés dramático).

Las escenas de acción resultan asimismo algo increíbles, cayendo en un intento de cine hollywoodiense que no acaba de encajar bien en una serie de este tipo. Por suerte lo compensa con las muchas más numerosas de drama, romance y comedia.

En definitiva, Crash Landing on You es una serie surcoreana de fácil visionado, a pesar de la larga duración de sus capítulos, que sabe manejar excelentemente las químicas de las parejas protagonistas y ese juego fronterizo. Deja además un regustillo agradable, perfecto para iniciar la semana con fuerzas. Tanto si eres fan como si no de las series surcoreanas, pero siempre estás abierto a buenas dosis de drama, romance y comedia, deberías verla.

Crash Landing on You. Studio Dragon.

Parásitos, la lucha de clases del siglo XXI

Parásitos (기생충), de Bong Joon-ho, fue la gran triunfadora del festival de Cannes y de los premios Oscar de 2019 y, como tal, ríos de tinta han corrido sobre ella. No es para menos, pues se trata ciertamente de una película que aborda temas universales, adaptados a un rabioso siglo XXI, con un montaje, fotografía y actuaciones que son, como mínimo, notables.

El cine surcoreano lleva ya unas décadas atrayendo la atención de los aficionados al séptimo arte. Como Kim Ki-duk y su Hierro 3, Park Chan-wook nos sorprendía a todos con relatos poéticos sobre la violencia como Oldboy o Symplathy for Lady/Mr. Vengeance y el propio Bong Joon-ho llegó a las carteleras españolas con Memories of Murder. Aunque todos estos títulos son muy distintos, todos ellos contienen cierto mensaje de denuncia social, mostrando las diferencias socioeconómicas de unos personajes que suelen ser llevados al límite.

Posteriormente, llegó Lee Chang-don (nos estamos refiriendo, claro, a las carteleras españolas, que todos ellos ya llevaban tiempo siendo conocidos por Corea) con la adaptación (bastante libre) de un libro escrito por Haruki Murakami, Burning; Yeon Sang-ho sorprendía con la brillante locura que es Tren a Busan; y, de nuevo, Bong dando la sonora campanada con la que sigue siendo su última obra hasta la fecha, Parásitos.

La familia Kim, compuesta por un matrimonio de mediana edad (interpretados por Song Kang-ho y Jang Hye-jin) y sus dos hijos que rondan la veintena (Choi Woo-shik y Park So-dam), viven en un semisótano en Seúl, todos ellos desempleados. Por avatares del destino, el amigo del hijo Ki-woo, Min, se va al extranjero y decide recomendarlo a la adinerada familia para la que trabaja como profesor de inglés, los Park (Lee Sun-kyun y Cho Yeo-jeong). Poco a poco, los Kim irán introduciéndose cada vez más en la vida y hogar de los Park.

Parásitos. Bong Joon-ho y CJ Entertainment

Tragicomedia de enredos (sociales)

Una de las enormes virtudes de Parásitos, que suele ser común en toda la obra de Bong, es su natural intercambio entre el drama y la comedia. Las situaciones que nos narra pueden llegar a ser de lo más duras; pero pronto algún elemento causará, sin que nos demos cuenta, dibujarnos la sonrisa en el rostro (cuando no expulsar una sonora carcajada). Incluso los últimos minutos de la película que nos ocupa dejan esto patente.

No obstante, no por ello se menosprecia la temática. El director (también guionista) es muy consciente de que nos está narrando una tragicomedia y la parte trágica no son temas baladí: la precariedad, pobreza, falta de oportunidades, desigualdades y desesperación que todo ello genera, de forma que hasta se torna intergeneracional.

Bong mismo ha comentado que era consciente de que la única forma que fuese realista en la que cruzarían sus caminos unos individuos como los Park con los Kim sería mediante un trabajo como profesor de inglés, y para eso tienen que acudir a las artimañas.

No obstante, aquí no hay buenos y malos y el título es un magnífico ejemplo de cómo se puede aplicar el término «parásitos» a cualquiera (sí, cualquiera) de los personajes que pululan por la cinta. Los Kim son unos caraduras, empezando por el hijo que le pisa el supuesto interés amoroso (menor de edad, por cierto, algo que no parece sorprenderle a absolutamente nadie en toda la película) al amigo; y luego por su hermana, que le falsifica de forma fidedigna los sellos y firmas de falsos títulos. Sin embargo, somos conscientes de que ambos son víctimas de haber nacido y crecido en un ambiente del que no pueden salir, no importa la labia o talento que posean.  Y este es solo un ejemplo.

Parásitos. Bong Joon-ho y CJ Entertainment

Esta inamovilidad social, no importa el empeño que se ponga, queda expuesto por todo el producto, desde su fotografía (cuestas y escaleras; los ricos, siempre arriba; los pobres, abajo), cámara (a ras del suelo frente a ese sótano…), hasta en la forma de hablar (especialmente en el original en coreano) de los personajes, con una «línea» que, tal como dice en cierto momento el señor Park, siempre está a punto de atravesar el otro padre de familia, Ki-taek. Otros personajes, como los hijos, hace tiempo que la atravesaron (fíjense en el montaje de escenas como en la que Ki-wook contempla melancólico por la ventana a los ricos disfrutando de una fiesta, mientras Da-hye intenta, sin conseguirlo totalmente, atravesar la línea divisoria entre ellos).

Las casas, personajes

La vistosa casa en la que residen los Park, de diseño, fue realizada exclusivamente para la película teniendo en consideración estas divisiones; al igual que el piso subterráneo de los Kim, expuestos a penurias diarias como plagas de bichos u orines de borrachos.

Los parásitos son seres que habitan los cuerpos de otros, beneficiándose de ellos sin aportar nada a cambio. Las casas son aquí cuerpos, especialmente la de los Park. Sus habitantes (todos), los parásitos.

