Cambio de perspectivas a medida que creces con Final Fantasy VII

Final Fantasy VII, un clásico en el sector de los videojuegos, salió al mercado allá por 1997. A la espera actual de la llegada de su Remake, cuya vuelta todavía sigue causando sensación (y se espera mucho más para el próximo E3), se asume que los que lo jugaron en el momento de su salida (quizás de niños o adolescentes) ahora ya son evidentemente adultos. Puede que incluso tengan a su vez hijos que disfrutan de este título.

En el caso que nos ocupa, Final Fantasy VII es una de esas obras que marcan, que consideras (con sus imperfecciones) de una calidad superior a otros productos audiovisuales por lo hondo que ha calado. Esta sensación no ha cambiado, pero hemos ido observando con el paso de los años que otros aspectos que lo rodean sí lo han hecho, quizás por ser capaces (con la madurez y la repetición de la historia) de percibir más matices, quizás por el cambio propio que experimenta uno al crecer e ir acumulando experiencias. Enumeremos algunas. Avisamos de que habrá SPOILERS de Final Fantasy VII.

Final Fantasy VII hubiese sido (aún) mejor con otro final

La conclusión de Final Fantasy VII es bastante abierta y puede dejar a los jugadores confusos la primera vez que lo experimentan. ¿Mueren o viven todos? ¿Qué pasa con el planeta? ¿Qué son las risas de esos niños y de dónde vienen? ¿Cómo ha tenido descendencia Red XIII?

Red XIII y su descendencia frente a Midgar. Final Fantasy VII: Advent Children

Aunque la Compilación, años más tarde, se ha encargado de responder con más o menos éxito algunas de estas preguntas, son varias las que siguen en el aire. Es más, algunas de las respuestas de la Compilación casi que mejor no se hubieran dado.

El equipo de desarrollo ya admitió que tuvieron la idea de que todo el elenco moría originalmente en el juego (inicialmente, durante la caída sobre Midgar para detener a Arma). No es descabellado pensar que este fuese el planteamiento inicial con un final tan abierto.

Personalmente pensaba que una conclusión trágica iba más acorde con Final Fantasy VII, y la Compilación en principio no me hizo cambiar de opinión. Sin embargo, parece que con la edad nos sensibilizamos más con estos temas y actualmente disfruto más de finales agridulces e incluso felices, siempre que vaya al compás de la historia y no se muera de diabetes en el proceso. Además, sintiendo un mundo y a unos personajes tan cercanos como estos, con los que llegas a identificarte tanto, al final no vas a desear que sigan pasando penurias.

Cloud y Tifa durante el final de Final Fantasy VII

Un mundo muy como el nuestro

La fecha de lanzamiento de Final Fantasy VII es relativamente cercana y muchos de los temas que aborda ya nos afectaban en la vida real. Lo cierto es que esto se ha acentuado con el paso del tiempo: el cambio climático, la supremacía mundial de las multinacionales (el Ibex35 en el plano nacional), la manipulación de los medios, el desarrollo tecnológico imparable que busca (supuestamente) acomodarnos a cambio de taparnos los ojos sobre determinados asuntos incómodos. Así como en lo visual Final Fantasy VII no ha envejecido tan bien como otras entregas, en el aspecto de historia sí lo ha hecho excepcionalmente.

El elenco de este título, gran culpable en parte de su éxito, también es lo suficientemente mundano. Diseños repletos de colores apagados y grises, personajes complejos con crisis existenciales con los que es fácil que nuestras generaciones se identifiquen.

Hay un miembro del grupo que destaca, Aeris. Esto me lleva al siguiente punto, uno sobre los que mi perspectiva más se ha ido modificando con el paso de los años.

Las guerras de parejas

Ya hemos hablado más detalladamente sobre este punto hace bastante tiempo (lo cuál prueba la intención de esta entrada sobre el cambio de perspectiva con los años), por lo que no voy a expandirme mucho más. Sí lo voy a hacer respecto a mi perspectiva en la relación de Cloud y Tifa y la de Cloud y Aeris, y cómo ambas son igualmente bellas e importantes respecto al personaje (ante todo me declaro fan del rubio y esto sí que no ha cambiado nunca).

Es evidente con el diseño de Aeris que este personaje ya fue concebido para ser especial. Colores excesivamente vivos en un entorno oscuro, flores por todos lados (cuando no crecen en ningún otro sitio en todo Midgar), una personalidad optimista y que mira hacia el futuro… Todo en Aeris rezuma vida y creación. Lo que evidentemente causa que su muerte tenga un mayor impacto sobre el jugador y que, posteriormente, se note su vacío.

Es una estrategia narrativa muy eficaz que Square Enix repetiría posteriormente con Zack (salvo el diseño, por motivos obvios) en Crisis Core con similares resultados, y que no nos extrañaría nada que lo hicieran de forma aumentada y exagerada en el Remake.

La relación que Aeris establece con Cloud sigue esta misma estrategia. La suya es la tragedia griega, la que busca hacer llorar a moco tendido a los espectadores. De nuevo, repitieron fórmula con Zack y la propia Aeris en la precuela. Y de nuevo la gente lloró.

