Detective Pikachu, un impactrueno de ternura y monería

Pokémon es actualmente una de las franquicias con mayor éxito a nivel mundial y sobre todo en su país de origen, Japón, donde desde su nacimiento en las consolas portátiles de Nintendo ha sido todo un superventas y hoy en día tiene en su haber hasta centros comerciales dedicados exclusivamente a ellos, los Pokémon Center, así como su propia compañía desarrolladora, The Pokémon Factory.

Era cuestión de tiempo que Hollywood, concretamente Warner, se interesara por el título, decidiendo probar suerte a raíz de uno de los videojuegos para Nintendo 3DS: Detective Pikachu. Tomando el mismo título, ha creado la que es hasta la fecha mejor adaptación al cine de un videojuego… lo cual tampoco estaba muy complicado.

En la dirección contrataron a Rob Letterman (la película de Pesadillas), quien se encarga a su vez del guión junto a Nicole Perlman, también escritora de Guardianes de la galaxia o Capitana Marvel, lo que nos habla todo ello del tono general de la cinta que nos ocupa.

El argumento, que sigue una narrativa de suspense y thriller bastante «light» pero efectiva y entretenida, cuenta cómo el joven Tim Goodman (Justice Smith) es llamado un día debido al aparente fallecimiento de su padre, un aclamado detective. El muchacho se pone así rumbo a Ryme City, lugar creado para que humanos y pokémon convivan en armonía, sin ser unos los dueños de los otros ni someterlos a peleas. Mientras recoge lo que le ha dejado su progenitor, Tim se topa con un Pikachu (voz de Ryan Reynolds) parlante (que en realidad solo él puede entender) y amnésico que lo anima a buscar el verdadero paradero de su padre.

Detective Pikachu. Warner Bros.

Aunque la trama sí ofrezca su intriga, el verdadero motor de la cinta se encuentra en la enorme cantidad de cameos de pokémon de todas las generaciones, desde Charmander y Squirtle hasta Torterra, pasando por un sinfín de ellos que pululan por casi todas las escenas.

El otro factor realmente llamativo es Pikachu, a quien Reynolds otorga de una actitud algo canallesca y vivaz, alejado del emblemático roedor al que estamos acostumbrados a ver en el anime, promociones y videojuegos; frente al mucho más apagado Tim. La dupla que ambos conforman en este sentido es la típica de las «buddy movies» y como tal cumple.

Junto a Pikachu tendremos también a Psyduck, el pokémon compañero de la reportera Lucy Stevens (Kathryn Newton), otro de los grandes aciertos, sobre todo desde una perspectiva cómica (y que resulta asimismo arrebatadoramente adorable).

Frente a todo este desfile de pokémon, los humanos palidecen; aunque seguramente este fuera el objetivo de la película, que va a atraer a niños y nuevos adeptos como churros (y cuya secuela está ya anunciada). Las partes más dramáticas tampoco llegan a la altura de las humorísticas, dejando patentemente claro su tono desenfadado y ligero.

Detective Pikachu. Warner Bros.

Los grandes triunfadores en este punto han sido los diseñadores y trabajadores de efectos especiales (que no habrán sido pocos), ya que han sabido crear a toda una serie de animales ficticios que no desentonan, poseen carisma y que son la mar de adorables. A ellos se le deben el 90% del encanto de toda la película.

Por lo demás, Detective Pikachu es lo que se espera de ella: un entretenimiento dirigido a todas las edades (con lo que eso conlleva) y que viene dispuesta a arrasar con la venta de merchandising. Las interpretaciones cumplen sin más (a pesar de la presencia de Bill Nighy o Ken Watanabe), el argumento es llevadero y el humor resulta en su gran mayoría apto para todas las edades.

P.D.: Evidentemente, hay numerosos guiños dirigidos a los que hemos crecido (más o menos de cerca) junto a la franquicia y que dibujarán más de una sonrisa (e incluso causará carcajadas).

La princesa Mononoke, la obra más madura de Miyazaki

Hayao Miyazaki y Studio Ghibli son nombre sobradamente conocidos en el «fandom» por la calidad artística de sus obras, su llegada a todo tipo de públicos y sobre todo a partir de que uno de sus trabajos, El viaje de Chihiro, resultase primera (y hasta la fecha última) película de anime en hacerse ganadora de un Oscar en mejor cinta de animación.

Sin embargo, para nosotros la obra culmen de Miyazaki vino justo antes de Chihiro, y esta es La princesa Mononoke (traducción algo libre de Mononoke Hime, que vendría a ser más bien La princesa del espíritu vengativo, 1997). En ella confluyen varios de los temas que obsesionan al artista, tales como el ecologismo, el feminismo y el pacifismo, y lo hacen de forma magistral.

La naturaleza contra el progreso

Miyazaki declaró en una entrevista donde hablaban de Mononoke que para él la humanidad debía aprender a convivir con la naturaleza y que cuando perdía dicha perspectiva y se llenaba de arrogancia era cuando no sabían qué hacer con ella, iniciando la destrucción. El ser humano debería, en sus palabras, convivir con el resto del mundo natural ocupando una esquina.

La visión del director es la que expone durante toda la cinta el joven Ashitaka (voz de Yôji Matsuda), príncipe desterrado de los emishi por haber contraído una maldición a causa de haber matado a un dios jabalí. Este pueblo, que de por sí vivía en el exilio por haber entrado en conflicto con el emperador de Yamato (nos encontramos en pleno período Muromachi), se encuentra en un plano de convivencia con la naturaleza mucho más cercano que lo que se nos presentará en la parte occidental, lo que queda patente en la relación de iguales entre Ashitaka y su alce rojo Yakul.

Ashitaka y Yakul en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli,

En su exilio, Ashitaka se dirige hacia el oeste de Japón, donde se tomará con la ciudad de hierro, Tatara, y su carismática líder Lady Eboshi (Yuko Tanaka), así como con la espíritu del clan de los lobos, Moro (Akihiro Miwa) y su hija adoptiva, la enigmática San (Yuriko Ishida).

El conflicto entre la industria del hierro, la creación de armas (especialmente las de fuego) y el progreso que representa Eboshi entra en frontal conflicto con la supervivencia, en el que habitan y al cual defienden Moro, San y los suyos.

La obra de Miyazaki no presenta a buenos ni malos, huye del maniqueísmo. Por lo tanto, Eboshi puede parecernos maligna por destruir el bosque, pero a su vez es una líder humanitaria que rescata a prostitutas y leprosos y les enseña un oficio, haciéndolos útiles y valiosos en una sociedad que los desprecia. Eboshi claramente es filántropa, cree asimismo que la humanidad tiene derecho a la existencia por encima de las demás cosas.

