Belle, apabullante espectáculo audiovisual sobre la búsqueda de identidad

Mamoru Hosoda no es un director desconocido dentro del mundo de la animación japonesa, pues suyos son trabajos ya reconocidos como Wolf Children, la nominada a los Oscar Mirai no Mirai o Summer Wars. A ésta última (y a La chica que saltaba a través del tiempo) le debe bastante su última obra, Belle (竜とそばかすの姫).

Belle cuenta la historia de Suzu, una adolescente que vive en el ámbito rural (prefectura de Kôchi) en Japón y que perdió a su madre en un accidente a temprana edad. Deprimida y sin poder establecer vínculos significativos con los demás (salvo con su amiga Hiro), se introduce en U, una masificada red social hiperrealista, como la hermosa y talentosa cantante Bell. Pronto, Suzu/Bell (que ambas significan campana en sus respectivos idiomas) aumenta sus seguidores a una velocidad vertiginosa en U, cuando una misteriosa figura conocida como Dragón (que al español al menos ha sido traducido como Bestia) irrumpe en uno de sus conciertos, huyendo de los denominados justicieros de la red…

Belle parte así de una premisa que vendría a mezclar La bella y la bestia (especialmente la de Disney, de la cual adapta incluso algunas escenas como la llegada al castillo, la rosa, el baile o confesiones bajo la lluvia) con conceptos como los mostrados en Ready Player One o Sword Art Online e incluso algo de thriller muy ligero.

Sin embargo, la trama sabe separarse lo suficiente hasta convertirse en un título propio, pero no siempre con éxito. La narrativa se diversifica así demasiado en cuestiones que redundan y que realmente no aportan nada a la trama principal (y ni tan siquiera a las secundarias).

Belle. Mamoru Hosoda, Studio Chizu

Entiendo que a los nipones les encantan las historias de instituto y que Belle nos brinda algunos momentos encantadores a través de sus personajes en Kôchi, pero distraen de la cuestión sobre la influencia de las redes sociales en la construcción identitaria de los adolescentes (que a su vez han crecido viendo películas como las de Disney) y tampoco es que lleven a algún sitio.

Por ejemplo, ¿qué aportan a la postre personajes como el de Shinobu, más allá del fan service del chico guapo (porque el tropo de estudiante popular que en realidad se siente atraído por la protagonista mundana ha sido realizado hasta la extenuación en el shôjo)? Quizás la idea fuese ofrecernos un vistazo al paralelismo que desarrollamos en nuestras vidas reales con las virtuales, pero Belle no lo termina de dejar claro.

Así, Belle se pierde en su propia búsqueda identitaria, que acaba más liada que la similar Summer Wars (donde confluían asimismo los mundos de la tecnología y de la cotidianidad familiar). ¿Trata sobre la influencia de las redes y de la cultura pop en los adolescentes o de la vida estudiantil rural? ¿De ambas? ¿Es un título inspirado en cuentos al estilo Disney o sirve como denuncia social? ¿Quizás las dos?

Probablemente por esta ambiciosa deriva narrativa que no termina de encajar completamente en ningún sitio Belle hubiese funcionado mejor como serie. O simplemente reduciendo dicha ambición y yendo al desarrollo del meollo como película.

Belle. Mamoru Hosoda, Studio Chizu

Belle y la impecable animación

Dejemos atrás lo que menos nos ha gustado de la película (que aún así llega a emocionar como pocas) y centrémonos en lo que mejor funciona. La animación es sencillamente brutal.

Aquí el Studio Chizu ha trabajado en conjunto con otras empresas de animación como la irlandesa Cartoon Saloon o incluso con Jin Kim, diseñador de Disney y quien ha creado a Belle para la ocasión, lo cual se percibe en fragmentos como la búsqueda del castillo por parte de Suzu.

Lo más espectacular, al menos para quien esto suscribe, es cómo han sabido mezclar todas estas técnicas y estilos sin que desentonen (salvo alguna excepción) en el producto final. El mundo de U aparece en animación 3D y el real en 2D y es la mejor integración en este aspecto que hemos podido visualizar hasta la fecha.