Cloud y Aeris en el último tráiler de Final Fantasy VII: Remake

Frente a esto, Cloud y Tifa pasan como algo mucho más mundano, pero esto es para mí lo más hermoso de su vínculo. Tifa es en este aspecto mucho más realista que Aeris, que resulta casi celestial. Es fácil identificarse con ella, al igual que lo es con Cloud, pues ambos son tímidos, inseguros (a pesar de poseer habilidades que no tendrían personas normales) y, cuando Kazushige Nojima (guionista) lo hace bien, vamos viendo cómo van logrando salir adelante a pesar de los obstáculos externos y de los demonios internos.

Lamentablemente, así como en varios casos Aeris es recordada meramente por su muerte, Tifa lo es por el tamaño de su «corazón», simplificando a estos personajes hasta el extremo y entrando en batallas sobre cuál es más o menos importante o sobre cuál pinta mejor o peor con Cloud (en un juego que de forma evidente dejaba que el jugador fuera eligiendo según simpatías y hasta como recurso humorístico, a pesar de las estrategias narrativas que hemos mencionado).

Aeris es en definitiva el romance pasajero que te marca, Tifa es la persona que siempre va a estar ahí. Las dos importantes no solo por separado, sino además de forma complementaria.

Cloud y Tifa en la cita de Gold Saucer. Final Fantasy VII

Red XIII, ese gran compañero

Cuando jugué a Final Fantasy VII por primera vez contaba con 13 años. Me alucinaron enseguida los aspectos cyberpunk aderezados de rabiosa actualidad del juego, un tono muy melancólico y personajes arrebatadoramente carismáticos. Sin embargo, poca atención le presté a Red XIII, también conocido como Nanaki.

Con el paso de los años, Red XIII ha sido el arquetipo de personaje que ha ido creciendo en mí hasta convertirse en uno de mis favoritos. Similar a Tifa, en él conjugan una personalidad insegura con arrebatos de falsa confianza (véase cuando lo encontramos en el laboratorio de Hojo frente a la confrontación de su pasado en Cañón Cosmo) bajo una apariencia feroz. No por nada, es la morena quien más «confronta» al animal, intentando a la vez reconfortarlo, cuando todos están sumidos en la tristeza y el temor tras los acontecimientos protagonizados por Cait Sith en Gold Saucer.

Es otro de esos personajes con lo que es increíblemente fácil identificarse (máxime si estás en edad de crecer), ¡pero es que además tiene forma de león/lobo parlante con cola de fuego! ¿Qué puede haber más molón que eso?

Final Fantasy VII cumple hoy 20 años en Europa

El hijo predilecto de Squaresoft (ahora Square Enix), Final Fantasy VII, cumple hoy 20 años de su salida al mercado en este continente, suponiendo por aquel entonces «el primer» juego de la saga en llegar a estas tierras (ya sabemos que no es exactamente así, pero sí fue la primera entrega de Squaresoft por impacto), convirtiéndose automáticamente en uno de los mayores exponentes del género RPG («Role-Playing Game»), algo casi desconocido por el público general europeo.

En mi caso, no descubrí Final Fantasy VII hasta unos años más tarde, concretamente en el año 2001, tras haber quedado maravillada con Final Fantasy IX y VIII, por ese orden. Un amigo del colegio de aquel entonces me dijo que su primo tenía la séptima entrega y había conseguido que le prestase el primer CD. Como aún era periodo vacacional, ipso facto nos fuimos a casa y comenzamos a jugarlo en la Play Station: al principio no me decía nada, los preciosos gráficos y colores del IX estaban aún grabados en mi retina, junto al mayor realismo del VIII. Pero la percepción no tardó en cambiar.

Derroté al primer Jefe Escorpión y conocí a Aeris… ¿quién era esa chica? Seguro que iba a ser importante. ¿Y por qué Cloud es tan borde? Ey, si a mí me gustan los personajes antipáticos (Vegeta y Logan son testigos). ¿Y esa música que suena? Sin haberme dado cuenta de ello, la historia ya me tenía totalmente atrapada y en los próximos seis meses no dejé de pensar en otra cosa que no fuese Final Fantasy VII.

Para una chica que empezaba a entrar en la adolescencia, el impacto que tuvo la historia de esta entrega (escrita en su mayor parte por Kazushige Nojima, con aportaciones aquí y allá de Yoshinori Kitase, además director; Tetsuya Nomura, diseñador de personajes; entre otros) no tuvo comparación por el grado de complejidad (para la edad y la época), los temas que abordaba y, sobre todo, los personajes. Porque vale, creo que la historia del noveno capítulo supera en profundidad la de este siete, pero los personajes… ay, amigo, eso es harina de otro costal.

Me enamoré de Cloud y Aeris, fundamentalmente, aunque también quise a Vincent, a Red XIII, a Bugenhagen, a Zack… Me quedé hipnotizada con Cañón Cosmo y su melodía y la historia del gran héroe Seto me conmovió. Es cierto que me dejo fuera a otros iconos de este juego, como Tifa y Sefirot, por los cuales admito que nunca sentí devoción (aunque aprendí a quererlos más con el paso del tiempo).

El sistema de batalla, basado en la adquisición y combinación de materias de distinto tipo, era sencillo, intuitivo y adictivo, por lo que nunca resultó mayor inconveniente para una preadolescente. Si hablásemos de dificultad, la verdad es que este juego no ofrece mucha (derroté a Sefirot por primera vez en medio de una comida familiar, dándole a pausa entre un plato y otro), pero el Demonio de la Puerta en el Templo de los Ancianos me supuso más de un quebradero de cabeza.