San, en cambio, representa a una naturaleza que se defiende y que detesta a los humanos. A través de Ashitaka ve que no todos son iguales, pero su implicación en ese mundo es tal que ya no hay vuelta atrás. Miyazaki planteó inicialmente a La princesa Mononoke como la historia de una chica y una bestia, al final decidió hacer bestia a la chica, pero no en el sentido en el que solemos representarla desde Occidente, sino de alguien que ha convivido con ellas hasta tal punto que se vuelve una. Estar rodeado de algo te vuelve ese algo. Somos humanos porque convivimos entre humanos.

San y Moro en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Eboshi y San son las mayores representantes de estos dos polos opuestos, progreso y naturaleza, que evidentemente confrontan pero que están destinadas a entenderse si quieren sobrevivir.

Hay asimismo mucho simbolismo en Mononoke respecto a los fenómenos meteorológicos que abundan en Japón, tales como tsunamis o tifones (la primera es una palabra de origen nipón y la segunda del chino derivada al japonés) y del concepto de karma: si das algo la naturaleza te lo devolverá, y viceversa.

Héroe masculino rodeado de personajes femeninos

Ashitaka es el héroe de La princesa Mononoke, uno al que Miyazaki quiso hacer atípico (tanto dentro como fuera de su filmografía). Tal como lo cuenta, se trata de un niño que se ve maldito de una forma bastante absurda (como en la vida misma) y que posee un carácter melancólico.

Sin embargo, no es Ashitaka (salvo momentos puntuales) el motor de la narrativa, ya que ésta se mueve principalmente hacia donde se dirigen San (la «princesa Mononoke» del título) o Eboshi. Él hace más de espectador o mediador.

San y Eboshi en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

«Ellas necesitarán un amigo, o a alguien que las apoye, pero nunca un salvador. Una mujer es tan capaz como cualquier hombre de ser un héroe» es una cita del propio Miyazaki que queda nuevamente demostrado en este título. Existe un paulatino romance entre Ashitaka y San, pero ésta última no aspira a casarse con el príncipe y guarda con recelo (sin llegar a pecar de hostil) su independencia. De hecho, la resolución a este romance, dadas las circunstancias, es el mejor, más sano y satisfactorio que podría habernos dado Miyazaki. San y Ashitaka seguirán viéndose y amándose, pero ninguno va a renunciar a sus mundos y a su independencia por el otro.

Lady Eboshi por otro lado hace las veces de villana (pero heroína a nivel micro dentro de las murallas de Tatara) y lleva las riendas de Tatara sin que le tiemble el puso. Según Miyazaki, creó a Eboshi con una «shirabyôshi» (白拍子, bailarinas que realizaban danzas tradicionales japonesas ataviadas con ropas masculinas) en mente, algo que se percibe notoriamente en el atuendo, porte y actitud desafiante del personaje. Podríamos decir que posee actitudes que en nuestro imaginario asociaríamos a un hombre (y a uno poderoso, para más señas).

Sin embargo, Lady Eboshi posee características redentoras y humanitarias: protege con todas sus fuerzas la existencia de Tatara y rescata a las prostitutas y enfermos que se encuentra en el camino. Lo que nos lleva a que la ciudad de hierro se maneje de hecho de forma similar a un matriarcado: allí las mujeres viven libres y en paz, los hombres no las molestan a no ser que ellas quieran (dicho por una de las habitantes). Mientras los hombres van a las minas o a la guerra, son ellas las que se quedan al cargo y desarrollan el costoso trabajo físico de elevar la temperatura para fundir el hierro, entre otros.

También en palabras del director, decidió que Eboshi fuera una mujer porque quería invertir los roles de género tradicionales y hacer así la historia más interesante. Sirve asimismo como contrapunto a San, como ya hemos expuesto.

Lady Eboshi en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Hay más personajes femeninos con relevancia en La princesa Mononoke. Tenemos a Moro, protectora del bosque, líder del clan de los lobos y amada madre de San; o a la oráculo de los emishi, a quien el mismísimo príncipe guarda respeto y reverencia.

El hombre hace la guerra contra el hombre

No solo el progreso confronta contra la naturaleza, en La princesa Mononoke también tenemos el reflejo de la guerra, el hombre enfrentado contra el hombre. No solo Lady Eboshi tiene interés en la destrucción del bosque, sino que el emperador al parecer ansía la cabeza de su espíritu, ya que se rumorea que concede la vida eterna. Uno de los señores feudales bajo los dominios del emperador, Lord Asano, se cruza así en el camino de Eboshi.

Ambos parecen colaborar puntualmente gracias al puente que tiende el personaje del monje Jiko (Kaoru Kobayashi), quien en realidad parece jugar a varias bandas para a la postre ir por su propio camino. La guerra se forma y la confrontación da paso a la destrucción, no solo de la naturaleza sino también de la civilización. A la postre, el ser humano se hace y se deshace por sí solo.

Jiko es otro personaje que puede llegar a resultar antagónico, pero que al final no es más que la representación del materialismo y la ambición del ser humano. Como decíamos al principio, la crítica que hace Miyazaki a la arrogancia del hombre.

Jiko y Ashitaka en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

No es desconocido que el director nipón es un confeso pacifista. No fue a recoger el Oscar entregado por El viaje de Chihiro como protesta ante la Guerra de Irak y se ha declarado contrario al rearme del ejército japonés bajo el gobierno de Shinzô Abe.

Una belleza extraordinaria

La princesa Mononoke es probablemente la obra más elaborada de Miyazaki, compuesta por 144.000 centímetros cúbicos y 134 minutos de duración. Teniendo en cuenta que al artista le gusta realizar los dibujos a mano, es notorio el trabajo llevado a cabo en los hermosos escenarios y las diversas localidades, ya sea la aldea de Ashitaka, la ciudad de hierro o las profundidades del bosque.

La cinta no es únicamente un prodigio visual, Joe Hisaishi, habitual colaborador de Miyazaki, compone aquí una de sus mejores bandas sonoras, y eso es decir mucho. Los temas de Ashitaka o sobre todo del Caminante Nocturno son puramente mágicos y transmiten desde esa melancolía que caracteriza al protagonista hasta la tristeza e incluso el temor por la pérdida y las consecuencias venideras.

La princesa Mononoke es en definitiva una obra maestra, una de los mejores (¿puede que incluso la mejor?) de Studio Ghibli y de Hayao Miyazaki. Se puede tomar asimismo como la evolución lógica y madura de sus trabajos más íntimos, como Nausicaä del Valle del Viento, con la que comparte más de una similitud. Es un título dirigido a mentes adultas y que puede ser a su vez disfrutado por adolescentes, repleta de mensajes que, aunque ambientada en el período Muromachi, no dejan de ser aplicables a nuestra actualidad.

Moro y Ashitaka en «La princesa Mononoke». Studio Ghibli.