La otra enorme virtud de Belle la hallamos en su apartado sonoro, gracias sobre todo a la partitura de Taisei Iwasaki y a las canciones de Kaho Nakamura, quien se ha ganado nuevos seguidores. Los temas emocionan, comunican y se acoplan al desarrollo de la protagonista, lo cual resulta fundamental en esta obra.

En definitiva, Belle será probablemente el mejor trabajo de Hosoda para algunos, aunque sea simplemente por su apabullante espectacularidad y emotividad; seguro está al menos en su podio. No obstante, no está exenta de fallos, especialmente en lo narrativo (el director ha escrito asimismo el guion), abarcando una ambición que no siempre llega a solventar adecuadamente. Imperdible en el cine.

Todos los «fallos» que el remake de La Bella y la Bestia ha sabido arreglar

Ya han pasado un par de semanas desde el estreno del remake de La Bella y la Bestia, que sigue arrasando en las taquillas de medio mundo. Como la crítica sin spoilers ya la hicimos, ahora vamos a adentrarnos un poco más en especificaciones del guión, concretamente en esos arreglos que, como decíamos, han sabido parchear en esta nueva versión del clásico animado de Disney (ahora sí, avisamos que habrá SPOILERS). Antes también, un aviso: con esto no queremos desprestigiar la versión animada, que guarda un bonito rincón en nuestra memoria. Pero sí es cierto que quizás en algunos aspectos ha envejecido algo mal o, más probable todavía, que nosotros hemos crecido y nos hemos vuelto más quisquillosos. Ahora sí, sin más dilación (aviso de SPOILERS otra vez):

  • Nada más empezar la película, se especifica la edad de Bestia o, al menos, nos lo muestran como un hombre ya crecidito (con el rostro de Dan Stevens intentando marcarse un Luis XIV). En la cinta animada, las cristaleras nos mostraban una Bestia también aparentemente adulta, pero aparte de lo ridículo que quedaba él mismo recibiendo a la anciana/hechicera en la puerta (¿no tenía criados? ¿Ding Dong estaba en el baño?), nunca quedaba claro su edad, sobre todo tras contarnos el narrador el hechizo y su fin una vez éste alcanzase los 21 años. Este último dato llevó a que varios fanáticos de la película debatiesen en foros durante años la edad que tendría Bestia cuando le cayó encima la maldición, y muchos llegaban a conclusiones del tipo de que sería un niño o un adolescente. Si hubiese sido así, la hechicera habría resultado bastante cruel por castigar a «un niño déspota». Sin embargo, siendo ya un adulto, la percepción cambia y todo cobra mayor sentido. Además, ya no es Bestia quien va a abrir la puerta cuando suena el timbre.
La crisis llegó al castillo de Bestia y tuvo que recortar personal