Y luego están los secretos. Final Fantasy VII, al igual que todas las entregas clásicas y de PSOne, está repleto de ellos, un elemento que suele caracterizar a los juegos de Hironobu Sakaguchi (creador de la saga y productor del VII). Ibas recorriendo el mundo de Gea y no sabías cuándo te encontrarías uno: así es como llegabas a conocer a Zack y su pasado, descubriendo lo devastadora que podría llegar a ser una secuencia de apenas 10 minutos, sin voces y con gráficos que representaban a muñecos tipo Lego.

Por supuesto, muchos llegamos a creer (ilusos) en la posibilidad de resucitar a Aeris, y «la teoría estrella» de la época hablaba de conseguir una Rosa del Desierto que (supuestamente) la traería de regreso. Horas y horas dediqué a la búsqueda de ese maldito objeto, exploré y derroté a las Armas, para que la realidad volviese a tocarme: Aeris ya no estaba y no iba a volver.

Ese es precisamente el tema principal de Final Fantasy VII: la vida. Dicen las malas lenguas que Sakaguchi perdió a su madre en medio del desarrollo de este juego y este fue su homenaje, la representación de la pérdida de un ser querido, sin avisos, cuando menos te lo esperas, la muerte. Sefirot mata a Aeris «como caído del cielo», ante la atónita mirada de Cloud. Y ya no está más en el equipo. Debido a que el equipo quiso asimismo transmitir esa sensación de pérdida, son pocas las veces que se la menta posteriormente, pero su presencia siempre está (ya se encargará Cloud de recordarlo, incluso en la secuencia final).

No son solo momentos tristes los que pululan por la séptima entrega de esta franquicia, que hace a su vez demostración de un sentido del humor en ocasiones surrealista (la famosa escena de Mercado Muro, Barret y Red XIII vestidos de marineros, Hojo en la playa), otras incluso algo más costumbrista (las conversaciones de Cloud y Aeris o las aportaciones de Yuffie) y, en definitiva, una demostración de que el equipo de desarrollo se lo pasó bien durante su realización, algo que asimismo exponen los numerosos minijuegos.

Han pasado 20 años y la legión de seguidores de Final Fantasy VII nunca ha parado de crecer, en buena parte debido a la «Compilation» y a los numerosos cameos que sus personajes (mayoritariamente Cloud y Sefirot) han ido haciendo en otros títulos de la compañía. Es cierto que actualmente muchos lo acusan de estar «sobrevalorado», la excusa perfecta para intentar ir a contracorriente en este mundillo dominado por las redes sociales, y sí, algunos fans demuestran un fanatismo DEMASIADO desmesurado (al fin y al cabo, hay más Final Fantasy y cada quien tiene su preferido), pero lo cierto es que esta séptima entrega se ha convertido, por méritos propios, en el punto y aparte de la vida de varios jugadores, y sigue puntuando alto en las listas de todo el mundo. Ni toda la «Compilation» junta ha podido destruirlo, y a la espera estamos del «Remake» (el cual esperamos que no suponga mucho destrozo).

P.D.: No voy a terminar sin mencionar la MARAVILLOSA banda sonora de Nobuo Uematsu. Que sí, que este hombre siempre compone delicias para los oídos, pero en esta ocasión estamos hablando del «Aerith´s Theme» o del «One Winged Angel», posiblemente los dos temas más aclamados, a nivel general, del compositor.

Las shipping wars en Final Fantasy: Parte II. Final Fantasy VII

Como adelantábamos en nuestro repaso de la Parte I, Final Fantasy VII supuso el culmen en muchos elementos dentro de la emblemática saga de Square Enix (antes Squaresoft), y también lo fue en las llamadas shipping wars (guerras de parejas, para que nos entendamos). Las ilustraciones no son nuestras, más quisiéramos.

No era para menos: Cloud podía elegir según preferencias del jugador entre tener una cita con Aerith, Tifa, Yuffie o Barret. Para ello, te daban varias opciones a elegir en los diálogos con estos y otros personajes. Por ejemplo, cuando Cloud se reencuentra con Aerith en la iglesia y ésta le pregunta si se acuerda de ella, el jugador puede elegir entre la opción de «¡Claro!» y «Eras el borracho de la esquina» (algo así, estoy parafraseando). Y así, fueron surgiendo las diversas interpretaciones, debates y discusiones acaloradas. Porque… ¿de quien diablos era la mano del final? Y no es broma, esto supuso horas de discusiones en la red hasta que saliera Advent Children y dedicaran el mismo guiño, esta vez sí, claramente con Aerith.

Dejando de lado las opciones de Yuffie y Barret, que eran las más complicadas de obtener y que perseguían el recurso humorístico, solo nos quedan Aerith y Tifa como potenciales intereses amorosos de Cloud. Esto dio origen a que los fandoms de cada pareja recibieran los nombres de Clerith y Cloti. Pero, ¿por qué sigue tan incendiado el debate, aún en la actualidad (casi 20 años más tarde)? ¿Qué suponen una y otra pareja a nivel narrativa y para las preferencias de los jugadores? Vamos a verlo.

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Cloud y Aerith, Clerith, el reflejo del «amor imposible»

Ojo, que lo de «amor imposible» (o «amor que nunca será») no lo decimos nosotros, sino un anuncio del Final Fantasy VII original allá por 1997. Incluso antes de que saliera el juego al mercado ya estaban preparando el terreno.