Maquia, una historia de amor inmortal, hermoso empaquetado que aborda temas universales

Maquia, una historia de amor inmortal (Sayonara no Asa ni Yakusoku no Hana wo Kazarou) es la primera película de Mari Okada como directora, tras ser mucho más conocida en su faceta de guionista (que aquí también desarrolla), con títulos como Toradora!, Anohana o El himno del corazón. Para ser su primer título de estas características, cumple de forma más que solvente, pero lamentablemente vuelve a fallar (como ocurriera con El himno del corazón) en una segunda mitad que va decayendo con una ejecución abrupta y confusa, para retomar en una última escena apoteósica donde se saca a relucir toda  nuestra sensibilidad.

Maquia, una historia de amor inmortal narra la historia, ambientada en un mundo fantástico con retazos de la Edad Media europea, de los «iorph», una raza humanoide inmortal que vive apartada del resto de los pueblos y que se dedica a tejer las narraciones de los acontecimientos, de forma muy similar a lo que serían los quipus en los incas o a ciertos tapices. Maquia (Manaka Iwami) es una «iorph» huérfana que aprende a vivir con el sentimiento de soledad que le aporta el paso de los años sin envejecimiento, hasta que un día su vida se ve profundamente alterada por la irrupción de una especie de dragón legendario denominado «renato», que se la lleva de forma accidentada fuera de las fronteras de su pueblo natal. Allí se topa accidentalmente con un bebé humano, también recientemente huérfano, al que decide adoptar y bautizar como Ariel (Miyu Irino en su versión adulta).

Esta es la premisa de un título que aborda sustancialmente lo que significa el paso del tiempo, la familia (especialmente el vínculo maternal), la muerte y la soledad. Y lo hace con buen tino.

Maquia, una historia de amor inmortal. Selecta Visión.

Sin embargo, a pesar de lo interesante de su premisa, lamentablemente acaba resultando algo confusa por los saltos temporales «a trompicones» que se van dando en la segunda mitad. Sale especialmente dañado por ello el arco narrativo de Leilia (Ai Kayano), que empieza siendo muy prometedor y termina de forma abrupta y forzada. Personajes como Krim (Yûki Kaji) o Lang (Yoshimasa Hosoya) van y vienen sin saber muy bien porqué; y el reencuentro con determinada persona (a la que solo se ve durante dos minutos de metraje previamente) hacia el final ya resulta casi surrealista.

Sin embargo, la cinta ofrece momentos que calan especialmente hondo como un determinado fallecimiento en la primera mitad (que sirve de planteamiento base para el abordaje del paso del tiempo y la muerte) y, sobre todo, el final, que es casi lo mejor del guión y que definitivamente hace que se te salten las lágrimas.

Por ello, Maquia ofrece una visión muy interesante y poderosa (no exenta de polémica en Japón) sobre el significado de la maternidad, si lo que te convierte en madre es parir y el consecuente lazo de sangre o el criar y educar a tu hijo; así como la perspectiva cambiante (o no) de uno y otro a medida que pasa el tiempo.

Maquia, una historia de amor inmortal. Selecta Visión.

El otro apartado donde sobresale Maquia es en el técnico. Visualmente hablando es simplemente preciosa, con personajes diseñados por Akihiko Yoshida (Final Fantasy XII, Final Fantasy Tactics, NieR: Automata) y un mundo mágico medieval con muchísimo encanto y potencial. El vuelo del «renato» o la vida de los «iorph» mientras tejen están retratados con una animación exquisita, a la cual acompaña una banda sonora (compuesta por otro veterano en su campo como es Kenji Kawai) instrumental que rezuma sensibilidad y melancolía.

En definitiva, Maquia, una historia de amor inmortal sería un producto redondo de no ser por su atropellada y confusa segunda mitad, que se nota pega algo de bajón respecto a la primera. Eso sí, un apartado técnico exquisito, el abordaje a temas universales ciertamente complejos y un final que es imposible que no conmueva la llevan a muy buen puerto. Con razón guarda tan buenas puntuaciones en portales como RottenTomatoes y Metacritic, siendo, a pesar de todo, uno de los mejores títulos animados del año pasado.

Quiero comerme tu páncreas, emotividad con buen gusto y melancolía

Selecta Visión está trayendo cada vez más licencias de películas de anime que se salen de lo que es masivamente conocido. De hecho, durante la última Japan Weekend de Madrid aseguraron que gracias a éxitos como el de Dragon Ball Super: Broly podrían seguir trayendo títulos menos famosos, como es el caso de Quiero comerme tu páncreas (Kimi No Suizô Wo Tabetai, 君の膵臓をたべたい).

Es una suerte poder llegar a disfrutar de una cinta de este calibre en una sala de cine, y no lo decimos únicamente por su destacado apartado técnico. Quiero comerme tu páncreas es melodrama del bueno, del que sabe cuándo contenerse y cuándo dejarse llevar, el que te roba un hueco de tu «kokoro» por la cercanía que logra establecer con el espectador.

Admito que iba con las expectativas bajas a ver esta película, lo cual puede haber influenciado (o no) en su resultado. Tras cierta saturación de melodramas en la animación japonesa, y con cintas de reciente visionado como El himno del corazón o Maquia que no me acababan de cuajar, Quiero comerme tu páncreas se me anticipaba como más de lo mismo.

Quiero comerme tu páncreas. Estudio VOLN

No nos engañemos: es más de lo mismo, pero está muy bien ejecutado (en la mayoría de las situaciones). Para ponernos en antecendentes y que el título no nos engañe (aunque guarda relación con la historia), la cinta cuenta cómo un estudiante de preparatoria asocial y refugiado en los libros se topa accidentalmente con un cuaderno tirado en el hospital. Al recogerlo y echar un vistazo a lo que contiene, se da cuenta de que se trata del diario de una chica moribunda. La susodicha resulta ser Sakura Yamauchi (con voz de una inspirada Lynn en la versión japonesa), una compañera de clase aparentemente opuesta a él en todo y que aparece para solicitarle que se lo devuelva. Al ver la apatía con la que aborda su caso, ella decide seguirlo y pasar una buena parte del tiempo de vida que le queda con él, pues aparte de su familia y médicos es el único que conoce su enfermedad.

Este es el inicio de un guión bastante previsible, salvo quizás algún giro hacia el final que por otro lado no termina de funcionar. Como decíamos, en lo que destaca Quiero comerme tu páncreas es en su ejecución, en cómo aborda los temas que trata y en la química y desarrollo de la relación (que pasa por varias fases y facetas de forma sorprendentemente creíble y tierna) entre los dos protagonistas, verdadero epicentro de la historia.