La crisis llegó al castillo de Bestia y tuvo que recortar personal

  • Tras caer el hechizo, la narración del remake nos deja claro otro efecto del mismo: todos aquellos allegados a los súbditos de Bestia, e incluso a la propia Bestia, que no fueron afectados por la maldición, perdieron la memoria. Esto incluía a poblaciones enteras como la de la aldea donde habitan Bella y su padre. Este dato no existía en la versión animada, dejándonos la siguiente duda: si ni tan siquiera en una aldea próxima conocían la existencia de un príncipe y un castillo… ¿sobre qué reinaba entonces Bestia? ¿Los lobos?
  • El bibliotecario de la aldea de Bella es ahora un clérigo… lógico, si nadie más que Bella le alquilaba o compraba libros en el pueblo, el negocio se habría ido al traste hace mucho tiempo. Además, el clero solía ser la parte culta de la sociedad de antaño.
  • Se torna más coherente la edad/aspecto de la señora Potts (interpretada aquí por Emma Thompson), dejando de tener la apariencia de una entrañable abuelita que al final liga con el padre de Bella. Esto nos despeja la duda de cuándo habría tenido en realidad la señora Potts a un niño de la edad de Chip, o si éste era en realidad adoptado o su nieto (de hecho, en el remake aprovechan y hacen un chiste sobre esto). En la nueva versión hasta hay un señor Potts. Y, por supuesto, la señora Potts versión tetera ya no aparece rodeada de decenas de tazas/hijos (!).
  • Gastón y LeFou aprenden el camino hacia el castillo de Bestia a través de Maurice y antes del tercer acto, lo que posteriormente vuelve más convencional que Gastón y los demás vayan a por la Bestia y directos al castillo (en la de dibujos utilizaban el espejo mágico como GPS y ya).
  • Con esto también se da más tiempo para la acción, Bella y Bestia no se enamoran TAN rápido. Si recordamos, en la de dibujos Maurice vuelve a la aldea a pedir ayuda, nadie le hace caso y entonces él vuelve por su cuenta a rescatar a Bella, cayendo inconsciente en el bosque (así lo visualiza Bella en el espejo, acudiendo luego presta a salvarlo). Esto supondría que entre la liberación de Maurice y el baile (que es cuando Bella lo ve en el espejo) habrían pasado solamente unos pocos días, MUY poco para tornar creíble un enamoramiento por parte de la muchacha (lógico que la gente mencione entonces el Síndrome de Estocolmo). Estos problemas con los tiempos los solucionan en el remake añadiendo más acción de por medio: Maurice vuelve a la aldea a pedir ayuda, Gastón sí se presta a hacerlo a cambio de conseguir posteriormente la mano de Bella, los tres (Maurice, Gastón y LeFou) emprenden camino hacia el castillo y allí el personaje interpretado por Luke Evans se cansa y golpea al padre de Bella, dejándolo inconsciente y atado en el bosque. Posteriormente, a Maurice lo rescata la hechicera, que se lo lleva con ella de regreso a la aldea. Mientras Maurice va recuperando la consciencia, Gastón  complota con el loquero del pueblo para que encierren a Maurice. Como vemos, suceden varias cosas más, lo que supondría mayor tiempo para que Bella y Bestia vayan construyendo un vínculo.
  • Casi la novedad más comentada de todas: LeFou es gay. Para algunos, esto supone un cambio irrelevante propio de «la moda de lo políticamente correcto». En realidad, no solo podía interpretarse como que el LeFou animado también era gay (seriously), sino que el además hacerlo ahora más claro sirve como justificante de su actitud de admiración hacia alguien como Gastón. Teniendo en cuenta que ambos son ya dos personas adultas y que, se supone, han dejado el periodo adolescente atrás, quedaba algo extraño (por no decir poco recomendable), ver que alguien seguiría a Gastón tan ciegamente como lo hace LeFou (ya en la de dibujos animados) «porque sí» (porque, claramente, Gastón muchas virtudes no tiene, aparte de el ser varonil, atractivo y peludo (??)).
  • Bestia tuvo una educación cara… lógico, es un príncipe (en la de dibujos apenas sabía leer). Lo que ayuda a que Bella se enamore de él (son dos nerds).
  • Bella y Bestia ahora tienen un pasado, lo que explica la actitud de Maurice hacia el resto del pueblo y en el caso de Bestia que fuera una persona «complicada».
  • Se deja claro que Bella sabe algo de ingeniería/mecánica, lo que logra que puedan liberarse ella y Maurice sin la intervención de Chip, una de las partes quizás más infantiloides de la versión animada.
  • Bella intenta comer durante todo el número musical de Qué festín/Be Our Guest… Lógico, la muchacha tenía hambre. Ganas de fiesta y para el té tendría pocas.
  • Esto no es que solucione un aspecto del guión en sí, pero… Evermore.
Para qué comer cuando podemos estar de juerga

Para qué comer cuando podemos estar de juerga

Por qué triunfa tanto el remake de La Bella y la Bestia (Disney)