Veamos, Cloud y Aerith, Aerith y Cloud. Claramente, Aerith es la representación de «la chica nueva que irrumpe como un torbellino» frente a Tifa, la amiga de la infancia «la vecina guapa con la que todo chico sueña». No es la única historia que ha usado este recurso: seguro que a muchos nos vienen a la mente series como Shigatsu wa kimi no uso (Your Lie In April). Aerith, con su presencia vivaracha y misteriosa, con sus enormes ojos verdes, parece encandilar a Cloud casi desde el principio (si creemos, al menos, la versión narrada en Dismantled (Kaitai Shinsho), cuya oficialidad es discutida todavía hoy en día por los fans, a pesar de que el libreto fuese publicado por Squaresoft). No es para menos, puesto que Aerith está hecha para eso, para encandilar. Sino, su muerte perdería buena parte de su efecto.

Y he aquí que viene el punto que más trunca la posible relación amorosa que pudieran establecer Cloud y Aerith: la muerte de la muchacha a poco más de la mitad del juego. Es cierto que uno de los principales temas de Final Fantasy VII es la vida, y así se refleja en la muerte y en cómo todo queda perdurando en el recuerdo. Aerith muere, pero Cloud y los demás siguen recordándola en varios momentos del juego y en Advent Children. Pero admitámoslo, establecer un romance con un fallecido es… ¿imposible? ¿contraproducente? ¿insano? Así que el encanto de esta relación yace en su imposibilidad, en su dramatismo de lo que «pudo ser» (sobre todo si hacemos caso a las predicciones de Cait Sith), en que perdure más allá de la muerte.

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Otro punto que defienden a capa y espada los fans del Clerith es que Cloud parece mostrarse mucho más abierto (y afable) con Aerith que con el resto de personajes (incluyendo a Tifa). Es cierto que Cloud es un caos mental y de recuerdos confusos durante buena parte del juego, pero también lo es que sí, con Aerith se muestra más jovial (no por nada, la única escena en la que ríe durante todo el juego es con Aerith y en Advent Children se hace hincapié en su sonrisa cuando ve finalmente a su amiga fallecida). Por otro lado, ¿qué significa esto en el plano romántico? Puede que Cloud y Aerith tengan una química especial (en mi opinión, la tienen), pero también que Aerith tenga esa forma de ser que saca la parte más optimista de todos. No le pasa solo a Cloud, sino también a Tifa, por ejemplo. Ésta última, en cambio, es más tímida e introvertida, lo que no da lugar a que Cloud (otro tímido e introvertido) saque su lado más jocoso. Y no, no creemos que sea por los efectos de Zack. Cloud confunde sus recuerdos con los de Zack, pero las personalidades de ambos son totalmente diferentes a lo largo de todo el juego (Zack nunca se muestra tan borde como Cloud al principio, y un largo etcétera).

Así que, ¿qué más queda de Cloud y Aerith? Pues que las secuelas y spin offs de Final Fantasy VII también han puesto su granito de arena. Ya hemos mencionado a Advent Children, pero la florista también hace un cameo junto a Cloud en juegos de la compañía como Final Fantasy Tactics, la saga Kingdom Hearts (el primer Kingdom Hearts puede ser hasta revelador en este sentido), el Itadaki Street Special, Final Fantasy Record Keepers, etc.

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Cloud y Tifa, Cloti, el amor que perdura en el tiempo

Como decíamos en el apartado anterior, mientras que Aerith es «la chica nueva que deja una enorme impresión», Tifa es «la amiga de la infancia», la que siempre está ahí de una forma u otra. En realidad, Tifa y Cloud no eran tan amigos de niños, pero lo cierto es que la chica es el principal vínculo del rubio con su pasado (punto muy importante en el juego y que lleva a una escena muy reveladora: la de la Corriente Vital).

Tifa no solo destaca por ser el nexo de unión entre Cloud y su pasado, sino por su absoluta devoción hacia el protagonista durante años y años (concretamente, desde que éste se fuera a Soldado). Algo que conmueve a un gran número de jugadores hasta el punto de haber convertido a Tifa en la favorita de muchos (admito que a mí, en cambio, este punto de la morena me echa bastante para atrás, lo cual demuestra lo mucho que plasmamos nuestras formas de ser y preferencias en todo lo que nos rodea). Cuando Tifa se pone seria, en cambio, y muestra ese lado más maduro y maternal, es cuando pienso que mejor sabe llevar y complementa a Cloud (que en ocasiones es un absoluto lío de inmadurez emocional). Por ejemplo, cuando le deja las cosas claras en Advent Children, o durante la susodicha escena de la Corriente Vital.

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La otra gran baza para los Cloti es, básicamente, que Tifa es la chica que queda con vida. Y además ella, Cloud, Barret y Marlene se van a vivir juntos tras los acontecimientos de Final Fantasy VII (claro que esto a su vez puede jugar en contra de la pareja, puesto que Square Enix y su eterna ambigüedad nunca los llega a mostrar como claramente juntos, a pesar de la convivencia). Sin embargo, Cloud y Tifa son jóvenes, y tienen toda una vida por delante, por lo que la imaginación del fan tiene muchísimo más margen de movimiento que con el caso de Aerith. Además, no todos, pero sí muchos miembros del fandom de esta pareja son asimismo fans de Zack y Aerith, por lo que el final sería aparentemente feliz para todos. Es, por así decirlo, la versión «happy end», que no puede ocurrir con Cloud y Aerith (¿por qué creen que aún a día de hoy se sigue pidiendo la posibilidad de resucitar a la muchacha en algunas partes del fandom?).