El hecho de que el director, Shinichirô Ushijima, haya estado al cargo de algunos capítulos de la serie Death Parade es notorio en este abordaje y en el buen gusto con el que suele manejar temas tan melodramáticos y con los que es excesivamente fácil caer en la pornografía emocional. En su caso, los mezcla brillantemente con situaciones absolutamente cotidianas, guiños a la cultura pop (Death Note y Mario Kart entre ellos) incluidos, lo que la vuelve más cercana al espectador y te transfiere una sensación de nostalgia y melancolía propias de los años estudiantiles. Algunos asuntos como la aceptación e inevitabilidad de la muerte o la relación entre ambos protagonistas nos pueden recordar fácilmente a su obra anterior (o en la que participó activamente), alcanzando aquí un resultado más satisfactorio.

Quiero comerme tu páncreas. Estudio VOLN

El tratarse del primer título importante desarrollado por el estudio VOLN lo convierte aún en algo más sobresaliente, pues se trata de un producto casi redondo asimismo en su apartado técnico. El estilo de dibujo y especialmente la paleta de colores nos recordará inevitablemente a las obras de Makoto Shinkai, lo cual no es malo en absoluto. La animación puede pecar de algo simple en determinados momentos, pero la expresividad y los movimientos fluidos de los personajes (especialmente Sakura, lo cual dice mucho del personaje) son excelentes.

La banda sonora, compuesta por Hiroko Sebu, es también destacable por su emotividad a veces contenida, a veces más explosiva, así como acompañamiento en los momentos más pausados.

Curiosamente, esta adaptación de Quiero comerme tu páncreas proviene de una novela publicada en internet por Yoru Sumino y que ha sido galardonada con varios premios. Hay versiones anteriores a esta cinta, como una película en imagen real y un manga publicado en España por ECC Ediciones. No hemos leído ni visto ninguno de ellos, pero lo cierto es que esta adaptación de anime funciona por sí misma a la perfección, aunque tenemos entendido que cierto giro algo brusco del final cobra más sentido en la novela.

En definitiva, Quiero comerme tu páncreas se acerca más a ser una versión anime de la película occidental Yo, él y Raquel (Me, Earl and the Dying Girl) que con la mucho más comparada (y cargante) Shigatsu Wa Kimi No Uso (Your Lie in April), lo cual personalmente agradecemos por la delicadeza con la que aborda ciertos temas difíciles o melodramáticos y la brillante mezcla que hace con la cotidianidad de dos jóvenes en el Japón actual. Esto es gracias en buena parte a la entrañable relación que se va estableciendo entre unos protagonistas no carentes de estereotipos ni de lugares comunes, pero no por ello menos cercanos.

P.D.: A pesar de los buenos esfuerzos de Selecta Visión y del equipo de doblaje, creemos que esta es una de esas películas que se disfrutan más y se perciben más matices viéndolas en versión original. Lamentablemente, llega a muy pocos cines en este formato.

Capitana Marvel: Una líder necesaria

Originalmente, el nombre de Capitana o Capitán  Marvel fue usado por distintos superhéroes de la editorial Marvel Cómics. Entre los muchos que supieron llevar el nombre y legado, los siguientes son los más destacados:

  • Mar-Vell
  • Mónica Rambeau
  • Genis-Vell
  • Phyla-Vell
  • Khn’nr
  • Noh-Varr
  • Carol Danvers.

Aunque está demostrado  que es un personaje con muchas encarnaciones y no falto de cierto grado de polémica, es por ahora su última y más conocida etapa la que hoy nos convoca.

Hay un dicho  en el folclore popular que reza que a veces es bueno dar dos pasos para atrás para luego dar uno hacia adelante. Esta película lo confirma, ya que funciona tanto como una precuela así como paso inicial de un universo en ciernes que es hoy una aceitada máquina, un reloj suizo del entretenimiento sin más.

Capitana Marvel. Disney y Marvel

Capitana Marvel propone, un atractivo y apetecible viaje en el tiempo no solo para conocer el comienzo de todo, sino también un retorno a la  década de 1990, la cual humildemente un servidor considera idílica por varias razones.

Brie Larson aterriza en el papel de Carol Danvers con credenciales destacadas anteriores tales como The Room, Scott Pilgrim contra el mundo o Tienda de Unicornios, ésta última donde además de encarnar a la protagonista también dirige.

El puntapié inicial de su historia se apoya en que Carol Danvers, excelente piloto cuya necesidad de probar que es capaz para hacer todo lo que se propone es relegada o rechazada por su entorno, se propone a sí misma para acompañar a la doctora Lawson (una sorprendente Annette Benning) en un vuelo de pruebas para el proyecto PEGASUS. Sufriendo un accidente tras una trepidante persecución, Carol es víctima de una explosión donde le son legados sus poderes.  Muy malherida después de esto, ella es salvada gracias Yon-Rogg (Jude Law), quien la toma bajo su tutela para entrenarla, siendo consciente del gran poder que ella heredó. Es así como Carol Danvers pasa a ser Vers, una soldado principiante, quien no pierde la chispa y las ganas para demostrar de lo que es capaz.

Capitana Marvel. Disney y Marvel

En una misión, donde las cosas no salen como se esperaba, Vers tiene un aterrizaje forzoso en la tierra, más precisamente en el techo de una tienda de Blockbuster (un guiño en pos de Netflix, productora a su vez de su debut como directora).

Es en la Tierra donde paulatinamente se desvelan los no pocos misterios de este personaje, que al igual que su cronología en el universo cinematográfico de Marvel, viene a reivindicar no solo el hecho de ser mujer, sino además que son las mujeres quienes pueden perfectamente liderar en tiempos de crisis.

La película es la guinda en el pastel del «UCM» por muchas razones:

  • Dar a la mujer el espacio que le corresponde no solo para pelear, sino también para liderar.
  • Que sea ejemplo de temple y confianza para muchas personas en los tiempos tan agitados que corren.
  • Brinda un mensaje feminista (con el que Disney no ha sido nada sutil), dando la pauta de que los tiempos pueden y deben cambiar.

Capitana Marvel. Disney y Marvel

Puntos positivos

  • Aunque DC se haya adelantado reclutando a Patty Jenkins para dirigir Wonder Woman, por parte de Marvel esta es su primera película dirigida por Anna Boden, una prometedora directora del círculo indie.
  • El regreso a la década de los 90’s tanto en ambientación como a través de la música se agradece, con canciones de bandas como No Doubt, Nirvana y Garbage, entre otros, es algo que un servidor ha encontrado nostálgico a la par que gratificante.
  • Brie Larson brinda una interpretación compacta y reivindicativa, habiendo mostrado sus credenciales en películas tales como The Room y hasta recibiendo saludos y felicitaciones por parte de Gal Gadot. Su química con Samuel L. Jackson es de lo mejorcito de la película.
  • Goose.