Aún faltan dos meses para su estreno (el 17 de marzo) y, sin embargo, Disney ya la está promocionado como si estuviera a la vuelta de la esquina (una práctica que, por otro lado, tampoco es ajena a la Casa del Ratón). Y no es para menos. Mantiene el récord del tráiler más visto en Youtube en 24 horas (con más de 127 reproducciones en todo el mundo), superando a cualquiera de los avances de Star Wars o Cincuenta sombras de Grey, quienes ostentaban dicho título hasta entonces. Además, remakes en imagen real llevados ya a la gran pantalla por Disney han cosechado buenos resultados (siendo el más destacado el de El libro de la selva, que ya tiene apalabrada una secuela). Por lo tanto, no es de extrañar el mimo y cuidado que le están poniendo a toda la campaña promocional de la nueva La Bella y la Bestia en imagen real (y generada por ordenador).

¿Pero qué otros factores son los que nos hacen prever el gran éxito que promete ser esta nueva versión del clásico de Beaumont?

La adaptación animada de Disney de 1991

El remake que nos ocupa lo es, más concretamente, de la versión animada que Disney estrenó en cines allá por 1991. En medio de una nueva era dorada, el Renacimiento de Disney, tras haber cosechado un enorme éxito con La Sirenita en 1990, la Casa del Ratón repitió y dio en la diana con la película que nos ocupa. Enseguida obtuvo un enorme reconocimiento de crítica (tiene un 92% en RottenTomatoes) y público (fue la tercera cinta más taquillera de su año, por encima incluso de Terminator 2 o de Robin Hood: Príncipe de los ladrones). Incluso fue nominada al Óscar de Mejor Película, cuando todavía no existía un departamento exclusivo para la animación.

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Teniendo en cuenta así que la cinta de animación en la que está basada (prácticamente plano por plano, a juzgar por los tráilers) fue ya un éxito en su tiempo, Disney se cubre las espaldas y espera, al menos, repetir números. Si tenemos en consideración la inflación (no cuesta lo mismo la entrada al cine hoy que en 1991) y la edad de los que disfrutaron de la cinta de animación (algunos de los cuales ya serán a su vez padres), sumándoles los niños de ahora (algunos de los cuales se acercarán a La Bella y la Bestia por primera vez), es altamente probable que el remake supere el éxito de su predecesora.

Emma Watson, Hermione Granger

Ya tenemos comprobado que los de Disney no son tontos. Persiguen, primero de todo, hacer taquilla con un producto que al menos resulte entretenido para el gran público. Lo saben y lo aplican a la hora de buscar a actores para sus películas de imagen real. El ejemplo de Mowgli en El libro de la selva es un caso aparte: el protagonista es de por sí un niño (y no hay muchos actores infantiles que sean realmente conocidos y famosos) y, sobre todo, el gran atractivo de aquélla residía en los personajes animales. ¿Quién no prefiere, acaso, a Bagheera o a Baloo sobre Mowgli?

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Con La Bella y la Bestia nos adentramos, en cambio, en el mundillo de «las princesas Disney», tan sobre-explotadas por el merchandising. La elección requería de una actriz que poseyera una cara bonita (no recibe el nombre de «Bella» por casualidad), supiera cantar… y fuese conocida. La elegida fue Emma Watson. Ya lo habían intentado con ella para el remake en imagen real de La Cenicienta, pero a Watson le había parecido un ejemplo algo negativo para las niñas de hoy, por lo que denegó el papel. Con Bella, al parecer, interpretaría a una mujer de valores algo más modernos (aunque los debates en torno a este concepto son variopintos, pero eso formaría parte de otro artículo) y, como decíamos, el éxito de la original de animación había sido abrumador en su día (no tan lejano como el de La Cenicienta), así que aceptó.

Con Watson llegaron hordas de fans de la saga de Harry Potter. No por nada, ella había sido durante años el único rostro conocido de Hermione Granger, amiga de Harry y heroína de la franquicia. Había crecido y se había dado a conocer con las adaptaciones cinematográficas de los libros, ya de por sí con un éxito abrumador entre los lectores de todo el mundo. Además, es probable que varios de los seguidores de las aventuras del joven mago hayan disfrutado en su día de La Bella y la Bestia, cinta animada de 1991.