En cuanto a Cloud y Tifa, la Compilation y juegos posteriores relacionados con Final Fantasy VII se han encargado de darles más protagonismo. Es el caso de Kingdom Hearts II, Crisis Core, Final Fantasy Dissidia 012, Final Fantasy VII G-Bike, etc.

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Poco más que decir. En realidad, pueden leerse kilómetros de tinta sobre teorías sobre ambas parejas, o por qué una es más válida que la otra. No pretendíamos que ese fuera nuestro cometido (y también tenemos nuestros favoritos, como todos), sino realizar un resumen sobre cuáles son los puntos fuertes de una y de otra, o lo que más plasman los fans de ambas. Si somos sinceros, nosotros pensamos que cualquiera de las parejas puede darse dentro del juego, ya que dan opciones para que ocurra en ambos casos (muertes aparte, si nos ceñimos a los sentimientos de Cloud). El resto, final abierto mediante (y grandes dosis de sacar pasta por parte de Square Enix), lo dejan a la imaginación del jugador. Sí, es cierto que Cloud ha sido nombrado como «el amante (koibito) de Aerith» en una novela posterior escrita por Nojima, pero en cualquier caso Tifa también ha tenido y tiene otros puntos a su favor. Vamos, que una no invalida a la otra.

Trataremos más sobre Zack, Aerith y otras posibles parejas surgidas a raíz de la Compilation de Final Fantasy VII en la Parte III. Hasta dentro de dos semanas, jóvenes padawans.

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Las shipping wars en Final Fantasy: Parte I

Ah, las shipping wars. Todo aquel que se considere miembro de algún fandom en el mundo sabrá a qué nos estamos refiriendo: las guerras de parejas, es decir, por qué prefieres que Pepito se empareje con Josefa, y no con Claudia. Hay shipping wars de todo tipo y condición, unos más cerca de lo oficial que otros. Algunos se toman a sí mismos muy en serio (DEMASIADO), mientras que otros (quizás conocedores de que su pareja favorita nunca va a ser oficializada) se lo toman más como puro divertimento a través de fan arts, fan fiction y mundos alternativos creados por la imaginación.

Final Fantasy está repleta de shipping wars, algunas de ellas ya consideradas míticas (¿eres Cloti? ¿o quizás te va más el Clerith?), y probablemente casi cada entrega tiene su guerra entre fandoms propia (los primeros Final Fantasy numéricos no cuentan porque los personajes por no tener casi no tenían ni género). ¿Por qué se da esto? Bueno, parte de la culpa la tiene la famosa ambigüedad que los japoneses suelen mostrar con lo relacionado en el amor (y no, los Final Fantasy no son shôjo) y las relaciones de pareja, al menos en el mundo de la ficción. ¿Que acaso nosotros consideraríamos el gesto de Cloud tendiéndole la mano a Aerith como romántico? Pues no te creas, que quizás en algunas partes del fandom japonés eso quizás sea lo más romántico que haya hecho el rubio por la vendedora de flores.

Para ir calentando motores, vamos a ir haciendo un repaso a las shipping wars existentes en los distintos universos de Final Fantasy (como hemos dicho, algunos son tomados más en serio que otros). Por cierto, las ilustraciones no son nuestras (más quisiéramos); de algunas hemos podido encontrar al o la autor/a, pero de otras no, lamentablemente:

  • Final Fantasy IV: Vale, está claro, Cecil y Rosa son la pareja oficial (si hasta tienen un hijo en la secuela). Pero aún así hay quienes prefieren a la muchacha con Kain, quien a su vez mostraba ciertos intereses por ella (formándose así, al menos durante buena parte del juego, un triángulo amoroso). Es en parte comprensible: Cecil es siempre el bueno, el protagonista, «el rey Arturo» de la película; mientras que Kain es más el antihéroe, el que se vuelve del bando contrario (a ratos), pero que no deja atrás sus sentimientos (ocultos) por Rosa. Y todos sabemos lo que a la gente le gusta un buen antihéroe marcado por la tragedia y prisionero de sus propias emociones, frente al protagonista boy-scout
  • Final Fantasy VI: Lo cierto es que Final Fantasy VI no tiene mucho lugar para el amor. Sin embargo, sí hay una pareja (aparentemente) oficial durante el juego, que es la de Locke y Celes. Pero no queda ahí la cosa: Locke se pasa buena parte de la historia buscando un método para poder traer de vuelta a la vida a Rachel, su novia fallecida en un accidente (del que él se considera culpable). Aquí ya surge uno de los triángulos, entre Locke, Celes y Rachel. Por suerte, la cosa no llega a los niveles de Cloud, Tifa y Aerith (que veremos a continuación) y en el mismo juego se nos muestra a Locke despidiéndose «para siempre» de Rachel, dejándola ir junto a sus demonios. Sin embargo, no es la única «shipping war» existente en torno a esta maravilla de Squaresoft: hay fans varios que prefieren ver más al muchacho con Terra, o a la peliverde con Edgar. Es lo que tiene que el casting de personajes sea tan variado y carismático, que en realidad ofrece infinitas posibilidades y, vaya, prácticamente todas quedan bien.
  • Final Fantasy VII: Hemos llegado. El cúlmen de las shipping wars dentro de los Final Fantasy. El que ha provocado que hayamos decidido dividir esta temática en varias partes. Buena parte de culpa la tiene el famoso sistema de citas, según el cual podíamos acabar teniendo una cita con uno de estos personajes: Aerith, Tifa, Barret o Yuffie, a partir de lo «afectuosos» que hubiéramos sido con unos o con otros. Porque sí, hasta Jesse (y Don Corneo, si seguimos los pasos adecuados) siente atracción por Cloud en el mundo de Final Fantasy VII, él es así de motherfucker. ¿Y él? Pues se deja querer. Se han escrito manifiestos de páginas y páginas sobre por qué Cloud quería más a Aerith, o los motivos de por qué debería quedarse con Tifa. Square Enix parece haberse percatado de esta situación y ha seguido explotándola durante toda la Compilation, complicándola aún más (si cabe) introduciendo (es un decir, el personaje ya estaba presente en diez minutos opcionales del juego original) a Zack y su noviazgo escolar (o así parece) con Aerith en Crisis Core, la precuela de Final Fantasy VII. Mientras puedan seguir sacando dinero a partir de la ambigüedad, está claro que Square no va a mostrar nada definitivo (quizás el remake nos sorprenda en este sentido).
  • Final Fantasy VIII: Está claro que una historia de amor como la del Final Fantasy VIII iba a tener sus shipping wars y preferencias varias entre los fans, por mucho que Squall y Rinoa acaben juntos y besándose bajo la luna. Es el caso de Rinoa y Seifer, por ejemplo (ya que aparentemente ambos tuvieron una especia de aventurilla de verano antes de que la morena conociera a Squall, así en plena reminiscencia de Zack y Aerith). O el de Quistis y Squall, ya que la rubia parecía tener especial interés en su alumno hasta que «redescubriera» sus instintos maternales (o algo así). Como todos son jóvenes y guapos en la octava entrega de la saga, lo cierto es que cualquiera queda estéticamente bien con… cualquiera.
  • Final Fantasy IX: Al contrario de lo que sucediera con la entrega anterior, en el caso que nos ocupa el casting resulta de lo más variopinto. Añadámosle que Yitán (Zidane en el original) y Garnet son una de las parejas oficiales más adorables de los Final Fantasy. Por lo que no hay tantas shipping wars (a no ser que haya preferencias por Eiko o Quina… pero son cosas en las que preferimos no indagar). Como curiosidad, pueden encontrarse algunos fan arts y fan fics de Garnet y Kuja por la red.
  • Final Fantasy X: Es un caso curioso el de este Final Fantasy: pareciera que querían intentar un sistema de citas similar al de la séptima entrega, pero se quedó a medias. Más que nada porque con Tidus nos daban opción de piropear a cualquiera de las tres mujeres del grupo: Yuna (la oficial), Lulu o Rikku. Aunque Tidus y Yuna ganan sobre el resto, esto ha provocado que hayan surgido fans de parejas varias con el jugador de blitzball. Y no podemos dejar pasar a aquellos que les hubiese gustado que el Seymour x Yuna hubiese llegado más lejos (especialmente tras la Ultimania que confirmaba una especie de sentimientos complejos por parte del guado hacia la invocadora).
  • Final Fantasy XII: En esta entrega todo es tan ambiguo en cuanto a la historia que todos pueden ser emparejados con todos (y en Japón hay bastante fan de Larsa y Penelo, como curiosidad). Fin (o no…).
  • Final Fantasy XIII: La treceava entrega de la serie parece dividir a los fans tanto a nivel general como en los pequeños detalles, siendo uno de ellos las shipping wars. Porque, nos guste o no el Final Fantasy XIII y sus personajes, no podemos ignorar el hecho de que LightningxHope tienen un fandom bastante representativo, especialmente en Japón (donde hasta tienen un nombre, al más puro estilo Cloti, Clerith o Squinoa: Hopurai). Y no solo ellos: FangxVanille, SerahxSnow, SnowxLightning, SerahxNoel, NoelxYeul, YeulxCaesar… y así hasta el infinito y más allá.
  • Final Fantasy XV: Todavía no ha salido, pero vamos a hacer un ejercicio de intento adivinatorio (hasta dan ganas de realizar una porra): lo más probable es que en este juego/universo abunden los fans del yaoi (de hecho, parece que ya lo están haciendo, dominando el NoctisxPrompto sobre el resto), pero si nos ceñimos a las posibilidades (siendo realistas), lo más probable es que acabe habiendo algún tipo de rollito entre Noctis y Luna. Por lo que si queremos rizar más el rizo se podrá ir emparejando alternativamente a la oráculo con Nyx, que parecen compartir mucho metraje en Kingsglaive (y el rollo guardaespaldas y «conversaciones bajo fuegos artificiales» parece gustar mucho a Square Enix y seguidores). O a Noctis con Iris, con quien parece haber crecido más cercanamente (al menos en el plano físico) que con Luna. En fin, todo se irá viendo a partir del 30 de septiembre.

Mención especial merece en esta Primera Parte de las shipping wars de los Final Fantasy el yaoi. No ya por el Final Fantasy XV que mencionábamos, sino por la cantidad de fans habidos y por haber de relaciones como las de Cecil y Kain, Cloud y Sephiroth, Cloud y Zack, Seifer y Squall, Seifer y Zell, Yitán y Kuja (sí, sí…), Tidus y Auron, Auron y Jecht, Hope y Snow. Y un largo etcétera.