Puntos negativos

  • El guión presenta ciertas lagunas que luego no se explican y creo que toda película de este tipo debe ser clara para la gente que tal vez no haya leído los cómics.
  • Creo que Marvel podría haber adelantado todo mensaje feminista positivo ya a través de la Viuda Negra (Black Widow), interpretada en varias ocasiones dentro de su universo cinematográfico por Scarlett Johansson, pero sin haber tenido todavía una película en solitario, hecho que está pautado en un futuro no tan lejano (y desde hace varios años).
  • Las precuelas sirven para introducir nuevos personajes, explicar cosas inconclusas o para darle más relevancia a cierto hecho determinado, pero como a todas las de su tipo le falta la epicidad que derrochan por ejemplo las últimas de Los Vengadores y algunos elementos quedan en el aire (probablemente de cara a futuras secuelas).

Humildemente creo que la película se apoya demasiado en dar un mensaje positivo y lo logra con creces a expensas de dejar puntos demasiado ambiguos y un guión que cae demasiado en lugares comunes. Dicho de otro modo, la cinta cumple como punto de partida y nos brinda a un prometedor personaje, pero habiendo visto ya más de diez títulos de este calibre entre Marvel y DC, uno siente que se queda a medio gas.

Glass, una efectiva y arriesgada vuelta de tuerca al género de superhéroes

M. Night Shyamalan ya tenía pensado hacer una trilogía mientras rodaba El Protegido (Unbreakable, 2000), ya que se dio cuenta de que no podía meter a Kevin Wendell Crumb (quien posteriormente será interpretado magistralmente por James McAvoy) en una historia donde ya brillaban los personajes interpretados por Samuel L. Jackson (Elijah Prince) y Bruce Willis (David Dunn). Además, su productora de aquél entonces, Touchstone (actualmente perteneciente a Disney), se negó a financiar una secuela, a pesar de que a la cinta le fue bastante bien en taquilla. Fue así como, 16 años más tarde, surge la muy notable Múltiple (Split) y, en 2019, Glass.

Glass es de este modo el culmen de la historia ideada por Shyamalan allá por el 2000, una efectiva y arriesgada vuelta de tuerca al género de superhéroes que plantea cuestiones bastante interesantes y universales, como «¿es mi mente la que limita mis capacidades físicas?» o «¿hasta dónde puedo/quiero llegar?». Advertimos que al ser una secuela de ambas, El protegido y Múltiple, habrá SPOILERS de aquéllas.

Han pasado tres semanas desde la desaparición de Kevin Wendell Crumb (James McAvoy), más conocido por una de sus 24 personalidades La Bestia, o el conjunto de algunas de ellas, La Horda; a la par que encontraban con vida a una de las chicas que había secuestrado, Casey Cooke (Anya Taylor-Joy). Mientras, David Dunn (Bruce Willis) le sigue la pista junto a la ayuda de su hijo, el ya adulto Joseph (Spencer Treat Clark), a la vez que se ha ido granjeando el nombre de misterioso justiciero, el Centinela. Una serie de catastróficas desdichas lleva a que la policía encuentre a la vez a La Horda y a Dunn y sean llevados al hospital psiquiátrico Raven Hill, donde se encuentra interno desde hace años Elijah Prince (Samuel L. Jackson) y en donde los tratará a todos ellos la doctora Ellie Staple (Sarah Paulson).

Glass. Universal Pictures y Buena Vista International.

Este es sólo el punto de partida de una cinta que contiene elementos del cine de suspense, del de superhéroes y que suma características de títulos de internamientos (en algunos puntos puede incluso llegar a recordar a Alguien voló sobre el nido del cuco) y una última media hora repleta de giros sorprendentes, especialidad de Shyamalan.

Una de las cosas que más destacan en Glass es cómo ha ido hilando todo su director, también guionista y productor, hasta los más pequeños detalles, y cómo ha ido evolucionando en la trilogía desde una cinta más intimista como El Protegido hasta el thriller psicológico que te mantiene de principio a fin en tensión que es Múltiple, para volver al desarrollo de planteamientos que ya se iniciaban con la primera y que culminan aquí en Glass.

Otra virtud es cómo llega a lograr que todos los personajes brillen por igual, al menos los principales, labor que no debemos agradecer únicamente al guión sino al inmenso trabajo de sus actores. Desde un James McAvoy que se come la pantalla hasta un carismático Samuel L. Jackson, pasando por un Bruce Willis que encarna a la perfección la imagen del héroe ya entrado en una edad y que aún así se mantiene en movimiento por un estricto código de justicia. Lo mejor es que, a pesar de que la división entre el bien y el mal queda meridianamente clara, ninguno de ellos te cae mal y hasta sufres por su destino. La que sí logra ser centro de las iras también con bastante solvencia es el personaje que interpreta Sarah Paulson.

Glass. Universal Pictures y Buena Vista International.

Los secundarios Anya Taylor-Joy, Spencer Treat Clark y Charlayne Woodard se mantienen evidentemente en un tercer plano, pero su papel e influencia son a la postre esenciales en uno de los mejores finales que recuerdo y que Shyamalan de nuevo sabe unir a los orígenes de tan conocidos superhéroes como Superman.

La labor de dirección de Shyamalan y el trabajo de fotografía de Mike Gioulakis son asimismo notorios, manipulando juegos de luces y colores (por ejemplo, a David lo representa el verde, a Elijah el morado y a Kevin los ocres, y esto a su vez compone un significado en torno a sus psiques y roles). También se puede percibir cómo varía la intensidad de los tonos según las circunstancias emocionales de los protagonistas y algunos manejos de cámara van vinculados al argumento.

La banda sonora, compuesta por West Dylan Thordson (quien ya hizo lo propio en Múltiple), tras el legado de James Newton Howard en El Protegido, de quien de hecho ha recuperado algunas piezas para la ocasión, cumple en cuanto a la creación de una atmósfera a veces inquietante, otrora armoniosa, pero siempre envolvente.

Glass. Universal Pictures y Buena Vista International.

Algo positivo y negativo tanto de Glass en particular como de Shyamalan en general es que arriesga, lo que ha dado lugar a algún que otro bodrio frente a resultados magistrales. Para nosotros, esta cinta pertenece a éste último grupo, aunque la conclusión de alguno de los personajes y los giros de tuerca puedan dejar ojipláticos a más de un espectador (y no necesariamente para bien).

Esto a su vez conlleva que algunas decisiones o situaciones en el guión puedan verse un poco forzadas (¿no trabaja más gente en un psiquiátrico?), pero que al fin y al cabo siempre pueden justificarse en la manida y válida para todo «magia del cine».