The Beast (Dan Stevens) with Lumiere the candelabra and Cogsworth the mantel clock in the castle kitchen in Disney's BEAUTY AND THE BEAST, a live-action adaptation of the studio's animated classic which is a celebration of one of the most beloved stories ever told.

Emma Watson no es el único miembro del reparto que sobresale; aunque sí sea la protagonista y la que más suele destacar en todo el material promocional lanzado al público. La acompañan Dan Stevens (Bestia), el «primo Matthew» que tuvo a muchas suspirando durante las primeras temporadas de Downton Abbey; Luke Evans (Gaston), otra cara conocida y atractiva; Ewan McGregor (voz de Lumière), el ya archiconocido Obi-Wan Kenobi de las precuelas de Star Wars; e Ian McKellen (voz de Ding Dong), reconocido actor por, entre otros, sus papeles más comerciales: Gandalf y Magneto. Desde luego Disney no ha tenido reparos a la hora de realizar el casting.

Canciones y mucha nostalgia

Uno de los aspectos más reconocidos de La Bella y la Bestia, siendo un musical, son sus canciones. Compuestas por Alan Menken y Howards Ashman, quienes ya habían cosechado éxito con La Sirenita, los temas musicales de La Bella y la Bestia continúan siendo en la actualidad de los más reconocidos de la Casa del Ratón. Quiénes no han tarareado nunca «Qué festín» o se han emocionado con «Bella y Bestia son». Incluso Gaston cae más simpático cuando canta su tema musical en la taberna. Pero no solo los temas con letra: la melodía que da inicio a la película seguramente haya quedado guardada en los tímpanos de todos los que hemos crecido con la cinta. Disney ya se había percatado de ello y es el tema utilizado en el comienzo de todos sus tráilers.

Disney no es sutil con su estrategia: quiere explotar el factor nostalgia. No solo con sus historias y personajes, también y especialmente con la música, uno de los factores que más emociones despierta en el receptor. A juzgar por el efecto cosechado por los tráilers, sin duda lo ha conseguido. No es casualidad que la primera vez que se ha escuchado a Emma Watson cantar «Something There» («Algo Nuevo») haya sido a través de una de las muñecas que saldrán con motivo de la película y haya resultado en uno de los vídeos más virales en redes sociales.

Por otro lado, ya se ha confirmado que Celine Dion, quien ya participara en la animadade 1991, regresa en esta ocasión con un nuevo tema: «How Does a Moment Last Forever» («Cómo un momento dura para siempre»). Nostalgia pura y dura.

La historia, vieja como la vida misma

No nos referimos simplemente a que La Bella y la Bestia provenga de tantos años atrás que se ha perdido el rastro de su origen. O que haya tenido multitud de adaptaciones hasta la fecha, siendo la animada de Disney una más entre el montón. No, nos referimos a que el Síndrome de Estocolmo vende. Chica buena y de gran corazón en condiciones adversas acaba enamorándose del hombre causante de dichas desdichas, que a la postre pues no es tan malo, sino un incomprendido e inadaptado. Se le adereza un punto de «la belleza está en el interior» y ya obtenemos el producto. Lo hemos recibido con las mencionadas adaptaciones de La Bella y la Bestia, también con El fantasma de la ópera (a su vez en múltiples versiones), e incluso con historias propias de la cultura pop como Dentro del laberinto (Labyrinth, 1986).

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Es aquí y a su vez donde más críticas está recibiendo la historia de La Bella y la Bestia: ¿qué es eso de que una mujer acabe enamorada y rendida a los pies del hombre que la encierra? ¡Si es un capullo! Si le añadimos el factor de que el hombre en cuestión encima es milloneti y posee multitud de bienes materiales (bueno, no por nada es un príncipe; aunque ha de serlo del bosque y de los lobos, porque población se ve poca), el mensaje de «belleza interior» queda un poco difuso.

Sea como fuere, la historia es vieja como la vida misma y no, no la ha creado Disney. Y, nos guste o no, algo tendrá que siempre evoca una poderosa fascinación sobre el gran público. Sino, no hubiera perdurado hasta nuestros días.