Las mujeres en Final Fantasy VII

Ríos y ríos de tinta han corrido sobre el que es aún considerado “mejor JRPG (Japanese Rol Player Game) de la historia” (aunque las opiniones son como los traseros, claro, y cada uno tiene la suya). Hay muchos elementos que explican esto: Final Fantasy VII fue, ya se ha dicho hasta la saciedad, toda una innovación en su época (para los despistados, salió en 1997 para Play Station). Primer JRPG de la saga numérica principal de Squaresoft en salir al mercado occidental, y primer videojuego de la ya mítica franquicia en salir para la consola de Sony (los anteriores, todos habían ido para Nintendo). Asimismo, su historia con cierta complejidad y profundidad, su estética cyberpunk, sus carismáticos personajes y su mítica banda sonora hicieron el resto.

De personajes de este videojuego venimos a hablar hoy, especialmente de los femeninos. En todo Final Fantasy que se precie (veremos el XV…) hay personajes femeninos dentro del grupo principal. Hasta el VI, siempre había habido alguna princesa o damisela en apuros, casta y pura, delicada como flor, tan típica en las historias de rol “de toda la vida”. Con la llegada de Final Fantasy VI, la cosa cambió. Terra, Celes y Relm (esta última, una niña) distan de ser princesas, damiselas, y de estar en apuros. La primera es la última superviviente de su especie, usada como arma por el ejército; la segunda es una reconocida y curtida guerrera, que acaba traicionando al imperio; y la tercera es, bueno, una niña que dibuja, pero que al menos no se encuentra en apuros y tampoco estorba para nada.

¿Por qué empiezo con Final Fantasy VI? Porque mucho me temo estos personajes tendrán algo que ver en lo que acabaremos viendo en el VII, su directo sucesor. En Final Fantasy VII, tampoco hay princesas. Es un mundo inspirado en el actual (la idea original era ambientar la historia en Nueva York) y con algunos toques futuristas-tecnológicos. Así, la gran urbe de donde parte la historia, Midgar, y sus suburbios, pueden llegar a recordarnos a los suburbios de otra gran ciudad como, por ejemplo, Nueva Delhi (aunque a Naora, artista conceptual de este juego, se le ocurrió la singular forma de Midgar mientras comía una pizza). Así, en medio de este mundo, no hay lugar para princesas. Aquí nos presentan a Aerith (o Aeris en Occidente, como se la conocía antaño), Tifa y Yuffie. Todas ellas recogen parte del legado de sus directas predecesoras.

Aerith Tifa Yuffie

Aerith, por ejemplo, es la última superviviente de su especie (los Cetra o Ancianos), por lo que Shinra (la super corporación gubernamental que gobierna el mundo a golpe de explotación industrial y capitalista en el mundo de Final Fantasy VII) va tras ella. Su diseño es delicado y femenino. Vestida de rosa, con enormes ojos verdes y el pelo recogido en una larga trenza, parece una perfecta damisela. En cierta forma lo es, puesto que en un par de veces habrá que protegerla (de hecho, Cloud acuerda hacerle de guardaespaldas). Sin embargo, su personalidad contrasta con su apariencia. Aerith (la del juego original) es desinhibida, flirtea abiertamente con Cloud, está acostumbrada a tratar con los bajos fondos y es directa en sus comentarios (por lo que en ocasiones puede llegar a parecer hasta fría o cínica –ejem, Barret-). Naturalmente, es bondadosa y amable (hasta el punto de llegar a sacrificar su vida por la de los demás, al más puro estilo Jesucristo), pero lejos queda el prototipo de chica dulce y pasiva. Cuando Cloud le dice que no puede acompañarle, porque es demasiado peligroso y ella “es una chica”, Aerith salta ofendida y se pasa por donde cubren los cerros las precauciones de Cloud. Toma rienda de su propio destino y papel en la historia, sin que tenga que depender de algún otro personaje masculino (no por ello deja de ser el interés amoroso de Cloud, en el original; y de Zack, en el Crisis Core). Incluso, en Advent Children vuelve a ser la salvadora de la humanidad, aun estando muerta y sin verle la cara. Por desgracia, en Crisis Core Aerith aparece como un personaje algo más pasivo y “tímido”, cuyo papel sí depende del de un personaje masculino (Zack). Pero bueno, quizás pueda “excusarse” en que en Crisis Core Aerith es más joven que en Final Fantasy VII y secuelas.