En definitiva, si quieres ver una cinta de superhéroes más al uso, sin grandes sorpresas (positivas y negativas), pero que te va a hacer pasar un buen rato y ya, continua con las de Marvel o DC habituales. Pero si quieres algo más original dentro del género, que te puede dejar pensando y con unos personajes cuya psicología es algo más compleja y profunda (a pesar de que la división entre el bien y el mal sigue estando ahí), sin duda dale una oportunidad a Glass y (si no lo has hecho ya) a El Protegido y Múltiple.

El himno del corazón, buena premisa y pobre ejecución

El himno del corazón (心が叫びたがってるんだ) se estrenó allá por 2015 bajo la presión y expectativa de tratarse del último trabajo del equipo que había estado detrás de AnoHana y de la guionista Mari Okada (Maquia), quien había sido la escritora asimismo de historias como las de Fate/stay night o True Tears.

De este modo, y con la dirección de Tatsuyuki Nagai (Toradora!), El himno del corazón prometía un relato juvenil repleto de sensibilidad y con emociones a flor de piel, similar a los títulos anteriormente mencionados.

Cuál ha sido nuestra desilusión al ver en realidad una narración más bien torpe y atropellada, con una premisa interesante sobre los traumas infantiles que acaba empañada por clichés románticos de adolescentes.

Jun Naruse (voz de Inori Minase) es una vivaz y parlanchina niña que un día descubre accidentalmente un secreto que, al comunicárselo a su madre, romperá a su familia y la dejará dañada para siempre. Sintiéndose responsable de la situación, Naruse promete junto a un príncipe con forma de huevo que no volverá a hablar nunca más. Pasan los años y la adolescente es seleccionada en su instituto junto a otros tres compañeros (a cada cual más distinto) para organizar el evento comunitario anual, lo que poco a poco hará que vaya logrando mayores dotes comunicativas.

El himno del corazón. A-1 Pictures.

Lo que empieza así como el trauma infantil de una muchacha y cómo va superándolo desencadena en una serie de subtramas, a cada cuál más típica y tópica, sobre los problemas comunicativos de los otros adolescentes, lo que hace que el guión al final no resulte tan efectivo y sí bastante forzado en su afán por intentar sorprender al espectador a base de triángulos amorosos resueltos de manera atropellada y superficial.

No es que el romance esté mal en un relato sobre adolescentes, es que enturbia el objetivo principal de la historia. Por ejemplo, la relación que la película se encarga de desarrollar durante más de la mitad de su duración entre Sakagami (Kouki Uchiyama) y Naruse queda empañada por repentinos sentimientos amorosos de unos y otros. Personajes que apenas tienen desarrollo de pronto parecen tener casi más importancia que Naruse hacia el final. Y así el relato va cayendo de más a menos.

Lo peor de todo, para nosotros, es que la premisa queda tan opacada por estas historietas de amor juvenil que a la postre Naruse no queda más que como instrumento narrativo para que el resto de personajes puedan expresar lo que sienten, en un giro de guión también forzado y hasta un pelín absurdo (SPOILERS, si Sakagami se acerca a Naruse porque se siente identificado con ella al no poder expresar lo que siente y nada más… ¿no es eso lo que nos pasa al 99% de la humanidad (no decir lo que realmente sentimos)? ¿Por qué acercarse entonces a Naruse, a quien no conoce casi de nada, y no al muchacho del segundo pupitre por la izquierda en la tercera fila? FIN DE SPOILERS).

El himno del corazón. A-1 Pictures.

En el apartado técnico es sin duda donde la película alcanza notas sobresalientes, con diseños de personajes muy enternecedores que corren de la mano de Masayoshi Tanaka (Darling in the FranXX) y una animación fluida y dinámica tanto en sus expresiones como en las escenas musicales. No se puede esperar menos en este aspecto de parte del estudio A-1 Pictures.

Hablando de la música, compuesta por Masaru Yokoyama, también es de lo más llamativo. Repleta de referencias a clásicos musicales como El mago de Oz o El fantasma de la ópera, logra transmitir un deje nostálgico y buenrollista que por un momento hace que el espectador se olvide de la forzada trama que hay de fondo. Por supuesto, la música es clave en el desenlace y queda expuesta como referente comunicativo, allí donde no podemos llegar con el mero diálogo (o monólogo, según se vea).

En definitiva, El himno del corazón no es a pesar de todo una mala película. Sin duda la salvan su apartado técnico y musical, y en ese sentido hace pasar un rato al menos agradable. No obstante, si has quedado encantado con AnoHana o Toradora!, o buscas un romance del nivel de Kimi No Na Wa, o simplemente una historia narrada con coherencia de principio a fin, la cinta probablemente te decepcionará.

Yakusoku No Neverland (The Promised Neverland), infancia truncada

La primera temporada de Yakusoku No Neverland (The Promised Neverland) ha llegado a su fin tras 12 episodios (que adaptan más de 30 del manga creado por Kaiu Shirai y Posuka Demizu) que nos han ido dejando sin respiro y que, en realidad, tienen un arranque inmejorable para ir luego de menos a más.

El estudio Cloverworks (Darling in the Franxx) están al cargo de esta adaptación animada, dirigida por Mamoru Kanbe (Baccano!, Elfen Lied) y con guión de Toshiya Oono (Ao no Exorcist: Kyoto Fujouou-hen). Sin duda alguna, podríamos decir que estos dos elementos son clave en The Promised Neverland, ya que el guión te mantiene enganchado y la dirección se encarga de añadirle tensión y suspense. Lamentablemente, y más aún en comparación con el manga, el anime no siempre llega al sobresaliente en estos apartados.

De hecho, el guión es quizás su punto fuerte y a la vez débil. Por un lado, llega a alcanzar un ritmo endiablado que culmina en dos últimos capítulos brillantes; pero por el otro tiene un intermedio al que en ocasiones le cuesta despegar. El hecho de que adapte tantos capítulos del manga en solo 12 episodios de anime hace que además varias cuestiones se queden en lo superficial y que no lleguemos a empatizar tanto con los personajes como se debiera (la hermana Krone es el caso que más se me viene a la mente).

En cuanto a la dirección, de nuevo valorándola como adaptación, lamentablemente se queda asimismo a medio gas a pesar de algunos momentos muy logrados (el péndulo del reloj, los pasillos) y del último espectacular episodio. Desde luego, no alcanza el nivel de tensión que impregna la atmósfera en el manga. Quizás parte de esto haya sido la decisión, por algún motivo (¿para darle mayor suspense?), de prescindir de los monólogos internos de los protagonistas, una de las características esenciales de la versión en papel y que aportan mayor profundidad a los personajes, lo cual será importante también en tramas futuras.

En cambio, en la adaptación al anime han optado por expresarse a través de conversaciones en voz más alta de lo deseado (recordamos que son niños planificando una huida en una casa no demasiado grande), lo que puede llegar a causar estupor ocasional en el espectador (me sigo preguntando cómo ni «mamá» ni  ninguno de los otros niños pudieron no percatarse de algunas situaciones).