Parásitos. Bong Joon-ho y CJ Entertainment

No son el único objeto inanimado cargado de simbología en la película. Algunos coreanos, al igual que en China y Japón, tienen la costumbre artística de coleccionar rocas con formas singulares, que no son manipuladas por el hombre y que son así halladas en la naturaleza, lo que en este caso recibe el nombre de suseok (수석). Una de estas piedras es entregada por el mucho más acomodado Min a la familia Kim antes de irse, pasando posteriormente por distintos trances hasta llegar a una brutal conclusión.

El interior del hogar de los Park tampoco está dispuesto de forma aleatoria: todo está pensado y tiene un propósito o significado, ya sea ese cubo de la basura extremadamente caro o la estantería ahí colocada.

En definitiva, Parásitos no es perfecta (pero porque nada lo es), pues tiene algún giro de guion que puede llegara resultar forzado y que es crítico para que la trama avance. Sus últimos minutos parecen asimismo acelerados y hasta oníricos (otro lugar común de varias películas surcoreanas); pero el resto de esta obra lo supera. Interpretaciones frescas (a ser posible, mucho mejor en versión original), montajes donde todo está pensado, fotografía llena de simbolismos y una trama con muchos vértices y aristas que, como sociedad del siglo XXI, es sumamente difícil que nos deje indiferentes.

Son: The Guest, un equilibrado relato sobre la soledad disfrazado de thriller sobrenatural

Los surcoreanos son especialmente buenos produciendo series de fácil consumo (unas mejores que otras) y son especialmente buenos con el género del thriller tanto en el cine como en la televisión. Si juntamos ambas, nos sale un producto tan redondo como Son: The Guest (손: The Guest), una serie de 16 episodios estrenada en 2018 en la cadena OCN y que acumuló bastante éxito tanto de crítica como de público.

La historia arranca hace unos años en una localidad costera de Corea del Sur, donde un niño descendiente de una familia de chamanes comienza a tener visiones sobre un ente que proviene del mar y que es capaz de poseer a varias personas, haciendo que éstas cometan actos crueles y asesinatos. Tras un fatídico evento que unirá su destino al de los otros dos protagonistas, el joven crece y en la actualidad trabaja como taxista en Seúl, donde comienzan a ocurrir otra serie de misteriosos crímenes.

No queremos contar nada más de The Guest al tratarse de una serie que no deja de sorprender (aunque algunos casos son más predecibles que otros), hasta concluir en un final sobrecogedor e inevitable que pondrá a prueba el vínculo desarrollado por los tres protagonistas.

Es la relación entre ellos, interpretados bastante bien por Kim Dong Wook (Yoon Hwa Pyoung), Kim Jae Wook (Choi Yoon, el cura) y Jung Eun Chae (Kang Kil Young, la detective) sobre la que gira la trama, por encima de los asesinatos y posesiones.

The Guest. OCN.

Así, para que ésta funcione, aparte de las solventes interpretaciones, se tiene que dar una muy buena química entre todos ellos, cosa que ocurre. Los vínculos van evolucionando de forma creíble y, como ya hemos dicho, desembocan en un clímax estremecedor y emocionante (lo cual no funcionaría si dichas relaciones no se desarrollasen correctamente a lo largo de la serie).

No solo los protagonistas, sino también los personajes secundarios suelen calar hondo, especialmente en el caso del abuelo de Hwa Pyoung (Jun Moo Song) y su tierna relación. A la postre, cada uno de ellos tienen vínculos externos que nos implican más en el argumento, en sus vidas y en sus motivaciones, tornándolos más cercanos y realistas.

Quizás una de las pocas objeciones se puede achacar a alguna interpretación sobreactuada entre los poseídos, lo que sumado a un efecto de voces superpuestas ocasionalmente exagerada y efectista hace que de más vergüenza que miedo; sin llegar a entrar nunca en el terreno de la comedia, pues el drama que rodea a los personajes y el hecho de que empaticemos tanto con ellos lo impide.

Además del desarrollo de los personajes principales y de los secundarios, The Guest acierta asimismo en una banda sonora, compuesta por Kim Tae-seong, que logra que el espectador se encuentre al borde de las lágrimas en más de una ocasión, caso especial del tema recurrente «Somewhere»; así como logra la tensión necesaria para ciertos momentos clave.

The Guest. OCN.

La dirección, principalmente de Kim Hong-seon, resulta asimismo bastante solvente en los momentos tensos y dramáticos (su punto más fuerte), si bien en las escenas de acción o con mucho movimiento (algunas persecuciones a pie y sobre todo en escenarios nocturnos) pueden llegar a parecer algo confusas.

El guión, escrito por Kwon So-ra y Seo Jae-won, consigue, aparte de meternos de lleno en las vidas de Hwa Pyoung, Choi Yoon y Kil Young, sus miedos y aspiraciones, que nos preocupemos por las víctimas de los distintos casos que se van sucediendo; eso sí, alguno bastante irregular en comparación con los demás. No se puede evitar tampoco la presencia de algún elemento muy «de telenovela», como una villana «en la sombra» que es malísima y que no para de demostrarlo con actos y gestos.

En definitiva, The Guest es una serie de 16 episodios que se pasa volando y que hace que nos encariñemos sobremanera con sus tres protagonistas y también con alguno de sus secundarios. Con un ritmo acertado, una conclusión emotiva, una banda sonora que sabe acompañar a las distintas situaciones y un reparto que desprende química, es un k-drama que gustará fácilmente tanto a los seguidores de este tipo de productos llegados de Corea del Sur como a aquél que simplemente quiere disfrutar (y sufrir, en el buen sentido) con un producto de calidad.