En cuanto a diseño, Tifa sirve como contrapunto de Aerith. Es más, Nomura cuenta que originalmente estaban diseñados Cloud, Aerith y Barret, y que Tifa fue planeada cuando se había decidido que Aerith muriera en medio de la historia, para poder tomar ella el peso de la misma (Cloud aparte). Así, Tifa aparece como una joven explosiva, de largas piernas, abundante pecho, pelo largo y moreno; una curtida luchadora de artes marciales. A simple vista, es el personaje perfecto para el fanservice. Sin embargo, y como pasara con Aerith, la personalidad de Tifa contrasta con su físico: ella es más insegura, tímida y prudente que la del vestido rosa. Enamorada de Cloud desde su adolescencia, nunca se atreve a confesárselo, y en cuanto aparece Aerith ella misma se relega a un segundo plano, como pensando que quizás no tiene nada que hacer en este “duelo” (otro dato a tener en cuenta, es que lejos de representar la típica “pelea de gatas”, Tifa y Aerith se respetan y hasta se hacen amigas, más allá del interés romántico común). No por ello Tifa deja de ser un personaje fuerte (no sólo con sus puños): también es equilibrada, bromista y cálida. Es por esto, que Tifa deja de ser “un personaje diseñado para el fanservice” y adquiere profundidad, rompiendo nuevamente barreras. Probablemente, Tifa no tiene tanto peso por sí misma como Aerith en la historia; pero sin ella Cloud seguiría sumido en un mar de confusiones (en la famosa escena de la Corriente Vital, que por algo es la favorita de Kitase), y de hecho nunca se habría unido a Avalancha (son Tifa y Barret los ecologistas que quieren cambiar el mundo, y no Cloud, al menos al inicio de la historia). En pocas palabras, está para servir de nexo entre los miembros del grupo y para mantener un punto de cordura entre ellos. En Advent Children, Tifa sigue representando este papel, añadiéndole un toque (aún más) maternal mientras cuida de Marlene y Denzel (y de Cloud, si nos ponemos). SquareEnix se ha encargado muy mucho de representar a Tifa como la heroína principal dentro de la Compilation de Final Fantasy VII, al menos a nivel merchandising. Y todo esto lo escribe alguien que, cuando se pasó el juego por primera vez, se consideraba anti-Tifa.

aerith tifa 3

No vamos a dejar a Yuffie para lo último, ya que hay más personajes femeninos (no jugables, en el juego original) dentro del mundo Final Fantasy VII. Yuffie, al ser un personaje optativo, fue añadido casi en el último momento, por lo que no aparece en ninguna de las cinemáticas del juego. No por ello pierde este personaje su chispa. Yuffie es la más joven del grupo (16 años), por lo que es impulsiva y alocada. Al ser ninja, también sabe luchar, y además y como nos descuidemos, nos robará toda nuestra materia (más algo de dinero). Elena forma parte de los Turcos (una especie de inteligencia secreta de Shinra), siendo “la novata” dentro del grupo principal que lo conforma. Posee rasgos similares a los de Tifa, siendo tímida, prudente, y estando enamorada en secreto de su jefe (Tseng). No por ser la única mujer dentro del equipo compuesto por Reno, Rude y ella misma, ocupa un papel pasivo, sino que al contrario es en ocasiones ella quien toma la iniciativa o les para los pies a los impulsivos de sus compañeros (o más bien, Reno es el impulsivo y Rude le sigue). Escarlata es una de los altos mandos de Shinra. Fría y calculadora, no duda en llevarse a quien sea por delante con tal de cumplir sus objetivos. Mítica es la escena en la que se gana (a buen pulso) la somanta de guantazos que le propina Tifa. De la familia de Cloud, tan sólo se nos presenta a su madre (su padre murió cuando él era muy pequeño); y Aerith heredó su sangre Cetra por parte de su madre Ifalna. También es una mujer que vive sola, Edelmyra, con quien Aerith sigue criándose una vez huérfana. Y Marlene, la hija (adoptiva) de Barret, es la voz de la razón dentro de la “familia” que forman ella, Barret, Cloud, Tifa y Denzel después de Final Fantasy VII.

Si nos pasamos a la Compilation, la plantilla aumenta; aunque no siempre de la forma deseada (al menos para quien esto escribe). Aún me sangran los ojos viendo a Tifa vestida de stripper-cowboy en Crisis Core (sí, ya aparecía vestida así en el flashback de Final Fantasy VII, ¿pero había que hacerlo TAN evidente?). Y Aerith, como ya mencioné, pasa a ser el mero objeto amoroso del aspirante a héroe que es Zack en el mismo título. Lucrecia, la madre biológica de Sephiroth y amada de Vincent, abandona su posición ambigua dentro del juego original para presentárnosla como poco más que una panoli que no para de equivocarse con todos los hombres que la rodean en Dirge of Cerberus. Y hasta le aparece un clon en el mismo juego. Sin embargo, también tenemos personajes como Cissnei, una especie de Elena más joven y segura de sí misma en Crisis Core. Y Shelke, a pesar de todo, desarrolla un papel bastante activo en Dirge of Cerberus.

Para concluir este (extenso) artículo, hay que resaltar el papel que los personajes femeninos desarrollan en Final Fantasy VII. Teniendo en cuenta que es un juego japonés del año 1997, sorprende ver a mujeres con personalidad y papeles propios, que se separan de estereotipos. Es de agradecer que el triángulo amoroso del juego no acabe en culebrón venezolano, sino que se lleve de forma natural y secundaria, con Aerith y Tifa cooperando entre ellas y hasta haciéndose amigas. Porque, en definitiva, es de agradecer que también en los videojuegos podamos ver papeles femeninos fuertes e independientes, no porque se pongan a dar guantazos a diestro y siniestro, o porque sean unas bordes de mucho cuidado (Lightning, te miro a ti), sino porque, y a pesar de todo, dejan a un lado la amplia sombra de la figura del “macho alfa y protector” y pasan a ser recordadas por ellas mismas dentro del colectivo de fans.

P.D.: Los fan arts de este artículo no son nuestros. Ya nos gustaría.

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