El argumento, que mezcla perfectamente el suspense y momentos de terror, especialmente del psicológico, nos cuenta la vida aparentemente idílica de unos huérfanos en una casa en medio del campo con la mujer a la que llaman «mamá» como única presencia adulta. Sin embargo, la partida de uno de los menores destapa un gran misterio que cambiará sus vidas para siempre.

Entre los protagonistas destacan Norman (voz de Maaya Uchida), Emma (Sumire Morohoshi) y Ray (Mariya Ise), cuya química es esencial para la narrativa, especialmente entre los dos últimos de cara a las tramas inmediatas (como representantes más claros del idealismo y el pragmatismo, respectivamente). Sin embargo, y aparte de Norman, yo me quedo con «mamá» (Yuuko Kaida), la villana que hace que le desees la peor de las muertes para que al final te acabe llegando (un poquito) al corazón.

Por lo demás, Yakusoku No Neverland destaca por su apartado técnico, con una animación muy lograda y con calidad constante en todos los episodios. Los diseños de los personajes, que corren a cargo de la propia Posuka Demizu y de Kazuaki Shimada, y el estilo de dibujo recuerdan a algunos de los anime de la década de 1990, lo que puede llegar a ser nostálgico.

La música, compuesta por Takahiro Obata, es clave en algunos momentos como en el último episodio, pero en otros puede resultar algo desincronizada. Lo mejor en este apartado sin duda es el opening, «Touch Off» de UVERworld; aunque los ending, «Zettai Zetsumei» y»Lamp» de Cö shu Nie, tampoco se le quedan muy atrás.

En definitiva, esta primera temporada de Yakusoku No Neverland es una adaptación muy correcta que en algunos momentos alcanza la perfección, pero lamentablemente en otros se queda a medio gas, especialmente en lo referido a la atmósfera y a la profundidad que se percibe en algunos personajes en el manga. Sin embargo, es fácil verse los 12 episodios en un suspiro y quedarse con ganas de más. Para eso tendremos que esperar a la llegada de la segunda temporada en 2020.

Dororo o la esencia del relato japonés

Osamu Tezuka, conocido popularmente como el «dios del manga» debido a su prolífica carrera en el género cuando todavía no atraía a las masas (especialmente en su país de origen, donde actualmente se calcula que acapara más del 40% del mercado editorial), comenzó a publicar en 1967 Dororo, sobre el periplo de Hyakkimaru, un joven que había nacido sin extremidades ni ninguno de los sentidos y del ladronzuelo que da nombre a la obra, ambientada en el Japón del período Sengoku.

Han pasado los años (Dororo terminó de publicarse, abruptamente, en 1968) y el título de Tezuka sigue generando distintas versiones en formato de largometraje, videojuego o el anime que nos ocupa, desarrollado por el estudio MAPPA (Zankyou No Terror, Yuri!!! on Ice) junto a Tezuka Productions.

Dirigida por Kazuhiro Furuhashi (anime y OVAs de Rurouni Kenshin y HunterxHunter), con guión de Yasuko Kobayashi (Death Note, Shingeki No Kyojin, Claymore), como adelantábamos, la historia sigue los pasos de un misterioso joven llamado Hyakkimaru (voz de Hiroki Suzuki), quien carece de extremidades, nariz, habla, vista, oído y sentido del tacto, en su recorrido por recuperar todo lo perdido mediante la derrota de monstruos o demonios. En su camino se topa con Dororo (Rio Suzuki), un vivaz niño acostumbrado a sobrevivir en la adversidad gracias a su astucia, carisma y audacia.

Portada de la edición blu-ray. MAPPA y Tezuka Productions.

Uno de los grandes aciertos, tanto de la obra original como de esta adaptación, es el vínculo que se va estableciendo entre Hyakkimaru y Dororo. Niños ambos (pues Hyakkimaru no cuenta con más de 16 años y por su experiencia vital sabe del mundo incluso menos que su acompañante), se enfrentan a situaciones límite que únicamente los hace madurar y volverse más fuertes, especialmente en el plano emocional. En este sentido, Hyakkimaru, que es claramente el más aventajado físicamente de los dos, empieza siendo un guerrero bastante peculiar y muy diestro en la pelea debido a su portentosa habilidad nacida del puro deseo de vivir. Sin embargo, y al contrario de lo que pueda pensarse inicialmente, el ir recuperando los sentidos y extremidades no lo vuelve más fuerte. Incluso algunos de ellos (como el del oído) lo confunden en un principio enormemente, «como a una bestia herida que únicamente se refugia». Es, como decíamos, un recorrido hacia la madurez emocional más que la física, en un descubrimiento del mundo en su versión más cruda y más vivaz, lo que lleva inevitablemente a la conclusión de en qué clase de ser humano se convertirá Hyakkimaru, un ser que vivía inocente y «puro» en su mundo que va despertándose en una realidad cruel, pero cuyo vínculo con la humanidad se mantiene en Dororo.

Aparte de Hyakkimaru y Dororo, los claros protagonistas, en la narrativa aparece de forma recurrente el monje ciego Biwamaru (Mutsumi Sasaki), que hace las veces de unión con el espectador y voz de la razón; el «daimyo» y padre de Hyakkimaru, Daigo (Naoya Uchida); el hermano del protagonista, Tahomaru (Shoya Chiba); y de forma mucho más esporádica el médico en busca de redención Jukai (Akio Ootsuka); la joven Mio (Nana Mizuki); o los distintos individuos que se van encontrando los personajes principales en su camino (muchos de los capítulos son autoconclusivos); todos ellos forman un elenco bastante entrañable y repleto de tonalidades de grises, alejándose (generalmente) del maniqueísmo.

Dororo (2019). MAPPA y Tezuka Productions.

Porque Dororo es una obra que muestra la crudeza de la guerra y un Japón alejado de la prosperidad actual, con señores feudales enfrentados entre sí, hambruna e individuos desamparados e incluso fuera del sistema. La otra gran virtud radica, precisamente, en mostrar toda esta crudeza (con pequeños momentos de calma para darnos un respiro) y ahondar en las bases del relato clásico japonés.

Al menos en esta adaptación están presentes de forma preeminente elementos característicos de la cultura e historia del país del Sol Naciente, a saber: del budismo la figura de los dioses, especialmente la diosa de la misericordia o «Guanyin»en su versión china, y la percepción de distintas realidades; del sintoísmo y folclore algunos monstruos o «youkai» propios de las leyendas populares; del confucionismo y taoísmo la figura del mal gobernante con la consecuente pérdida de armonía y la aparente búsqueda de equilibro «yin y yang» o masculino/femenino; entre otros. Por no hablar, claro, de los samuráis, bandidos, monjes y demás figuras tan característicos del imaginario cultural nipón.

Este reflejo del «Japón clásico» se vislumbra asimismo en el estilo artístico, con fondos pintados a mano y acuarelas, así como diseños de personajes de Hiroyuki Asada y Satoshi Iwataki que, más que al estilo de Tezuka, nos recuerda al de los OVAs de Rurouni Kenshin, mucho más realistas.

Dororo (2019). MAPPA y Tezuka Productions.

Sin embargo, esta primera mitad de Dororo (que tendrá un total de 24 episodios) se mantiene algo irregular en la calidad de la animación; aunque nunca es mala. Dicho de otro modo, hay capítulos cuya animación es más soberbia que en otros, y esto es bastante apreciable.

La banda sonora, compuesta por Yoshihiro Ike, también nos ayuda a sumergirnos en Japón y sus sonidos característicos, como lo es la austeridad en sonidos rimbombantes, eclécticos y tecnológicos, y sí con la abundancia de tonos melódicos e instrumentales, sobre todo de elementos provenientes del país nipón como el koto o el shamisen. El opening («Kaen») y ending («Sayonara Gokko») de esta primera mitad, a cargo de Ziyoou-vachi y Amazarashii, respectivamente, son prácticamente insuperables (difícil legado tienen para la segunda tanda Asian Kung-Fu Generation y Eve). Curiosamente, el estilo de dibujo del opening sí se asemeja más al de Tezuka.

En definitiva, nos encontramos ante el que es, para nosotros, anime de la temporada (y eso que The Promised Neverland y Mob Psycho 100 son a su vez productos a la altura). Principalmente por su capacidad para sumergirnos en el Japón feudal y fantástico, por sus personajes tan absolutamente entrañables (teniendo en cuenta que esta versión de Hyakkimaru es mucho más callada y reservada que la original, mayor mérito tiene) y por su ritmo pausado y cargado de emoción contenida (aunque el episodio 12 se nota algo apresurado). No podemos esperar a una segunda y última mitad que, esperamos, sea al menos tan redonda como la primera. A todo esto, se estrenará el próximo 8 de abril y recordamos que puede verse por Amazon Prime. 

Dororo (2019). MAPPA y Tezuka Productions.

Orgullo y prosperidad. A Contracorriente Films

Crítica de Larga vida y prosperidad

Larga vida y prosperidad es una comedia dramática independiente muy entretenida en la que se dan la mano el autismo y el universo de Star Trek. La nueva película de Ben Lewin -director de Las sesionesno es sobresaliente ni te cambiará la vida, pero sí que te hará pasar un buen rato y agradará tanto a los trekkis como al resto del público al que le guste este tipo de pequeñas historias.

Un emotivo road trip con el autismo como trasfondo

Larga vida y prosperidad trata sobre Wendy, una joven con autismo preparada para enfrentarse al mundo. Tras negarse su hermana a volver a vivir juntas, decide escapar del centro en el que vive para cumplir su sueño, ganar un concurso de guiones de Star Trek.

La nueva película de Dakota Fanning gira entorno al viaje de madurez de una joven autista en clave de road movie. En su pequeña odisea se verá acompañada de su fiel perro y se encontrará con algunas personas que tratarán de aprovecharse de ella y otras que le ayudarán.

Larga vida y prosperidad Wendy y perro

Larga vida y prosperidad. A Contracorriente Films.

Aroma a las buenas películas indies de los 2000

Lo mejor de Larga vida y prosperidad es su falta de pretensiones al contar una sencilla historia con un principio y un final claro, recordando a aquellas películas indies que llenaron nuestras pantallas.

Como JunoVías cruzadasPequeña Miss SunshineLarga vida y prosperidad está protagonizada por un personaje marginal que trata de superar los baches que se encuentra en el camino. A este conocido recurso de guion se une una banda sonora indie preciosa, que perfectamente podría escucharse en modo bucle para escribir o estudiar.

Una historia de mujeres encabezada por un trío de actrices excelente

Larga vida y prosperidad cuenta una historia en la que los personajes importantes y que mayor presencia tienen en pantalla son mujeres. Wendy, su hermana, y la terapeuta que trata a Wendy son las máximas protagonistas de la película, dejando poco espacio a los personajes masculinos. Esto es un gran logro al desviarse de los caminos habituales del  «mal cine para mujeres» al evitar centrar la trama en temas románticos o en temas demasiado emocionales.

Otro aspecto a destacar es la magnífica labor de su trío de intérpretes, encabezado por una Dakota Fanning que nos recuerda lo buena actriz que es y que clama al cielo más papeles competentes en películas de mayor alcance. A la hermana mayor de las Fanning se unen Toni Collette, una de las mejores actrices vivas que se apunta a lo que sea, y Alice Eve, intérprete que he descubierto en esta película y de la que me he enamorado por la humanidad de su personaje.

Larga vida y prosperidad hermana con bebé

Larga vida y prosperidad. A Contracorriente Films.

Las ficciones como vía de escape

En Larga vida y prosperidad el universo de Star Trek forma parte inherente de la personalidad de Wendy al ser una persona que conoce todos los detalles del famoso imaginario creado por Gene Roddenberry. Esta ficción sirve a Wendy como vía de escape y como una forma para controlar los problemas a los que debe enfrentarse debido a su trastorno.

La inclusión de Star Trek en la trama de Larga vida y prosperidad como esa vía de escape es un gran acierto al ser una realidad a la que muchos nos enfrentamos, usar las ficciones para huir de nuestros problemas.

Esta presencia de Star Trek en Larga vida y prosperidad resultará interesante a muchas personas, al crear una película independiente de este universo y a la vez ser un homenaje lleno de detalles que solo entenderán los trekkis pero que no distraerá al resto de espectadores.

Un guión irregular y un tanto machacón

Pero Larga vida y prosperidad no es una película perfecta. Su principal problema es poseer un guión un tanto irregular que se traduce en ciertos problemas de ritmo y en cambios relativamente bruscos que pasan de la comedia al drama sin dar apenas tiempo el espectador para pasar de un sentimiento a otro.

El otro problema de guión que tiene Larga vida y prosperidad es ser demasiado machacón al reincidir en ciertos elementos que pueden cansar al espectador por predecibles.

Conclusión

Disfruté mucho viendo Larga vida y prosperidad a pesar de no ser una película perfecta. Por un lado, tiene ciertos fallos basados principalmente en un guión un tanto irregular y machacón. Pero por otro lado, la película se pasa volando y tiene suficientes escenas emotivas y divertidas, que son ensalzadas por un trío protagonista femenino que hace que merezca la pena ver la película.

A estos aciertos se une la inclusión del universo de Star Trek de tal forma que encantará a los fans de este universo y también gustará a aquellos ajenos a él.

Nota: 6,5/10